Etnografía y Folklore de Croacia

La etnografía y el folklore de los croatas, o sea sus artes populares, tradiciones, costumbres, bailes, cantos y música cobran especial interés por el hecho de haberse conservado excepcionalmente bien has-ta nuestros días. Esta riqueza etnográfica y folklórica es tanto más significativa cuanto que se trata de una nación europea que no se ha mantenido aislada de las influencias y corrientes de la civilización moderna. La preservación de las artes y tradiciones populares se debe, ante todo, a que el pueblo croata es apegado a Ia tierra y, hasta hace pocos años, era predominantemente campesino. A este patrimonio de un modo de vida rural, tradicionalista y conservador, y a la economía autóctona de las aldeas, donde cada cual fabricaba por sí mismo con los medios a su alcance cuanto necesitaba, se debe precisamente la riqueza etnográfica y folklórica de Croacia.

Hay que advertir, sin embargo, que en los últimos veinte años, Ia estructura social de los croatas ha experimentado profundos cambios. Resultan notorias las fuertes migraciones del campesinado hacia las zonas urbanas y el abandono del campo por la juventud. Esto ha debilitado al estamento agrícola, convirtiéndolo en una minoría y, por lo tanto, afectando negativamente la etnografía y el folklore.

La herencia etnográfica de los croatas proviene, en primer término, de su ascendencia eslava. En la migración hacia el sur desde sus tierras de origen situadas detrás de los montes Cárpatos, los croatas trajeron en el siglo VII las costumbres eslavas a las orillas del Adriático. Empero, al conquistar y colonizar el territorio de su nueva patria absorbieron muchos aspectos de la vida y la cultura de los habitantes originales: ilirios y celtas romanizados y restos de la población romana. A través del milenio subsiguiente de la historia croata se experimentaron nuevas influencias culturales, sumándose otros elementos a la mezcla etnográfica básica : los traídos por los turcos de Asia (turcos, árabes, persas), los balcánicos (valacos, montenegrinos, albaneses, serbios, macedonios, etc.), los centroeuropeos y los mediterráneos. Con el tiempo, la multitud de elementos culturales de diverso origen en unos casos se mezclaron y fueron completamente asimilados en el medio croata, y en otros quedaban ciertas particularidades locales.

Los etnógrafos acostumbran agrupar las diferentes provincias y regiones croatas en tres áreas etnográfico-culturales principales: panónica o plana (Alta Croacia, Eslavonia, Srijem, Banat, Bačka, Baranja y el área Subotica – Sombor en Voivodina); dinárica o montañesa (Krajina Croata, Bosnia – Herzegovina y la Dalmacia continental); y adriática o litoral (Istria, Kvarner, la Dalmacia costanera e Islas). Cada una de estas tres áreas se distinguen etnográficamente entre sí aun cuando sus habitantes sean todos igualmente croatas por su idioma, origen y conciencia nacional. Dichas áreas etnográfico-culturales son el resultado del desarrollo económico y social dentro de un medio geográfico particular y, a la vez relacionado con los territorios adyacentes.

Los trajes nacionales

Se entiende por trajes nacionales las vestimentas de características comunes llevadas por el pueblo en cierta región o área. En Croacia los trajes nacionales constituyen una de las mayores y más variadas expresiones del arte popular. Hasta tiempos recientes, los trajes nacionales se usaban en la vida diaria en todo el territorio étnico de los croatas. Hoy “…van desapareciendo rápidamente por no existir ya una producción a Ia usanza antigua, y en las condiciones actuales, tampoco puede haberla. Todo esto resulta cierto hablando en términos generales, porque existen regiones donde el traje nacional se usa diariamente inclusive hoy en día, si bien ello ocurre solamente en las más aisladas y apartadas áreas del país que tienen deficientes comunicaciones y en las cuales el cuadro etnográfico total ofrece características de atraso cultural” (31). En algunas regiones, esos trajes nacionales todavía se usan, aunque solamente en los dias de fiesta.

Los tipos básicos de trajes nacionales. al igual que todo otro material etnográifco, puede clasificarse en tres grupos de acuerdo con las características de las tres áreas etnográfico-culturales a las cuales pertenecen.

El área panónica o plana, donde predomina la agricultura intensiva (incluyendo, al lado de los granos, el lino y el cáñamo), se caracteriza por la abundancia de piezas de lino y algodón, blancas, amplias, frecuentemente fruncidas o plisadas y adornadas con tejido y bordado. Estos trajes son graciosos en la sencillez de su corte y por la amplitud de sus formas, con la costura corriendo en líneas rectas. Los pliegues y frunces tienen su origen en la necesidad de guardarlos en cofres y baúles, pero que se convirtieron después en una preocupación decorativa. Los hombres llevan una larga camisa (košulja) que cae libremente y cubre en parte un pantalón (gaće) de amplias perneras. Se tocan Ia cabeza con un casquete redondo de ala corta o con un gorro de piel. Las mujeres lucen un traje blanco que es un juego de frunces: falda, blusa de mangas voluminosas y un delantal. La parte blanca de la tela (platno) está adornada con bordados en colores de tonos vivos (destacándose el rojo) o en tonos menos fuertes y dominando los motivos florales o geométricos. El bellísimo vestido de las mujeres en Eslavonia Plana (Županja, Vinkovci), llamado zlatara, se destaca por su rico tejido de oro y seda mezclados. La antigua costumbre de que Ias mujeres casadas deben cubrir sus cabellos ha evolucionado con el uso de la populica, un pequeño gorro de encaje, peča, una chalina cuadrada llevada en forma triangular y con encaje, más varios tipos de pañuelos, chales y mantones. Tanto los hombres como las mujeres llevan encima de la camisa un chaleco sin mangas y una chaqueta o saco grueso de manga larga. Todavía se usan en varias partes tradicionales sandalias (opanci) muy elaboradas y semejantes a los zapatos, además de éstos y de altas botas, al igual que entre los húngaros.

mga_kep_0_13607956057581


                Slavonski Brod

big5894641

Pokuplje

panonskazona

Međimurje

Međimurje

K_Martincani4

Posavina

Prigorje

Prigorje

El área dinárica o montañesa se caracteriza por una economía predominante pastoral. En los trajes nacionales, de aspecto sobrio, hay muchas piezas de lana debido a la abundancia de esta materia prima, así como a los fuertes y crudos inviernos. Las mujeres la hilan en sus ruecas y la tejen a mano. Estos ropajes de lana conservan su color claro natural, o bien se tiñen de color oscuro. La pieza básica de la vestimenta femenina consiste en una larga túnica de color oscuro (en Dalmacia) o blanca (en Bosnia), cuya parte delantera y mangas aparecen a veces adornadas con bordados de colorido predominantemente rojo. Esta túnica continúa siendo la misma de los tiempos clásicos que dio origen a la vestimenta litúrgica conocida con el nombre de dalmática. Las mujeres llevan también magníficos delantales tejidos como tapices, adornados con motivos geométricos y guarnecidos con franjas. Por encima se ponen un paletó semicorto (zobun), sin mangas y sin cierre. En ciertas regiones los adornos incluyen hileras de monedas de oro o de plata. Los hombres llevan una camisa blanca de mangas abombadas, o anchas y abiertas. El pantalón es grueso y entallado, con perneras estrechas, generalmente oscuro y con un fondo a veces hueco y ancho. Va generalmente ceñido alrededor del talle por un cinturón ancho, rojo, rayado, o de cuero, cuyos pliegues sirven de bolsa para el dinero, tabaco, pipa o pistolas. Usan también los hombres zobun y un paletó con mangas, que en ciertas áreas aparecen realzados con decoraciones metálicas (toke o ilike). Estos adornos de origen medieval y guerrero, aumentan el peso de las ya pesadas vestimentas, dándoles un aspecto arcaico y caballeresco. Característico dentro de toda la región es un pequeño y redondo gorro (kapa, crvenkapa), de paño rojo. Solamente en Bosnia se usa, en vez de él, un fez rojo (entre los musulmanes) o negro (entre los católicos). Sin embargo, en muchas áreas el gorro rojo o el fez quedan disimulados bajo un turbante de lana (saruk) predominantemente rojo, pero también verde o blanco. Indudablemente, el fez y el turbante son vestigios de la influencia turca, mientras que el gorro rojo tiene orígenes probablemente más remotos. Las mujeres usan también en ciertas áreas de Dalmacia el gorro rojo, en tanto que en Bosnia se usa en unas áreas el gorro rojo y, en otras, el fez. Muchas veces van éstos cubiertos con pañuelos, con o sin franjas. Los opanci (candalias) están hechos de cuero semiprocesado y llevan un característico tejido delantero (prepletači).

normal_Vrlika-narodna_nosnja

Vrlika

dinarskazona

En Bosnia se notan más los elementos orientales introducidos por Ios turcos, especialmente entre los habitantes de ciudades pequeñas. Los materiales son más finos que los usados por los campesinos, encontrándose frecuentemente piezas de algodón y seda. Las mujeres musulmanas y, a veces, las católicas llevan enormes pantalones abombachados de algodón negro (dimije), mientras que los hombres, además del ya mencionado fez, llevan el pantalón negro de ancho y abombado fondo (čakšire).

zlosela (2)

Kupreš, Bosnia y Herzegovina

En el área adriática o litoral predomina la pesca y la navegación; e incluso la agricultura (viñas, olivos) se practica de un modo diferente que en las otras dos áreas etnográfico-culturales. Las influencias mediterráneas son aquí visibles en todas partes incluyendo la manera de vestir. Los trajes son más ligeros y los materiales más variados y refinados: suave lana, lino, seda y algodón. A pesar de la diversidad de Ias materias primas, tanto en las islas como en la costa dominan los trajes negros y sencillos para las mujeres y Ias jóvenes (Split, Trogir, Kaštela, islas de Hvar, Brač, Korčula). Aun cuando la tradición popular asevera que estos trajes negros se llevan en memoria de los extintos Frankopan (destacada familia croata de nobles y guerreros), lo más probable es que se deban a la influencia española sobre el modo de vestir europeo del siglo XVII. Sin embargo, se han conservado al lado de estos trajes negros y sobrios algunos vestidos típicos multicolores (Istria, islas de Susak, Krk y Pag). Los hombres usan cortes burgueses, con excepción del gorro rojo que sigue siendo en algunas áreas el único remanente del extinto traje típico.

hrnosnja13

Isla de Rab

índice

Split

jadranskazona

t80wvk

Isla de Susak

Istria

Istria

En el sur de Dalmacia se funden los elementos dináricos con los litorales, resultando de ello esos bellísimos trajes nacionales de los alrededores de Dubrovnik (Ston, Konavle, Župa) y de Kotor. En Konavle el vestido blanco inmaculado de las mujeres va ceñido con cintas y el pequeño gorro rojo se sustituye des-pués de la boda por un almidonado y doblado pañuelo.

IMG_8913

Konavle

En todo el país, formando parte íntegra de la vestimenta, hay que mencionar una especie de mochila en bandolera (torba) dentro de la cual llevan los campesinos comida, tabaco, etc. Puede ser de cuero, de lana tejida como un tapiz, de lino, de cáñamo o de crin. También hay que mencionar un sobretodo de cuero (kožun) que se usa en algunas áreas como sustituto del pesado capote hecho de pelo de cabra.

Artes y artesanía manual

Las artes y artesanía manual de los croatas constituyen las creaciones de los campesinos mismos para su propio uso y de los artesanos aldeanos para el consumo popular. Ostentan características de una creación colectiva donde el creador particular sigue las tradiciones de la herencia artística, pero introduciendo nuevos elementos o modificando los heredados. Las comunidades campesinas preservan estos productos de arte y artesanía popular o los abandonan de acuerdo con las necesidades y de la predisposición psicológica dentro de una estructura particular económico-social (agrícola, pastoral, marina, semiurbana, etc.).

Las creaciones de artes plásticas son predominantemente planas y solamente en algunos casos acusan algún relieve profundo o son dimensionales (manumentos y lápidas de las tumbas, decoraciones de las edificaciones, formas humanas y animales en los instrumentos musicales, repostería). El arte plano es, más que todo, ornamental con motivos geométricos o figurativos, predominando entre estos últimos los motivos vegetales, muy geometrizados. Entre las escasasa muestras de arte plano y netamente figurativo hay que mencionar las pinturas sobre vidrio de Zagorje Croata, o el motivo de mezquitas, cipreses, etc. en el arte oriental de Bosnia. El arte croata ornamental geométrico y vegetal geometrizado es muy abundante y se encuentra en todas partes. Revela también una mayor antigüedad, habiendo florecido en Croacia durante los tiempos medievales (arte paleocroata, arte bogumil – patereno). Ricos y variados, los ornamentos croatas no constituyen solamente un medio decorativo sino una verdadera expresión artística.

Otra forma de dividir los productos de arte y artesanía manual es la de considerarles por el tipo de material en que están labrados: madera, cerámica, piedra, cuero, metal, textil; y aun por sus adornos como en la repostería y tatuajes. Los trajes nacionales y la arquitectura rural quedarían incluidos dentro de este grupo, pero los presentamos separadamente, por la importancia que cada uno tiene individualmente.

Madera. La elaboración de objetos de madera se halla muy difundida y desarrollada a causa de la abundancia y variedad de esa materia prima. De ella se hacen ruecas (preslice), vasos, cantimploras (čuture), diferentes cajas, instrumentos musicales de viento (flautas – frule, dvojnice) o de cuerda (tambure y gusle) husos, bobinas, palas de lavar, cofres y baúles para guardar ropa, y otros tantos utensilios, estuches, muebles y juguetes. Además del simple tallado con cuchillo, las decoraciones se ejecutan en grabado (paranje), ranurado (dubenje), cincelado (rovašenje), perforación (proboj), pirograbado (žeženje), coloreo (bojenje), puntado (punciranje) y la incrustación (sedef entre los musulmanes). Los motivos más frecuentes son líneas rectas, inclinadas o zigzagueantes en variadas combinaciones, rosetas, círculos sencillos y concéntricos, triángulos, ganchos, etc. Los cofres, baúles y arcas en el área etnográfica panónica son frecuentemente coloreados o cubiertos con bronce, mientras que los del área dinárica llevan tallados en relieve cipreses, líneas ondulantes o el árbol de la vida (de origen oriental). En el área panónica también se emplea madera tallada para decorar las casas y los galpones.

Cerámica. Entre los croatas la cerámica tiene gran difusión y data de orígenes antiquísimos. Con ella se produce recipientes de diferentes formas y con diversas finalidades, pero predominantemente para el uso en la cocina. Existen tres tipos básicos de productos cerámicos. El primero y más viejo es el de las áreas etnográficas dinárica y adriática, trabajado de una manera burda con torno manual; está hecho de tierra (arcilla impura), mezclada con caliza, cocida a llama viva, nunca barnizada, ennegrecida y utilizada como cacharros de cocina. Una cerámica totalmente distinta es la que se encuentra en el área panónica. No tiene tanta antigüedad, es más refinada, de pura arcilla, trabajada con torno de pedal, cuidadosamente decorada, coloreada y barnizada. La decoración consiste en sencillos motivos geométricos (líneas zigzagueantes y ondulantes, puntos, círculos, aspirales) o también en motivos figurativos, principalmente vegetales. Además de varios tipos de recipientes se hacen también en esta área otros objetos útiles o para juego. El tercer tipo es el de la Bosnia Central (Kiseljak), donde los bellísimos objetos blancos de forma y orígenes arábigo-islámicos son pintados con motivos igualmente orientales en marrón.

Calabazas. Una vez maduras, vaciadas y secadas, las calabazas sirven como utensilio doméstico. Originariamente, la decoración de las calabazas estaba restringida a una parte del área panónica (Eslavonia), pero en los últimos años se ha ido extendiendo también a otras zonas del país. Tales hermosas decoraciones son grabadas con un cuchillo especial y ennegrecidas o coloreadas mediante la aplicación de ácidos. Los motivos son vegetales (hojas de roble, bellotas y flores), geométricos (líneas, triángolos) o animales (liebres, peces y aves).

Textiles. Es sumamente vieja la tradición del tejido entre los croatas. Como se ha mencionado al describir los trajes nacionales, hasta hace poco se producía una rica variedad de telas que iban desde las finas se-das y lienzos de lino y de algodón hasta los pesados productos de lana y de pelo de cabra. Estos textiles domésticos (svila, platno, sukno, bel, čoja, kostrijet) se van extinguiendo al ser sustituidos por productos industriales. Lo único que persiste es el tejido de medias, pantuflas, chales, guantes, suéteres y gorros, más expuestos siempre a las influencias urbanas.

En contraste con la decadente elaboración de telas, se ha conservado todavía vigorosamente el tejido de tapices. Se usan más que todo en las paredes y sobre las camas en sustitución de las colchas, o bien, para cubrir asientos y cofres o arcones, Son de dos tipos: plano o de pelo.

Los telares son relativamente pequeños y por ello no es raro ver tapices constituidos por dos o más unidades con costura. Los tapices muy conocidos de Lika y Eslavonia son de pelo largo con grandes motivos geométricos, poco detalle y amplios trozos de colores lisos. Los más bellos ejemplares del otro tipo de tapices se tejen en Bosnia. Estos son de punto fino, pudiéndose ejecutar complejos dibujos geométricos (líneas zigzagueantes, motivos angulares, romboidales y escalonados) o de inspiración animal y vegetal, de origen oriental, también geometrizados.

Los bordados se ejecutan sobre varios tipos de telas (platno, sukno) o sobre seda (influencias orientales). Los objetos textiles con mas frecuencia bordados son los pañuelos, toallas y partes del traje nacional (mangas, pecho, cuellos, bordes) . Tanta en el área dinárica como en la panónica son muy bellos los que llevan motivos geométricos o geometrizados. Los hay también, sin embargo, vegetales (flores y hojas de Alta Croacia y Eslavonia) o algunos de origen turco-oriental (entre los musulmanes de Bosnia-Herzegovina). A veces, los bordados se hacen en tiras de teia que pueden coserse o descoserse cada vez que la pieza grande ha de ser lavada. Es frecuente igualmente el uso de cordones trenzados o decorados con cuero de varios colores.

Tanto en el tejido como en los bordados, los colores se combinan de acuerdo con el gusto tradicional, resultando conjuntos de armonioso colorido donde predomina el rojo. Todavía hay regiones que prefieren teñir los hilos de lana usando técnicas tradicionales, casi primitivas, en vez de usar colorantes químicos sintéticos. En tales casos la granza proporciona el rojo; la piel de cebolla, el amarillo; ciertas hierbas, eI verde; y Ias cáscaras de nuez verde, acidulada con coles agrias, el marrón y el negro.

El encaje está muy difundido en el área litoral adriática debiéndose en parte a las influencias mediterráneas. Entre ellos se d, stacan los encajes de la isla de Pag y de los alrededores de Dubrovnik. En Alta Croacia se usan en la elaboración de pequeños gorros femeninos (poculica), siendo el centro más importante Lepoglava. Tanto los primeros como los segundos prueban una gran virtuosidad técnica y sentido estético.

Hay que mencionar que en Croacia Ias artes populares del tejido, tapices, bordado y encaje son, como es de esperar, del dominio de la mujer. Las jóvenes campesinas pasan largas veladas invernales tejiendo o bordando las piezas de su ajuar, poniendo en ello gran cuidado y amor, ya que aquéllas van a ser adorno y orgullo de sus futuros hogares.

Piedra. Las áreas etnográfico-culturales dinárica y adriática se destacan por la abundancia de caliza, y una tradición secular ha contribuido al desarrollo de la artesanía del labrado en piedra. Es en las construcciones (casas, puentes, muros, puertos) y en trabajo decorativo (lápidas sepulcrales, portales) donde se destacan los labradores de piedra de Croacia.

Cuero. El decorado de varios tipos de abrigos de cuero (kožuh) es característico del área etnográfica panónica (Alta Croacia). Se debe en buena parte a la influencia húngara a juzgar por el predominante: el tulipán. Practicado en variados colores, se ejecuta aplicando, fijando y superponiendo diversos cortes de cuero con o sin los bordados de lana. En las regiones dinárica y adriática los objetos de cuero llevan poca o ninguna decoración, con excepción de Ios anchos cinturones que a veces ostentan incrustaciones metálicas.

Metal. En las prendas femeninas, en algunos trajes masculinos de la región dinárica (decoraciones metálicas, cinturones, etc.) y en el decorado de las armas es donde más se usa el metal. Resultan muy conocidos los hermosos trabajos a martillo realizados por artesanos bosníacos en metal (kujundžije), quienes trabajan en cobre, bronce y plata. Los productos son cajas, utensilios de cocina, bandejas, juegos de café, pequeños hogares metálicos (mangale) y fetiches (hamajlije). Los motivos y técnica son de origen turco-oriental y el centro principal es Sarajevo en Bosnia. El decorado es una combinación de grabado y cincelado. También son conocidos los productos de plata elaborado con la técnica de filigrana o de granulado en Dalmacia.

Huevos de Pascua y Repostería. En Croacia está muy difundida la costumbre de decorar huevos de Pascua (pisanice) con motivos geométricos o vegetales. Esta forma secundaria de arte popular tiene orígenes paleo-eslavos y era símbolo de purificación y fecundidad. Más tarde, en los tiempos medievales, se convirtió en una tradición de Pascua. Los colores vivos de la pintura vegetal se aplican por medio de diferentes técnicas. La más usada es la de los sucesivos baños. habiéndose trazado antes motivos decorativos sobre el huevo con cera. La pintura no se adhiere a los dibujos de cera, quedando bellísimos motivos predominantemente blancos sobre fondos de colores vivos. Otra técnica es la aplicación de ácido clorhídrico con un pincel sobre el huevo ya pintado de un color. Los huevos de Pascua croatas se parecen a los de ucranianos y polacos por las técnicas y motivos de decoración.

Es también interesante desde el punto de vista de las artes populares la preparación de bizcochos decorados (licitarije) de Alta Croacia con formas de muñecas, jinetes, corazones, etc. Los bizcochas son de diferentes colores con las decoraciones de azúcar, espejitos y motivos impresos. A juzgar por los motivos, se trataría de infuencias barrocas.

Tatuaje. Entre los croatas católicas de Bosnia se practica el tatuaje, especialmente entre las mujeres. Los motives son gaométricos, semejantes a los más antiguos decorados de huevos. Las más frecuentes son soles radiantes y numerosas cruces. La técnica consiste en preparar una mezcla de negro de humo con leche y miel, o simplemente usar la pólvora y luego aplicarla con una aguja sobre los dibujos marcados de antemano en la piel.

Arquitectura rural

Entendemos por arquitectura rural la construcción sin planos basada en la experiencia y conocimientos tradicionales. Este tipo de arquitectura se encuentra, más que todo, en el medio campesino. Las edificaciones son casas de habitación, establos, galpones, etcétera.

En el área panónica de Croacia las casas campesinas son de una sola planta baja (fuera de algunas excepciones hacia el oeste) y, por lo general, de tres a cuatro habitaciones. La construcción era hasta no hace muchos años generalmente de madera, de ladrillo secado al sol (ćerpić) y de adobe (naboj), estos dos últimos dentro de un esqueleto de madera. El techo era predominantemente de paja o de caña, pero se han ido reemplazando con tejas. Los hogares abiertos son ya muy raros. Los establos y galpones consisten frecuentemente en un esqueleto de madera que se completa luego con mimbre (pleteruša) o con tablas. Hay también construcciones hechas con troncos de árboles de igual diámetro o con mitades de aquéllos al cortarlos longitudinalmente (brvnare). Al lado de la casa de habitación principal se levanta a veces también otras más pequeñas para las demás familias que pertenecen a la comunidad multi-familiar (zadruga). Estas se llaman komore en Alta Croacia, o kiljeri en Eslavonia. Existe también una serie de edificaciones en despoblado para específicos fines agrícolas o ganadero (salaši y konaci en Podravina, stanovi en Eslavonia, klijeti en Alta Croacia, zemunice en Sirmio).

En el área dinárica las casas campesinas se construyen de madera y de mimbre (brvnare y pleteruše) sobre una base de piedra o se construyen enteramente de piedra (hacia el oeste). Son por lo general de un solo piso, con un hogar abierto (ognjište) en el cuarto principal. Los techos tienen una acentuada inclinación a fin de evitar la acumulación de nieve; están hechos con pequeñas tablas de madera (šindra), y tienen, en vez de la chimenea, una abertura para el escape del humo del hogar. En regiones muy pobres las casas suelen ser de apenas dos habitaciones grandes (ognjenice, vatrenice) con el establo y el galpón unidos a la casa y bajo el mismo techo. Las edificaciones en despoblados que usan los pastores se llaman katuni y pojate y, para los fines agrícolas, bunje o poljarice.

En los pueblitos o ciudades de Bosnia, sobre todo entre la población musulmana, se ven con mucha frecuencia casas de tipo turco-oriental de dos pisos, el segundo de ellos con su característico saliente hacia fuera.

En el área adriática la totalidad de las casas y edificaciones son de piedra; están cubiertas con tejas o lozas de caliza, tienen hogares abiertos con un conducto para el humo (napa) y parrilla para asar el pescado (gradele). En los poblados y puertos pequeños del litoral las casas son de dos pisos; el cuarto de los aperos, despensa, etc., se halla en la planta baja y los cuartos de habitación y cocina están en el segundo piso. Tanto en la arquitectura como en la estrechez de las calles de esta área son claramente visibles las influencias mediterráneas.

Las costumbres y las tradiciones populares

Es tanta y tan variada la riqueza de las costumbres y tradiciones populares croatas que habremos de limitarnos exclusivamente a las más importantes y difundidas. Muchas de ellas arrancan de las creencias paganas paleoslavas y precristianas. Se circunscriben por consiguiente a ritos protectores contra las fuerzas mágicas o a creer en la influencia sobre los fenómenos naturales (aparición del sol, terminación de las sequías, abundancia de cosechas, de ganado y pesca). Algunas de estas prácticas paganas fueron luego aceptadas o toleradas por el cristianismo y, posteriormente, por el islam, modificando un tanto su interpretación y ciertos detalles a fin de evitar el contraste con la enseñanza religiosa. Aquí nos ocuparemos de estas costumbres, pero no de las de fuentes neta y exclusivamente eclesiásticas, ya que estas últimas no tienen tanto interés etnográfico y folklórico.

Las costumbres populares croatas pueden dividirse en

1) las anuales o periódicas, que tienen lugar en un día determinado, por lo general ligadas con la celebración del día de un santo;

2) las no periódicas, que no están ligadas a una fecha particular, como en ocasión de nacimientos, bodas, muertes o diferentes acontecimientos agrícolas;

y 3) los juegos caballerescos que pueden o no estar establecidos en una fecha, pero que se distinguen de las demás fiestas populares.

Costumbres anuales o periódicas. En primer término vienen las relacionadas con la Navidad (Božić); abarcan éstas desde el fin de noviembre hasta el Día de los Reyes e incluyen elementos del culto a los muertos y magias para la fertilidad agrícola. Los preparativos, para mencionar los más importantes, tienen que incluir un plato de trigo germinado (pšenica), las velas navideñas, un leño especialmente cortado o seleccionado (badnjak) que se coloca sobre el hogar (ognjište), matas verdes dentro o sobre la casa, paja o heno esparcido por la casa y pasteles o panes decorados.

Es obligatorio asistir a la misa de la Nochebuena (ponoćka) con antorchas y hacienda disparos de armas. En conexión con el primer huésped del día de Navidad (položaj, polaznik), hay una serie de rituales e interpretaciones mágicas interesantes. La comida del día de Navidad incluye lechón o cordero (zaoblica, pečenica, veselica), y se hace el pronóstico del año nuevo con el hueso omóplato. En varias regiones salen grupos de cantantes (koledari, betlehemari) que recorren las calles expresando sus felicitaciones con una melodía ante cada casa. En agradecimiento, se les obsequia con comida, bebidas y dinero. Entre las fórmulas de felicitaciones figura mirboženje en algunas regiones dináricas y en Žumberak. Fuera de las ciudades no se intercambian regalos de Navidad con excepción de frutas o nueces en hileras (grotulje) en las regiones sureñas). También se obsequia al manantial, el pozo de agua, a cambio de “buena suerte y salud”, o a los animales domésticos, todo ello acompañado con las correspondientes fórmulas. En Dalmacia se prenden hogueras llamadas koleda (del latín calendae). El conocido arbolito de navidad aceptado ya en las ciudades, penetró también durante el siglo pasado en algunos hogares campesinos del norte de Croacia.

A las Navidades sigue por su importancia etnográfica, el Carnaval (Poklade). Como en tantos otros países en Croacia también la gente se disfraza (maškare) predominando los disfraces antropoides. Entre los varios personajes carnevalescos reales o irreales, y según la región, se destacan karneval, krnjo, (Dalmacija), pust (Istria, Kvarner), etc. Con la figura de paja y harapos que los representa, se improvisan el enjuiciamiento, a veces en versos, y luego la ejecución, consistente en ahogar o quemar a la triste figura. Son populares también las figuras čoroje (cuervo), vila (hada), tunca (bisonte) en Dubrovnik, did y baba (abuelo y abuela) en Istria, Kvarner, Lika y Dalmacija, zvončari y bušari (monstruos peludos) de Gorski Kotar, Eslavonia y Voivodina. Un grupo interesante, los orači (aradores), está compuesto por mujeres que tiran de un arado mientras que el resto siembra granos y cenizas.

En Bosnia y Herzegovina se hacen tatuajes (bocanje, sicanje) en ciertas fechas (San José, Semana Santa o San Juan). Los tatuajes predominan entre las mujeres, son más frecuentes entre los católicos y los musulmanes, y raros entre los ortodoxos.

Para el Domingo de Ramos se practica la decoración de los pozos de agua y se bendicen varias plantas o flores según la región.

Durante la Pascua, el acento recae en el Sábado de Gloria y el Domingo de Resurrección y no en el Jueves y Viernes Santos. Por esos días se pintan y decoran los huevos de Pascua (pisanice), que se regalan o ganan en la prueba de su mayor dureza (tucanje). Se bendicen el fuego de Pascua. (uskrsni krijes, vazmeni oganj) y la cesta de comida que contiene huevos, pan, pasteles, queso recién hecho, cebolla verde y carnes. El lunes posterior al Domingo de Resurrección está muy difundido el juego con agua.

Para el día de San Jorge (Jurjevo, 23 de abril) los pastores adornan el ganado con coronas de flores primaverales a fin de ahuyentar a las brujas y las fuerzas demoníacas. Se realizan igualmente las rondas de San Jorge (jurjevski ophod) en las que un grupo de jóvenes (jurjaši, djurdjari) va de casa en casa entonando canciones alusivas. Uno o varios jóvenes del grupo se cubren con ramas verdes llamándose zeleni Juraj (Jorge verde). Otro aspecto interesante de este día lo constituyen las hogueras de San Jorge (jurjevski krijesovi) que se acompañan con ritos, cantos, magias y adivinanzas. Semejantes a las de San Jorge son en varias regiones las costumbres del primero de mayo o de los Santos Felipe y Jàcobo. Representa una excepción la costumbre de erigir el árbol de mayo (majus) que penetró en Croacia occidental desde Austria, Eslovenia, Bohemia y Hungría.

En el día de la Ascensión (Spasovo) se acostumbran las rondas llamadas križari (cruzados) en Eslavonia, Srijem y en partes de Dalmacia. Aparentemente de origen pastoral, esta costumbre es semejante a los otros tipos de rondas. Como característica, especial figura la cruz decorada con flores y que es llevada por la ronda.

En ocasión de Pentecostés (Duhovi, Trojaki, Rusalje) mencionaremos la costumbre de nombrar reinas o reyes (kraljice, kraljevi) en Eslavonia, Sirmio, Baranja y entre los croatas del área Subotica-Sombor. Las jóvenes, adornadas con sombreros masculinos y espadas de madera al cinto, desfilan entonando canciones y efectuando diversas ceremonias. También en esta festividad, en algunas regiones se encienden hogueras (duhovski krijesovi).

Durante el verano, la principal fecha folklórica es San Juan (Ivanj dan, 24 de junio). La tradición secular en ese día se centra en las hogueras de San Juan (ivanjske vatre, krijesovi) practicadas en toda Croacia. El encendido de esas hogueras llamadas krijes, koleda, svitnjak, va acompañado de cantos, a veces de danzas y de saltos sabre el fuego. Además de las hogueras, en algunas regiones panónicas de Croacia se acostumbra también hacer una ronda cantada, llamada ladarice, en la que las palabras “lado” o “tío”, dominan en los versos.

Costumbres no periódicas. Entre éstas predominan las mágicas (čaranje, vračanje, bajanje), que han perdido su significado y se conservan como reliquias o una mera persistencia de las viejas tradiciones, sin que los ejecutantes realmente crean en sus efectos. Suelen celebrarse en ocasión de nacimientos, bodas o muertes; en ciertas faenas agrícolas (arado, siembras, imploraciones de lluvias, siega) ; o en relación con la ganadería y la apicultura; e incluso con el amor. El ceremonial suele ir acompañado con palabras mágicas, fórmulas y encantamientos o con danzas, música y canto.

Para mencionar solamente algunas costumbres no periódicas nos referiremos al šišano kumstvo (el compadrazgo con el corte de pelo). Esta costumbre está generalizada en áreas religiosamente mezcladas, tales como Bosnia-Herzegovina. La finalidad originaria era la de pedir la salud del niño, pero después ha adquirido un significado social que permite el compadrazgo entre las familias de diferentes religiones y sin que envuelva en sí un acto religioso. Otra costumbre interesante es Dodole (también llamada prporuše, čarojice), en realidad una imploración de lluvias que se practica en varias partes del área panónica. Un muchacho cubierto con flores y ramas verdes va de casa en casa y es bañado con agua mientras el acompañamiento canta las imploraciones. En el área dinárica, las ceremonias en ocasión de las bodas abarcan desde ir todo el cortejo nupcial a caballo, hasta la costumbre de esconder a la novia, etcétera.

Consisten los Juegos Caballerescos en entrar en diferentes competencias de fuerza y habilidad, muy practicadas en el área etnográfica dinárica: el lanzamiento de piedras, los saltos, las carreras y rvanje (una especie de lucha libre).

Las justas de Alka (Sinjska alka) se corrían antiguamente en varias partes de la costa adriática croata, pero solamente se conservaron hasta nuestros días en Sinj (Dalmacia). Aquí se celebra como una gran fiesta conmemorando la victoria sobre los turcos en 1715. El Alka, o sea el juego de anillos, recuerda por su pintoresco ceremonial el palio de Siena. Es un torneo popular que se desarrolla en la llanura a la entrada de la ciudad. Ricamente ataviados a la manera de los antiguos caballeros croatas, los concurrentes (alkari) corren a caballo con largas lanzas tres veces un anillo (alka) suspendido sobre la pista, presentando un brillante espectáculo. La celebración de la victoria, que pertenece al caballero con el mayor número de puntos, se convierte en una verdadera manifestación nacional.

En la isla de Korčula y en la ciudad del mismo nombre tienen lugar cada año el 29 de julio, día de San Teodoro, los célebres juegos conocidos bajo el nombre de Moreška o Kumpanije. Dos grupos armados, los unos vestidos de rojo y con el rostro ennegrecido (los moros) y los otros vestidos de negro ejecutan nueve figuras de batalla. Detrás de las filas de los feroces extranjeros un moro tiene cautiva a una joven vestida de blanco, símbolo de la ciudad y prenda de la batalla que se va a librar. Al escoger cada guerrero a su adversario, la batalla se libra manteniendo la armonía del conjunto y a ritmo siempre más acelerado. Los moros por fin se rinden y libran a la joven cautiva, mientras que los vencedores celebran su triunfo con una danza.

El Alka de Sinj:

La Moreška:

Folklore musical

Para cantar, tocar música o bailar, el campesinado croata aprovecha cuanta ocasión se le presenta : las reuniones al aire libre, frente a las iglesias los domingos después de la misa, las fiestas religiosas, las ferias, las veladas, ciertas faenas agrícolas (los trabajos de campo, la siega, etc.), ciertos rituales y rondas (kolendari, betlehemari, jurjaši, kraljice, ljelje, križari, ladarice, procesija za križem), las bodas, etc. La música folklórica croata es muy variada y va desde los antiguos y monótonos cantos hasta las melodías ricas en matices y sutiles modulaciones que llegan hasta el cuarto de tono. Mientras en el área etnográfica panónica predominan los elementos propios de la música eslava, a veces vivaz y rebelde y a veces romántica, en el área dinárica el folklore musical es más sencillo y sobrio. En el litoral dálmata se perciben influencias mediterráneas y en Bosnia y Herzegovina influencias turco-orientales, respectivamente, dando como resultado bellas y muy románticas canciones dálmatas y sevdalinke bosniacas con sus modos específicos.

Ritual de Kraljice en Eslavonia:

Ladarice, fiesta de Pentacostes en Pokuplje:

Kolendanje (villancicos) en Dalmacia

Procesion del Via Crucis – Za križem de la isla de Hvar

Las melodías folklóricas croatas se dividen en tres estilos de acuerdo con las tonalidades: la G, la F’ y la Eb. El primero, en tonalidad de G, se distingue por su estabilidad melódica, por su comienzo y retomo a G final y el predominio de monofonía. Es de mayor extensión geográfica y se divide a la vez en seis subgrupos:

1) “Escala Istriana”, semejante al modo frigio gregoriano con algunos tonos cambiados. Las canciones en escala cromática al igual que algunas rozgalice entran también en esta categoría.

2) Gange y rere, canciones de ámbito muy angosto, a veces heterofónicas (Zagora Dálmata y Herzegovina).

3) Canciones con un punto pedal (bourdon), o sea, donde una voz básica (alto o bajo) mantiene un tono a través del texto completo sobre el punto pedal. Son melodías muy viejas, de carácter recitativo con melismas y otros ornamentos celódicos basados en la expresión “oi” (ojkanje) (Dalmacia y Bosnia-Herzegovina).

4) Melodías cantadas al antiguo estilo eclesiástico, del modo dórico o eólico (esparcidas en Alta Croacia, Dalmacia y Eslavonia).

5) Canciones de tonalidad G mayor con las características del modo eólico y cantadas al unísono (Alta Croacia y Kordun).

6) Canciones monofónicas en la escala pentatónica anhemitónica (Alta Croacia).

El segundo estilo abarca las canciones en la tonalidad F, cuyas melodías pueden estar en F mayor o F menor y que tienen el tono final en G. Desde el punto de vista estético y psicológico, son sentimentales o de pesar, dan la impresión de no tener fin, reflejan con frecuencia profundas emociones, son de ritmo predominantemente libre y contienen melismas. Cantadas en grupo, la primera voz (la melodía) la lleva un cantante (hombre o mujer) mientras que el resto del grupo lleva la segunda “en bajo” (basiraju). Son frecuentes en Eslavonia, Sirmio, Baranja, Bačka y Bosnia, y por su gran vitalidad, van penetrando rápidamente en otras áreas. Un subgrupo especial de este estilo es “la escala oriental” basada en un solo tetracordio oriental.

El tercer estilo incluye las canciones en la tonalidad de Eb. Son las canciones cuya tónica es Eb, la cuerda tónica es Eb, y el final es la G.

Su escala es la tercera mayor. Aparentemente, una buena parte de estas canciones pertenecían anteriormente al modo frigio, habiéndose convertido en la tonalidad Eb bajo la influencia de las terceras cantadas, o sea, agregando al soprano una segunda voz (el alto) cantada una terza más bajo. Pueden oírse en la Dalmacia costanera, en las islas, en Zagora Dálmata y en las regiones contiguas a Eslovenia. En ellas puede verse gran riqueza de entretenimiento armónico, pueden oírse hasta cinco voces con Ias partituras individuales muy decoradas de melismas, adquiriendo elementos de polifonia.

En cuanto a la finalidad y contenido, el folklore musical croata cuenta con canciones de muy variados tipos: las que acompañan las danzas, las faenas agrícolas, los rituales y rondas; las canciones nupciales y de cuna, las lamentaciones fúnebres, las canciones líricas, épicas, guerreras, religiosas, pastorales, humorísticas, romanzas y baladas.

Los relatos, canciones y danzas van acompañados por los instrumentos musicales típicos. Entre los más difundidos y característicos del melos folklórico croata están tambure o tamburice, una familia de instrumentos de cuerdas metálicas de origen oriental (persa). Se parecen a guitarras, tienen de 4 a 8 cuerdas y van en tamaño desde la diminuta bisernica a través de brač, šargija y bugarija hasta el profundo berde. Formando bandas (tamburaški zbor) los tambure acompañan a los cantos y las danzas. Otros dos instrumentos de cuerda típica son gusle y lijerica, característicos dentro del área etnográfica dinárica. Una especie de violas primitivas, el primero, gusle (de una o dos cuerdas de crin de caballo) se usa para acompañar los cantos épicos populares mientras que lijerica (de tres cuerdas y en forma de una pera) es característica en los alrededores de Dubrovnik. Entre los instrumentos de viento ocupa el primer lugar muy popularizada, la pastoral frula o dvojnice, una especie de flauta. Otros instrumentos de viento, tales como Balde o dude en Eslavonia, sopile o roženice en Istria y zurla en Bosnia son variaciones de la cornamusa con fuelle de piel o especies de oboe de agudo sonido.

Conjunto de Tamburitzas:

Klapas de Dalmacia:

Conjuntos de Mandolina en Dalmacia:

Sevdalinkas de Bosnia:

Kanat tradicional de Istria:

Ganga tradicional de Dalmatinska Zagora:

Conjunto tradicional de Hrvatsko Zagorje:

Danzas folklóricas

Son muchas y variadas las danzas folklóricas croatas. Algunas de ellas aún conservan antiguos elementos rituales, pero la mayoría se bailan actualmente en ocasión de reuniones y fiestas populares. Por lo general tienen en común la forma circular abierta o cerrada (kolo), pero difieren en el orden y número de participantes, en estilo, pasos y figuras. Van compañadas de instrumentos musicales típicos (tambure, gajde, frula, šargije, lijerica, etc.), de canciones de amor, baladas y hasta canciones épicas (Novi Vinodol). Existen, sin embargo, las llamadas danzas mudas (nimo kolo) de Bosnia, sin acompañamiento o solamente cantadas (Vrličko kolo). Pueden ser únicamente para mujeres o jóvenes (ženska, djevojačka kola), para hombres o muchachos (muška, momačka kola), o también mixtas. Según las localidades, paso y figuras llevan nombres tales como: balun (Istria), poskočica-kolo, tanac (Islas de Krk y Pag), djikac, linđo (Herzegovina), tančec (Alta Posavina), Slavonsko kolo (Eslavonia), dučec (Zagorje), mista (Slavonija), dorat, ranše (Baranja), bunjevačko kolo (Subotica-Sombor), bosansko kolo (Bosnia), drmeš (Alta Croacia), etc. Mientras el drmeš está lleno de ritmos casi irracionales, en el bunjevačko kolo las mujeres remolinean en su sitio mientras que los hombres, con botas provistas de cascabeles, improvisan pasos decorativos entrechocando los pies. En el Zagorje Dálmata, las mujeres bailan kolo cuyo ritmo es marcado únicamente por el tableteo de las piezas y joyas que recubren totalmente sus vestidos.

Danzas de Prigorje

Danzas Antiguas de la ciudad de Kaštela, Dalmacia

Kolo de Vrlika, Dalmatinska Zagora

Danzas de Posavina

Danza Linđo, de Župa Dubrovačka, Sur de Dalmacia

Reconocimiento de la independencia de Croacia en Magallanes

Por Mateo Martinić Beroš

Los acontecimientos que comenzaron a darse en la antigua Yugoslavia tras la muerte del Mariscal Tito y la mayor información que pasó a tenerse en Magallanes respecto de la realidad y situación de Croacia en la federación, fueron predisponiendo los ánimos de cuantos -ya debidamente enterados de lo acontecido entre 1918 y 1990- estuvieron decididos a darle su respaldo al legitimo anhelo de la nación croata por un cambio justiciero en el curso de su historia y destino.
Fue así como en Punta Arenas al amparo de la antigua Sociedad Dálmata de Socorros Mutuos, en agosto de 1991 su directorio se auto constituyó en un comité ad hoc para apoyar el movimiento de la independencia croata.
Se buscaba generar un movimiento de opinión destinado a ilustrar a cuantos, dentro de la comunidad formada por los emigrantes croatas y sus descendientes chilenos ignoraban o se encontraban insuficientes, o equivocadamente informados acerca de los fundamentos históricos y jurídicos que sustentaban las aspiraciones nacionales croatas para permitir, por consecuencia, la comprensión correcta de los acontecimientos que a la sazón se vivían en la antigua Yugoslavia. De esa manera se quería expresar el compromiso con la independencia de Croacia y brindar a su sufrido pueblo la adhesión y la solidaridad para ayudarle a sobrellevar los agobios de aquellos momentos trascendentes y mirar con esperanza la pronta realización de Sus aspiraciones por un destino mejor y más justo’.
De tal modo, con fecha 9 de agosto de 1991 se dio a conocer la siguiente declaración pública que fue divulgada por todos los medios de prensa de Punta Arenas:

LA SOCIEDAD DÁLMATA DE SOCORROS MUTUOS” de Punta Arenas, consciente “de su primacía histórica entre las organizaciones creadas por los emigrantes croatas en Magallanes y reivindicando asimismo su permanente identificación con los sentimientos y valores del croatismo pone en conocimiento de la opinión pública lo siguiente:

  • 1 Su congoja por los acontecimientos dolorosos que se vienen sucediendo en Croacia y que tienen su origen en la agresión reiterada del gobierno federal y el ejercito yugoslavo como expresiones inequívocas del totalitarismo y hegemonismo serbios”.
  • 2 Su anhelo de que la situación pueda encontrar una pronta solución pacifica, en términos políticos que satisfagan los intereses y aspiraciones de los pueblos que integran la federación yugoslava”.
  • 3 Sin embargo de lo anterior, expresa su reconocimiento y su adhesión al legitimo derecho del pueblo croata a su libre determinación y, por consecuencia, su respaldo a las acciones soberana y democráticamente adoptadas por sus ciudadanos, el parlamento y el gobierno de la República de Croacia para asegurar un futuro de tranquilidad y desarrollo a esa noble y antigua nación occidental y cristiana.”

Siguió a ello una activa campaña de propaganda por todos los medios de prensa, así como al interior de las instituciones de la colectividad croata y que contribuyó paulatinamente a predisponer el ánimo favorable de la comunidad por las aspiraciones croatas.

En setiembre de 1991 el diario La Prensa Austral de Punta Arenas publicaba una nueva declaración suscrita por dos centenares de personas, todos descendientes de croatas, en su mayoría profesionales universitarios, técnicos, empresarios e intelectuales, que en lo medular expresaba: “El Movimiento Croata de Magallanes solidariza con el pueblo croata en su decisión de autodeterminación y reconoce firmemente su derecho a la creación de la República de Croacia, soberana e independiente. Rechaza enérgicamente la violencia ciega y bárbara con que se la está presionando y que obedece a un plan cuidadosamente trazado y dirigido por el hegemonismo de la dirigencia Serbia”.

“Felicitamos a los parlamentarios de la Camara de Diputados por su resolución unánime de apoyo a las repúblicas de Croacia y Eslovenia.”

Posteriormente entre otras varias acciones cabe destacar la publicación del número 3 (1992) de la revista Useljivanje u Magallanesu. Emigración Croata en Magallanes, con abundantísima información de carácter histórico y actual sobre las materias, que tuvo amplia circulación dentro y fuera de la colectividad croata en Magallanes.
Interesa transcribir el editorial de este número especial que lleva por título “La eclosión del sentimiento croata”:
“Los acontecimientos de signo opuesto que desde hace algunos meses se vienen sucediendo en Yugoslavia, de modo principal en Croacia, han concitado y concitan el interés de la opinión mundial, haciendo despertar sentimientos variados por lo común favorables para con esta antigua y noble nación occidental y cristiana que ha decidido proclamar y hacer realidad su independencia nacional, cansada de soportar una situación de avasallamiento, injusticia y opresión que se prolonga por más de siete décadas“.

Así, por una parte, los espíritus libres han seguido con complacencia las sucesivas etapas y decisiones que han dado forma a la recuperación progresiva de la autonomía por la vía de la restauración de las libertades públicas y los derechos individuales, la afirmación vigorosa de la tradición histórica y de las expresiones culturales y el consiguiente pronunciamiento democrático abrumador por parte del pueblo croata en el ejercicio legitimo de su autodeterminación camino de la independencia plena de Croacia y su constitución como un estado soberano.
“Por otra parte, se ha visto y seguido con doloroso estupor la brutalidad e impudicia del atropello de las fuerzas que expresan de manera inocultable el propósito hegemónico de Serbia, a través de la intervención militar del denominado “Ejército Federal Yugoslavo” y de las acciones terroristas de los chetniks, todo ello en un afán por sofocar los anhelos de libertad, dignidad e independencia de la nación croata.

”Ante esta situación, en la mayoría de los croatas originarios que aún viven en Magallanes (como en el resto de Chile y en otros partes de América y el mundo), y de sus descendientes han revivido con inusitado vigor los sentimientos de hondo afecto por la patria de los antepasados, y de admiración ante los valerosos esfuerzos que se realizan para restaurar en plenitud el antiguo estado nacional de Croacia e incorporarlo al concierto de las naciones libres y civilizadas.

“Pero no bastan esos sentimientos de simpatía afecto y admiración. Es necesario además, impulsar un movimiento de opinión destinado a ilustrar a cuantos ignoran o se encuentran insuficiente o equivocadamente informados acerca de los fundamentos históricos y jurídicos que sustentan las aspiraciones nacionales croatas, para permitir, por consecuencia, la comprensión correcta de los acontecimientos actuales. De esta manera, también podremos expresar nuestro compromiso con la independencia de Croacia y brindar a su sufrido pueblo nuestra adhesión y solidaridad para ayudarle a sobrellevar sus agobios del presente y mirar con esperanza la pronta realización de sus anhelos por un destino mejor y más justo.

“Una forma concreta de hacer pública y permanente estos sentimientos ha de ser la de conseguir que las organizaciones creadas por los antiguos emigrantes retornen a sus denominaciones croatas originales, relegándose al oprobioso olvido el ilegitimo gentilicio yugoslavo, símbolo de opresión e injusticia, que en equivocada decisión pasara a re denominarlas después de 1918.

”BOG I HRVATI! – ¡DIOS Y LOS CROATAS ! “

De tal modo la descendencia chileno-croata hizo al fin un sustancial y determinante aporte cultural y propagandístico en pro del conocimiento de la realidad histórica de Croacia y de los derechos que de la misma derivan y que justifican la autodeterminación de su pueblo y finalmente la obtención de la anhelada independencia y el reconocimiento internacional. En el ámbito local magallánico, la errada determinación que en su hora adoptara la dirigencia intelectual de la generación emigrante fue rectificada definitivamente por la decisión de la descendencia chilena.

El sentimiento nacional entre los inmigrantes de Magallanes (Chile) y sus descendientes durante el periodo final de la Yugoslavia monárquica (1939-1945)

Mateo Martinić Beroš, Punta Arenas

Hace algunos años nos ocupamos en sendos ensayos publicados en 1985 y 1986 de rastrear y analizar el sentimiento patriótico croata entre los inmigrantes arribados al territorio chileno de Magallanes a partir del cuarto final del siglo XIX. Constatamos así la vigencia de dos períodos claramente diferenciados: uno que iba desde 1896, fecha de la fundación de la primera de las instituciones societarias creadas por los emigrantes, hasta 1918; y otro, a partir del surgimiento del estado yugoslavo hasta 1939.

Durante el primero eclosionó y se desarrolló un vigoroso sentimiento de identificación nacional croata entre los individuos de ese origen inmigrados en calidad de súbditos del Imperio Austro-Húngaro, que siendo común a todo el contingente de esa procedencia, no tardó en diferenciarse entre el de aquellos que reconociendo tal pertenencia entendían que sus aspiraciones de autonomía estatal debían encontrar una natural solución en el contexto del mantenimiento del Imperio, -los llamados “legitimistas”-, y el propio de cuantos propugnaban el abandono liso y llano de dicho conglomerado estatal, al advertir, por hechos contingentes reiterados, que tal posibilidad no tenía cabida en el mismo, habida cuenta de la hegemonía austro-magiar, -los nacionalistas croatas-. A su tiempo esta idea derivaría del autonomismo independentista al abierto “yugoslavismo”, tesis que acabaría imponiéndose en Magallanes como en la mayoría de los núcleos de la diápora croata en el mundo, y que se concretó en el surgimiento del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos al término de la Gran Guerra Europea (1918), hecho político entendido sobre la base del cumplimiento honorable del pacto suscrito un año antes en la isla de Corfú entre Ante Trumbić, como representante de los croatas, y Nikola Pašić, primer ministro del Reino de Serbia.

Durante el segundo lapso se registró el mayoritario influjo del integralismo yugoslavista que silenció en nombre de una mal entendida fraternidad sudeslava la vigencia del nuevo y duro hegemonismo serbio sobre los croatas, que generó problemas gravísimos de convivencia en el interior del nuevo estado plurinacional, y que tuvo una solución temporal en el acuerdo Maček-Cvetković de 1939 que dio origen a la Banovina Croata, esto es, el reconocimiento del derecho a la autonomía política, cultural y económica del pueblo croata. En el transcurso de este período, la gran mayoría de los inmigrantes radicados en Magallanes aceptaron activa o pasivamente los hechos según se habían ido dando, pero una minoría, refugiada en los antiguos bastiones legitimistas del Club Dálmata y la Sociedad Dálmata de Socorros Mutuos, mantenía su sentimiento croata y adhería a los postulados de la independencia total del Reino de Yugoslavia.

Así las cosas, se arribó al año 1941 sin que en el lapso transcurrido desde agosto de 1939 se hiciera público por alguno de los voceros del yugoslavismo algún comentario favorable a la creación de la Banovina Croata, lo que no deja de ser sorprendente por cuanto tal hecho había significado en su momento siquiera un principio de solución para la grave cuestión que había enfrentado a croatas y serbios durante las dos décadas precedentes. En ese silencio, cargado de significado, advertimos el abandono virtualmente completo de los más caros valores del sentimiento patriótico croata por cuantosinmigrantes los habían profesado con fervor en antaño.

Entonces, el 1 de abril de aquel año, el diario El Magallanes daba cuenta del acto multitudinario de homenaje tributado el día anterior al Rey Pedro II con motivo de su ascención al trono de Yugoslavia, por parte de las diversas instituciones societarias yugoslavas. En la ocasión hablaron el presidente del Dom, Antonio Mimica, el cónsul de Yugoslavia en Punta Arenas, Natalio Brzović, y personas notables como Lucas Bonačić-Dorić y Pedro Marangunić, además de Dinko Ćoro, Juan Sturiza y Andrés Kukolj, éste director de la Escuela Yugoslavia, quien investía la calidad de funcionario del gobierno real. Todos los oradores, en particular el último, proclamaron su apoyo y adhesión a la unidad yugoslava ante el inminente ataque militar de Alemania luego del derrocamiento del régimen encabezado por el regente Príncipe Pablo Karađorđević que se había alineado políticamente con aquella potencia. Importa recordar que una de las causas que había motivado el golpe era el descontento de los generales serbios por los términos del acuerdo Maček-Cvetković, ya mencionado. Ante la situación se acordó de manera unánime la refundación de las organizaciones de apoyo creadas en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, como eran la Cruz Roja Yugoslava y la Defensa Nacional Yugoslava “Dalmacia”.

Luego de la invasión germana y tras el rápido descalabro militar yugoslavo, las agencias internacionales de noticias dieron cuenta de la rendición del ejército real, de la subsecuente ocupación del país por las fuerzas del Tercer Reich y de la descomposición del estado yugoslavo, con el coetáneo surgimiento de los estados independientes de Croacia, Macedonia y Montenegro.

Fue entonces, a raíz de estos acontecimientos, en especial de la secesión croata, que se convocó a una asamblea de la colectividad residente en Punta Arenas para el día 20 de abril, como de costumbre en el salón principal del Club Yugoslavo. La misma se realizó bajo la presidencia de Pedro Marangunić, a la sazón titular de la Jugoslavenska Narodna Odbrana Dalmacija, y en la que el discurso de fondo estuvo a cargo del profesor Andrés Kukolj. También en la oportunidad intervino un hombre de prestigio en la colectividad local, como era Esteban Scarpa, quien destacó y alabó la cohesión de los croatas de Magallanes en ese momento de prueba, olvidándose cualquier motivo de discordia interna, lo que debiera tomarse como una alusión a las diferentes opiniones que se daban respecto de la situación en el desaparecido estado plurinacional.

El acto masivo concluyó con la siguiente resolución, adoptada en forma unánime al calor del fervor provocado por los oradores:

Más de cinco mil yugoeslavos de estirpe croata, radicados en el extremo austral de la hospitalaria República de Chile, Provincia de Magallanes, representados hoy 20 de Abril de 1941, en una magna Asamblea Colonial, convocada por la Defensa Nacional Yugoeslava, en la ciudad de Punta Arenas, aprobaron espontánea y unánimemente la siguiente Resolución:

  1. Condenar con la mayor indignación la actitud traidora y antipatriótica de Ante Pavelić y secuaces, mercenarios del nazi-fascismo que, con el apoyo de la máquina guerrera alemana e italiana, proclamaron un falso “Estado Libre de Croacia”, entregando de esta forma a los croatas a una esclavitud más inicua que la del yugo secular de la monarquía austro-húngara; Afirmamos que los Croatas pueden ser únicamente libres en la libre Yugoeslavia y grandes en la Gran Yugoeslavia.
  2. Rindiendo el mayor homenaje de reconocimiento al ejército yugoeslavo, que bajo precarias condiciones y con valentía sobrehumana, inflingió pérdidas enormes a las fuerzas enemigas, inmensamente superiores, declaramos nuestra firme voluntad de permanecer fieles hasta el final, a la unidad nacional del Pueblo y del Estado yugoeslavo, bajo el cetro de la Dinastía nacional de los Karađorđević y la dirección del Gobierno de S. M. el Rey Pedro II.

III. Estando dispuestos, como hasta ahora, a todos los sacrificios, afirmamos libre y solemnemente, que dedicaremos todos nuestros esfuerzos al servicio de la libertad y de la verdadera democracia, cuyos paladines son Gran Bretaña y los EE.UU. de Norteamérica, que no solamente luchan por la libertad de los pueblos atacados y oprimidos, sino también por la libertad del mundo. Renovamos nuestra fe en el triunfo definitivo de la justicia y de la verdad, como así mismo en la restauración de una Grande y Libre Yugoeslavia.

  1. Deseamos que esta resolución sea puesta en conocimiento de la Embajada Británica y del Gobierno Yugoeslavo por intermedio de la Delegación Yugoeslava en Santiago, y al Presidente de los EE.UU. por el conducto de la Embajada Yugoeslava en Washington.

Presidente, Pedro Marangunić

Secretario, Andrés Kukolj

Más allá de lo obvio que resultan los conceptos de la declaración por corresponder a los propios de quienes profesaban un yugoslavismo integral, resulta sorprendente el reconocimiento que se hace al comienzo de la misma, de la pertenencia a la “estirpe croata”, al cabo de más de veinte años en que tal denominación había sido sistemáticamente omitida en discursos y resoluciones societarias. Era, evidentemente, una manera de tocar la íntima fibra patriótica croata formada por los emigrantes y sus descendientes, para sensibilizarlos en procura de los objetivos yugoslavistas. Ello se confirma, además, con la convocatoria hecha por el Dom, la Defensa Nacional y la Cruz Roja Yugoslava para celebrar el 270° aniversario de la muerte de Petar Zrinski y Fran Krsto Frankopan, luego de casi dos décadas de abandono de toda conmemoración referida a estos héroes croatas, que simbolizaban el anhelo histórico por la individualidad y la independencia de su nación.

Un mes después del acontecimiento de que se da cuenta, el 25 de mayo de 1941, se realizó una nueva asamblea en el Dom, convocada para dar cuenta de la anunciada creación de lo que se denominaba “Reino Italiano-Croata”, y en cuyo transcurso intervinieron como oradores de circunstancias el cónsul Brzović, Marangunić y Kukolj.

Como cabía esperarlo, la reunión concluyó con la adopción de una resolución, cuyo texto era el siguiente:

Los yugoeslavos de estirpe croata radicados en la provincia de Magallanes, República de Chile, representados el día 25 de mayo de 1941, en la magna asamblea colonial, convocada por la Defensa Nacional Yugoeslava, aprobaron espontánea y unánimemente la siguiente Resolución:

1°.- Guiados y animados por los principios de libertad de opinión y sentimiento levantamos nuestra más enérgica protesta contra la implantación del ridículo y arlequinesco “Reino Italiano-Croata” y repudiamos la criminal y cobarde actitud de los traidores nacionales Ante Pavelić y secuaces.

2°.- Confesamos públicamente una vez más delante del mundo entero nuestra inquebrantable fidelidad a la unidad nacional y política del pueblo yugoeslavo bajo el mando del Rey Pedro II Karađorđević, único, auténtico y legítimo Rey sucesor en la cadena histórica de todos los reyes croatas, serbios y príncipes eslovenos.

3°.- Manifestamos nuestra solidaridad con la oficial declaración de nuestro representante diplomático en Santiago, hecha el 24 del presente en la prensa chilena.

4°.- Acentuamos nuestra fe en la victoria final de la verdad y de la justicia y pedimos que las resoluciones de nuestra magna asamblea, por intermedio de nuestra Delegación en Santiago sean puestas en conocimiento del Gobierno yugoeslavo y de los Gobiernos de todas las naciones aliadas, quienes están luchando por la conservación de los derechos humanos y democráticos en el mundo y por la liberación de todos los pueblos actualmente oprimidos.

Defensa Nacional Yugoeslava.

Presidente, Pedro Marangunić; secretario, Andrés Kukolj.

Pasando por alto la inexactitud histórica del contenido del punto segundo, claramente acomodaticia a las circunstancias, y tan sólo comentando como nada feliz ni oportuna la decisión de la dirigencia nacional croata que había motivado la airada protesta de que se da cuenta, la verdad es que, pese a la proclamada unanimidad de la colectividad croata-chilena, avalada al parecer por la ausencia de toda opinión pública en contrario, lo acontecido, una vez más, no había concitado, ni concitaba el consenso en el seno de la colectividad, pues había quienes sin compartir en su totalidad lo realizado por Ante Pavelić, se alegraban de la separación de Croacia de la antigua Yugoslavia, defendían la independencia croata como valor supremo y, aún, expresaban en privado sus simpatías por Alemania. Tal fue el caso de algunos miembros de la emigración que militaban en el Club y Sociedad Dálmata y que se habían manifestado desde largo tiempo como fervientes y recalcitrantes croatas y, como tales, oponentes abiertos a la unidad yugoslava.

Para una apreciación más cabal, viene al caso recordar lo acontecido con la antigua Sociedad Austríaca de Socorros Mutuos una vez finalizada la Gran Guerra Europea o Primera Guerra Mundial.

Para los croatas pertenecientes a esa entidad -que dicho sea de paso agrupaba a la mayoría de la inmigración de esa nacionalidad- aquella situación sobreviniente (la desaparición del Imperio Austro-Húngaro y la incorporación de la nación croata al nuevo reino plurinacional encabezado por la monarquía serbia) exigía el cambio de denominación indispensable, pero al determinarlo así primó entre los mismos la aceptación por los sentimientos de la nacionalidad histórica a la que los hechos habían hecho emerger, y así su fidelidad fue para con ella, sin otro compromiso. Se optó entonces por el viejo y querido gentilicio regional dálmata para bautizarla, en lo que históricamente debe ser entendido como una legitimación del croatismo de los asociados por sobre la suerte de abdicación de la misma que en algún sentido hacían de ella los sostenedores de la causa yugoslava.

La Sociedad Dálmata de Socorros Mutuos (y también el Club Dálmata), bautizada así a contar de 1919 fue nuevamente “legitimista”, esta vez sosteniendo los principios inclaudicables de la nacionalidad histórica que sus asociados veían subyugada por una realidad político-estatal de un cada vez más desembozado predominio serbio, situación mucho más agobiante que la que alguna vez había podido darse en el antiguo ordenamiento estatal austro-húngaro, como lo demostrarían los sucesos históricos subsecuentes. Había en esa postura, en la “porfía dalmatina” mucho más que posiciones personales de antagonismo con aquellos que militaban en otras entidades generadas en el seno de la inmigración croata de Magallanes. Ello era realmente la expresión tangible de la lealtad a la antigua patria croata por sobre los avatares impuestos por los resultados de la guerra y sus consecuencias, y que se mantendría a flor de piel para ser demostrada en cualquier ocasión que se brindara.

De ese modo, manteniendo su actividad esencial y creciendo numéricamente, la Sociedad Dálmata de Socorros Mutuos agrupó a un conjunto de leales croatas, despreciativamente mirados por quienes hacían del yugoslavismo la meta suprema de sus anhelos políticos étnicos. La Sociedad Dálmata como tal y teniendo, como tenía, la primacía entre las organizaciones creadas por la inmigración en suelo magallánico, se vio oficialmente distanciada y discriminada por la dirigencia de otras instituciones, en particular por la del Club Yugoslavo (el antiguo Hrvatski Dom). Pero sus asociados, cuyo número había alcanzado a ocho centenares y que comenzaría a declinar con los años por razón de las naturales bajas por fallecimientos, alejamientos del territorio y en la medida que cesaba la inmigración, siempre mantuvieron una insobornable fidelidad a la causa justiciera del croatismo, bien que en forma subyacente, y en muchos de ellos más viva aun en circunstancias dolorosas de una nueva conflagración europea y mundial, una de cuyas víctimas era la entidad estatal multinacional yugoslava surgida en 1918, lo que llevó a mostrar simpatías por las potencias que la habían agredido en un contexto de circunstancias que condujeron a la reconstitución efímera de la estatalidad croata.

En particular, sabemos del grupo de opinión generado en su seno y liderado por hombres tan prestigiosos como Tadeo y Jerónimo Pavišić Glasinović, dálmatas a toda prueba, e integrado por los hijos del primero y algunos parientes y amigos. Ellos en espontáneas reuniones dominicales en el Club Dálmata, de las que participaban otros habituales u ocasionales contertulios, comentaban y debatían con calor acerca del curso de los acontecimientos, según se les conocía por las noticias de prensa y radio. Pero, por lo común, muy poco de eso trascendía a ese círculo societario y aquellas ideas y sentimientos nacionalistas croatas acabarían olvidándose en el tráfago de los acontecimientos del tiempo.

Hasta donde hemos podido indagar en fuentes familiares, queda claro que hubo una aceptación del hecho consumado como fue la independencia y la subsecuente creación del Estado Libre de Croacia. Pero, así y todo, se trataba de una situación anímica confusa e incómoda por cuanto aquel suceso se había dado en el contexto político del fascismo imperante, circunstancia que localmente, como en la mayoría de las naciones ajenas a las potencias del Eje se veía como un estigma. Hubo pues más que manifestaciones de alegría, una callada aceptación de hechos y, en su transcurso, de resignación ante lo inevitable. Esto derivaría insensiblemente, para la mayoría de ellos y frente a la actividad vocinglera del “bando opuesto”, por así llamarlo, en una suerte de despreocupación paulatina por lo que acontecía en la vieja patria… Al fin y al cabo, ahora los afectos e intereses estaban firmemente arraigados en Chile.

Para un juicio histórico verdaderamente objetivo como debe ser, es preciso trasladarse a la época y procurar entender el sentimiento patriótico del pueblo croata -el que se hallaba dentro del estado yugoslavo y el que integraba la extensa emigración repartida por el mundo-, y por tanto hacer una diferenciación entre su motivaciones inspiradoras.

Para los que vivían en las distintas regiones históricas de Croacia, lo acontecido a partir de 1918 había sido una dolorosa frustración -una traición a la buena fe croata- por la imposición de las ideas y prácticas hegemónicas del granserbismo por sobre el compromiso pactado de poner en vigencia un estado plurinacional igualitario. Para los de la periferia, que mayoritariamente habían sostenido desde el exterior la propuesta yugoslavista, o estaban en el limbo (caso de los inmigrantes radicados en Chile) y por tanto ignoraban, debemos suponerlo de buena fe, cuanto había sucedido en el seno del estado yugoslavo, o, si se poseía información, su apreciación era benevolente por considerar que se había generado una lamentable confusión, cuando no una equivocación irremediable.

De allí que estimamos, había legítimo derecho a la visión discrepante, según se estuviera informado o se soportaran las consecuencias, al juzgar los hechos acaecidos a la luz de los compromisos anteriores a 1918.

Y tornando a los que habitaban en las tierras vernáculas y para muchos de la diáspora (los croatas de Argentina, por ejemplo), el golpe de estado de 1941 que había puesto fin al régimen encabezado por el príncipe regente Pablo, había conformado la gota que había rebalsado la copa de la paciencia croata, aun la de los más moderados como el respetado líder Vladimir Maček y sus seguidores, con lo que con la invasión alemana de Yugoslavia se había dado la oportunidad que esperaban aquellos que militaban en el extremismo “ustaša” esto es, se había puesto en práctica el antiguo axioma, “el enemigo (los alemanes) de mi enemigo (los serbios) es mi amigo” y así, lejos de combatir en defensa de un estado que no sentían como propio, abandonaron las armas y aprovecharon la coyuntura para refundar el Estado nacional croata.

Pensar así y obrar en consecuencia, o al menos aceptarlo patrióticamente como un hecho consumado (caso del arzobispo Alojzije Stepinac, por señalar al más calificado), no era ser traidor a nada y sí fiel a la causa patriótica que anidaba en el corazón de todo croata auténtico.

En esta última situación se encontraron tantos inmigrantes de la diáspora que, como los recalcitrantes dálmatas de Magallanes, simpatizaron con la causa de las potencias del Eje, con Alemania en particular, en tanto que habían favorecido la reconstitución del antiguo estado nacional.

Entre los croatas de Magallanes, pues, se dieron de modo natural las dos opciones legítimas: la de una parte, aparentemente mayoritaria, conducida hábilmente por un núcleo activo y vociferante de yugoslavistas integrales, quienes se condolían de lo ocurrido tras la invasión militar germana, reafirmaban su adhesión a la Yugoslavia monárquica y condenaban severamente al separatismo croata; y la de otra parte de la colectividad, pasiva y silenciosa, que adhería al Estado Libre de Croacia y simpatizaba con la causa del Eje. Así, en Magallanes hubo de quedar también en evidencia la tragedia que marcaría la trayectoria histórica de la nación croata durante el siglo XX, que tendría una triste y dolorosa secuencia durante los años que siguieron hasta el fin de la guerra mundial, en la posguerra y en los años que siguieron hasta los históricos sucesos de 1990-91 que culminaron con la independencia de Croacia.

Lo acontecido en el territorio yugoslavo entre 1941 y 1945, cada vez más y mejor conocido, tuvo para los sentimientos patrióticos de los inmigrantes croatas, cualquiera que haya sido su motivación, diferentes instancias de percepción.

Es preciso convenir que el tema no resulta fácil ni cómodo de tratar. Pero ha debido, debe y deberá ser considerado con creciente objetividad por parte de los estudiosos en la medida que el correr del tiempo (y la cada vez mayor disponibilidad de antecedentes) nos aleje de esos años cruciales en que los croatas, los de dentro de los límites del estado yugoslavo y los de la diáspora mundial tuvieron visiones y posiciones contrapuestas acerca de lo que más convenía al pueblo y a la patria croata. Repetimos, unos y otros en plan de sincero y honesto convencimiento, tuvieron opciones igualmente legítimas. De allí que no corresponde motejar de “traidores” a quienes sustentaban una postura diferente a la que sustenta el analista, cualquiera que éste sea, y considerar la situación con altura de miras y con serenidad en particular para tratar de entender la posición de cuantos en Croacia propiamente dicha optaron mayoritariamente -activa o pasivamente- por apoyar la creación y la vigencia del Estado Libre Croata, haciendo abstracción de lo que fueron conductas o políticas gubernamentales contingentes, quizá inspiradas por conveniencias de momento, durante el período 1941-1945, cada una de las cuales amerita una consideración especial. Uno de los aspectos más sensibles para el patriotismo croata fue la cesión obligada a Italia de territorios croatas desde siglos, que el gobierno de Pavelić había debido realizar en el contexto del reconocimiento de la estatalidad. Si dentro debió concitar sentimientos de rabia impotente, en la diáspora dolió fuertemente, y ello, más la instauración de un régimen totalitario -al uso del tiempo-, contribuyó a morigerar o enfriar la aceptación de la independencia croata.

Por nuestra parte procuramos entender la discrepancia de pensamiento y de acción, cada una con propia legitimidad, de quienes en el interior de la patria habían sufrido a partir de 1918 las consecuencias del hegemonismo granserbio, algo que los dirigentes croatas del Comité Yugoslavo de Londres nunca pudieron imaginar que ocurriría. Fue ese, convengamos, su gran pecado de ingenuidad, que también debe exculparse, por haberse cometido al calor del fervor yugoslavista de aquel tiempo.

Esos sentimientos respondían en general, reiteramos, a la doble distinta percepción que tenían los croatas de la diáspora respecto de la de aquellos que vivían en el seno del estado yugoslavo. Esos conservaban la noción ingenua y romántica de la unidad fraternal sudeslava; éstos, que soportaban la dura realidad de la hegemonía granserbia, hacía tiempo que habían perdido, si es que alguna vez la habían tenido, la esperanza en una convivencia tolerable y respetuosa de su individualidad y derechos nacionales.

Pero retornemos al tiempo y circunstancias locales que interesan.

En Punta Arenas, como en Chile en general, proseguía activa la propaganda yugoslavista encabezada por los personeros y órganos de la Defensa Nacional Yugoslava, para los que, vale destacarlo, había la mayor y más amplia cobertura informativa.

En ese contexto se desarrolló en Santiago durante los días 25 al 28 de julio de 1941 el Congreso de la Defensa Nacional Yugoslava de los Países del Pacífico sur (Chile, Perú y Bolivia), reunión a la que concurrieron Pedro Marangunić y Andrés Kukolj, en representación de los comités “Dalmacia” de Punta Arenas y “Bosna” de Porvenir. Es del caso señalar que el primero fue designado Vice-Presidente del Congreso, en tanto que el segundo asumió la secretaría general. En tal calidad cupo a Kukolj asumir importantes responsabilidades, entre ellas las de redactar las conclusiones con las que se puso término a las deliberaciones.

El Congreso Nacional Yugoeslavo, efectuado en Santiago de Chile, informó a su regreso al diario El Magallanes, constituye un movimiento de todos los yugoeslavos libres residentes en ambas Américas, que se ha iniciado en Chile en forma parecida a un movimiento análogo producido durante la  I Guerra Mundial, cuando los yugoeslavos lucharon por la liberación de sus territorios históricos y por la unidad nacional y estatal.

Esta vez, este Congreso tenía su primordial sentido, no sólo en razones políticas, sino que organizar la labor de los yugoeslavos diseminados en el mundo de su ayuda a la Patria lejana y dar una base moral más fuerte al Gobierno Yugoeslavo, que debido a las circunstancias impuestas por la guerra ha debido abandonar su territorio para luchar junto con todo su pueblo al lado de los países democráticos por su libertad.

El espíritu que reinó en el Congreso dio una vez más a conocer el alma yugoeslava puesta a prueba por los trágicos acontecimientos ocurridos y en igual forma dio a conocer como los yugoeslavos residentes en varias naciones están agradecidos por la hospitalidad que gozan y la forma como respetan sus instituciones.

Y terminaba manifestando que los trabajos efectuados durante cuatro días de ímproba labor pueden condensarse en las siguientes conclusiones:

1°.- Los yugoeslavos libres están dispuestos a realizar todos los sacrificios posibles para reconquistar su patria invadida, y cumplir sus destinos históricos bajo la dinastía reinante Karađorđević y establecer la constitución democrática.

2°.- Los Yugoeslavos juzgan traidora la obra del Gobierno títere croata, encabezado por Ante Pavelić, afirmando que los croatas pueden ser libres solamente en una libre Yugoeslavia y grandes en una Yugoeslavia grande.

3°.- Esta vez luchan los yugoeslavos no solamente por reconstruir su país en la forma conocida hasta ahora, dada por el Tratado de Versalles, sino para que en definitiva abarque todos los territorios que histórica y etnográficamente son yugoeslavos, y por eso tienen su fé más fecunda puesta en el Imperio Británico, en la gran nación de Norte América y en su gran pueblo hermano, Rusia, creyendo que estas naciones constituyen la mejor garantía para la futura constitución de Europa, ahora ensangrentada por la guerra a base de los principios de la libre voluntad de los pueblos soberanos.

4°.- Los yugoeslavos libres afirman su lealtad al Rey Pedro II y a su gobierno, declarando que están dispuestos a realizar los mayores sacrificios para ayudarlo en su gran labor para obtener los fines que todos los yugoeslavos desean.

La compulsa de la prensa puntarenense de ese tiempo permite comprobar la variedad y frecuencia de noticias referidas a las actividades del gobierno monárquico yugoslavo en el exilio (Londres), como de la lucha de resistencia iniciada en suelo yugoslavo por el general Draža Mihajlović, oficial serbio del antiguo ejército real, y sus guerrilleros chetniks, en contra de los ocupantes alemanes e italianos (y de sus aliados del Estado Independiente Croata), del mismo modo como de las repercusiones que todo ello tenía en la colectividad local, a lo menos en el sector alineado con las opiniones de las entidades societarias (exceptuados el Club y Sociedad Dálmata) que se percibían como mayoritarias.

Cada vez había menos referencia a Croacia, sólo Yugoslavia y los yugoslavos, y cuando se hacía mención a la palabra croata era para estigmatizar con ella a quienes eran tenidos como disidentes o inclusive como traidores a la presunta causa nacional.

Importa señalar cómo entonces y por los dos años siguientes se destacaba la figura de Mihajlović, tenido como paradigma de cuanto de noble y heroica podía tener la lucha contra los invasores alemanes y sus aliados. Se le ensalzaba mencionándoselo como un nuevo Robin Hood, un nuevo Guillermo Tell o un nuevo Simón Bolívar (conceptos del cónsul yugoslavo Natalio Brzović). No se ahorraban ditirambos y su fotografía lucía en muchas casas de inmigrantes en Magallanes.

Pero avanzado 1944 todo fue cambiando respecto de ese líder de la resistencia, en la medida que cobraba relieve la figura de Josip Broz, alias Tito, antiguo dirigente comunista croata, quien había conformado su propia fuerza guerrillera, y había obtenido el reconocimiento y favor de los Aliados, en particular de los británicos. Mihajlović pasó a ser dejado de lado y luego fue víctima de la denostación y al fin de la execración de cuantos inmigrantes antes lo ensalzaban sin medida y presentado como un traidor, ¡Sic transit gloria mundi!

¿Cuáles eran las causas de ese notorio y sorprendente cambio que, por cierto trascendía a la figura del antiguo oficial real? Ya está dicho: el favor de los Aliados, y en eso influyó el peso que entre ellos tenía la Unión Soviética, hasta 1942, cómplice de Alemania en el despojo y sojuzgamiento de pueblos, y luego víctima de la misma. A la U.R.S.S. -a Josef Stalin, su maquiavélico conductor- le importaba y mucho que, en la perspectiva de la segura derrota militar alemana, Yugoslavia quedara en la esfera de su influencia política y militar en la postguerra. Por tanto, su respaldo a Tito y a su movimiento partisano -inequívocamente comunista- fue total y efectivo, y ante sus otros aliados actuó en consecuencia, convenciéndolos en tal sentido, contando, es claro, con la ingenuidad, si de la misma puede escribirse, del Presidente Roosevelt y de los británicos.

En ese nuevo y cambiante contexto se conoció la adhesión de los croatas de Magallanes al Movimiento de Liberación Nacional encabezado por Tito. Pero ello ocurrió a costa de la unidad de cuantos hasta entonces habían sostenido la “postura oficial” yugoslava, esto es, el apoyo al gobierno monárquico en el exilio y a las fuerzas militares que en el interior de Yugoslavia le obedecían. En efecto, el 23 de abril de 1944 tuvo lugar una asamblea en la que participaron sobre un centenar de personas -cantidad importante para el medio-, todas ellas de origen croata y que, curiosamente, no se realizó en el Dom como era habitual (que sin embargo disponía de capacidad suficiente para tal cantidad), sino en un recinto ajeno.

Para conocer la razón de convocatoria y de sus propósitos basta remitirse al comunicado ulterior dado a la publicidad y que se transcribe en extenso por su significación:

Los yugoeslavos residentes en Magallanes, República de Chile, reunidos al amparo de las leyes democráticas de este hospitalario país, movidos por el amor filial hacia la patria lejana, Yugoeslavia, y compartiendo los mismos ideales democráticos con los hermanos residentes en Estados Unidos de América, Argentina, Uruguay, Perú y Bolivia, estimamos haber llegado el momento para manifestar públicamente nuestro sentir ante la magnitud de los acontecimientos que en la actualidad se desarrollan en Yugoeslavia, con motivo del incremento que ha tomado la guerra de liberación de nuestro suelo, realizada por el heroico Ejército de Liberación Nacional.

Las heroicas fuerzas combatientes de Yugoeslavia llenan de orgullo a todo buen patriota y a todo demócrata sincero. Al lado del poderoso Ejército Rojo y de los valientes Ejércitos aliados, que en todos los rincones del mundo luchan contra los bárbaros nazifascistas, están en primera fila el Ejército Popular de Liberación Nacional de Yugoeslavia, comandado en forma extraordinaria por el genial Mariscal Josip Broz Tito. Esta fuerza en lucha constante, contribuye enormemente acercar el momento de la victoria de las Naciones Democráticas.

Este mismo heroico Ejército que ha merecido los más calurosos elogios de parte de los diversos Gobiernos Aliados y en forma especial del propio premier británico Mr. Winston Churchill, en su reciente exposición en la Cámara de los Comunes, fue y sigue siendo duramente atacado por el Gobierno Yugoeslavo en exilio, formado por políticos desplazados y desvinculados del pueblo yugoeslavo, que con su nefasta labor provoca la guerra fratricida en nuestra patria.

Analizando ampliamente los acontecimientos que se están desarrollando en nuestra patria e interpretando el sentir de la mayoría de la colectividad yugoeslava, estimamos un deber patriótico prestar nuestro apoyo, moral y material, a los hermanos que en Yugoeslavia luchan por la liberación de la patria; conscientes de tales deberes reunidos en asamblea amplia realizada en Punta Arenas el día 23 de Abril de 1944, acordamos la siguiente:

RESOLUCIÓN:

1°.- Pleno reconocimiento de fidelidad al Gobierno de Liberación Nacional, presidido por el ilustre demócrata Dr. Ivan Ribar, el cual representa a la nueva Yugoeslavia, libre y democrática, sincera colaboración de la solidaridad eslava y con todas las naciones libres y democráticas del mundo.

2°.- Pedimos a los gobiernos aliados de Gran Bretaña, Estados Unidos de Norte América y Unión Soviética el reconocimiento del Gobierno de Liberación Nacional, presidido por el Dr. Ivan Ribar y la inclusión de los derechos de “Préstamo y Arriendo” al Ejército Yugoeslavo de Liberación Nacional, bajo el mando del Mariscal Tito.

3°.- Prometemos prestar nuestra ayuda total, moral y material, al Gobierno y Ejército de Liberación Nacional Yugoeslavo, dirigido por el genial Mariscal Josip Broz Tito.

4°.- Repudiamos a todos los enemigos declarados del pueblo yugoeslavo, y aspiramos a que, en el día de la paz, Yugoeslavia sea gobernada por legítimos y auténticos representantes del pueblo, a fin de poder ocupar en el concierto de las naciones el sitio a que tiene derecho por su valor, sus esfuerzos y sus sacrificios.

5°.- Apoyamos ampliamente la Declaración del Directorio Central de la Defensa Nacional Yugoeslava del Pacífico, dada en Santiago de Chile con fecha 7 de Marzo último y condenamos enérgicamente al presidente del Comité local “Dalmacia” de la Defensa Nacional Yugoeslava, señor Andro I. Kukolj, quien siguiendo el sistema nazifascista mantiene oculto dicho manifiesto de la directiva máxima de nuestra organización y exigimos que cuanto antes se convoque a una amplia reunión colonial, para que así pueda nuestra colectividad libre y democrática pronunciarse sobre los actuales graves acontecimientos.

6°.- Autorizamos a la comisión pertinente para que publique en la prensa estas conclusiones y las remita a todas las organizaciones y prensa yugoeslavas de América, como también a los señores representantes de los Gobiernos Aliados, solicitándoles remitan estas conclusiones a sus respectivos Gobiernos. Y finalmente acordamos hacer llegar estas conclusiones y nuestros sentimientos de admiración en conocimiento del Mariscal Tito y del Gobierno de Liberación Nacional, por intermedio del Comité Eslavo de Moscú.

Era evidente que se había producido una ruptura profunda entre dos tendencias: la que seguía las inspiraciones del gobierno yugoslavo en el exilio, a la que adhería el directorio de la Defensa Nacional Yugoslava, del que ya se habían autoexcluído algunos como Pedro Marangunić, y la que a la luz de los acontecimientos militares y políticos en suelo yugoslavo, respaldaba con entusiasmo al denominado Consejo Antifascista de Liberación Nacional de Yugoeslavia, esto es al organismo encabezado por Tito y su facción partidaria. Esta posición parecía ser la mayoritaria en el seno de la colectividad y a juzgar por la nómina de los firmantes de la resolución del 23 de abril, en ella estaban los miembros más conspicuos de la misma, tales como los hermanos Pedro, Gustavo y Jerónimo Marangunić, Lucas Bonačić-Dorić, Jorge Jordan, Antonio Kalafatović y Juan Stipičić, entre otros varios. En el bando opuesto habían quedado el combativo intelectual Andrés Kukolj, Kuzma Slavić, Antun Marušić y otros.

Era, sin duda, el reflejo local de lo que en simultaneidad se estaba dando en otras partes del mundo libre en el que tenía presencia la diáspora croata.

La respuesta del directorio de la Defensa Nacional Yugoslava no demoró en conocerse. En ella se atribuía lo obrado a la pasión de “personas poco escrupulosas”, cuyo proceder era divisionista y disolvente, que actuaban abusando de la buena fe de la inmensa mayoría de los que habían concurrido a la asamblea de marras y firmado su resolución.

Tras informar sobre lo que acontecía en el exterior en procura de la armonización de las posiciones, la del gobierno real en el exilio (ahora instalado en El Cairo) y la organización liderada por Tito, concluían expresando:

Antes de terminar, reservándonos el derecho de ejercer las acciones que correspondan, deseamos manifestar a la opinión pública de esta culta ciudad, que lamentamos muy de veras la desviación de nuestros connacionales, quienes han entregado a la especulación de nuestros enemigos comunes, situaciones políticas internas, que en ningún caso deben ser conocidas por quienes sólo persiguen nuestra destrucción.

Nuestro ánimo es hacer resaltar el gran heroísmo que demostró nuestro pueblo desde el momento mismo de la invasión, que dirigido por su jefe, Draža Mihajlović, creador de nuestro Ejército Libertador, supo no sólo salvar la honra nacional, sino perpetuarla dando con su ejemplo estímulo para que posteriormente se organizaran nuevos caudillos, como el jefe Josip Broz (Tito), que acosan a los nefastos invasores sin tregua alguna.

Yugoeslavia dentro de todos sus vejámenes y tribulaciones, no es un barco sin timón que navega a la deriva, es un país que tiene su gobierno, transitorio o no, pero reconocido por todos los países aliados y con quienes mantiene su representaciones diplomáticas, país que aun canta su himno y enarbola su glorioso tricolor, emblema sagrado de la nacionalidad.

Reconocemos y aplaudimos todos los esfuerzos de nuestros guerrilleros para la liberación y unificación de Yugoeslavia, considerándolos como único medio para que después de la guerra sirvan de base para una fuerte y grande nación yugoeslava.

En estos terribles momentos rechazamos y condenamos todas las tentativas políticas que puedan producir división entre nuestros connacionales y traer graves consecuencias a la patria misma y al gran ideal eslavista que procura relaciones más estrechas entre todos los países eslavos.

Después de la liberación total de nuestra querida patria, nuestro pueblo que actualmente lucha y se desangra, que llena las cárceles, que sufre toda clase de torturas, que es perseguido y condenado al hambre, ese pueblo, y únicamente él, tendrá derecho a elegir su régimen de gobierno en la forma como él crea conveniente para los intereses de la nación, de su existencia y de su progreso.

Era, estaba meridianamente claro y más allá de las buenas intenciones, la ruptura abierta entre dos posiciones irreconciliables de cara al futuro: la del gobierno del rey Pedro II que se sentía sucesor legítimo del orden desbaratado por la invasión alemana de 1941, y la del indudablemente vigoroso Movimiento de Liberación encabezado por Tito, y cada uno con sus propios proyectos políticos para la Yugoslavia que habría de surgir después de la paz.

Nada ayudó por entonces (septiembre) que se divulgaran los términos del acuerdo a que habían llegado el 16 de junio el dr. Iván Subašić, en representación del gobierno real, y el jefe partisano Tito. Era evidente que su carácter era meramente formal y de circunstancias, para salvar la cara del débil gobierno monárquico. La realidad indicaba que el movimiento dirigido por Tito habría de imponerse políticamente de la misma manera como tenía éxito en las operaciones bélicas. Y en cuanto a sus intenciones futuras, las mismas quedaban clarísimas en la declaración suscrita por Tito el 17 de agosto de 1944, y que en su parte medular expresaba:

Los representantes del pueblo, en la segunda sesión del Consejo Antifascista de 29 de Noviembre de 1943, condenaron en sus resoluciones la obra traicionera de los gobiernos emigrados y como expresión de los esfuerzos de todos los pueblos yugoeslavos, proclamaron el histórico acuerdo de crear una Yugoeslavia democrática y federada. El Movimiento Nacional de Liberación Yugoeslavo es en esencia un movimiento aceptado por todo el pueblo y de naturaleza a la vez nacional y democrática. Por consiguiente, hemos de subrayar una vez más que los jefes del Movimiento de Liberación Nacional Yugoeslavo tienen ante sí una finalidad única fundamental: luchar contra los invasores y sus lacayos y construir una Yugoeslavia federal democrática, y no la que nuestros enemigos nos imputan: introducir el comunismo.

Ante lo declarado no puede dejarse de hacer dos comentarios. Uno, que no obstante la tan proclamada profesión de democracia, la misma debía entenderse a la manera de los comunistas, como en efecto sucedió tras la derrota y retirada alemana, esto es, la imposición de una dictadura desembozada y centralista dirigida por un partido totalitario, en un régimen que de democrático sólo mantendría las apariencias formales, y dos, que al recogerse la idea federal -con todas las limitaciones con que se la aplicaría-, se satisfacía lo que había sido el principal anhelo del pueblo croata dentro de las fronteras yugoslavas.

Pero entonces en Magallanes aquello no se preveía por cuantos adherían con entusiasmo al ideario del Consejo Antifascista de Liberación, y su fuerza se impondría rápida y mayoritariamente. No tardarían pues en excluir a los antiguos compañeros de ruta que pensaban diferente, los que se alejaron voluntaria o forzadamente de las instituciones creadas por la emigración, cuyos directorios serían copados por los partidarios de la posición dominante.

De ese modo se arribó a 1945, tiempo del triunfo militar de los Aliados en Europa, con la derrota y la rendición del Tercer Reich Alemán, y la liberación final de las naciones ocupadas.

Eso en Yugoslavia había significado el triunfo de las fuerzas guerrilleras de Josip Broz-Tito, y con ello llegó el inevitable destino para los vencidos: allá, para los que habían sostenido la utopía independentista, la persecución implacable, el juicio inicuo (si es que llegó a darse) y la represión feroz, de cuyo espantoso resultado sólo se sabría muchos años después; acá, para los que habían apoyado esa idea, el ostracismo societario, el menosprecio personal y el olvido.

Lo ocurrido en el seno de la colectividad de Magallanes fue un reflejo local de la tragedia de la nación croata durante el siglo XX, dividida como estuvo en irreconciliables bandos.

Para entonces, por otra parte, los símbolos del poder monárquico habían sido relegados al más oprobioso olvido. Quienes hasta no hacía mucho habían sostenido la causa de los Karađorđević y de su antiguo régimen opresor del pueblo croata guardaban prudente silencio, tanto localmente en Magallanes como en otros lugares del mundo donde radicaba la extensa diáspora abrumadoramente croata. Todo aquel que quisiera posar de patriota y progresista se las daba de republicano y antifascista. Tal sucedió entre los inmigrantes croatas y sus descendientes chilenos. Se olvidaron las antiguas loas “al joven y heroico Rey Pedro”, y a las cantadas bondades del centralismo unificador granserbio de los Karađorđević.

Al constituirse en 1945 la República Popular y Federativa de Yugoslavia, volvieron a ponderarse las bondades de los regímenes republicanos y federales, -antaño propugnados por el liderazgo croata de entre guerras, en especial por el gran estadista Stjepan Radić-.

Y en ese tiempo, en una nueva voltereta dialéctica, Lucas Bonačić-Dorić, el intelectual más respetado de la comunidad radicada en Magallanes, quien en 1914 había defendido el federalismo como una solución para los pueblos integrantes del Imperio Austro-Húngaro, y que en 1930, oponiéndose a la propuesta federalista y autonómica croata, la había menospreciado y rechazado por estimarla antinacional -“mezquino y parcial provincialismo” la llamó- ahora, en 1945, volvía a retomar la posición de antaño y a aplaudir el federalismo preconizado y adoptado por el Consejo Nacional de Liberación dirigido por Josip Broz-Tito.

Así Bonačić-Dorić, argumentando en favor de su antigua-nueva tesis, escribió:

Aunque parezca extraño la tendencia del pueblo croata fue siempre el federalismo. Desde siglos Croacia tenía su parlamento propio frente a Austria y Hungría, y bajo esta misma combinación estatal, existían en todas las provincias croatas dietas y parlamentos provinciales, cuyos diputados concurrían a la vez a los parlamentos comunes de Viena y Budapest, haciendo por consiguiente los croatas una intensa vida parlamentaria, que se acercaba al federalismo. Cuando fue creada Yugoeslavia, el parlamento croata de Zagreb fue abolido, con lo que los croatas sintieron una honda nostalgia por su parlamentarismo, hasta el punto de no acudir al parlamento de Belgrado, en tiempos de dictadura. Los croatas volvían a Belgrado cuando el partido agrario croata aliado a partidos serbios le daba al gobierno de Stojadinović, en las elecciones generales, el golpe de gracia, que le obligó a dimitir.

Todos estos factores de arrastre, creaban en la conciencia pública croata, después de dolorosas experiencias, deseos de reforma constitucional, cuyos ideales han sido recogidos y llevados avante por el Movimiento de Liberación Nacional, encabezado por el Mariscal Tito. Todos los que son adictos al centralismo yugoeslavo de Belgrado son negados a cada rato por la evolución histórica yugoeslava, llevada hoy hasta la apoteosis de su triunfo.

Y, por otra parte, tocante al régimen político a establecerse en el nuevo estado yugoslavo, afirmó:

Además, el sistema republicano de gobierno no es extraño a los eslavos meridionales. Desde la Edad Media hubo en las costas orientales del Adriático, ciudades libres con estatutos de corte republicano. Nadie ignora de la existencia de la magnífica república croata de Dubrovnik -Ragusa- la patria de Ivan Gundulić, el Dante croata, que durante siete siglos rivalizara en el Adriático con la serenísima república de Venecia, de San Marcos, y cuyos galeones navegaban por los mares entonces conocidos, y que cayera con el advenimiento de Napoleón, y el nacimiento de Yugoeslavia.

Por consiguiente, el movimiento de liberación nacional yugoeslavo, del Mariscal Tito, no es un movimiento esporádico e inconsciente, sino la expresión genuina de una inquietud nacional, que corresponde al espíritu de la época y a los postulados de estos tiempos, y que próximamente serán ratificada por la Asamblea Constituyente Yugoeslava, en la organización del futuro Estado Yugoeslavo y la abolición de sus anacronismos.

Así, con la palabra autorizada e indiscutida de uno de los corifeos de la Yugoslavia de entre guerras, concluiría el agitado y cambiante cuatrienio del que nos ocupamos. Durante su transcurso, con los avatares conocidos, se había impuesto a tabla rasa el ideario unitarista yugoslavo, que aunque con matices formales diferenciales entre el período anterior a 1941 y al posterior a 1945, sería la expresión tangible de un centralismo agobiador del hegemonismo granserbio, ahora revestido ideológicamente con el comunismo, sobre el conglomerado plurinacional sudeslavo.

En la colectividad formada por los antiguos inmigrantes arribados a Magallanes desde fines del siglo XIX y su descendencia chilena se dieron desde entonces tanto la aceptación gozosa de muchos, como la resignada aceptación de otros y el abierto desinterés de unos terceros. Ya no habría más disputas ideológicas en el porvenir: todos fueron al fin “yugoslavos”, por origen o descendencia. Nadie, ni por asomo, mencionaría por entonces y por las próximas tres décadas a lo menos, el nombre croata, todavía estigmatizado, casi vergonzante. Esta sería para lo futuro la característica más distintiva de la colectividad residente en Magallanes, que no poco sorprendería a los venidos de otras partes.

Lo que nadie podía imaginar en ese tiempo, que para unos había sido y era de euforia, y para otros de dolor y sufrimiento, era que medio siglo después, cuando la gran mayoría de los protagonistas de los sucesos de 1941-1945 había desaparecido, en medio de los asombrosos acontecimientos europeos finiseculares, con el descalabro de las así llamadas “democracias populares”, emergería, al fin independiente, una Croacia rediviva.

Lucas Bonačić-Dorić Bezzi

Apoyó el movimiento yugoslavo en tierras chilenas y fue defensor de los derechos de las personas inmigrantes 

lucas-bonacicLucas Bonačić-Dorić Bezzi nació en Milna, en la isla de Brač, Croacia, en 1884. En 1896 se trasladó a Chile junto a su familia y se radicó en Punta Arenas, como muchos otros croatas. Estudió en el Liceo Salesiano San José y más tarde trabajó en el Banco de Punta Arenas. Aunque fue contador de profesión, a lo largo de su vida se interesó fuertemente en el estudio historiográfico sobre la inmigración croata en Sudamérica y en la práctica del periodismo. En concomitancia con esto, fue un activo colaborador del primer diario del territorio El Magallanes y se desempeñó como director del periódico Domovina, del cual fue fundador. Participó en la creación de la Sociedad Croata de Beneficencia, el Hogar Croata y el Club Deportivo Sokol. Falleció en 1961 en Punta Arenas, a los 77 años de edad.

Punta Arenas, Iquique y Antofagasta fueron destinos privilegiados de la inmigración croata en Chile, extendida entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. El sometimiento político del pueblo croata y las penurias económicas de epidemias, como la filoxera -un parásito que afectó a la viticultura mundial-, fueron las causas de la emigración. Paralelamente, Chile estimuló la inmigración europea para la colonización y agricultura de las zonas extremas y despobladas. La emigración masiva, sumada a las tensiones políticas que el sometimiento de los Habsburgo ejerció sobre los pueblos eslavos, llevó a los croatas a buscar  formas de unión, representación y organización con sus vecinos sudeslavos. Las guerras mundiales también fueron fuente de emigración y de necesidad de cohesión política. Por medio de la denuncia y de su acción pública, Lucas Bonačić-Dorić se convirtió en un permanente defensor de la cultura y de los derechos humanos de los eslavos del sur dentro de la monarquía Austro-Húngara.

El trabajo historiográfico y literario de Bonačić-Dorić está cruzado por la preocupación acerca de la s condiciones de vida de su pueblo en Punta Arenas. Fue un verdadero patriota a favor y en defenza de la unión de los pueblos eslavos, y tuvo un permanente interés por integrar a la comunidad croata asentada en Magallanes, a la sociedad chilena, y que registró en una frase: “una raza que llegó a fundirse con la chilenidad”. Entre sus obras destacan: La monarquía de los Habsburgo, Oro maldito, Resumen  histórico del estrecho y colonia de Magallanes, y su Historia de los yugoslavos en Magallanes.

Fue un activo defensor de la independencia de los pueblos yugoslavos (eslavos del sur) y en sus columnas de opinión, en periódicos como El Magallanes y Domovina, destacó la necesidad de que su pueblo se uniera en favor de los desafíos que marcaron la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Adhirió a los principios políticos que representó el Comité de Londres y en 1916 participó en el Primer Congreso de los Eslavos del Sur realizado en Sudamérica, en la ciudad de Antofagasta, como delegado del Comité Dalmacia. Allí denunció el sometimiento de serbios, croatas y eslovenos ante la monarquía de los Habsburgo y reclamó la independencia del Estado yugoslavo. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en el órgano ad hoc de los Eslavos del Sur (La Defensa Nacional Yugoslava), ligado a las fuerzas aliadas, en defensa de los derechos de sus compatriotas y de su independencia.

En 1929, la lucha por la creación de un Estado yugoslavo logró sus objetivos, pero solo de manera transitoria a causa del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Al término del conflicto, Yugoslavia se convirtió en un Estado plurinacional. Lo que no alcanzaría a saber Lucas Bonačić-Dorić segado por el yugoslavismo integral, fue que entrada la década de los 90, la hegemonía de los serbios sobre Yugoslavia llevaría a las repúblicas de Croacia y Eslovenia a declarar su independencia del resto de la federación yugoslava, dando paso a su disolución, en medio de conflictos bélicos que enfrentaron a la población croata, bosnia musulmana, serbia y albanesa kosovar.

En Chile, los inmigrantes croatas se han integrado a la sociedad y a la cultura nacional sin perder su identidad de origen. Se estima que, en la actualidad, la comunidad croata alcanza los doscientos mil descendientes. La lucha por la preservación de la cultura de los croatas por la que trabajó intensamente Lucas Bonačić-Dorić se ve reflejada en instituciones de larga tradición, como son el Club Croata de Punta Arenas, la Sociedad Croata de Socorros Mutuos y el Club Deportivo Sokol, entre otros.

Fuente: Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). 2013. Defensoras y Defensores de Derechos Humanos. Recuperado el 21 de Agosto de 2014 de http://www.indh.cl

Solidaridad de los croatas en Chile con el movimiento nacional en Croacia (1903)

Hechos registrados por la prensa chilena en 1903 con motivo de celebrarse el 73 aniversario de Francisco José I de Habsburgo

Studia Croatica, año XIII – Enero – Junio 1972- Vol. 44-45

Por Prvislav Weissenberger Raganzini

Visión panorámica desde el “centro del mundo”

Chile, país de “geografía loca”, ofrece, bajo varios aspectos, valioso material para el estudio de las relaciones internacionales.

En lo que sigue, se dedica especial atención a la prensa como fuente de información. Debido a la extensión desproporcionada del territorio nacional a lo largo del Pacífico, en la prensa, chilena, la que tiene una tradición distinguida entre la del subcontinente americano, es precisamente donde se encuentra una respuesta al desafío de los complejos de aislamiento, creados por la distancia de los centros de desarrollo económico y adelanto cultural. Parafraseando la declaración del visionario economista chileno, Manuel de Salas, dada en vísperas de la Independencia que “abriendo nuestros puertos al tráfico con todas las naciones, nos podemos considerar ubicados en el centro del mundo”, podría aplicarse el mismo criterio a la prensa chilena: conectándonos con las fuentes de comunicación -en una época más avanzada principalmente a través de los cables internacionales- estaremos bien informados de todos los acontecimientos del orbe, aunque ubicados en el último rincón de la tierra.

La prensa chilena registra de una manera prolija los principales sucesos internacionales del año 1903.

Las relaciones con la República Argentina, después del acertado arbitraje de S.M.B. en el litigio fronterizo (Canal Beagle), al entrar en una fase de fecunda colaboración mutua, ocupan, desde luego, el primer lugar del interés público, culminando en los festejos de la inauguración de la estatua del Cristo Redentor en la cima más elevada del paso de los Andes (marzo de 1904). Les siguen en importancia los problemas aún pendientes con los otros dos vecinos: Bolivia (un tratado definitivo de paz) y el Perú (el futuro de Tacna y Arica). La amistad tradicional con el Brasil, el que junto con la Argentina forma el núcleo de una integración en varios campos de actividad, absorbe a menudo las columnas de la prensa (Estados ABC). La tirantez de los EE.UU. de Norteamérica a causa del Istmo de Panamá, así como la situación en Venezuela, México, Cuba y Puerto Rico preocupan a la opinión pública, interesada en el respeto al principio de solidaridad de los estados americanos.

Según la prensa, la suerte de los boers perseguidos afecta mucho a los chilenos, que miran con gran simpatía los planes de una eventual colonización en el sur del país de elementos tan valiosos que podrían bien suplir la penuria de una inmigración selecta.

La efervescencia en el Lejano Oriente, donde el avance de las construcciones rusas choca con los crecientes recelos de los japoneses, lo que pronto desembocará en un conflicto armado, se relaciona directamente con los debates públicos sobre la conveniencia de la venta de dos acorazados chilenos, todavía en construcción en los astilleros ingleses, al Japón, pues a raíz del avenimiento con la República Argentina en cuanto a la reducción recíproca de los armamentos navales, podía prescindirse de las adquisiciones recientes para utilizar los fondos disponibles de la venta en urgentes obras públicas.

La muerte del anciano y aristocrático Papa León XIII y la elección del nuevo Pontífice, S.S. Pío X, de humilde origen, ofrecieron a la prensa ocasión para amplios comentarios, inclusive en lo tocante a las relaciones entre la Iglesia y el Estado; pero fue sobre todo un insólito incidente el que tuvo resonancia aun en el exterior: la oración fúnebre en el Templo Metropolitano de Santiago a cargo de un locuaz presbítero, quien no escatimó en lanzar invectivas contra las grandes potencias europeas, provocando así comprensibles protestas del Cuerpo diplomático residente.

El interés chileno por los Balcanes

Los disturbios en los Balcanes, punto neurálgico (“el barril de pólvora”), donde se entrecruzaban los intereses de las grandes potencias europeas, adquirían el carácter de preludio de un conflicto mundial. La publicidad de los sucesos balcánicos despertaba gran interés de los chilenos en general, pero de una manera especial en la región productora del salitre, donde, además, vivían núcleos de inmigrantes croatas. El levantamiento de los cristianos contra el yugo turco en Macedonia hacía ya percibir rasgaduras en el sistema creado para los Balcanes en el Congreso de Berlín (1878). Bulgaria apoyaba las reclamaciones de sus connacionales en Macedonia; Serbia tampoco podía quedarse indiferente por lo que sucedía en aquel crisol de razas, más aún después del regicidio en Belgrado, el 11 de junio de 1903, que puso fin a la dinastía Obrenović, tildada de austrófila. Los sucesos sangrientos en Serbia, por lo horroroso del procedimiento, habían estremecido a todo el mundo civilizado. El auge repentino de los círculos militares conspiradores -cuya influencia era manifiesta bajo la nueva dinastía de los Karađorđević-, de orientación rusófila, despertaban una viva preocupación en Chile, quizás más de lo que podría suponerse por la distancia que le separa del escenario de los acontecimientos.

Austria-Hungría, la “monarquía a plazo” obligada periódicamente a prorrogar el Arreglo del año 1867, entra en el año 1903 en una fase crítica, en vista de la tenaz resistencia de la oposición húngara a la prorrogación de la ley de reclutamiento y el presupuesto de los gastos comunes (ejército y marina, relaciones exteriores y finanzas comunes). El Partido de Independencia (Kossuth o el Partido de 1848), apoyado por otros opositores, exige la magyarización del ejército reclutado en Hungría como condición previa para aprobar la cuota húngara de reclutas, ya de por sí bastante baja en vista de la necesidad imprescindible de aumentar el armamento al ritmo de las otras potencias. La amenaza magyar toca en los fundamentos del Arreglo austro-húngaro (Ausgleich) del año 1867, por el cual el imperio de los Habsburgo consintió en la partición de la Monarquía danubiana en dos estados con tal de preservar la unidad del ejército y la política exterior, dos pilares de apoyo de la dinastía en su afán de no dejar menoscabado el prestigio propio ni el de la Monarquía en el concierto europeo.

El corolario de la lucha entre Austria y Hungría lo presenta Croacia, la que, por su parte, lleva una encarnizada oposición a la política del gobierno húngaro, abusador de una posición de poder, en abierta contravención a las estipulaciones explícitas en el Arreglo húngaro-croata (Nagodba) del año 1868. Las demostraciones en Croacia y Dalmacia contra Hungría, reprimidas con excesiva violencia, revisten proporciones alarmantes. Cuando los diputados croatas de Dalmacia o Istria, en acto de solidaridad nacional, recurren a la intervención del Emperador en Viena, y no encuentran el apoyo apetecido del monarca en un vibrante llamado se dirigen a la opinión pública mundial. La medida, tomada en un momento de desesperación, surte su efecto y tendrá resonancia a largo plazo, contribuyendo a que la política croata se realizara, distanciándose de la dinastía habsburguesa.

La reacción de los croatas en Chile

Los croatas en Chile, en su mayoría súbditos austriacos de Dalmacia, y un núcleo menor proveniente de Istria y el Litoral croata al sur de Rijeka (Fiume), los que forman casi la totalidad de los “austro-húngaros” en Chile, reaccionarán de una manera espontánea y vigorosa en favor de la patria oprimida, secundados en sus anhelos con evidente benevolencia por la mayor parte de la prensa chilena.

Por lo tanto, la memorable fecha, el 18 de agosto de 1903, el 73º aniversario del nacimiento de S. M. Francisco José I, ofrece, a través de la prensa chilena, una prueba bien evidente de la reacción croata libre de trabas; no existiendo censura de prensa en Chile, tanto la política oficial-diplomática como el desborde de los sentimientos sinceros de los croatas, en acto de solidaridad con la patria lejana, tienen en la prensa su expresión adecuada y contribuyen al esclarecimiento de los sucesos en aquel año crucial.

Por haber transcurrido más de cien años del Arreglo húngaro-croata (1868), en una perspectiva histórica pueden calificarse de funestas las consecuencias de la desvirtuada aplicación de aquel convenio. Al mismo tiempo, ateniéndose a lo acaecido en Chile -donde, por coincidir varios factores favorables, quizás más que en cualquier otro lugar del exterior- la fuerte reacción de los inmigrantes croatas ha tenido influencia sobre los mismas políticos croata-dálmatas, quienes, alentados por sus connacionales en tierras lejanas, tomarán la iniciativa años después para dar otro rumbo a las reivindicaciones nacionales, tendiente a la emancipación completa de Viena y Budapest.

Establecimiento de las relaciones diplomáticas Chile-Austria

En 1903 se establecieron las relaciones diplomáticas entre Chile y Austria-Hungría, cuyo primer Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario, conde Leonardo Starzénski, acreditado ante el gobierno de Chile, con residencia fija en Santiago, presentó sus credenciales a S. E. el Presidente de la República de Chile, don Germán Riesco (1901-1906), el 16 de marzo de 1903. En su discurso en tal ocasión, el conde Starzénski destacó que “el vivo interés con que el Emperador y Rey, mi augusto soberano, sigue el desarrollo y el progreso constante que se manifiesta en la República de Chile, ha determinado a Su Majestad a establecer una Legación Imperial y Real con esta residencia”.

No se trata, por supuesto, de una frase convencional, ya que Chile experimentó un progreso indiscutible en los decenios después de haber incorporado a su soberanía las provincias de Antofagasta y de Tarapacá” (1879), consiguiendo, en base a la creciente producción, controlar el mercado internacional del salitre.

La población subió de 2.527.041 en 1885 a 3.249.279 en 1907 y al mismo tiempo creció el número de los extranjeros en Chile de 87.077 a 134.524, lo que evidencia la atracción que ejercía en el exterior el auge de la economía chilena.

La provincia de Antofagasta (departamentos de Antofagasta, Tocapilla y Taltal) donde se registra el mayor número de “austriacos” en el Norte, tenía en 1885 un total de 16.549 habitantes. La población subió en el próximo decenio a 21.678, para experimentar después un aumento acelerado, alcanzando la cifra de 69.978 habitantes en el año 1907. La población de la ciudad de Antofagasta subió de 7.588 en 1885 a 32.496 en 1907.

La provincia de Tarapacá (departamentos de Tarapacá y Pisagua) tenía en 1885: 45.086 habitantes, en 1895: 89.751 y en 1907: 110.036, lo que da una idea del desarrollo de esta provincia (Iquique, la capital de Tarapacá, tenía, en el año 1907, 40.171 habitantes).

La población del Territorio de Magallanes, en el extremo sur, aunque había progresado en el anterior decenio, alcanzaba en 1885 sólo la modesta cifra de 2.085 habitantes, pero subió a 5.170 en 1895 y, según el censo de 12 años después, aumentó más de tres veces, a 17.330 en 1907.

Los inmigrantes de Austria-Hungría en 1885 no representaban ni un décimo de alemanes en Chile, esto es, 674 emigrantes (alemanes 6.808, italianos 4.114), pero ya 10 años después, en 1895, los austro-húngaros son 1.550 (alemanes 7.560, italianos 7.797), y, según el censo de 1907, ascendieron a 3.813 emigrantes.

En 1907, en la provincia de Antofagasta había un total de 890 austriacos (766 hombres y 124 mujeres), mientras en la provincia de Tarapacá había 415 (355 hombres y 49 mujeres).

Entre un total de la población urbana del Territorio de Magallanes de 12.199 en el año 1907, hay 4.354 extranjeros y de ellos 1.217 austriacos (817 hombres y 400 mujeres), los que ocupan el primer lugar entre los extranjeros, seguidos de 846 españoles, 610 británicos, 317 italianos, 271 alemanes, etc., mientras entre la población rural hay 544 austriacos (467 hombres y 77 mujeres), lo que da un total de 1.761 austriacos entre 6.499 extranjeros en el Territorio de Magallanes. Entre los pobladores rurales, los austriacos tienen casi la misma participación que los británicos (574) y los españoles (551).

En Valparaíso y Santiago, las provincias más pobladas, los datos para el año 1907, registran 218 y 207 súbditos de la Monarquía danubiana, respectivamente, y es probable que este aumento se realizó después de los años 1900-1903, ya que, según noticias del año 1900, al constituirse la primera Sociedad austro-húngara de socorros mutuos en Valparaíso, la forman 38 caballeros austro-húngaros, en su mayor parte con apellidos croatas.

En la capital, Santiago, al reunirse la colonia austro-húngara para recibir en la estación al Ministro, conde Starzénski, se mencionan en los diarios los señores: Rodolfo von Braun, Catone Nicoreanu, Rosenfeld, Wahlrath, Schmoelzer, Isakiewicz, etc., pero no figura entre ellos ni uno con apellido croata, por lo que es probable que la colonia en la capital fuera bastante reducida en aquel momento.

En las provincias de Valdivia y Llanquihue, regiones agrícolas y forestales, adjudicadas primordialmente a la colonización alemana, el Censo del año 1907 incluye 75 austro-húngaros (57 hombres y 18 mujeres), y 62 (28 hombres y 34 mujeres), respectivamente, pero en los informes diplomáticos, en cuanto accesibles, jamás se hace mención de esos austro-alemanes, de Silesia, quienes junto a los grupos de alemanes del Reich, a través de los agentes de inmigración chilenos en Hamburgo, fueron atraídos a Chile, en un plan reiterado de colonización en las regiones sureñas, en los años 1871-1872, viajando sin pasaportes o con un pasaporte colectivo, y siendo alemanes acudían, en caso de necesidad, a las representaciones consulares del Reich alemán. Una huella durable de estos austriacos se encuentra en el nombre de la aldea Neu Braunau, pues procedían de Braunau y sus alrededores (quizás inclusive allende de la frontera), de la Silesia austriaca, lo que no hay que confundir con Braunau en Alta Austria, lugar de nacimiento de Adolfo Hitler.

La inauguración de la residencia de la Legación austríaca – 73º natalicio del emperador Francisco José

El primer Ministro de Austria-Hungría acreditado en Chile tenía el mismo encargo para Bolivia y el Perú, pero debido a varias epidemias en los puertos del Pacífico (peste bubónica, viruela, etc.) y las cuarentenas que se aplicaban para el caso, tuvo que aplazar el viaje al Norte hasta octubre, no teniendo así la ocasión de establecer antes contacto personal con las colonias austriacas en Antofagasta, Iquique y Taltal. Su actividad, por lo tanto, se reducía a la organización paulatina del servicio diplomático y consular, cumpliendo con ello las reiteradas solicitudes de las colonias.

De acuerdo con las costumbres diplomáticas, la fiesta nacional, el 73º aniversario del natalicio del Emperador y Rey, ofrecía una propicia oportunidad para inaugurar: públicamente la residencia de la Legación, brindando un recibimiento a las autoridades, el Cuerpo Diplomático y las relaciones sociales.

El diario de la tarde, Las Ultimas Noticias de El Mercurio, en su columna dedicada a la vida social, da a conocer, ya el 12 de agosto de 1903, que “con motivo de ser el 18 del presente mes el aniversario del natalicio de S. M., el Emperador de Austria, el Enviado Extraordinario de ese país ante el nuestro, señor conde de Starzénski y su distinguida esposa, recibirán al Cuerpo Diplomático y a sus numerosas relaciones, en gran recepción la noche de ese día. La fiesta tendrá el carácter de un baile y asistirán a ella distinguidas personalidades de nuestro mundo político y social”.

Estas noticias y las de los siguientes días sobre el mismo tema son comunicadas por telegrama a las redacciones de los diarios en las provincias, y aparecen, en extracto, en los diarios de Valparaíso, Punta Arenas, Antofagasta, Iquique y aún en Taltal.

El mismo vespertino, el 17 de agosto, rectifica la anterior noticia, subrayando “que la recepción de los señores de Starzénski no tendrá enteramente el carácter de lo que entre nosotros se llama un baile, sino más bien lo que los ingleses designan con el nombre de “at home”, y el día siguiente aparece la noticia: “Esta noche tendrá lugar en la Legación de Austria-Hungría un gran banquete”, dando a conocer los invitados, entre ellos S.E. el Presidente de la República y los ministros del Interior y Relaciones Exteriores.

El diario de mayor tirada y circulación en todo el país, El Mercurio de Santiago, publica, el 18 de agosto, un artículo editorial, bajo el título “El natalicio del Emperador de Austria-Hungría -Recuerdos de su vida”, el que ofrece un ejemplo de un bien documentado informe, amén de un juicio acertado, características inconfundibles de esa redacción periodística a través de decenios. Es probable que al siguiente artículo le haya precedido alguna entrevista con el diplomático austro-húngaro, interesado en que sus compaisanos se percataran de la importancia de la fiesta patria. El relato refleja un espíritu conciliador, tendiente a familiarizar al lector en lo posible, con la “idea austríaca” arraigada principalmente en la dinastía. En las declaraciones ulteriores del conde Starzénski así como en las noticias de inspiración oficial que aparecerán en el Norte, hay una afinidad con el conmemorativo artículo editorial:

“S. M. Francisco José I, Emperador de Austria, Rey de Hungría y de Bohemia, cuyo natalicio se celebra hoy, nació el 18 de agosto de 1830 y es hijo mayor del archiduque Francisco Carlos, 2º hijo del Emperador Francisco I. Su madre era la archiduquesa Sofia, hija de Maximiliano I Rey de Baviera.”

“En 1835, subió al trono el Emperador Fernando, hombre que ni física ni moralmente era capaz de desempeñar ese cargo. En 1848, Fernando abdicó y el trono pasó a su hermano Francisco Carlos, quien lo renunció en favor de su hijo Francisco José. Fernando vivió todavía largos años y murió en 1875.”

“Los primeros años del reinado de Francisco José sufrieron las perturbaciones comunes en aquella época a casi todos los estados europeos. Las agitaciones en Hungría provocadas en cierto modo por la vigorosa política del príncipe de Schwarzenberg, opusieron serias dificultades al joven monarca.”

“En 1853, un húngaro llamado Libeny, quiso asesinar al Emperador y lo hirió gravemente con un puñal.”

“Posteriormente, el Gobierno de Francisco José ha sido más feliz y de él puede decirse que es uno de los pocos monarcas constitucionales que han conservado autoridad efectiva e influencia real. Ha tenido en sus manos no sólo el nombramiento de los ministros sino también la dirección de la política. Posee gran conocimiento de los negocios, extraordinaria actividad y claridad de entendimiento.”

“Aunque respetuoso del sistema parlamentario, no ha dejado nunca de ser el verdadero director de la política internacional, financiera y administrativa de sus países.”

“La guerra con Prusia, en 1866, tan desgraciada para Austria, se sabe que fue resistida por el Emperador hasta donde el honor de su país se lo permitió.”

“A su talento se debe la posición que Austria ocupa hoy en el equilibrio europeo, aliada con Alemania e Italia.”

“En su vida privada, Francisco José ha sido víctima de terribles catástrofes.”

“Su hermano Maximiliano, héroe de la aventura imperial de México, murió fusilado en Querétaro.”

“Su hijo mayor, el archiduque Rodolfo, cayó envuelto en la horrible tragedia de Mayerling. Hasta hoy es un misterio cómo murieron el príncipe Rodolfo y la hermosa baronesa Vetzchera a quien amaba.”

“La ilustre Emperatriz Isabel, mujer de un talento y hermosura excepcionales, fue miserablemente asesinada en Ginebra por un anarquista.”

“La viuda del archiduque Rodolfo, Estefanía, se casó en 1900 con el conde Lonyaj, sacrificando su rango y su posición con grave disgusto del anciano Emperador.”

“Otro de los miembros de la familia, el archiduque José Salvador, huyó en 1887 de la corte de Austria, y con el nombre de Juan Orth, tomó el mando de un buque a vela. Nunca se ha sabido qué suerte corrió. La hipótesis más aceptada en Viena, es que naufragó en el Cabo de Hornos en un viaje de Buenos Aires a Valparaíso, en 1896.”

“En medio de estas desgracias, el ilustre anciano ha podido conservar la entereza de su ánimo para seguir gobernando con sabiduría a su pueblo. Es hoy uno de los soberanos más queridos de sus súbditos; en Austria y en Hungría se reconocen sus virtudes y su talento.”

“Francisco José cumple hoy 73 años. Es el más anciano de los monarcas europeos después del Rey de Dinamarca. Tiene una constitución vigorosa y lleva una vida metódica y activa que permiten al Imperio austro-húngaro esperar que todavía su existencia se prolongue por muchos años.”

“Al saludar el aniversario de su natalicio, hacemos los votos más fervientes por la felicidad personal del Emperador y la prosperidad de los pueblos que forman su Imperio.”

“Por primera vez, Francisco José está representado en Chile por un Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario; y la elección que para ese cargo hizo de un diplomático tan distinguido como el conde de Starzénski, prueban que tuvo el deseo de fundar sobre una buena base las amistosas relaciones entre el poderoso Imperio y nuestra República”.

El más antiguo diario santiaguino, El Ferrocarril fundado en el año 1855, entre sus notas del día, registra el “Día onomástico de un soberano”, dando a conocer brevemente unos datos biográficos de Francisco José, destacando que “su reinado, que alcanza ya 55 años, es uno de los más largos de la historia”, y en “vida social” apunta, con más precisión que los otros, que “a las 91/2 p.m. tendrá lugar en la Legación una tertulia, a la que han sido invitados el Cuerpo Diplomático y las relaciones del señor Ministro”.

El Ferrocarril, con su excelente servicio de corresponsales en las provincias, se adelantó a otros periódicos de la capital al publicar, el mismo día 18, un telegrama de Iquique, expedido el 17. La noticia, no cabe duda, habrá provocado la primera sorpresa desagradable al Ministro austro-húngaro pues revela nada menos que “los comerciantes croatas cerrarán mañana poniendo el siguiente letrero: “Por duelo patriótico” como protesta por la actitud de Francisco José en los asuntos de Croacia”.

La sorpresa no habrá sido menor para los atentos lectores de El Ferrocarril, los que seguían en la página literaria los últimos capítulos de la azarosa historia de “María Teresa en Hungría” del Conde de Locmaria (traducida por El Ferrocarril), pues en ella se exaltan a las tropas croatas que se distinguieron por su valor y lealtad al trono. Fue el Sabor croata (Parlamento) el que en el año 1712, anterior e independientemente de Hungría, aceptó la Sanción Pragmática, propugnada por el último varón de los Habsburgo, padre de María Teresa, la que establece la sucesión al trono en el caso de extinguirse la línea masculina, asegurando así a su hija la herencia.

El diario radical, La Lei, fundado en 1894, así como el vocero del partido conservador, El Diario Ilustrado, no traen el día 18 de agosto ninguna noticia referente al onomástico de Francisco José. Estos diarios, de carácter partidista, concentran su atención en la renuncia del Gabinete, presentada el día anterior por la tarde.

El Diario Ilustrado, por su parte, parece haberse percatado de la omisión, ya que el día siguiente, el 19, después de insertar en la primera página arriba las fotografías de los seis ministros dimisionarios, “El ministerio que se va”, publica un reciente retrato de Francisco José I, en vistoso traje de magnate húngaro, poniendo de relieve en el breve texto, además de las virtudes cristianas del festejado, los tristes sucesos familiares de los Habsburgo, los que despertaban tanto el interés como la compasión del público chileno:

“¡Imposible saberlo! Puede que algún historiador futuro logre dar con la causa en algún rancio mamotreto. Nuestros hijos lo sabrán por nosotros.”

“La colonia austriaca celebró ayer el natalicio de su Emperador que nació el l8 de agosto de 1830 y que a pesar de su edad es uno de los reyes que promete más larga vida. En su vida, sucesos trágicos han probado su resignación y su piedad cristiana. Hermano suyo era el desgraciado Maximiliano, Emperador de México; su esposa Isabel fue villanamente asesinada en 1898, en septiembre.”

“Francisco José se distingue por la nobleza de su carácter y su caridad. Numerosas historias se cuentan de él, tan edificantes por la bondad como por el valor y la grandeza de ánimo que las inspira.

“Es el soberano que lleva tras de sí el amor y el respeto de su pueblo.”

“Saludamos a su representante en Chile, señor Starzénski”.”

Sobre el desarrollo de la jornada conmemorativa, el amplio informe en El Mercurio, el 19 de agosto, ofrece todos los pormenores conforme con el protocolo y al gusto de la época, los que no carecen de interés, por tratarse del primer recibimiento oficial y por el contraste con el ambiente en el que los súbditos de la Doble monarquía, en su mayor parte, recordaron la misma fecha.

“Las fiestas en la Legación de Austria-Hungría en conmemoración del 73º aniversario del natalicio de S. M. Francisco José, se verificaron ayer en forma que habíamos anunciado y con el más brillante éxito.

“En la tarde, el señor Ministro recibió la visita del Encargado de Negocios de Bélgica, señor J. van der Heyden y su secretario, de la mayor parte de los súbditos austriacos y toda la colonia austro-húngara residente en Santiago.”

“En la noche se verificó el banquete que anunciamos en nuestra edición de la tarde de ayer.”

“El elegante comedor de la casa que ocupan los condes de Starzénski, estaba soberbiamente engalanado con las más hermosas flores de la estación. En vasos de cristal y en ricas piezas de plata había una gran profusión de violetas blancas y moradas. En la testera principal de la sala, sobre la amplia chimenea en madera, se veía un retrato del Emperador y Rey Francisco José.”

Se sentaron a la mesa, además de los dueños de casa, las siguientes personas:

“S. E. el Presidente de la República, señor don Germán Riesco y señora, señor don Rafael Sotomayor y señora, señor don Máximo del Campo y señora, señor don Agustín Baeza E. y señora, señor don Manuel Recabarren y señora, Excmo señor Pietro Monti, decano del Cuerpo Diplomático y secretario; general señor don José Manuel Ortúzar, general señor don Jorge Boonen Rivera; señor conde Trauttmansdorff, secretario de la Legación y señor don Rodolfo von Braun.”

“A los postres, el señor conde Starzénski, hizo un afectuoso recuerdo de su Soberano, invitando a los presentes a beber en su salud.”

“Después del banquete los salones comenzaron a llenarse de una concurrencia distinguidísima que acudía a saludar al Ministro de Austria y su esposa.”

“Las diversas salas ofrecían un aspecto hermosísimo, decoradas con enormes bouquets de violetas y juncos distribuidos en artísticas jardineras. Llamaban la atención los ricos muebles, las obras de arte y la disposición general de los salones arreglados con el mejor gusto. Debemos mencionar especialmente la valiosa colección de viejos grabados en piedra y en madera que poseen los señores Starzénski y que es acaso única en su género en Chile.”

“Aun cuando no se trataba propiamente de un baile, sino de una recepción en la forma acostumbrada en Europa, algunas parejas aprovecharon los valses que una espléndida orquesta ejecutaba en los intermedios de algunas piezas de concierto.”

“La toilettes de las señoras eran lujosísimas. Muchos de los vestidos denunciaban claramente grandes firmas parisienses. La mano de Doucet, Paquia, Redfern, había pasado por allí.”

“Eran más de las 2 de la madrugada, cuando los invitados se despedían de los dueños de casa, encantados de las formas tan delicadas y de tan buen gusto que había tenido la fiesta de nuestro mundo diplomático y oficial”.

Desórdenes en Croacia y en Antofagasta

El mismo día, en el diario de la tarde Las Ultimas Noticias de El Mercurio, aparece, bajo el título “Manifestaciones hostiles en la Croacia” un cablegrama, expedido de Viena en la misma fecha, que dice:

“La celebración del aniversario del natalicio del Emperador y Rey Francisco José, efectuada ayer, ha sido causa de grandes desórdenes en Croacia.”

“Se organizaron numerosos meetings de protesta; reuniones concluyeron en verdaderos motines populares.”

“Hubo en varios puntos choques entre los manifestantes.”

“Las autoridades no pudieron impedir estos desórdenes.”

“Resultaron de estos choques cinco muertos y veinte heridos”.

Ese diario publica el día siguiente, el 20 de agosto, un telegrama de Antofagasta, “Divergencias entre austriacos y eslavos” enviado el 19, en el que se da a conocer brevemente lo acaecido en el puerto norteño: “Ayer, el intendente de la provincia, de orden del señor Ministro de Relaciones Exteriores, ordenó arriar la bandera croata que flameaba a media asta y enlutada en el edificio que ocupa la sociedad de esta colectividad. Había sido izada en señal de protesta por los sucesos en Croacia.

“Esta medida de la autoridad lleva alguna agitación en los círculos eslavos y dio origen a algunas disputas entre Juan Balarin, austríaco y Mateo Vlahović, eslavo; el primero hirió con una bala de revólver al segundo.”

“Se cree que no tendrá mayor consecuencia en esta ciudad la divergencia entre austriacos y eslavos”.

El 20 de agosto, todos los diarios santiaguinos registran que “el señor Ministro de Austria-Hungría, conde de Starzénski, visitó ayer al señor Ministro de Relaciones Exteriores para agradecer la visita que en nombre del Supremo Gobierno le hicieron anteayer el señor subsecretario de Relaciones Exteriores y el señor edecán de S. E. con motivo del natalicio de S. M. Francisco José I y El Diario Ilustrado, al referirse a la visita, nos da a conocer que “mientras se practican las gestiones para organizar un nuevo Ministerio, los señores Ministros dimisionarios continúan asistiendo a sus oficinas y firmando el despacho diario de sus respectivos departamentos”. La visita diplomática quizás se debe a la situación de emergencia, creada por los sucesos en Antofagasta, los que en el caso del joven Vlahović tendrán un desenlace trágico que quedará silenciado en la prensa del país, con excepción de Antofagasta.

Los croatas en Valparaíso cerraron sus negocios

En Valparaíso, puerto principal y centro comercial-financiero de Chile, donde la colonia austro-húngara residente tenía su Sociedad de Socorros Mutuos, desde 1900, la prensa local se limita a avisar a sus lectores, el 18 de agosto, que habrá fiesta en la Legación de Austria-Hungría, situada “en la calle Miraflores esquina N. O. de Huérfanos”. El Mercurio de Valparaíso sorprende por su laconismo, pues no hace ninguna referencia a los inmigrantes respectivos y termina su crónica conmemorativa en tono oficial: “en este día de júbilo para Austria-Hungría, cumpliendo con el grato deber de enviar un respetuoso saludo al ilustre monarca S. M. Francisco José I, y uno muy cariñoso al primer Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de esos países en Chile, el Excmo señor conde de Starzénski”.

El día siguiente, el 19, aparece en El Mercurio de Valparaíso un telegrama de Antofagasta, bajo el título “Los comerciantes croatas” que dice: “Los comerciantes croatas en esta plaza cerraron hoy sus negocios en señal de protesta por los acontecimientos últimamente desarrollados en Croacia y por la actitud que asumió ante ellos el Emperador Francisco José”.

El diario porteño no trae, en los próximos días, ninguna noticia más de Antofagasta, debido probablemente a la escasez de espacio, pues los festejos de despedida en honor del Ministro de la República Argentina, señor don José Antonio Terry, quien fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores en el país vecino, así como la crisis ministerial absorbían por completo las páginas en aquel momento.

Los croatas en las regiones norteñas de Chile

El ya insinuado cuadro sincrónico de los acontecimientos en Antofagasta, Iquique y en Croacia, registrándose víctimas en el mismo día onomástico de Francisco José, exige una breve explicación en cuanto al lugar especial que ocupa la colonia croata en las regiones norteñas de Chile: el punto principal de su actividad es la ciudad de Antofagasta, cuya importancia resalta aún más por su conexión con el interior y, allende la cordillera con otra colonia igualmente próspera, la de Oruro en Bolivia.

La provincia de Antofagasta es la más estéril de Chile, pero abundan minerales de cobre, plata y bórax y en aquel tiempo, sobre todo, sobresale la explotación del salitre, dando gran incremento a la industria y comercio. El ferrocarril de Antofagasta a Oruro, construido en 1889, en una extensión de 922 kilómetros, de los cuales 441 se encuentran en el territorio chileno, ha contribuido a que Antofagasta fuera además el puerto para el comercio con el sur de Bolivia, donde también se registran años de prosperidad notable:

“En el período que comienza en 1900 hubo acontecimientos decisivos para la economía boliviana. Las posibilidades que había abierto la construcción del primer ferrocarril para el desarrollo de la minería, entraron en su fase de realización. A partir del indicado año, el estaño constituyó la base de la economía boliviana, habiendo sustituido a la de plata. Las cifras de su exportación, que en el año 1895 habían sido 3.749 toneladas, subieron, en 1901, a 21.816 toneladas”.

Para los inmigrantes croatas, Antofagasta no es solamente el centro de actividad económica sino también el del movimiento nacional de solidaridad con la madre patria. El hecho se explica por varias razones. Se trata de un núcleo compacto, proveniente, en su gran mayoría, de las islas Brač, Hvar y Vis, frente a Split, la ciudad más importante de Dalmacia y centro del movimiento nacional croata, bajo la guía de su alcalde, el Dr. Ante Trumbić, diputado en la Dieta dálmata de Zadar y en el Parlamento de Viena. Los pobladores de aquellas villas y aldeas isleñas, las que tenían el carácter más bien de pequeñas ciudades, con sus círculos de lectura, gozaban de un nivel cultural relativamente alto en comparación con las localidades dálmatas en el interior de la costa. Es un hecho que se refleja entre los inmigrantes croatas en esta región, donde ocupan una posición social de clase media y bien acomodada. En el departamento de Antofagasta, según el Séptimo censo general del año 1891, clasificados por profesiones, entre los 172 austro-húngaros, había 111 comerciantes y 41 empleados particulares (además: albañiles 4, herreros 2, ingenieros 2, mecánicos 4, mineros 1, pintores 1, etc.), lo que nos explica la reacción de este grupo, pues es la clase media por doquiera el sostén del movimiento nacional y progresista, y en el caso concreto de Chile, los inmigrantes tienen presentes los ideales que creían ver realizados en Chile (responsabilidad del gobierno ante el Parlamento, libertad de prensa, posibilidades de un ascenso social por méritos propios, etc.) que coinciden con el programa del Partido Croata del Derecho, cuya línea seguían fielmente.

Otro hecho de gran importancia es la aparición en Antofagasta de un periódico en lengua croata, Sloboda (Libertad), el 19 de marzo de 1902, como órgano de la colectividad croata en Antofagasta, el que es, al mismo tiempo, el único periódico de ese género en Hispanoamérica.

“Este periódico es el primero que ve la luz pública -dice el editor en su primer artículo, en castellano- en esta hospitalaria tierra, y como se nota en el título y en la figura que se destaca en primer término, es la encarnación en este caso de la libertad que nosotros los eslavos deseamos”.

“Su divisa sería obtener la independencia, por la que lucharon los chilenos en 1810, tarea magna que ha de ser simpática a cuantos no han renunciado a sus verdaderas prerrogativas de hombres”.

En los últimos párrafos, el mensaje inaugural reitera la hazaña misionaria: “Y por servir los intereses de la patria querida, de los particulares y de la colectividad aquí residente, nace Sloboda, modesto centinela que espera no cansarse en el puesto que voluntariamente ha escogido”.

Al finalizar, en tonos vibrantes, tiende Sloboda un puente hacia la tierra de los padres: “Desde aquí, desde este apartado rincón del mundo, en donde las artes, la ciencia, el comercio y la industria han hallado ancho campo para su desarrollo; desde aquí, donde los derechos del hombre han encontrado inmensa esfera de acción; desde aquí, donde no hay castas privilegiadas ni distinciones odiosas, Sloboda, órgano de los eslavos, envía al suelo patrio las manifestaciones de nuestros sentimientos y la voz de confianza y anhelo, que han de ser como rocío bienhechor en el corazón de nuestros hermanos del suelo natal”.

Entre los periódicos de Antofagasta, el diario de la tarde, El Comercio, fundado en el año 1897, parece el más propicio a la causa croata -no solamente por dedicarle mayor espacio de lo que podría esperarse, por lo exótico del tema que se ventilaba en un ambiente chileno con fuerte dosis cosmopolita- sino también por su disposición de entrar en sendas polémicas en defensa de la actitud algo doctrinal de los croatas.

En víspera del onomástico, El Comercio publica en extenso en su página editorial, la decisión tomada en la asamblea del Comité croata, el domingo 16 de agosto de 1903, además de los discursos pronunciados, dos hechos significativos, que pueden considerarse como una expresión genuina de los sentimientos que animaban a la mayoría de los croatas en Chile. Por las condiciones específicas, el momento y la forma en que fueron formuladas esas declaraciones, ofrecen al investigador del movimiento nacional croata en el exterior un punto de apoyo que le facilite comprender la actitud ulterior frente a los cambios que experimentará la política croata, a iniciativa de los croatas-dálmatas, y que redundarán en la Resolución de Rijeka (Fiume), el 3 de octubre de 1905, cuando la política croata se desprende de su aislamiento y encauza el rumbo hacia una solución “sudeslava” -balcánica (yugoslava).

Bajo el título: Los eslavos – Su reunión de ayer – Acuerdos patrióticos sigue el informe de El Comercio:

Desde días atrás los diarios locales venían publicando un aviso por el cual se citaba a una reunión de todos los eslavos residentes en este puerto.

“La reunión se efectuó ayer con una concurrencia numerosa de eslavos y algunas otras personas expresamente invitadas.”

“Don Juan Krstulović, redactor y propietario de Sloboda, en idioma croata, declaró formada la asamblea, a la cual presentó el Comité croata, compuesto por los señores Esteban Bartučević, Juan Ivanović, Fernando Kevešić, Cosme Justinijanović y él, quienes formaron la mesa directiva. Hizo presente a los asistentes, que la reunión tenía por objeto indicar y determinar el modo en el cual se debe manifestar el duelo, por los muertos en Croacia, víctimas de la tiranía del verdugo gobernador Carlos Khuen-Héderváry, Ban de Croacia, Eslavonia y Dalmacia.

“Propuso a los asistentes la elección como presidente de la asamblea del señor E. Bartučević, lo que fue unánimemente aceptado.”

“El señor Cosme Justinijanović propuso como secretario al señor Juan Krstulović, siendo también aprobado por unanimidad.”

“El presidente señor Bartučević indicó el objeto de la reunión, deplorando lo que ha sucedido en la patria por culpa del Gobierno austro-húngaro y declaró abierta la reunión concediendo la palabra.”

La solicitó el señor Kevešić quien en un brillante discurso, con el cual honramos hoy nuestras columnas, pintó con mano maestra y lleno de ardiente amor patrio la actual situación en las provincias croatas.

“Remitimos a nuestros lectores a ese bello discurso que reproducimos más abajo.”

“Tomó después la palabra el señor Krstulović, quien habló en idioma croata, explicando las tristes condiciones en que se halla Croacia, bajo el dominio déspota de Austria-Hungría. En breves términos describió la historia del reino croata, el cual políticamente existe desde el año 903 por haber la nación croata creado un rey de propia sangre, llamado Tomislav. El reino croata duró 200 años y tuvo su fin con la muerte del último rey croata Petar Svačić en el año 1102. Desde entonces, los croatas fueron dominados por los húngaros y austriacos.”

“Según el tratado del año 1102 entre Hungría y Croacia, esta última debía reconocer como rey croata, al rey húngaro Koloman, pero siendo siempre libre e independiente en su propia administración y finanzas, debiendo solamente ayudar a pagar los gastos comunes, y en caso de guerra socorrer a su aliada, Hungría.”

“El tratado fue renovado y aprobado el año 1868, pero el Gobierno húngaro nunca ha respetado el tratado, sino que ha considerado al reino croata como dominio propio absoluto.”

“La arruinó económica y políticamente, usando toda clase de barbaries, que la nación croata no pudo más tolerar viendo atropellados sus derechos y los tratados de 1102-1868.”

“En el mes de abril del presente año se sublevó en contra del tirano gobernador Khuen-Héderváry, ciego cumplidor del Gobierno húngaro y del rey croata porque se les robaba millones a Croacia y se atrevían a poner emblemas húngaros en tierra croata.”

“Querido conde Pejacsevich: A propuesta de mi ministro presidente húngaro, lo nombro a Ud. por la presente Ban de los reinos de Croacia, Eslavonia y Dalmacia”. Por debajo de la firma del rey figura la firma de Dragutin grof Khuen-Héderváry; cfr. Antun Radić, o. c., T. V, pág. 188.”

Es posible que las sociedades croatas en Antofagasta o Iquique, al recibir el manifiesto de los diputados de Dalmacia e Istria a la opinión pública mundial y los comentarios respectivos que aparecieron en la prensa europea -tal como, p. e., el artículo de La Sera de Milan- hayan decidido de antemano concentrar sus protestas contra Francisco José en el mismo día de su cumpleaños pero evitaron después referirse a los cambios interinamente ocurridos con el propósito de no quitar fuerza a sus argumentos que se fundaban en los recientes sucesos sangrientos. Hay que tomar también en consideración que los croatas en Chile tenían motivos para creer que el rey, al entregar el Gobierno de Hungría a un individuo a quien se hacía responsable de los males de Croacia durante los últimos 20 años, desde 1883, reiterándole la confianza, se solidarizaba con la política del antiguo ban y veían en ello un mal augurio para el futuro de Croacia bajo la Corona de San Esteban.

“El gobierno, o más bien el ciego cumplidor ban, hizo desparramar tantísima sangre, para sostener el abuso criminal trazado por el Gobierno húngaro, y que era lo que originaba esa reunión”.

Concluyó el señor Krstulović, que fue aplaudido calurosamente, como el señor Kevešić, proponiendo a la asamblea la aprobación de la siguiente protesta:

“Considerando que las provincias de Croacia y Eslavonia, que forman parte del reino de Croacia, Eslavonia y Dalmacia se encuentran en lamentable estado económico, comercial, financiero por los abusos de ley y del principio social y humanitario;

Considerando que el crimen cometido por el gobernador de Croacia, ban de Croacia, Eslavonia y Dalmacia, por haber hecho derramar sangre, aprisionando hombres, niños, señoras y señoritas, redactores de diarios y curas, comandando a gendarmes, policías y tropas de línea disparar contra la masa, habiendo además ahorcado a dos padres de familia cuyas esposas se volvieron locas por el dolor;

Considerando que con esa tiránica medida se provocó mayormente la revolución en dichas provincias y todo eso con aprobación del tiránico Gobierno austro-húngaro expresa su sentimiento de protesta en forma siguiente:

1. – Protesta contra el Gobierno de Hungría por no haber respetado el tratado de 1102 entre el reino croata y húngaro, confirmado en el año 1868;

2. – Protesta contra el Gobierno húngaro por haber procurado el empobrecimiento de la Croacia y Eslavonia, usurpar los millones de coronas invirtiendo estos fondos a favor del reino húngaro;

3. – Protesta contra el Gobierno húngaro por haber publicado un mapa en el cual no se nota la existencia de las dichas dos provincias croatas, para formar parte de tierra húngara;

4. – Protesta contra el Gobierno y ban de Croacia por no haber permitido, por medios ilegales, abusos y fuerzas, la formación de asambleas populares, las cuales tendrían como único objeto defender con protestas los sagrados derechos de la nación, de reclamar que se observen las leyes y no se abuse de ellas;

5. – Protesta contra el Gobierno húngaro por tener él la culpa de la colosal emigración croata, como que el pobre trabajador no puede hallar su sustento en el patrio suelo, un día tan rico y próspero;

6. – Protesta contra el Gobierno de Austria-Hungría el cual autorizó y aprobó las órdenes impartidas por el verdugo cumplidor ban de Croacia, Eslavonia y Dalmacia, de que la milicia, policía y gendarmes usen tan cruelmente de las armas, matando e hiriendo a inocentes, como por haber injustamente y bárbaramente usado de la horca;

7. – Protesta contra el Gobierno de Austria-Hungría por la abusiva y forzosa introducción de los idiomas húngaro y alemán en las provincias croatas y eslavas;

8. – Protesta contra el Gobierno austro-húngaro por el abuso de violar cartas privadas, domicilios y suspender la entrega de telegramas privados y de interés para la nación;

9. – Protesta contra el Gobierno de Austria-Hungría por no respetar la libertad de imprenta;

10. – Protesta contra el Gobierno de Austria-Hungría por las violaciones de derechos en las elecciones de diputados y municipales, obligando a los funcionarios de estado a votar en favor de candidatos que serían instrumentos ciegos del gobierno con graves perjuicios a la nación;

11. – Protesta contra el ministro presidente de Austria, Koerber, por haber éste cooperado a que el Emperador de Austria y Rey de Croacia, Eslavonia y Dalmacia no quisiera recibir en audiencia los diputados que expresa y unánimemente concurrieron a Viena para implorar su mediación a que no se derrame tanta sangre de un pueblo tan fiel y defensor de la casa de Habsburgo, y que sea respetada la ley por el mismo Emperador mencionado.”

Después de aprobarse por aclamación los anteriores acuerdos, hicieron uso de la palabra los señores Cosme Justinijanović, Francisco Petrinović y el representante de este diario.

En seguida el presidente señor Bartučević encareció a sus compatriotas contribuir con un óbolo para socorrer a las viudas e hijos de las víctimas de la hazaña del tirano emperador de Austria.

Además se acordó clausurar mañana todas las oficinas y comercio de los croatas y mantener en la sociedad eslava el pabellón a media asta durante ocho días.

Al darse por terminada la reunión, se vivó frenéticamente por la patria lejana y por su independencia.

“Como republicanos e hijos de un pueblo libre -comenta El Comercio al final de su informe sobre la asamblea croata-, no podemos menos que aplaudir sin reservas la actitud de la laboriosa y distinguida colonia croata”.

El discurso de F. Kevešić

Del largo discurso del señor Fernando Kevešić, que publica El Comercio, será conveniente dar a conocer algunos acápites que completan las anteriores declaraciones:

“Los que de años vivimos en esta tierra, hemos aprendido a gozar de la más amplia libertad que nación alguna europea puede conceder ni jamás ha concedido: la prensa libre, la libertad de pensamiento no tiene trabas y a nadie debemos obligadas genuflexiones, a no ser las que la cortesía nos obliga.”

“En nuestra tierra la prensa debe callar todo lo que al gobierno no le conviene; la crítica de sus actos no es permitida; la libertad del pensamiento no conocida, porque ¡ay! de aquel que osare expresarse en términos que no fuesen encomiásticos a los actos de sus gobernantes; nuestros pasos son espiados, en fin, nosotros no somos dueños en nuestra tierra ni de mirar, sin la voluntad y permiso de nuestras “bondadosas” autoridades, que por felicidad nos concedieron el ostracismo voluntario”.

Pasando a los problemas económicos, los que han provocado el descontento por el descuido de los gobiernos de invertir en las tierras croatas, el orador los pone de relieve:

“Bien lo sabemos, compatriotas, que a nuestro cristiano y protector gobierno austro-húngaro le debemos tan sólo las miserias que sufren nuestras familias en las provincias eslavas. Los habitantes de ella no son súbditos; son vasallos, son sus esclavos. El gobierno austro-húngaro jamás ha invertido en sus provincias el 2% de las contribuciones que de ellas ha percibido, y millones de ellas han ido a la Corte para incrementar el lujo, la holgazanería de tantos príncipes y duques que solo viven del sudor, sangre y lágrimas de los eslavos y para corromper con nuestro propio dinero la conciencia de muchos.”

“Yo no me doy cuenta cómo han podido soportar los eslavos ese dominio tiránico de Austria-Hungría y no me explico cómo conociéndoles su valor no han imitado a nuestros vecinos, los montenegrinos, serbios, y búlgaros. No me explico cómo los eslavos pueden admitir puestos honoríficos del gobierno austro-húngaro, a no ser que haya que reconocérseles la más supina ignorancia, una torpe ambición de figurar en puestos que lejos de sí debieran arrojar.”

“Señores: Los eslavos de Austria-Hungría formamos más de la mitad de la Población de esa decrépita monarquía, y bien lo saben los austriacos y los húngaros que no les conviene darnos participación en el gobierno a que tenemos derecho por nuestro número y por nuestra fuerza. Nos conocen tan bien, como nosotros a ellos, y de ahí proviene en gran parte que cualquiera idea nuestra, de obtener algunas ventajas, o impedir absurdas imposiciones, las obstruyan y acallen al nacer. Pero han de aprender muy bien que, en el siglo actual, avanzan junto con los progresos materiales los intelectuales, y que lo posible veinte años atrás, hoy es imposible.”

“Somos grandes por el número, grandes por nuestra firmeza, grandes por nuestro patriotismo, como también son grandes nuestras miserias. Todos unidos seremos fuertes y respetados, y yo confío que esa unión que hoy veo perdurará y nos alentará a seguir el camino que nos hemos trazado: ante la ignorancia, si no debemos ser libres venga la muerte mil veces, que es preferible”.

Al terminar su discurso, Kevešić lanzó un grito en croata:

“Živio hrvatski narod! (¡Viva la nación croata!)”.

El Comercio trae al final la lista de los asistentes, en total 45.

En su crónica del 18 de agosto, bajo el título “Natalicio” El Comercio registra:

“Con motivo de ser hoy el natalicio del emperador de Austria-Hungría, los consulados y la intendencia han mantenido izados sus respectivos pabellones”.

A renglón seguido aparece otra noticia, bajo el título “Comercio clausurado”:

“Respetando el acuerdo tomado por la mayoría de los miembros de la colonia eslava, los comerciantes de esa nacionalidad han mantenido hoy sus puertas cerradas en señal de protesta contra el gobierno austriaco por los asesinatos y vejaciones cometidas de su orden entre la gente del pueblo croata.”

“En las puertas de esos establecimientos se ha colocado un letrero que dice:

“Duelo por las víctimas de Croacia”

“Conflicto diplomático por la bandera croata”

El Comercio del día siguiente, el 19 de agosto, publica en la página 3, bajo el título “Comentarios del público” la aclaración de los hechos acaecidos:

“La falta de espacio nos impidió ayer dar cuenta de un hecho que ha sido el tema de todas las conversaciones y que generalmente se lo ha comentado con amargura.”

“Referiremos los hechos tal cual los hemos obtenido y de cuya veracidad garantizamos.”

“A raíz de la reunión celebrada el domingo último por casi totalidad de la colonia eslava en la cual se tomó el acuerdo de izar la bandera de la sociedad de beneficencia y socorros mutuos que tiene constituida en este puerto como protesta por los atropellos y barbaries cometidos por las autoridades austriacas contra sus connacionales el vicecónsul austriaco, don Jorge Sabioncello, pasó una nota al señor intendente de la provincia pidiéndole ordenase arriar esa bandera, puesto que, a su juicio, constituía un verdadero desacato al gobierno que representaba.”

“El señor intendente, dando una vez más muestra de la cordura y buen tino que ha empleado desde que se hizo cargo de su delicado puesto, contestó esa nota manifestando que ello no era posible, por tratarse de una sociedad que poseía personaría jurídica en el país y cuyo emblema o bandera no tenía nada que ver con la austriaca.”

“El señor Sabioncello se dirigió entonces al ministro austriaco acreditado ante el gobierno de Chile quien, a su vez, se presentó al nuestro de Relaciones Exteriores para pedirle ordenase el inmediato retiro de esa bandera enlutada.”

“Y el ministro caído, el ministro renunciante, obtuvo de su colega, el jefe del gabinete, la ambicionada orden!”

“Ella llegó al caer la tarde y el señor intendente tuvo que hacerla obedecer.”

“Serían las 5 p.m. cuando un piquete de policía, siguiendo a la primera autoridad de la provincia -el representante del gobierno- intimaba arriar la bandera social de una institución legalmente constituida en el país.”

“No menos de doscientas personas presenciaron esa escena que habla muy poco en favor de un pueblo tan republicano y libre como es Chile.”

“Y es menester agregar que la bandera no fue arriada por ningún eslavo, que ninguno se hubiera prestado para ello, sino por un oficial que obedecía órdenes superiores.”

“Y aquí acaban estos comentarios. ¿Tiene el gobierno el derecho de allanar una casa particular sin anuencia u orden de la justicia? ¿Dónde están las garantías individuales? ¿Por qué el señor intendente se prestó para hacer un papel tan deslucido, en lugar de enviar al prefecto de la policía o cualquiera otra persona que lo representase? ¿Por qué se hizo un despliegue de fuerza que el caso no requería?””

“Puntos son estos que han hecho subir a los labios de cuantos presenciaron esa escena las más amargas protestas.”

“En ningún país culto, en ningún país libre hay ejemplo de un hecho semejante al que narramos.”

“Queremos creer que ello haya sido causa del desgobierno que existe en el país y también la falta de conocimiento de cómo se estilan las cosas por el norte.”

“Aquí la colonia eslava está compuesta por más de cuatrocientos miembros, y no alcanzan a diez los que se han humillado al trono austro-húngaro. Luego, pues, es la totalidad de la colonia eslava a la que se ha herido en sus más caros afectos, en sus más íntimos sentimientos.

“Y se hace necesario decir que la colonia eslava es la que más intereses posee en este puerto y la que cuenta con más generales simpatías por su acendrado amor a Chile, país en que se consideran verdaderamente libres, país que les ha brindado franca hospitalidad y donde hasta hoy sólo tenían palabras de elogio.”

“Pero estos hijos de Dalmacia, Croacia e Istria no perderán su afecto al país que les da albergue, por la torpeza de un ministro que ha desconocido por completo las leyes de Chile y pisoteado la carta fundamental del Estado.”

“Desde luego, los eslavos pueden contar con la simpatías y con el cariño de todos los hijos libres de este país, cuyo lema es

Libertad, igualdad y fraternidad.”

“Y para terminar vayan nuestras censuras para aquellos que, siendo hijos de un pueblo que puede ser libre, prefieren verlo aherrojado y pendiente de ominosa cadena”.

En la misma página, entre “Remitidos” aparece bajo el título “Antofagasta en estado de sitio” una aclaración del miembro del “Comité Croata”, señor Cosme Justinijanović, poniendo en duda la legalidad del paso tomado por las autoridades chilenas al sostener, entre otros argumentos, “debo decir que el señor Intendente de la provincia, al llegar personalmente acompañado de un piquete de la guardia del orden público, a arriar la bandera de la Sociedad Slava, se ha avenido a representar en este acto a S. E. el Presidente de la República de Chile, a cuyo mandatario no le corresponde ejecutar por su gusto semejante acto; porque para ello está el poder que le corresponde y como he dicho, judicial y no ejecutivo, el cual obra en el caso actual”.

El diario matutino, El Industrial de Antofagasta, fundado en el año 1880, registra en su crónica del día 18 de agosto, que “con motivo de ser hoy el 73º aniversario del natalicio del emperador de Austria-Hungría, Francisco José, la intendencia y los consulados acreditados en esta ciudad, han mantenido izados sus respectivos pabellones. Al recordar tan fausta fecha para Austria-Hungría, saludamos a su representante en ésta, señor Jorge Sabioncello y por intermedio de él, a la colonia austriaca residente en esta ciudad”.

“Dada la tensión que reinaba en la colonia eslava en Antofagasta, extraña el artículo que aparece en la misma crónica, a continuación, bajo el título “Soberanos y jefes de naciones asesinados”:

“A propósito del doble regicidio en Serbia, país habitado por salvajes, según sus acciones e instintos, encontramos en el diario El Eco de Berlín, la siguiente nómina de los soberanos y presidentes de estado, asesinados en el curso de los últimos cien años…”

“El total de asesinados, según el cuadro adjunto, asciende a diez reyes, dos emperatrices, una reina y ocho presidente de la república.”

Al terminar su exposición, El Industrial se pregunta: “Y después del último rey serbio, ¿qué otros soberanos o presidentes caerán bajo el alevoso puñal del asesino?”

El Industrial, el 19 de agosto, dedica un corto artículo al “Natalicio del emperador de Austria-Hungría”, destacando que “bajo su gobierno continuó (1848) la guerra que podríamos llamar civil, aunque tuvo el carácter nacional porque Hungría invocaba su constitución y libertades”.

“Los húngaros se sostuvieron con admirable heroísmo, y no obstante el apoyo de Rusia a Austria, consiguieron victorias memorables, hasta que debilitados en muchas batallas, hubieron de someterse, aunque de mal grado, por la inesperada capitulación del dictador Görgey en Vilagos”.

“A Francisco José I se deben instituciones fundamentales del imperio, la unión de Austria y de Hungría, y la Constitución vigente de 1861.”

“Varios jóvenes de la colonia tuvieron un espléndido almuerzo ayer, en conmemoración del natalicio de su augusto emperador, Francisco José I. Reinó en él mucho entusiasmo. Hizo uso de la palabra don Jorge Garafulić, brindando por la felicidad del emperador y por el cónsul, señor Jorge Sabioncello.”

“El señor Antonio Sabioncello contestó al señor Lukšić, dándole las gracias y felicitándose por la prosperidad y engrandecimiento de la madre patria.”

“Todos los invitados se retiraron complacidos de la manifestación”.

El imperial y real vicecónsul, señor Sabioncello, acaudalado comerciante con ramificados negocios en toda la región, inclusive Bolivia, tenía empeño, luciéndose por primera vez en el cargo honorífico, de contrarrestar las protestas de sus compatriotas a través de manifestaciones de lealtad dinástica, dándoles la correspondiente publicidad. Así, entre las insertaciones en El Industrial, el 19 de agosto, aparece una lista de súbditos austriacos, precedida por el siguiente acápite:

“Los infrascritos, miembros de la colonia austriaca, residentes en este puerto, vienen a tributar por medio de las presentes líneas y por conducto de nuestro digno representante el cónsul señor Jorge Sabioncello, el saludo más sincero a la madre patria, con motivo del natalicio de Su Majestad Francisco José, nuestro augusto emperador”.

En el mismo número del diario, el artículo editorial “El incidente de la Sociedad Slava” creía conveniente aclarar el procedimiento oficial, ya que “a varios comentarios se ha prestado la intervención de la autoridad administrativa por hacer arriar la bandera croata.

“Muchos sostienen que aquella intervención no es legítima, porque es atentatoria a la libertad de que en Chile -república democrática- gozan sus habitantes, sean nacionales o extranjeros.”

“Es conveniente establecer las cosas en su verdadero terreno para deducir las conclusiones justas y convenientes”.

El espíritu democrático de la prensa chilena

A continuación, el articulista, guiado por razones de estado, aunque en tono algo polémico (frente al punto de vista sostenido por El Comercio), asume una actitud bastante prudente, mostrando aun comprensión para la causa nacional croata:

“Pero antes, queremos dejar constancia que no nos guía ningún propósito hostil ni de antipatía para con la numerosa colonia eslava de este puerto. Comprendemos bien que el patriotismo herido se manifieste aún en forma violenta, lejos de la patria natal, cuando hasta el confín del mundo llegan los ayes de duelo de un pueblo oprimido: es un impulso del alma para el cual no existe marco alguno que lo detenga.

“Ligado Chile con lazos de estrechas relaciones diplomáticas con el Imperio austro-húngaro, no podía desentenderse de la reclamación entablada por su representante en Santiago; y de ahí, que el señor intendente de la provincia, en obedecimiento de órdenes impartidas por el ministerio de Relaciones Exteriores, haya impartido las órdenes para arriar la bandera croata sin que esto importa hostilidad para los eslavos de Antofagasta.

“Había, pues, un deber ineludible que cumplir, para salvar al país mismo de futuras complicaciones con un gobierno amigo. La misma colonia eslava que tanto cariño profesa a nuestro suelo, en donde muchos han formado junto con la fortuna el hogar de sus hijos, no estaría dispuesta por precipitación o inexperiencia a lanzar al país que cariñosamente los cobija, en los azares de una reclamación diplomática de la cual no serían ellos los responsables, sino el país mismo.”

“Como republicanos -termina el artículo editorial- miramos con marcada simpatía los anhelos de gobierno democrático de la colonia eslava y nos inspiran gran respeto sus manifestaciones de patriotismo, herido por sucesos desgraciados ocurridos en la región croata, pero deseamos que estas manifestaciones, en forma conveniente, no lleguen a comprometer el nombre de Chile.”

El conflicto dentro de la colonia croata degenera en violencia

Por el carácter festivo, amén de agitado, que tuvo el cumpleaños del emperador y rey en Antofagasta, la excitación que reinaba en el ambiente se prolongó hasta avanzada la noche. La memorable jornada desembocará por fin en “Un hecho sangriento” al tomar contacto unos grupos de jóvenes procedentes de los dos bandos; El Industrial será el primero que lo registra en su crónica del día 19 de agosto:

“Anoche se ha desarrollado en una casa de tolerancia un grave suceso que muy bien puede costarle la vida a un honrado obrero, de nacionalidad austriaca.”

El hecho se desarrolló a causa del licor y parece que fue casual, pero para no entrar en detalles, por nuestra cuenta publicamos a continuación el parte pasado al juzgado al respecto:

“Doy cuenta a VS. que anoche a las 11 p.m. se produjo un desorden en la casa de tolerancia de Carmen Pérez, 14 de febrero 92, de cuyo desorden resultó herido en el abdomen con revólver Mateo Vlahović al parecer de gravedad.”

“Se encontraron presentes las siguientes personas: Francisco Franulić, Juan Duvić, Antonio Lukšić, Antonio Ivanović, Lorenzo Glasinović, Juan y Jorge Garafulić y Juan Balarin.”

“Tan pronto como se tuvo conocimiento del hecho, fue aprendido Juan de Balarin, el cual pongo a disposición de VS., por el subinspector señor Rafael Villar y el agente Manuel Garin por indicaciones de las mujeres de dicha casa que dicen haber visto a Balarin trabar pendencia con Esteban Vrsalović y dispararle a éste un balazo, el cual se erró, dándoselo a Vlahović que se encontraba a poca distancia del lugar del suceso.”

“Interrogado Balarin en el cuerpo de guardia por el señor prefecto en presencia del que suscribe y del subinspector señor Valdés, negó redondamente ser el autor de este hecho.”

“El herido fue conducido al hospital de esta ciudad para su curación.”

“Las mujeres de dicha casa Rosa Araya, Isabel Campos, Blanca González, Petronilla Villanueva y la dueña de la casa han quedado citadas para comparecer ante VS. hoy a la hora de audiencia”.”

Vº Bº J. del C. Muñoz Ismael Valenzuela

“El herido -añade la crónica- se encuentra gravemente enfermo en el Hospital y se cree no libre con la vida, pues como dice el parte, la bala le penetró en el abdomen promoviendo una hemorragia interna y que es peligrosísima”.

El Comercio, del mismo día por la tarde, relata: “Las escenas de sangre”, dando una versión algo diferente y en el desenlace ulterior del del caso se muestra, igual que en el incidente de la bandera, propenso a la causa croata:

“Fue el sitio del suceso la cantina y casa de tolerancia que una mujer llamada Carmen Pérez tiene en la calle de 14 de febrero.”

“A las 11 de anoche se encontraban allí reunidos en bromas y tertulia varios comerciantes eslavos de la localidad.”

“Entre ellos se empezó a tratar el asunto de actualidad para los eslavos aquí residentes, esto es el natalicio del soberano austriaco y de la protesta que se hizo en señal de duelo por los sucesos en Croacia.”

“Esteban Vrsalović y Juan Balarin habían iniciado una discusión muy acalorada. Los ánimos se exaltaron desagradablemente, y parece que en medio de la efervescencia a que la discusión había llegado, de Balarin amenazó con un revólver a su contendor.”

“Los espíritus estaban sumamente acalorados y el alboroto debió ser grande. Sea por un incidente casual o no, el arma de Balarin se disparó yendo a herir en el abdomen a uno de los eslavos allí presentes, don Mateo Vlahović.”

“El desgraciado herido cayó al suelo. La alharaca fue grande y las mujeres alborotaron la casa como un gallinero, dando gritos desesperados. En medio del desorden, a la mujerona dueña de casa se le ocurrió que era preciso avisar a la policía.”

“Llegada ésta a la casa de la Pérez, hizo conducir al hospital al herido y aprehendió al desgraciado Balarin”.

A continuación de este relato, El Comercio publica el mencionado informe al juzgado.

En el mismo número, El Comercio publica un telegrama recibido de Iquique, el que comunica que “la colonia eslava de esa ciudad bajó y destrozó las banderas austriacas que se habían izado en el cuartel de la bomba austro-húngara y en el club”.

El Industrial, siempre bien informado, se apresura en relatar, el 21 de agosto. “El fin de un drama de sangre”:

“El pueblo conoce el grave suceso que se desarrolló el martes 18 de la presente semana en una casa de tolerancia y en el cual fueron víctimas dos honorables jóvenes de la colonia austriaca.”

“El que fue herido a bala se llamaba Mateo Vlahović y que se medicinaba en el Hospital, falleció hoy a las 4 a.m., a consecuencia de la herida recibida esa noche.”

“El extinto tenía 26 años de edad y era hermano del conocido comerciante en esta plaza, señor Jorge Vlahović.”

“He aquí un hecho que ha venido a llenar de luto un hogar y asumir en un juicio al presunto autor del balazo que recibió Vlahović.”

“Los funerales del extinto tendrán lugar mañana después de una misa que se celebrará en la iglesia parroquial.”

“El señor intendente ha facilitado a la colonia eslava, graciosamente, la banda del Esmeralda para conducir al cementerio al desaparecido Vlahović.”

“Lamentando tan sensible acontecimiento, enviamos nuestro pésame a la familia del extinto”.

El Comercio, del mismo día, es más corto en relatar el “Desenlace fatal” de la “escena de sangre que se desarrolló” y en la cual “fue víctima el joven eslavo don Mateo Vlahović. Enviamos nuestro pésame a la familia del extinto y a la colonia eslava”.

Sin embargo, El Comercio se prestó para publicar a continuación los telegramas del Comité Croata, en los que culmina la amargura que se había producido en la respectiva colonia a raíz de los sucesos del 18 de agosto:

Los siguientes telegramas han sido enviados a las personas que se expresa y cuyo contenido se nos ruega publicar:

“Editores El Mercurio, La Ley y El Ferrocarril, Santiago. Hoy, tres mañana, falleció Mateo Vlahović herido anteanoche de bala por Juan Balarin, austriaco, empleado en policía de pesquisas de Antofagasta. Estos son los frutos obtenidos del consulado y ministro Starzénski”

Hrvatski Komite

Circular telegráfica a la colonia eslava: “Los austro-húngaros imitan bien aquí a los policías asesinos de Croacia.”

“El empleado de pesquisas, Juan Balarin, asalariado de antemano, es el asesino de Mateo Vlahović, primera víctima fallecida en tierra lejana de la Patria, hoy a las tres de la mañana.”

“Acompáñennos en el duelo. Comuniquen compatriotas”

Hrvatski Komite

“Señor Ministro Austria, Santiago.

“Cárguese a su cuenta el asesinato de Mateo Vlahović fallecido hoy. Usted es el responsable. Maldita sea su llegada si éstos han de ser sus frutos.

Hrvatski Komite (Comité Croata)”.

El Comercio, no obstante su simpatía para los croatas, no creía conveniente respaldar la actitud injuriosa del Comité Croata en su totalidad y por lo tanto expresa sus reservas:

“Los anteriores telegramas son de la responsabilidad del Comité Croata y sólo como una deferencia a esa colonia, pues no podemos hacernos solidarios de las frases que en ellos se vierten contra el representante de un país amigo, que los publicamos”.

Por razones obvias, ninguno de los anteriores telegramas tuvo publicidad en la prensa de la capital ni fue registrado en otros periódicos de las provincias.

El Comercio dedica amplio espacio al “Sepelio” el 22 de agosto, pues trae en su crónica el discurso fúnebre a cargo del ya conocido orador, señor Kevešić, quien hizo un elogio del “malogrado compatriota y amigo, don Mateo Vlahović, muerto por bala disparada por un mercenario asesino”.

Pasando al curriculum del difunto, quizás resulte algo rara la interpretación de los “deberes cívicos”:

“Nacido y criado en pobre pero honrado hogar, se le inculcaron por sus padres y en la escuela los verdaderos deberes cívicos que al hombre corresponden en la vida, y es así como, antes de servir forzosamente en el ejército de un gobierno despótico y salvaje, prefirió abandonar su patria natal para adoptar a este Chile, como su segunda patria”.

“En sus palabras, al final, el orador invoca el fervor patriótico, prestando juramento “ante tu yerto cadáver, en nombre de tus compañeros de ideas que en vida has sustentado, que aunque nos espere a nosotros igual fin que el tuyo, iremos de frente, y mientras nos quede un átomo todavía de vida, lucharemos como hombres, no como asesinos, por la independencia y libertad de nuestra patria común”.

El Industrial registra también, en su crónica, el 22 de agosto, que “hoy en la mañana fueron inhumados los restos del que fue Mateo Vlahović, muerto desgraciadamente por una bala que no iba dirigida a él, según se dice.

“El cortejo, que era numeroso, lo formaba toda la colonia eslava. La carroza había sido adornada con flores y coronas”.

A continuación de la crónica, El Industrial, consecuente con la línea conocida, cree necesario poner “La verdad en su lugar” y dice:

“Ayer en un diario local se dijo que el joven austriaco, don Juan Balarin, presunto o probable autor de la muerte de Mateo Vlahović, era empleado de policía. Pues estamos autorizados por el señor prefecto de la policía, señor Muñoz, para declarar que el tal Balarin no pertenece a la sección de pesquisa ni a la policía de seguridad de esta ciudad.”

“Hacemos esta declaración a petición del señor prefecto de policía y para lo que pueda suceder, quedando al mismo tiempo, la verdad en su lugar”.

Con el desenlace trágico del 18 no cesa el interés, expresado a través de la prensa, para los asuntos de Croacia. En los próximos días, el 24 de agosto, El Comercio trae el extracto de una carta del eminente profesor italiano Luigi Pavia, publicada en La sera de Milán, el 15 de junio, y reproducida en El Tarapacá de Iquique, el 18 de agosto, bajo el título “Por los croatas y la justicia”.

“Dado el carácter de los chilenos, propensos a mirar las cosas también desde el lado jocoso, no sorprende que un listo comerciante de la plaza, propietario de la tienda “La Primavera” uno de los pocos austriacos convencidos (croata, oriundo del interior de la costa dálmata), se aproveche de la disposición de los ánimos para dar la mayor publicidad a la liquidación por cambio de temporada; un aviso de inusitado tamaño, 25 x 15 cm., aparece en El Comercio, desde el 2 hasta el fin de septiembre, bajo el llamado título “Guerra entre Austria y Croacia… en La Primavera“. El día de la despedida aparece el aviso en un lugar de preferencia, ¡por debajo de los cablegramas del exterior!

La voz de los croatas en la provincia de Tarapacá

Por los telegramas llegados de Iquique, publicados en la prensa de la capital y de las provincias, se desprende ya que también en la provincia de Tarapacá había protestas de los comerciantes croatas contra Francisco José en el día de su cumpleaños.

La estructura social de la colonia en esta provincia no difiere mucho de la contigua Antofagasta, aunque no forma un grupo tan homogéneo en cuanto a su proveniencia. En esta provincia había unos núcleos de inmigrantes del distrito de Dubrovnik (ya antes de la Guerra del Pacífico) y otros distritos de Dalmacia, Istria y el Litoral croata. Según el censo del año 1895, había en la provincia de Tarapacá 444 austro-húngaros (417 alemanes, 854 italianos, 1.151 ingleses), de los cuales 423 hombres y 21 mujeres. En el departamento de Tarapacá (Iquique), según las estadísticas por profesiones, había 89 comerciantes y 37 empleados particulares, entre un total de 184 profesionales austro-húngaros, lo que da una idea aproximativa de la importancia que reviste la colonia respectiva.

En el diario de la mañana, El Nacional de Iquique, fundado en el año 1889, aparece el 18 de agosto un artículo, en la página editorial, en conmemoración de la fecha. Después de unos datos biográficos, sigue el comentario, probablemente inspirado en la fuente oficial (consulado):

“Francisco José es un monarca conciliador por excelencia, que gracias al amor que lo profesan sus súbditos, puede mantener casi artificialmente puede decirse, la unidad de su vasto y poderoso imperio, mezcla de muchas razas, idiomas, costumbres y religiones.”

“Con su prestigio de soberano y de hombre honrado y conciliador, ha sabido siempre imponerse a todos los antagonismos de partido o de nacionalidad que agitan siempre la opinión de sus vastos dominios, y de esta suerte, no sólo es objeto de las mayores simpatías y muestras de respeto y cariño de sus pueblos, sino que su existencia es necesaria para la paz y cohesión de Austria-Hungría.”

“Hoy, con motivo de las fiestas de su cumpleaños el cónsul austro-húngaro, señor J. L. Masseur, obsequiará con un banquete de cuarenta cubiertos a varias de sus relaciones en el Club de la Unión. Por nuestra parte cumplimos gustosamente nuestro más entusiasta saludo a la colonia austro-húngara y su digno cónsul en el día de hoy”.

El otro diario de la mañana, El Tarapacá de Iquique, también en la página editorial, pero entre “inserciones” publica el siguiente artículo, bajo el título “Duelo”:

“Los eslavos de Austria residentes en este puerto han acordado mantener clausurados sus negocios durante el día de hoy, en señal. de duelo patriótico por los fusilamientos injustos de sus compatriotas, cometidos por las tropas austriacas.”

“Hubiéramos preferido dedicar este día al regocijo nacional por el natalicio de su rey, que vestirse de luto recordando hechos sangrientos que despiertan en el corazón de todo buen patriota, sólo el odio y la venganza. Una nación heterogénea como lo es la monarquía austro húngara no puede existir, por la razón de que cada una de las partes, de que se compone, exige igualdad de leyes y no permite supremacías.”

“En los hechos sangrientos que se han producido últimamente en el reino de Croacia en contra del despótico gobierno de Hungría, se ha visto que el emperador de Austria trató el asunto con mucha parcialidad y como aprobando las matanzas, negando audiencia a los representantes del pueblo, que fueron a Viena para solicitar su intervención para poner término a los abusos que comete el Gobierno húngaro en Croacia, contraviniendo abiertamente a lo dispuesto en el Art. 30 de la Constitución, que trata sobre la autonomía administrativa del reino de Croacia.”

“No hay necesidad de repetir lo que la historia dice sobre los croatas y dálmatas; basta decir que éstos en muchas ocasiones con su sangre han defendido la dinastía de los Habsburgo y la integridad del imperio. Hoy, esta dinastía le paga su fidelidad con mandar fusilar, ahorcar y encarcelar a los descendientes de tantos héroes como Subić-Zrinski, Jelačić, etc. y las principales familias de Zagreb, capital de Croacia, están encarceladas, todo por el delito de no aceptar el yugo ignominioso con que los húngaros pretenden sujetarlos, quitándoles hasta su idioma, haciendo de Croacia una provincia meramente húngara.”

“S. M. el emperador Francisco José I, antes de morir, ha deseado que sus soldados manchen calles de Zagreb y de otras ciudades de Croacia y Dalmacia, con la sangre inocente de sus nobles defensores”.

“Los croatas, a quienes los pontífices de Roma llamaron “Antemurale Christianitatis” por su valor y resistencia contra las invasiones turcas, sabrán también defender ahora su raza y sus tradiciones, despreciando a aquellos que los denigran porque quieren ser libres.

Odbor (Comité)

Iquique, agosto 18 de 1903″.

Luigi Pavia: Por los croatas y la justicia

A continuación, entre “inserciones”, sigue un artículo del profesor italiano Luigi Pavia, que apareció en el diario La Sera de Milán, el 15 de junio, y que se reproduce ahora bajo el título “Por los croatas y la justicia”. Es un eco del llamado a la opinión pública mundial, lanzado en Viena por los diputados de Dalmacia e Istria, al haberles sido negada la audiencia con el emperador. El artículo del profesor Pavia habrá producido aun en Italia una sorpresa, pues la redacción misma del diario La Sera le añade una nota, que dice: “Publicamos este artículo por un deber de imparcialidad. Ciertamente hubiéramos preferido que fuese favorable a la nación amiga, más bien que a Croacia que tantos dolores nos ha hecho sufrir, pero por encima de las amistades y simpatías está la justicia. Cuanto simpática pareció al mundo frustrado la lucha por la independencia de Hungría, así es severamente juzgada la conducta tiránica de estos mismos magyares, los que después de haber derramado torrentes de sangre por su libertad y la de los otros, olvidan hoy que la libertad no es privilegio de pocos, sino un derecho de todos”.

El Nacional, en la crónica del siguiente día, trae un amplio informe sobre el banquete en el Club de la Unión, no olvidándose mencionar los asistentes y el suntuoso menú. En total había 32 invitados que asistieron al banquete, aunque se había previsto 40 cubiertos. Entre ellos no figura ni uno con apellido croata.

El cónsul honorario, señor Masseur, a la hora del tradicional champagne habló de las virtudes públicas y privadas que adornaban a su soberano. “Francisco José a los 18 años dijo adiós a la juventud y a la felicidad para consagrarse por completo a las tareas de su alto cargo de responsabilidad, y durante los 55 años de su reinado no ha dejado de dar ejemplo de completa consagración a esas tareas, ni de soportar desgracias inmerecidas.

“Soberano de 18 diferentes Estados, se ha necesitado toda la habilidad y todo el prestigio de hombre bueno y virtuoso, para que ellos no rompan su unión, tan necesaria para el engrandecimiento común; jefe de una nobilísima familia, ha visto amargados sus días con el asesinato de su esposa, el suicidio de su heredero, y la muerte trágica de varios parientes cercanos suyos. Pero ni las dificultades de su puesto, ni los golpes recibidos por su corazón le han impedido seguir consagrándose paternalmente a labrar la felicidad y el bienestar de todos sus súbditos, que al día de su cumpleaños celebran anualmente una verdadera fiesta nacional, corno justiciero homenaje a sus merecimientos y como significativa demostración de la unidad nacional que él representa.

“Por esto sentí -agregó- que varios de sus connacionales no se hubieran unido este año a la celebración del aniversario del natalicio del Emperador y Rey, por quien pedía una copa a sus amigos”.

El Tarapacá, por su parte, registra en la crónica también el suntuoso banquete, pero no se olvida, en el mismo rubro, mencionar lo que “por el aniversario” acaeció dentro de la colonia:

“Los súbditos austriacos residentes en la provincia, que en su mayoría son eslavos, cerraron ayer herméticamente las puertas de sus casas de comercio colocando un rótulo que decía: Cerrado por duelo patriótico. Idéntica cosa se hizo en todo los pueblos de la pampa y en Pisagua.”

“En los locales de la bomba Nº 5 y la Sociedad de Socorros Mutuos Austro-Húngara se izó la bandera; pero la colonia eslava, reunida al efecto, protestó y acordó hacer arriar las banderas, lo que se efectuó.”

“Como se sabe, ayer fue el aniversario del natalicio de S. M. el Emperador de Austria y Hungría, Francisco José, quien ha sido objeto de esta contra manifestación de sus súbditos en la provincia, a consecuencia de los sangrientos sucesos desarrollados últimamente en Croacia, cuya explicación puede verse en los artículos que publicó este diario ayer en la sección de inserciones”.

En el departamento de Taltal, provincia de Antofagasta, entre un total de 2477 extranjeros había, según el Censo del año 1907, 143 austro-húngaros (315 alemanes, 173 italianos). El diario noticioso y comercial de la tarde La Voz del Taltal, publica en su crónica, el 18 de agosto, bajo el título “Reunión eslava” a continuación de un comentario que apareció en El Industrial en vísperas de la reunión de la Sociedad Eslava de Beneficencia en Antofagasta, “para tratar de asuntos concernientes a su patria” unos acápites que se refieren a la colonia de Taltal:

“Los eslavos residentes en Taltal, como los de Antofagasta, se han preocupado también estos últimos días de los luctuosos sucesos ocurridos últimamente en la Croacia, donde han fusilado y ahorcado horrorosamente más de una veintena de sus compatriotas y centenares reducidos a prisión, entre los que hay abogados, médicos, señoras y niños.”

“Con tal motivo, siendo hoy el cumpleaños del emperador de Austria, ninguno de los eslavos residentes en Taltal han izado la bandera de esa nación, como acostumbraban hacerlo en esta fecha.”

“El sentimiento unánime de la colonia croata en Taltal es, pues, bien justificado y digno de esa valiente y generosa raza”.

La situación en el Sur de Chile

La colonia austro-húngara en el Territorio de Magallanes había progresado rápidamente entre los censos del año 1895 y 1907, pues en 1885, entre un total de 2.085 habitantes, había tan sólo 9 “austro-húngaros”. El auge repentino se debe a los lavaderos de oro, cuya explotación se empezó en 189o. Un inmigrante rumano (no austriaco), el ingeniero Julio Popper, reunió un grupo de croatas, oriundos de Dalmacia, en Buenos Aires, para su empresa de explotación de oro en Tierra del Fuego, de donde acudieron a la región magallánica chilena. La corriente inmigratoria ulterior se debe, en gran parte, a la afluencia de marinos, obreros y artesanos a través de los puertos del Río de la Plata. Después de la desilusión aurífera, un buen número de buscadores de oro se dispersó, pero quedaron otros, que se adaptaron a las condiciones de un ambiente duro, tanto por el clima como por los recursos naturales. Punta Arenas se estaba transformando en un centro importante como estación para el abastecimiento de carbón, pertrechos, carne y agua y se estaban organizando los primeros astilleros para la reparación de los barcos que sufrían averías en el peligroso estrecho de Magallanes. Trabajo no faltaba y se hace una selección natural, así que estos grupos de inmigrantes en el extremo sur del continente tienen el carácter de colonizadores, lo que se puede comprobar en la bastante equilibrada proporción entre los dos sexos, a diferencia de los croatas en el norte, que podrían calificarse más bien de emprendedores, en parte fluctuantes, según la oportunidad del momento. La colonia de Magallanes, en cuanto a su estructura social, difiere también de la norteña, pues, con raras excepciones, fluctúa dentro de unos limites modestos. Es suficiente comparar los avisos comerciales en los periódicos de los dos extremos, para darse cuenta a primera vista de este hecho en aquel entonces.

La primera organización social, al ejemplo de otros grupos étnicos, la constituye la Sociedad Austriaca de Socorros Mutuos, cuyas bases remontan al año 1896, con 76 miembros al principio, siendo representados en el directorio, además de los dálmatas, italianos y alemanes. El 16 de diciembre de 1900, un grupo de inmigrantes de Dalmacia y del Litoral croata formaron la Sociedad Croata de Beneficencia y esta tomará después la iniciativa para formar otras instituciones patrióticas: el Salón Croata de Lectura (Hrvatska Čitaonica), la Compañía de bomberos voluntarios, Centro musical y teatral, etc.

“Los descendientes, pasan de cinco mil, aproximadamente; han nacido bajo el cielo austral, y son chilenos”.

Entre las dos sociedades de beneficencia había algunas escaramuzas, según se desprende a veces en la prensa local, pero jamás conflictos serios. En el año 1903, cuando la colonia contaba con cerca de 1.500 miembros, parece que el número de los socios de la Sociedad Austriaca fuera superior al de la Sociedad Croata y también disponía de mayores capitales.

Así, por el hecho de que la colonia no formaba un grupo homogéneo y por la diferente estructura social, se explicaría que la reacción de los croatas a los acontecimientos en la madre patria no adquieren las proporciones que se registran en Antofagasta e Iquique con ocasión del cumpleaños de Francisco José. Sin embargo, los croatas de Punta Arenas, según el periódico local, El Magallanes de fecha 30 de junio de 1903, se habían reunido para considerar los lamentables hechos acaecidos en Croacia en los últimos días de mayo. En señal de duelo y en homenaje a las inocentes víctimas de la revolución, en contra de la tiranía húngara del gobierno de Khuen-Héderváry, la Sociedad Croata de Beneficencia levantaba la bandera a media asta. Se nombraba una comisión de hombres y mujeres, para hacer erogaciones en ayuda de las viudas y de los huérfanos caídos en el movimiento. Se reunió el importe de 1.304 pesos, lo que producía una letra de 88 libras esterlinas, a favor del diputado croata en el Parlamento de Viena, Jorge Biankini, quien fue encargado de distribuir los fondos. Entre la colonia, en Porvenir, se reunieron otros 675 pesos.

El 18 de agosto, El Magallanes publica un aviso en croata, dirigido a la colonia residente, firmado, por Hrvat (croata). En él se pedía, conforme a las instrucciones telegráficas recibidas desde Antofagasta, solidarizar con todos los hermanos en Chile, absteniéndose de la celebración del 18, en señal de protesta contra el Gobierno de Aquel (en croata: Protiv vlade Onoga, es decir, de Francisco José, para evitar las sanciones por ofensa de lesa majestad).

Otro diario de Punta Arenas, El Comercio, había publicado ya el 15 de agosto un telegrama de Santiago, haciendo saber que “el ministro de Austria en esta capital conde Starzénski, está repartiendo numerosas invitaciones en la alta sociedad de la capital, para la recepción y baile en la regia mansión que ocupa en la calle Huérfanos, festejando el 73º aniversario del natalicio del emperador Francisco José. Esta fiesta, termina el telegrama, promete hacer época en los anales sociales santiaguinos.

En la crónica del día 19 de agosto, El Comercio registra que, “Celebrando un natalicio”: “El señor Pedro Perušić, perteneciente a la colonia dálmata, festejó anoche en su casa particular el natalicio de Francisco José I, en medio de numerosos compatriotas.

“La casa estaba muy bien iluminada y al exterior se veían los escudos de Austria y Chile.”

“Hubo banquete y baile en los que reinó gran animación, pronunciándose patrióticos brindis”.

El día siguiente, El Comercio publica un telegrama de Santiago, dando a conocer: “Muy visitado ha sido por las autoridades el Ministro austriaco conde Starzénski, con motivo del natalicio de Francisco José”.

Habrían de pasar dos semanas, para que apareciera en El Comercio, el 2 de septiembre, la noticia sobre “Divergencias entre austriacos y eslavos” precedida de un comentario de la redacción:

“Leemos en un diario del Norte el siguiente telegrama de Antofagasta.”

“Debemos dejar constancia de que, a pesar de sus escisiones políticas, los austriacos y eslavos de Punta Arenas han dado muestra de gran moderación y cultura”

“Antofagasta, Agosto 20. El martes (18 de agosto), el señor intendente de la provincia de orden del señor ministro de Relaciones Exteriores, ordenó arriar la bandera croata que flameaba a media asta y enlutada en el edificio que ocupaba la sociedad de esta colectividad. Había sido izada en esa forma en señal de protesta por los sucesos en Croacia.”

“Esta medida de la autoridad llevó alguna agitación a los círculos eslavos y dio origen a algunas disputas entre éstos y algunos austriacos. Anoche, después de una disputa entre Juan Balarin, austriaco, y Mateo Vlahović, eslavo, el primero hirió con una bala de revólver al segundo.”

“Se cree que no tendrá mayor consecuencia en esta ciudad la divergencia entre austríacos y eslavos”.

Confrontación parcial de la opinión de la prensa chilena con la del diplomático austriaco

Después de estos antecedentes, registrados por la prensa chilena, hubiera sido de gran provecho compararlos con los informes al respecto, que el conde Starzénski enviara a su ministro de Relaciones Exteriores, el conde Agenor von Goluchowski. Es lamentable que en los archivos de Viena faltan precisamente los documentos que se refieren a aquellos días. Por suerte, hay un informe que relata sobre su viaje a Bolivia y el Perú, tocando de paso los puertos de Taltal, Antofagasta, e Iquique, y que puede, en parte, llenar el hueco sensible en la historia de la actividad del primer representante de Austria-Hungría en Chile.

Tenemos también las crónicas de los diarios locales, las que facilitan datos en cuanto al primer contacto del diplomático con las colonias respectivas.

Su primera escala la hizo el conde Starzénski en Taltal.

En su crónica, el 14 de octubre de 1903, La Voz de Taltal publica, bajo el título “El Ministro de Austria-Hungría” las siguientes líneas:

“En el vapor Imperial, llegado en la tarde de ayer a este puerto, iba de paso para el norte el señor Ministro de Austria-Hungría, conde Leonardo de Starzénski, acompañado de su digno secretario, señor conde Trauttmansdorff.”

“Sabedores los miembros de la distinguida colonia croata de este puerto de la pasada del señor Ministro, se apresuraron en nombrar un comité compuesto de los señores Pedro Marinković, Juan Radeljak y Antonio Katalinić para que fueran a bordo a saludar al señor Starzénski, representante de su rey croata Francisco José I en nombre de la colonia y del Club Croata.”

“A bordo del Imperial el señor Radeljak le dio la bienvenida y lo invitó a bajar a tierra a conocer el puerto de Taltal y a los miembros de la colonia, a lo que accedió el señor Ministro, para cuyo efecto se puso a su disposición la falúa de la capitanía.”

“En tierra, el señor Starzénski y su honorable secretario fueron objeto de las más cariñosas manifestaciones de la colonia tanto en el Club Croata como en el Club Taltal. También se le llevó a visitar el establecimiento Arturo Prat.

“Después de otras manifestaciones, los ilustres visitantes fueron acompañados a bordo por gran número de croatas de este puerto.”

En ningún lugar hay alusión a las ideas del archiduque Francisco Fernando, presunto heredero al trono, quien propugnaba una mano firme frente a las pretensiones magyares, dando a conocer sus simpatías para los croatas y otras nacionalidades postergadas bajo Hungría. Quizás la actitud de los croatas en Taltal, tal como se refleja en la anterior crónica, pueda relacionarse con la adhesión de un grupo de croatas a los planes de “trialismo” los que se atribuían en aquel entonces al sobrino de Francisco José. Cfr. Rudolf Kiszling, Erzherzog Franz Ferdinand, Verlag Roehlau, Graz-Koeln, 1953, pág. 84 ss.

La alocución del conde Starzénski a los croatas de Antofagasta, así como su informe del 30 de noviembre, después de haber visitado las colonias croatas en Chile, Bolivia y el Perú, podrían quizás interpretarse en el sentido que tenía interés en que la efervescencia nacional de las colonias llegara al conocimiento de la oficina del archiduque en el Belvedere.

El señor Starzénski -termina la crónica- es Ministro acreditado ante los gobiernos de Chile, Bolivia y Perú, con residencia en Santiago”.

Intentos para calmar los espíritus, pero …

Después de los incidentes con ocasión del cumpleaños del Emperador y Rey, el contacto del conde Starzénski con la colonia. de Antofagasta adquiere gran importancia en cuanto a su misión en Chile, y es conveniente comparar lo que aparece en la crónica con el informe que enviara el diplomático visitante.

El Comercio da la bienvenida al “Huésped distinguido”, el 14 de octubre. Después de los saludos protocolares del vicecónsul, señor Sabioncello, los diplomáticos se dirigieron al Hotel de France et d’Angleterre, etc. y el siguiente día el mismo diario llena casi toda la página con la “Manifestación” de que fueron objeto, dando además a conocer el texto del discurso del conde Starzénski, “dirigido a un distinguido grupo de la colonia eslava que se le acercó”.

Cumplidas las salutaciones de estilo, el Ministro de Austria-Hungría dirigió a los manifestantes un discurso “que fue recibido con unánimes manifestaciones de aceptación y aplauso”.

“Señores:

Han acudido Uds. a este recinto para saludar al representante de Su Majestad, nuestro Augusto Emperador y Rey.

Vuestra presencia me ha causado tanto mayor agrado como que he podido constatar en esta ocasión que las desconsoladoras demostraciones acaecidas aquí el 18 de agosto, sólo se puede atribuir a violencias pasajeras de los ánimos.

Entre tanto se habrán convencido Uds. mismos que el comportamiento de una parte de nuestra colonia en el día del Augusto natalicio de Su Majestad ha perjudicado profundamente la fama croata a la vez que ha ofendido en lo más íntimo los sagrados sentimientos de la mayoría de la nación croata.

Nuestros paisanos en la monarquía y fuera de ella lo saben y lo experimentan como todos los demás pueblos reunidos bajo el cetro benéfico de Habsburgo, que Su Majestad ha dedicado sus 54 años de gobierno única y exclusivamente el bienestar y satisfacción de sus pueblos.

Con verdadero amor paterno y dedicación Su Majestad mantiene reunidos bajo su cariño todos los pueblos de su monarquía y en nada menos a los bizarros y valientes croatas.

Es este el motivo para que en cada 18 de agosto se reúnan todos los súbditos de Su Majestad con entusiasmo unánime en mutua competencia para demostrar la gratitud y expresar el cariño y veneración para su bondadoso Monarca.

Tanto más doloroso es para todos nosotros si justamente ese mismo día ha sido profanado por demostraciones indignas.

Nuestra colonia en Chile hasta la fecha ha sobresalido por medio de su labor honrada y productiva.

Desde el principio más modesto ha llegado a una florescencia de importancia.

Este éxito consolador como consecuencia de la concordia acostumbrada hasta la fecha y sentimientos de legalidad se debe a la circunstancia de que los esfuerzos en el trabajo y producción no han sido paralizados mediante agitaciones inútiles de política.

Si ustedes, señores, no piensan renunciar para siempre de los frutos, del éxito, manténganse ustedes alejados de la política dándola al cuidado de los hombres llamados para ésta.

El pueblo croata tiene sus dignos y expertos representantes en la Dieta y Congreso y en ellos únicamente les incumbe defender y velar por los intereses del pueblo.

El tratamiento de las cuestiones políticas por inexpertos y las demostraciones callejeras jamás han conducido a un fin útil y al contrario han ocasionado varias veces catástrofes y desgracias incalculables.

Cubramos entonces, señores, estos acontecimientos con el velo del olvido y en adelante la única divisa de nuestra colonia será en Chile: ¡Trabajo!

Trabajo para el bienestar propio, para cimentar la felicidad de vuestras familias y en honor de la patria querida y lejana.

Si ustedes aceptan de corazón este consejo de buena fe, será en el porvenir la colonia lo que fue hasta la fecha: Una colonia modelo”.

El discurso conciliador del diplomático austro-polaco, procedente de la carrera consular, revela la voz de su amo, el conde Agenor von Goluchowski, quien acostumbraba sazonar sus pláticas con argumentos económicos, pero en cuanto a los bien intencionados consejos de abstenerse de la política no tomó lo suficiente en consideración la mentalidad de aquellos fieles secuaces del Partido Croata de Derecho. No extraña, pues, que su reacción inmediata, rechazando “el velo del olvido” cobra formas que excede a los ataques en público, aún no olvidados, de hace dos meses.

El Comercio, con fecha 16 de octubre, publica en la página editorial, aunque entre “inserciones” un largo artículo “Aclaración necesaria” firmado por “Los eslavos de Antofagasta”.

El artículo da al comienzo una explicación pues “muchas personas, nacionales y extranjeras, se han acercado a nosotros para preguntarse la razón del glacial recibimiento que los eslavos de Antofagasta le han hecho al señor conde Leonardo de Starzénski; muchos también han visto en ese indiferentismo de los eslavos una falta grave de cultura hacia un diplomático”. Siguen las explicaciones y se repiten los temas ya ventilados en la asamblea convocada por el Comité Croata en vísperas del cumpleaños de Francisco José. Esta primera parte de la aclaración termina planteando al diplomático visitante la pregunta: “¿O el señor Starzénski no sabía que en Austria y en China, en Croacia y Chile, y en todas partes del mundo, cuando un pueblo entero se levanta contra sus opresores, lo hace en defensa de sus intereses más caros, de sus ideales, en interés de su Patria? ¿Acaso los eslavos emigrados, los más por no querer servir en el ejército de un déspota, no tienen derecho de compartir la alegría o bienestar de su tierra natal, como también las miserias y desgracias que afligen a su Patria?”

Pasando a otro asunto, la aclaración destaca:

“A fin de que todos se convenzan que esta aclaración no es la voz ni la opinión de una parte cualquiera de la colonia, sino de la totalidad, pues los siete que en la recepción figuran no pueden tenerse como entidad apreciable entre los quinientos eslavos que la componen, tome nota el público imparcial de los nombres que en la recepción figuran y verá que son todos anónimos en la colectividad.”

El señor Starzénski al pisar Antofagasta, probablemente se ha creído los inciertos informes remitidos a él a Santiago por el cónsul, y creyó, en consecuencia, numerosos serían los eslavos que irían a darle la bienvenida.

Refiriéndose a las declaraciones del Ministro, “tenemos entonces dos puntos de que tomar nota:

“1º – El señor Starzénski reconoce que a quien hablaba eran croatas, luego no eran austriacos.”

“2º – La buena fama de los croatas no ha sido herida en lo más mínimo; antes, al contrario, se ha afianzado; pues el que no es buen ciudadano, es mal padre, mal hijo, mal esposo, y el que sabe defender sus derechos políticos y su independencia, es digno de respeto y de la admiración de todo el mundo. Esto hicieron los croatas y es lógico que a los austriacos, a los magyarosones, a los vendidos, no les plazca ese carácter firme, que hace desmoronar y lo hará a esa vetusta y decrépita monarquía.”

“Las protestas de los patriotas son dignas; ellas revelan la cultura y el civismo; en cambio la adulación se alberga tan sólo en las almas pobres de espíritu y de inteligencia, en la última clase social: en los serviles.”

“Es bien cierto que en Chile la colonia eslava ha sobresalido por medio de su labor honrada y productiva y lo que debe tener en cuenta el señor Starzénski, es que no le debe nada a ese patriarcal gobierno austro-húngaro, y que ha progresado y vivido en perfecta armonía sin necesidad de ministros fantoches, ni cónsules fantoches y mas ignorantes.”

“Los eslavos residentes en Chile, ahora y antes se han preocupado siempre de lo que concierne a sus provincias, y si hoy levantan más el grito, ha sido para hacerle comprender al gobierno de que los eslavos desde las más remotas regiones del globo siguen paso a paso los retrocesos de sus connacionales.”

“Todo eslavo debe y tiene la obligación de inmiscuirse y debatir la política que a ellos concierne, y el que no lo hace es indigno de llamarse tal, porque eso es desconocer los más elementales derechos del hombre, cual es procurarse el gobierno que más le cuadre a la comunidad”.

En aquellos momentos de renovada tirantez en la colonia, el otro diario de Antofagasta, El Industrial, no podía quedarse indiferente, pues trae, bajo el significativo título: “¡Hasta cuándo, señores eslavos!” el 19 de octubre, un comentario desde el punto de vista chileno y más bien oficialista.

“Hemos querido mirar -dice el articulista- que firma con el nombre abreviado P. K. Dor., con indiferencia las disensiones que existen en la colonia austríaca en este puerto.”

“Comprendiendo la inmensa influencia moral que llevan al espíritu del público, los artículos de la prensa, hoy como chilenos no debemos permanecer indiferentes ante los ataques que, a pretexto de rencillas entre los de la colonia, los que llevan el pandero de ésta en Antofagasta en el elemento subversivo, hacen a nuestras autoridades y a nosotros mismos”.

Volviendo a los sucesos anteriores, el articulista no encuentra excusa, pues, “el 18 de agosto, día del emperador Francisco José, el elemento subversivo de la colonia eslava, tuvo la avilantez de izar a media asta y con crespón negro la bandera croata en el centro de la ciudad, en los momentos mismos, en que los edificios públicos del país alzaban la insignia nacional en señal de júbilo y respetuoso saludo a la nación amiga; en los momentos mismos en que S. E. el Presidente de la República de Chile, en representación de nuestra soberanía, alzaba la copa de champaña saludando con cariño, respeto y sinceridad a la nación austro-húngara, en la persona de su representante.

“Y, a esta falta de criterio, se unió la audacia de censurar a nuestra primera autoridad porque tuvo la discreción de hacer bajar esa bandera, que, colocada en tales circunstancias, significaba un grosero insulto a nuestra soberanía, y a las relaciones de amistad que nos ligan con aquella gran nación”.

No satisfecho de defender tan solo el punto de vista oficial, el articulista se cree poderlo generalizar: “Tengan presentes esos señores, que todos los chilenos, sin excepción en ésta, han aplaudido la conducta de la autoridad, así como hemos censurado sin embozo el acuerdo de Uds., de alzar en duelo la noble bandera croata, el día en que todos los nacionales saludábamos a la nación amiga que ha traído a nuestra patria tan buen elemento colonizador como Uds.”

Partiendo del supuesto, que los sucesos se deben a la influencia de unos pocos, el articulista termina su filípica diciendo: “Y no oculten con el anónimo las pasiones; las pasiones sólo animan a unos pocos de la grande colonia eslava, para así dejar establecidas las responsabilidades de quien las tenga”.

Las escaramuzas a través de la prensa siguen en Antofagasta y aun en Iquique, donde el conde Starzénski, de regreso de su misión, hizo escala. Fue agasajado con un regio banquete por el señor cónsul Masseur, en el Club de la Unión. Entre los invitados brillaban por su ausencia otra vez los austriacos de apellido croata.

El informe del conde Starzénski

Al regresar a Santiago, el conde Starzénski se apresura a enviar a su ministro de Relaciones Exteriores el informe concerniente a “Nuestras colonias en Chile, Perú y Bolivia” Nº XXI-a-d, de fecha 30 de noviembre de 1903, el que completa, en parte, los anteriores datos y nos ofrece sus impresiones y sugestiones sobre las colonias visitadas:

“Durante mi viaje que acabo de realizar a Bolivia y el Perú a lo largo de la costa norte de Chile, he tenido ocasión de tomar contacto con nuestras colonias allí radicadas y ocuparme más detalladamente de sus condiciones.”

“En viaje de ida a La Paz, visité las tres más importantes colonias croatas: Taltal, Antofagasta y Oruro.”

“En Taltal, donde nuestro barco quedó anclado un día entero, una delegación de la colonia subió a bordo para saludarme y después me acompañó a tierra, donde fui saludado en el nuevo Club local, en presencia de casi todos sus miembros, con una alocución leal y patriótica, y festejado con verdadero entusiasmo.”

“Esta colonia se compone exclusivamente de croatas provenientes de Dalmacia y cuenta con unas 60 familias, de aproximadamente 120 almas; todos son comerciantes y empresarios y de buen vivir. La actitud leal de la colonia merece aún más reconocimiento, puesto que también aquí los caudillos conspiradores por una Gran Croacia en Antofagasta habían intentado provocar a nuestros paisanos para que se abstuviera demostrativamente de cualquier recibimiento con ocasión de mi tránsito por ese puerto.”

“En Antofagasta, donde la excitación de los ánimos aún no se había calmado, desde los sucesos relatados en mi muy respetuoso informe Nº 9 B del 7 de septiembre ppdo., tenía que estar preparado para una acogida extremadamente fría. Allí, los cabecillas conspiradores habían ni más ni menos que aterrorizado a nuestra colonia y habían recurrido a todos los medios a fin de que se desistiera de cualquier recepción. Para contrarrestar este movimiento y tener la oportunidad de dirigir unas palabras serias de advertencia a la colonia, me he preocupado de dar a conocer, por conducto del cónsul Sabioncello, que recibiría a los miembros de la colonia que deseasen verme y atendería a sus eventuales deseos y quejas.”

“Así y todo, a la hora fijada se habían reunido tan sólo ocho croatas, aunque el número de los paisanos allí residentes alcanza unas 400 almas.”

“Mi propósito, empero, había sido con ello conseguido, ya que pude dirigir a los que se presentaron la alocución que me permito muy respetuosamente adjuntar. Para que la misma llegara también al conocimiento de otros miembros de la colonia, dispuse que se la publicara en los diarios. Por haber continuado el día siguiente mi viaje a Oruro y La Paz, no tuvo más oportunidad en el mismo lugar de averiguar el efecto inmediato de las palabras de advertencia dirigida a la colonia. El periódico instigador Sloboda, de lenguaje violento, y un “remitido” de un agitador croata, publicado en el diario español Comercio, se habían ocupado de mi alocución y pretendieron excusar los sucesos del 18 de agosto, censurados por mi parte, aduciendo a la supuesta opresión del grupo étnico croata en la Monarquía. No obstante, la gran masa de la colonia parece haber tomado a pecho mis amonestaciones. Tuve, pues, la satisfacción en el viaje de regreso, al tocar Antofagasta, de recibir un mensaje de adhesión y lealtad provisto de 107 firmas. El cónsul Sabioncello además me notificó que otros 100 croatas más estuvieron dispuestos a firmarlo, pero por falta de tiempo no pudieron hacerlo oportunamente. El cónsul añadió que en la colonia se nota una evidente tranquilidad y que apenas se podría temer que se repitieran de igual modo los lamentables incidentes.”

“He encargado al señor Sabioncello, después también al señor cónsul Masseur en Iquique, de vigilar estrictamente a los principales jefes conspiradores e instigadores del movimiento, y a los mismos, en cuanto no cambiaran su actitud, negarles, en el caso dado, toda protección; que me enviara una lista con los nombres de los respectivos individuos y dentro de lo posible con indicación precisa de las correspondientes características personales. Me permitiré oportunamente enviar a S. E. estas listas para eventual información de las autoridades del país. He autorizado a los mencionados cónsules a que dieran a conocer estas disposiciones lo que tendría que asustar a los jefes conspiradores y, en cambio, alentar a los bien intencionados e indecisos elementos.”

“A continuación de mi viaje desde Antofagasta, el más hermoso recibimiento me había tributado la colonia en Oruro. Los señores Santiago Franičević y Santiago Sabioncello se habían aquí preocupado para que las tentativas, iniciadas también en su origen en Antofagasta, por hacer fracasar una acogida festiva de parte de la colonia, consiguieran precisamente un efecto opuesto. En el recibimiento no faltó ni un solo miembro de la colonia. Se organizó también un gran banquete en honor mío y del conde Trauttmansdorff, el que transcurrió en un ambiente animadísimo, y en el que los sentimientos de lealtad y entusiasmo patriótico de ésta, la mejor entre nuestras colonias croatas en la costa occidental de Sudamérica, se manifestaron en numerosos brindis. La colonia austro-húngara en Bolivia está concentrada casi exclusivamente en el distrito minero de Oruro y cuenta alrededor de 150 almas. La aplicación, perseverancia y sobriedad de esta gente deben considerarse ni más ni menos que dignas de admiración, cuando uno ha llegado a conocer estas desconsoladas regiones, donde en un radio de centenares de kilómetros no crece ningún árbol, ningún arbusto y apenas una hoja de hierba”.

“Las regiones de Taltal, Antofagasta e Iquique acusan, desde luego, la misma falta de vegetación, pero aquí, por lo menos, el ojo tiene una recompensa parcial con la vista del mar.”

“En el recorrido de La Paz a Lima tocamos Arequipa, donde viven solamente dos o tres austriacos, los que dan poco que hacer al cónsul Herrschmann.”

“En Lima se nos ha preparado una calurosa acogida de parte de la colonia no muy numerosa y se organizó en nuestro honor un hermoso banquete, el que tomó un curso digno y ensalzador. Sobre el actual gerente del Imperial y Real Consulado General, señor vicecónsul Jutus, me he permitido relatar a S. E. en mi muy respetuoso informe Nº XX, fechado en Lima el 13 de noviembre.”

“En el viaje de regreso de Lima a Valparaíso, tocamos también Iquique, donde se encuentra radicada la colonia croata más numerosa del Norte -la que cuenta con unas 600 almas- y donde el 18 de agosto habían tenido lugar demostraciones parecidas a las de Antofagasta. Mientras tanto también aquí, por suerte, ha disminuido la excitación y fui saludado por una delegación de la colonia en el local de la Sociedad Austriaca de Bomberos Voluntarios con una alocución festiva y leal. Se me entregó también un diploma en virtud del cual fui nombrado por unanimidad miembro de honor de la respectiva corporación.”

“No poco ha contribuido al apaciguamiento de los ánimos la actitud prudente del señor cónsul Masseur. Los elementos turbulentos, los que siembran odio y discordia en nuestra colonia, son desgraciadamente, también numerosos como en Antofagasta. Pero yo tengo la firme confianza de que en todas nuestras colonias en Chile prevalecerá en el futuro el buen genio y que no hay que temer una repetición de los lamentables sucesos del 18 de agosto pasado”.

El pronóstico del diplomático austro-húngaro se cumplió, pues las demostraciones croatas del 18 de agosto de 1903 en Chile no se repitieron hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Las conocidas organizaciones croatas, aunque habían, mientras tanto, evolucionado en su programa político-nacional, reflejando con ello las condiciones imperantes en la madre patria, asumirán un papel importante en la lucha por la emancipación definitiva de las tierras croatas de Viena y Budapest, apoyando moral y materialmente al Comité Yugoslavo, fundado en París, en 1915, bajo el liderazgo del prominente político dálmata-croata, Dr. Ante Trumbić, y el escultor de fama mundial Ivan Meštrović.

Los consejeros imperiales y reales del Ballhausplatz, al recibir los informes del Ministro austro-húngaro en Chile y confrontándolos con los datos anteriores de los que disponían, se habrán percatado de la importancia que reviste la reacción de los núcleos de “emigrantes selectos”. Al contrario de lo que se imaginaban los chilenos a través de la prensa más bien oficialista, preocupados por las buenas relaciones con el “poderoso imperio”, el comportamiento de los croatas no las han perjudicado.

Al estudiar esas relaciones, uno no se puede desprender de la impresión de que los diplomáticos imperiales y reales se empeñaban en desarrollarlas en lo más posible, quizás con el propósito subyacente de desmentir aquellas palabras memorables (1880), de Gladstone: “No hay un punto en todo el mapa, donde Ud. podría poner el dedo y decir: aquí hizo Austria algo bueno”.

Bajo este enfoque probablemente sean más comprensibles los buenos deseos que animaban a los factores competentes de fomentar los intereses mutuos en las relaciones entre Austria-Hungría y Chile, hasta que la conflagración bélica, en 1914, les puso un punto final.

La controversia político-nacional entre los inmigrantes croatas de Magallanes (1896-1918)

 

Por Mateo Martinić Beroš

INTRODUCCION

La masiva presencia croata en la región de Magallanes (Chile) se ha singularizado históricamente por dos características: una, inicial, referida a su cuantía numérica, considerada en relación con otros aportes migratorios de origen europeo arribados al antiguo territorio de colonización, principalmente durante el lapso 1890-1930; y otra, sobreviniente, como es la importancia social, económica y cultural derivada de la presencia y actividad de los inmigrantes y su descendencia chilena en el desarrollo ulterior de Magallanes.

Para comprender lo aseverado, basta tener presente que los croatas han conformado aproximadamente la mitad del total de los inmigrantes europeos llegados a la región meridional chilena. Ello a su tiempo ha significado una participación de tal aporte sanguíneo en la sociedad magallánica actual, probablemente no inferior a un cuarto de la misma.

Pero se dio asimismo una característica que habría de resultar exclusiva de este contingente inmigratorio y que hasta el presente no ha sido considerada debidamente y que, por lo mismo, permanece virtualmente desconocida, aún para la propia descendencia. Se trata de la controversia que por razones político-nacionales hubo de surgir y desarrollarse en el seno de la inmigración, a partir de los años finales del siglo XIX y hasta pasada la primera mitad de los años diez, o mejor, hasta la conclusión de la Gran Guerra Europea, de la que derivaría la unión de los pueblos eslavos del sur en un nuevo estado, como fuera el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, antecesor de la República Federativa de Yugoslavia.

Conviene puntualizar además, que la controversia hubo de preocupar en particular a una elite entre los inmigrantes, naturalmente aquellos que poseían un mayor nivel cultural. La gran masa dispensó a los sentimientos e ideas en pugna una simpatía pasiva, lo que no obstó a que en general y hacia el fin del período en consideración, todos, quien más quien menos, acabaran por adoptar una de las dos tendencias que habrían de predominar.

LA FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD AUSTRIACA DE SOCORROS MUTUOS

Al promediar la década final del siglo XIX, el contingente croata en Magallanes se componía de tres y medio centenares de individuos. Es sabido asimismo que el caudal migratorio era incesante, con lo que aquella corriente no dejaba de incrementarse visiblemente. Ello significa que para entonces había una base grupal suficiente como para despertar el afán gregario e intentar la formación de una mancomunidad mutual, destinada a entregar una posibilidad cierta de protección a los trabajadores que conformaban la gran mayoría de los croatas.

A medidos de 1896, en el café de propiedad de Antonio Miličić, en Punta Arenas, había como era habitual en un día cualquiera un buen número de parroquianos, la mayoría dálmatas, entre ellos Natalio Bravo-Kosović, Elías Ilić, Alejandro Radulović y Vicente Litrica. Durante el transcurso de la animada conversación que sobre distintos tópicos sostenían, Bravo-Kosović planteó la necesidad de formar una fraternidad de ayuda mutua para asistir a los connacionales enfermos o necesitados. Es del caso señalar que para entonces los portugueses, españoles e italianos radicados en Magallanes habían constituido sus propias organizaciones mutuales y que además, desde 1893 existía una entidad similar pero de carácter cosmopolita.

La iniciativa de Bravo-Kosović fue acogida con entusiasmo por los participantes y habiéndose difundido rápidamente la noticia entre otros inmigrantes dálmatas, a los pocos días se hizo una reunión con el único propósito de considerar la idea, acordándose la creación de una sociedad de beneficencia, lo que en efecto tuvo ocurrencia el 4 de septiembre de 1896.

Viene al caso mencionar que ya durante la reunión preparatoria se manifestó una circunstancia que pronto habría de perturbar el consenso societario. Ocurrió que cupo dirigir el debate a Pedro Pasinovich, uno de los hombres con mayor ilustración entre los inmigrantes, y al hacerlo se dirigió a los reunidos en idioma italiano, lo que motivó una interpelación de los dálmatas presentes. Ante ello Pasinovich argumentó que obraba de tal manera en obsequio de los pocos asistentes que no hablaban la lengua croata.

Luego se discutió la pertenencia a la entidad y, por consiguiente, la denominación que había de llevar la misma. A pesar de la abrumadora mayoría de dálmatas entre los concurrentes y de su opinión en el sentido de que la misma llevase la denominación eslava, se impuso la austríaca, por razón de que había algunos pocos —una minoría ínfima— que no eran de origen croata, y porque todos cuantos habrían de incorporarse a la sociedad debían tener la calidad de súbditos del Rey Francisco José de Habsburgo.

En la disconformidad abierta o soterrada de muchos sobre tan importante asunto, estaría desde un comienzo el germen de futuras disensiones y discordias.

Es comprensible la molestia de la enorme mayoría de los socios, pues aunque reconocían ser súbditos de la corona de Austria, no era menos cierto que su raza era eslava, y su lengua y cultura eran croatas, por lo que su sentimiento de nacionalidad era indesmentible y vigoroso. La circunstancia conocida para la Dalmacia natal, tierra de origen de prácticamente la totalidad de ellos, en donde el gobierno real de Viena había impuesto el idioma italiano con carácter de oficial, carecía de toda validez y vigencia en un territorio extraño y libre como lo era, para el caso, el chileno.

La resistencia consiguiente no hubo de cesar, por ésa y otras razones, según avanzó el tiempo; y quienes en su momento la encabezaron, como fue el caso de Juan Sekul y Andrés Stambuk, fueron expulsados de la institución. Ello motivó que el 9 de octubre de 1900, 36 socios se dirigieron al directorio peticionando una asamblea general para tratar el asunto, que estimaban de la mayor seriedad y trascendencia.

La agitación interna cundió entonces, formándose bandos pro y antidirectorio, lo que a su vez condujo a la renuncia del secretario Andrés Juričić y de otros directores que compartían la opinión disidente, situación que a su tiempo acarreó la del propio presidente, Mateo Pasinovich. En vano fue que se procurase dar satisfacción reglamentaria a los descontentos, ofreciéndose incluso la aceptación de la lengua croata para uso en las sesiones y documentos, pues la discordia interna asumió para entonces la característica de un hecho irreversible que pre anunciaba la división.

En la sociedad habrían de permanecer finalmente aquellos que podían ser tenidos por súbditos leales de Su Majestad Francisco José: una masa apreciable de inmigrantes croatas, gente sencilla y buena, que sin haber renegado jamás de su raza, lengua, religión y cultura, tampoco llegaría a conmoverse especialmente ante los llamados del nacionalismo exultante de la dirigencia de la otra parte considerable de la inmigración.

LA BIBLIOTECA CROATA

Entre tanto así había venido ocurriendo, el nacionalismo croata había cobrado renovado vigor en Magallanes, nutrido sin duda con el arribo masivo de nuevos inmigrantes, de manera tal que acabó por encontrar apropiada expresión por intermedio de la espontánea decisión de algunos espíritus patriotas, en el sentido de dar forma a una entidad de carácter eminentemente cultural, destinada a servir de centro de propagación de ideas y de servicio social.

De ese modo el 2 de abril de 1899 nacía la Hrvatska Čitaonica (Biblioteca o Salón Croata de Lectura), que habría de ser la primera institución en su género nacida en el seno de la inmigración croata en América Latina y a la que el historiador Lucas Bonačić-Dorić calificaría como “lucero del nacionalismo croata”.

Entre sus fundadores han de mencionarse a Andrés Juričić, su primer presidente, y Juan Sekul, Simón Paravić, Jerónimo Martinić y Nicolás Štambuk, quienes fueron sus compañeros en el directorio.

No obstante su breve existencia, apenas un año, esta entidad logró desarrollar alguna labor cultural, que le hizo ganar el merecimiento de ser considerada como el vocero institucional precursor del croatismo magallánico.

LA SOCIEDAD CROATA DE BENEFICENCIA

Ante la crisis que sacudía a la Sociedad Austríaca, hubo quienes definitivamente insatisfechos con su conducción optaron por retirarse de ella, llevando la intención manifiesta de dar vida a otra institución congénere, con notorio carácter croata. En efecto, un grupo encabezado por Francisco Tomšić, Juan Sekul, Andrés Stambuk, Bartolo Poduje, Juan Ursić, Juan Spanić y Juan Turina, entre varios más, el día 28 de noviembre de 1900 echaba las bases de la nueva entidad mutual que pasó a llamarse Hrvatsko Dobrotvorno Društvo (Sociedad Croata de Beneficencia).

La condición indesmentidamente croata que la misma había de tener derivaría no sólo de su precisa identificación, como del empleo del idioma y atributos nacionales,sino y especialmente porque ella, más allá de sus fines propios, habría de constituirse con los años en el núcleo aglutinante primero, y en el centro difusor después, del nacionalismo croata magallánico.

Expresión cabal del sentimiento colectivo de los asociados eran las elocuentes frases contenidas en la memoria del segundo año institucional, leído por Jorge Jordan en sesión del 14 de diciembre de 1902 y que vale transcribir:

“Podemos enorgullecemos de la fundación de la Sociedad Croata de Beneficencia. Fuimos los primeros iniciadores del movimiento para que no se nos llame y conozca de austríacos, sino que por nuestro legítimo nombre de croatas, por nacionalidad y por lengua. Afirmo sin equivocarme que aún somos inconscientes de la obra realizada. Croacia, queridos hermanos, nos es querida, pero esto no basta, y más que nunca tenemos que ser por Croacia y el nombre croata. No permitamos que nadie ofenda nuestra sagrada causa. Con veneración tenemos que exaltar nuestro idioma croata. Adornemos y embellezcamos nuestras casas, únicamente con nuestro querido tricolor croata. Así demostraremos a todo el mundo nuestros sentimientos croatas, y ser hijos dignos de la tierra que tantos hombres dignos dio a Europa durante los pasados siglos, y que hoy yace bajo el despotismo austro-húngaro. Procuremos con nuestras fuerzas libertar de la esclavitud a nuestra querida patria croata”.

LA CUARTA COMPAÑÍA DE BOMBEROS

Una secuela tardía de aquella disputa intestina austro-croata había de registrarse poco más de un año después de la fundación de la Sociedad Croata de Beneficencia, con la creación de una compañía de bomberos integrada únicamente por voluntarios originarios de tierras croatas y que tuviesen además la calidad de súbditos de la monarquía dual.

La iniciativa hubo de tenerla Miguel Kačić, en noviembre de 1901, quien para ello solicitó al directorio de la Sociedad Austríaca la autorización para realizar en el local social la reunión informativa del caso. Esta, en efecto, tuvo ocurrencia el día 19 de enero de 1902, con la asistencia de 29 inmigrantes, todos dálmatas. Allí se aprobó ampliamente la iniciativa de Kačić y se acordó citar a la sesión fundacional que fue fijada para el dia 6 del mismo mes.

Con tal fecha y bajo el auspicio de la Sociedad Austríaca de Socorros Mutuos, se fundó la que se denominó “Austrijsko Dobrotvorno Vatrogasno Društvo Br. 4″ (Cuarta Compañía Austriaca de Bomberos Voluntarios), y cuyos primeros dirigentes fueron Miguel Kačić, Lorenzo Miloš, Bartolo Poduje, David Dragičević, Juan Marović y Andrés Juričić.

Es evidente que el nombre elegido no debió ser de general aceptación, tanto que ya en abril, Juričić, a la sazón investido con el cargo de capitán, propuso en sesión del día 10 que el nombre institucional se mutara a “Slavjansko Dobrovoljno Vatrogasno Društvo” (Compañía Eslava de Bomberos Voluntarios). Sin embargo, como tal petición no concitó por entonces una aceptación unánime, fue desechada. Juričić, no obstante su fracaso, continuó empeñado en su propósito llevando adelante una campaña de convencimiento de carácter patriótico. En ese ambiente se realizó una nueva asamblea social el día 4 de mayo, ocasión en que y con general aceptación se adoptó la variante denominativa propuesta por el tenaz Andrés Juričić.

El adjetivo “Eslavo”, no obstante su aceptación, satisfacía a medias el espíritu nacionalista de la mayoría de los voluntarios y su aceptación por entonces debía tomarse como una concesión hacia quienes podían molestarse con la denominación “Croata”, al ser la mayoría de los fundadores miembros de la  Sociedad Austriaca, y por ende partidarios del legitimismo y leales a la corona Austro-Húngara. A pesar de tal circunstancia, cabe consignar que desde un comienzo las actas sociales se llevaron en lengua croata y que el saludo adoptado era Bog i Hrvati (Dios y los Croatas). Con ello el espíritu nacionalista de los voluntarios pareció contentarse por entonces, y se inició sin mayores problemas internos una tranquila y firme evolución institucional.

FUENTES INSPIRADORAS DEL CROATISMO EN MAGALLANES

Para comprender el proceso anímico que se desarrollaba en el seno de la inmigración croata, en especial de la radicada en Punta Arenas, cabe recordar cuál era la situación que para la época, inicio del siglo XX, existía en la tierra madre croata.

A partir de la cuarta década de la centuria precedente y como tardío reflejo de la Revolución Francesa, reavivado por los movimientos políticos y sociales de 1848 en Europa central, había surgido en Croacia el Ilirismo, como fuerza ideológica inspiradora de recuperación nacional entre los croatas, y del que habría de derivar el denominado Renacimiento Croata, a la manera del Risorgimento Italiano contemporáneo.

El despertar de la adormilada conciencia nacional croata se inició con Ljudevit Gaj (1809-1872), padre del ilirismo. Bajo la inspiración de sus ideas adquirió forma un movimiento que paulatinamente fue imponiendo el uso generalizado de la lengua croata, por sobre el empleo de dialectos locales y lenguas foráneas, a partir de lo cual tuvieron un notable desenvolvimiento la literatura y la lírica croata, como expresiones de un renacimiento espiritual que identificaba a la cultura nacional de antiquísimo arraigo. En lo político el sueño de Gaj estaba en la organización de un estado que aglutinara a todos los pueblos eslavos del sur a la sazón dispersos y sujetos bajo distintas soberanías (Austria, Hungría y el Imperio Otomano). Pero este ideal romántico no conseguiría prosperar ante el rechazo que obtuvo por parte de los serbios, de los eslovenos y de parte del propio pueblo croata.

Entre tanto, la revolución de 1848 en Austria hizo de las tropas croatas un factor decisivo en la afirmación de la monarquía y de la permanencia de Hungría en el imperio, participación histórica que despertó, como nunca antes había sucedido, las esperanzas en muchos patriotas en cuanto a la resurrección de la personalidad política nacional croata, mediante la unificación de todas las tierras históricas de tal origen, en el contexto de una federación en el viejo imperio de los Habsburgo. Así, el valor y la sangre croata sostuvieron el poder de Viena, permitiendo la derrota de la insurrección húngara. Pero aquel sueño de una Croacia rediviva hubo de verse frustrado por la ingratitud del joven monarca Francisco José.

Tal era la situación cuando comenzó a surgir la figura admirable de un gran pensador y patriota croata, Ante Starčević, quien con claridad y entereza defendió desde el parlamento de Zagreb (Sabor) y aun en la misma Viena, los derechos inalienables del pueblo al que pertenecía. En torno a su persona y bajo su inspiración hubo de formarse el Partido del Derecho, en donde hallaría expresión filosófico-política cabal el nacionalismo croata o croatismo, que se fortaleció en la lucha contra el hegemonismo húngaro.

Las ideas de Starčević, que se afirmarían y difundirían entre 1861 y su muerte, ocurrida en 1896, tenían como fundamento la recuperación de la identidad nacional croata a través de la unificación de las regiones históricas y el desarrollo renovador de la vieja cultura, para luego superar el legitimismo (lealtad a la dinastía real) — una vez que se perdiera la confianza en Viena—y buscar la construcción final de un estado nacional de corte democrático y liberal, a tono con la evolución política de Europa occidental.

A partir de 1870 sin embargo hubo de surgirle al nacionalismo croata una suerte de adversario ideológico, cuando el ilustre obispo de Đakovo, monseñor Josip Juraj Strossmayer, recogió la vieja bandera romática del ilirismo de Gaj y renovando su ideario proclamó cómo objetivo fundamental la unión política de todos los pueblos de raigambre eslava meridional: el Yugoslavismo. Las ideas de Strossmayer hubieron de ganar entusiastas adeptos en Dalmacia, conquistando inclusive a dirigentes como Frano Supilo y Ante Trumbić, alcalde de Split, que había adherido con fuerza anteriormente a la tesis de Starčević. Ello explicará más tarde el vigor del ideario yugoslavista entre la juventud instruida de Dalmacia, que se desparramaría con la emigración.

No obstante la difusión que alcanzaría su filosofía, la fría acogida que a la misma dispensarían los serbios, hizo que Strossmayer recapacitara un tanto y concluyera por encontrarse con Starčević. De tal modo cobró forma concreta, en 1894, la unidad de la oposición croata al régimen gobernante en el imperio Austro-Húngaro, proclamando como aspiración inmediata la unión de las tierras históricas croatas en un estado común, pero dentro del esquema político del imperio de los Habsburgo.

En ese ambiente de vigoroso renacimiento del espíritu y la cultura nacionales, y de controversia respecto de los medios para hallar una solución práctica para la suprema aspiración de la reconstitución de la patria croata —sentimiento que anidaba por largos ocho siglos en lo recóndita del alma popular—, se había nutrido la inteligencia y la intelectualidad. que en los sentimientos y en las voces de tantos inmigrantes tendría un lejano eco en las tierras americanas.

Así considerada la situación, con el despertar del siglo XX, podían advertirse dos tendencias o posiciones entre los inmigrantes de Magallanes. Una, la legitimista o pro austriaca, que aparentemente comprometía a una mayoría, teniendo en cuenta el número de adherentes dálmatas con que contaba la Sociedad Austriaca de Socorros Mutuos, y que podía ser definida como una simple, y de hecho no reflexiva, aceptación por los más del estado de cosas imperante en la madre patria; y de deliberada adhesión al dominio austro-húngaro, en sólo contados individuos. La otra, la nacionalista croata, que progresivamente concitaba el respaldo patriótico de la masa inmigrante y que virtualmente monopolizaba a la “intelligentsia” de tal contingente.

LA PUGNA POR LA REPRESENTATIVIDAD DE LOS INMIGRANTES, ENTRE LAS SOCIEDADES MUTUALES AUSTRIACA Y CROATA

Las disensiones políticas que agitaban a la inmigración croata en el Territorio de Magallanes, habrían de tomar estado público durante 1903, cuando las correspondientes entidades societarias procuraron ganarse la simpatía y el reconocimiento por parte del primer representante diplomático de Austria-Hungría ante la República de Chile.

Había de por medio una cuestión de prestigio ante la sociedad local, en particular ante la propia colonia residente, y ante las propias autoridades territoriales. De allí que la Sociedad Croata de Beneficencia consideró adelantarse a su rival en la correspondiente presentación, en cuanto a la designación de un agente consular para la atención de las variadas necesidades de los inmigrantes.

En efecto, con fecha 19 de abril y en comunicación suscrita por Juan Sekul, presidente; Jorge Jordan, secretario, y Juan Turina, tesorero; y dirigida al conde Leonardo Starzénski, Ministro de Austria-Hungría, se expresaba en parte:

“Su Excelencia, como fieles súbditos de la Monarquía austro-húngara, la cual hoy en día V.E. tiene el honor de representar en esta República, y en nombre de un mil quinientos ciudadanos nuestros, los cuales hablan el idioma croata, y radicados aquí en este extremo sur del Universo, venimos pidiendo justicia, la cual nos pertenece por Dios y por las leyes de Austria-Hungría, para que cuanto antes le sea posible a V.E. se sirva nombrar un cónsul en esta ciudad, el cual además de representar el Estado de que somos súbditos, también defendería nuestros intereses de las contingencias del porvenir.

Han pasado veinte años desde que principiaron a pisar estas playas nuestros croatas, habiendo permanecido hasta hoy como un barco sin timón.

Muchas veces nos hemos dirigido a nuestros diputados en Viena, para que se nos nombre un cónsul, pero siempre ha sido en vano. Hoy día todas nuestras esperanzas están puestas en V.E., para que nuestra solicitud sea oída, y que se nos nombre un cónsul, designación que debería recaer en la persona de un hombre justo y honorable de nuestra nacionalidad croata, haciendo honor a Austria-Hungría, y que además nos podamos entender en nuestro idioma croata”.

Es de hacer notar que el espíritu patriótico que animaba a los peticionarios no estaba tanto en la respetuosa exigencia de la parte final del segundo párrafo transcrito, cuando en la advocación de saludo final: “Que Dios guarde Su Majestad, nuestro buen Rey Croata Francisco José 1°. y a su representante Conde Leonardo Starzénski”. De modo tan elegante como sutil se recordaba al diplomático la precisa vinculación de su soberano con la tierra croata.

La respuesta, como correspondía a la de un personaje ducho en el oficio, contenía el beneplácito del ministro por los saludos y votos, además de hacer suya la aspiración representada. Para ello se adelantó a solicitar el envío de los antecedentes de los posibles candidatos al consulado imperial y real en Punta Arenas.

De tal manera iban las cosas, cuando los legitimistas austríacos, que se habían mostrado lerdos en su correspondiente expresión de adhesión a Starzénski, se enteraron de aquel intercambio epistolar y determinaron manifestar con la mayor premura su fidelidad. El 27 de mayo de ese año 1903 era cursada una nota al representante imperial y real, en la que los firmantes se condolían por el apresurado reconocimiento que aquél hiciera de la entidad croata congénere.

“Los que suscriben —señalaban—, miembros del directorio de la Sociedad Austríaca de Socorros Mutuos, nos permitimos hacer presente a V.E. el profundo desengaño que hemos experimentado al ver que V.E. se ha dirigido al Directorio de la Sociedad Croata de Beneficencia, a fin de obtener datos sobre las personas que pudieran asumir la representación de nuestra patria en este territorio.

Esta extrañeza será justificada ante la opinión de V.E., cuando sepa que la sociedad a que pertenecen, es la única genuina representante de la colonia austriaca, como lo dice claramente su título social.

Creemos de nuestro derecho hacer presente a V.E. que la Sociedad Austríaca fue la iniciadora de la colonia; organismo existente desde el año 1896, y siguiendo una marcha de prosperidad notable, merced a los esfuerzos de sus 280 socios. logra a la fecha poseer un capital de reserva de 10.000 pesos moneda chilena. Los beneficios que esta sociedad ha aportado a los que se han visto obligados a recurrir a su protección, están de manifiesto y son bien reconocidos, sin negar a la Sociedad Croata, de muy posterior organización, sus méritos. Creemos que no es ella la llamada a representar nuestra colectividad, pues deseamos la unidad del gran imperio a que pertenecemos, que hace una distinción hiriendo a los fieles súbditos austríacos.

Estas razones nos obligan a protestar respetuosamente ante V.E. de cualquier dato que represente a nuestra más conveniente representación en este territorio, pudiera ser enviado por esa sociedad”.

Esta comunicación fue seguida un par de semanas después por una solicitud dirigida a Starzénski, y que era del siguiente tenor:

“Los abajo firmantes, fieles súbditos de S.M. el Emperador de Austria-Hungría, al mismo tiempo que protestan contra la aseveración hecha al digno representante de ese imperio en Chile, por la Sociedad Croata de S.M., al decir que sólo existe la colonia croata en Punta Arenas, exhortan al señor Ministro que, para el nombramiento de un representante en ésta, se atenga a la indicación de persona que considere apta el Directorio de la Sociedad Austriaca, por ser esta corporación la que más méritos reúne, por su antigüedad, personería y liberalidad de fines sociales”.

En su respuesta el diplomático cuidó de herir susceptibilidades, evitando pronunciarse en favor de una u otra sociedad, y, respecto del nombramiento consular, planteó la conveniencia de una proposición formulada de común acuerdo.

Conocido como era el grado de animosidad entre los grupos dirigentes de ambas entidades, tal sugerencia no habría de tener probabilidad alguna de éxito. Por el contrario, los filo-austriacos se apuraron en hacer saber al ministro la imposibilidad de acordar con la sociedad croata, pues conocido es el espíritu revolucionario y separatista que abrigan los naturales de la provincia de Croacia y que lo ponen de manifiesto siempre aún por la prensa, como lo prueba la existencia del diario “Sloboda” en este país, todo esto en contraposición del ánimo de la mayoría de súbditos de S.M. el Emperador, que afirmativamente es de 90% en ésta.

Para entender la referencia a “Sloboda”, es menester consignar que este periódico, fundado en Antofagasta en marzo de 1902 por Ivan Krstulović, y que rápidamente comenzó a circular entre los inmigrantes radicados en distintos puntos de Chile, había asumido una posición de exaltación del nacionalismo croata, propugnando directamente la independencia del antiguo reino.

El malestar evidente con que sería recibido el periódico entre los legitimistas, hubo de concitar animosidad en contra de su corresponsal en Punta Arenas, Andrés Juričić, al punto de expulsarle de la Sociedad Austriaca en la que el mismo se había mantenido.

Con tales antecedentes, era natural que el conde Starzénski se inclinara a dar el reconocimiento a dicha entidad y acogiera su proposición para la representación consular. Esta recayó en José Pasinovich, ilustrado comerciante dálmata originario de Boka Kotorska.

En una y otra materias, pues, el legitimismo austriaco en Magallanes había ganado la partida. Pero tal triunfo tendría el carácter de pírrico, pues en definitiva sus consecuencias locales, añadidas a otras circunstancias externas, habrían de contribuir a la vigorización y difusión del croatismo en la colectividad croata residente.

LOS SUCESOS DE 1903 A 1909  EN CROACIA Y SU REPERCUSIÓN EN MAGALLANES

Pese a todo, lo ocurrido en el seno de la colonia croata de Magallanes parecía, a marzo de 1903, una simple disensión intestina sin mayor relevancia. Pero la misma hubo de cobrar fuerza e importancia, una vez que se difundieron entre los inmigrantes las noticias francamente inquietantes que procedían de la lejana patria y que daban cuenta del levantamiento croata anti-húngaro de 1903.

La torpe y ciega política conjunta de Viena y Budapest respecto de Croacia, lejos de aplacar el legítimo malestar del grueso de la población, no había hecho más que exacerbarlo. Los reclamos autonómicos, que se hacían considerando la unidad del imperio, y la justísima aspiración por la auto-determinación de la nación croata, fueron ignorados o burlados una y otra vez, provocando un levantamiento popular en distintas partes de Croacia y Eslavonia sometidas a la tutela húngara, y que fue brutalmente repelido.

Fue entonces que las diputaciones croatas de Dalmacia e Istria ante el Parlamento de Viena, demandaron a Francisco José su intervención como rey croata, pero infructuosamente. Como bien ha señalado Prvislav Weissenberger, tal desatino del monarca contribuiría a la larga a la radicalización del nacionalismo croata.

La numerosa colonia croata de Magallanes fue la primera en Chile que conoció las informaciones sobre los sucesos comentados, y las reacciones de pesar y condena no se hicieron esperar en su seno. La bandera nacional fue izada a media asta en el frontis de la sede de la Sociedad Croata de Beneficencia, en expresión de duelo por las víctimas de la represión húngara. Por otra parte, una comisión ad hoc tuvo a su cargo la recolección de dinero para concurrir en ayuda de los deudos de los caídos en las jornadas de protesta; y, en su oportunidad, se llamó a los inmigrantes a abstenerse de celebrar el natalicio del Emperador, el 18 de agosto, solidarizándose así con demostraciones semejantes de repudio puestas en práctica por otras comunidades distribuidas en la zona norte de Chile.

Las actitudes de reprobación de los nacionalistas croatas magallánicos, con todo no llegaron al grado de vehemencia y aún de violencia que se registraría después entre los inmigrantes de Antofagasta.

Pero la cosa no había de quedar en lo señalado, pues una nueva muestra de la reacción local ante los oprobiosos sucesos de Croacia, se tuvo en la decisión adoptada en asamblea del 25 de octubre de 1903 por la Cuarta Compañía de Bomberos, en el sentido de pasar a denominarse Hrvatsko Dobrovoljno Vatrogasno Društvo broj 4 (Cuarta Compañía Croata de Bomberos Voluntarios), sin eufemismos.

Al calor de la efervescencia patriótica, meses después germinaron nuevas organizaciones croatas en Punta Arenas. La primera fue la Hrvatsko Tamburaško Društvo “Tomislav” (Sociedad Estudiantina Croata “Tomislav”), fundada el 22 de mayo de 1904 bajo la inspiración del profesor Pedro Gašić hacía poco llegado al Territorio de Magallanes. Sus fines eran los de promover el cultivo de la música, el canto y la poesía, además de fomentar los sentimientos patrióticos, todo ello para servir como órgano de expresión y difusión de la cultura croata en el medio regional, para propios y extraños. Un propósito semejante, a más del cultivo del arte escénico, condujo a la creación durante aquel mismo año del Hrvatsko Omladinsko Dramatsko Društvo Ivan Gundulić (Centro Dramático Juvenil Croata Ivan Gundulić). Por fin, viene al caso consignar la aparición, el 19 de marzo de 1905, del semanario Male Novine (Pequeño Noticiero), fundado por el ya citado Gašić, quien desde entonces y para lo futuro pasaría a ser uno de los inspiradores intelectuales del croatismo magallánico, cuya creciente consolidación era cosa manifiesta.

De tal modo marchaban las cosas al promediar la primera década del siglo. La situación, podría afirmarse, había quedado en una suerte de status quo. El legitimismo, concentrado en su bastión de la Sociedad Austriaca, disponiendo de la representación consular y de una cuota más bien escasa de adherentes fervorosos. El nacionalismo croata, afirmado en sus distintas organizaciones societarias emergía vigoroso, ganando progresiva popularidad en el interior de la inmigración.

Por aquel tiempo comenzaron a jugar un papel interesante en la consolidación de las posiciones conocidas, las noticias que regularmente procedían de otros dos centros importantes de concentración de inmigrantes croatas, como eran Antofagasta y Rosario, importante ciudad argentina; sin dejar de lado, por supuesto, las informaciones que se recibían de Dalmacia y Croacia.

De allí precisamente provino la noticia que daba cuenta del acuerdo denominado “Resolución de Rijeka”, establecido por la dirigencia dálmata-croata como parte de un pacto político convenido con la oposición húngara al gobierno imperial de Viena, en cuya virtud ésta aceptaba el respeto al compromiso croata-húngaro de 1868 (que había establecido el estatuto regulador de las relaciones recíprocas, sobre la base histórica del Pacta Conventa de 1102). Ello a cambio del apoyo por parte de los representantes dálmatas y croatas ante los parlamentos de Viena y Zagreb, respectivamente, a las posiciones de la oposición húngara. Dicho acuerdo fue seguido y complementado tiempo después por otro, conocido como “Resolución de Zadar”, denominado así por la ciudad dálmata donde fue suscrito, en virtud del cual la coalición formada por croatas y serbios apoyaría a través de su dirigencia política a la minoría serbia residente dentro de Croacia, a cambio del compromiso de la oposición húngara en cuanto a conseguir mayor libertad para la nación croata, en cuyo seno los serbios tendrían completa igualdad de derechos como los mismos hijos de aquella.

Esta circunstancia que se presentaba auspiciosa para el porvenir y que parecía asegurar la posibilidad de un entendimiento armonioso de mutuo provecho, se perdió lamentablemente durante las primeras semanas de 1906, cuando, la oposición húngara

logró entenderse con el gobierno de Viena, acuerdo del que derivó la incorporación del viejo líder liberal Ferenc Kossuth, inspirador de aquel movimiento, y, como consecuencia, la postergación sine die del proyecto de elecciones universales que habría de proporcionar una base apropiada para la re acomodación política de las nacionalidades en el interior del Imperio, y al que los húngaros se oponían decididamente, por cuanto implicaba una amenaza cierta a su hegemonía.

La frustración que acarreó aquella efímera esperanza, favoreció la tesis de una minoría que reclamaba la adopción de definiciones radicales, abiertamente separatistas. De tal modo pudo conseguirse el entendimiento político entre croatas y serbios (en el interior de Croacia), que pre anunciaba el futuro auge de la idea yugoslavista. Los signos del tiempo, entonces, señalaban una marcha sin retorno hacia posiciones francamente radicales.

Entre la diápora croata en el mundo, particularmente en las dos Américas, aquellos sucesos contribuyeron a catalizar el sentimiento patriótico en pro de la unión yugoslava, de manera tal que, en distinto grado y con variantes locales, fueron afirmándose corrientes cada vez más definidas de opinión, paulatinamente favorable al reclamo nacionalista extremo.

En este ambiente de profundo sentimiento nacional, surgió en el inicio de la primavera de 1907 la idea de constituir una entidad matriz, Dom (Hogar), bajo cuyo alero habrían de cobijarse todas las instituciones preexistentes, inclusive la Sociedad Austriaca de Socorros Mutuos. La interesante idea provino de Pedro Hrdalo, Jorge Jordan, Juan Trutanić y Esteban Livačić. La reunión fundacional fue celebrada el 28 de septiembre y en ella se acordó la creación del Jugoslavenski Dom (Hogar Yugoslavo). La denominación debe sorprender, tanto por lo prematuro del uso del adjetivo, cuya connotación politica era manifiesta, cuanto porque entre los fundadores se contaban hombres como Hrdalo y José Pasinovich, conocidos como pro austriacos o legitimistas. A falta de otra explicación que satisfaga, ha de tomarse la aceptación que hicieron del nombre como muestra de tolerancia para con los principios político-nacionalistas eslavos. Es del caso destacar que en la gestación y organización de esta nueva entidad social participaron varios otros destacados personeros del grupo legitimista, lo que revela que a pesar de las diferencias, el trato armónico recíproco era posible, circunstancia que pone de relieve la voluntad fraternal .superior que inspiraba a los participantes. A pesar de esto, este primer “Dom” no logró prosperar.

Naturalmente, quisiéramos o no, los sentimientos croatistas, yugoslavistas o legitimistas, debieron sin embargo aflorar y constituir fuente de divergencias, a las que habría de atribuirse el fracaso de la iniciativa cuando la misma estaba en germen. Con todo había sido un esfuerzo precursor, pues los tiempos no estaban maduros para un proyecto semejante.

Antofagasta, el importante puerto del Norte chileno, y lugar de radicación de un apreciable contingente de croatas de Dalmacia, fue uno de los centros de más temprana efervescencia política y su influencia consiguiente se extendería sobre otros núcleos cercanos; también más allá de las fronteras chilenas, sobre grupos establecidos en Bolivia y Argentina y, ya por supuesto, alcanzaría hasta la remota Punta Arenas, en el estrecho de Magallanes. Aquí encontraría eco el pensamiento de los croatas de Antofagasta, que se divulgaba principalmente por intermedio de “Sloboda”.

Cundía entonces el fervor patriótico en un amplio sector de la colonia residente y que se expresaba de variada manera: desde simples conversaciones de café, hasta improvisadas charlas o disertaciones en asambleas o incluso en espontáneos debates; en la difusión de oleografías conmemorativas de sucesos históricos, tales como las que representaban la coronación de Tomislav, primer rey croata y el sínodo episcopal convocado por Zvonimir; o bien una alegoría relativa al Renacimiento Croata o, por fin, retratos de personalidades como Ivan Gundulić, el ban Josip Jelačić, Starčević y Strossmayer. También con la presentación de dramas heroicos y la difusión de canciones e himnos de contenido patriótico, entre ellos la sentida Lijepa Naša Domovino.

Por la misma época aparecería un nuevo periódico en Punta Arenas, ostentando el sugestivo nombre de Domovina (La Patria) y que debía convertirse desde un comienzo en el vocero de inquietudes nacionales.

Entre tanto las noticias procedentes de Europa eran ciertamente para preocupar, pues anticipaban una crisis en el entendimiento eslavo-austro-húngaro, que habría de influir en el devenir de los acontecimientos en los Balcanes. La tensión había comenzado en la Croacia propiamente dicha, sujeta a la férula húngara. El lamentable gobierno del ban (virrey) impuesto por Budapest acarreó el malestar de los representantes de la oposición en el Parlamento de Zagreb y que interpretaban a la mayoría abrumadora del pueblo croata. Como consecuencia de la tirantez sobre viniente, el ban había disuelto el Parlamento el 12 de diciembre de 1907. Las acusaciones de los representantes populares eran serias: violación grave y reiterada de la constitución, lo que implicaba el quebrantamiento del acuerdo húngaro-croata.

En tal caldeado ambiente se convocó a nuevas elecciones parlamentarias para febrero de 1908, consulta en la que el oficialismo pro-húngaro sufrió una derrota severísima. Ante lo ocurrido. Francisco José, llamado naturalmente a servir de árbitro en la contienda política, dispuso por decreto del 13 de marzo la clausura del Sabor. Frente a tal actitud real los parlamentarios de la opositora coalición croata-serbia respondieron con el llamado “Manifiesto de Marzo” (20-III-1908) por el que proclamaban el derecho inalienable a la autodeterminación del pueblo croata y la unidad entre los pueblos hermanos de sangre eslava y lengua común.

La respuesta de la autoridad real impuesta, fue condigna de la inveterada y obstinada ceguera de la monarquía dual para enfrentar un problema que de suyo era delicado y ahora además candente: gobierno absoluto y atrabiliario, represión de las libertades públicas y atropello de la autonomía de la Universidad de Zagreb, foco de la intelectualidad nacionalista.

La juventud universitaria croata viendo atropellados los derechos fundamentales de su alma mater, determinó emigrar hacia otros centros de estudios superiores como Praga y Viena, llevando consigo el fermento de una disconformidad irreversible para con el régimen gobernante.

Tal era de difícil la situación cuando el gobierno Austro-húngaro decidió la anexión de las históricas regiones croatas de Bosnia y Herzegovina (octubre de 1908). Una acción semejante que debía haber sido recibida con alborozo por la nación croata por cuanto significaba la liberación definitiva de aquellas seculares tierras cristiano-occidentales irredentas, que hasta 1878 habían estado bajo el vasallaje turco, se vio ensombrecida por la decisión imperial de mantener esos territorios como un condominio Austro-Húngaro, en vez de incorporarlos —como correspondía por derecho histórico— a Croacia. Así, innecesariamente se agravió, y en forma profunda, el sentimiento nacional croata, además de molestarse de paso al Reino de Serbia que también tenía aspiraciones sobre aquellas viejas tierras ubicadas en el centro de los Balcanes.

Para rematar tanto dislate se fraguó el discutido y fraudulento proceso en contra de algunos personeros de la oposición croata-serbia, bajo la acusación de haberse puesto en convivencia con el gobierno extranjero de Belgrado y contra los intereses del imperio. Fue el tristemente famoso proceso de Agram (denominación austríaca para Zagreb), que lejos de conseguir sus objetivos, logró en cambio concitar el repudio internacional y contribuyó a consolidar la unión de los croatas de la diáspora migratoria, en torno al ideario que inequívocamente se orientaba al yugoslavismo.

En vano algunos escasos estadistas y políticos en Viena, entre los cuales habría estado el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono, aconsejarían moderación al gobierno dual, a fin de no extremar la tensión en Croacia, que de anti-húngara se iba convirtiendo en anti-austriaca y anti-imperial. Para los moderados, la única opción que quizás restaba, en el contexto de la conservación del imperio, era el reconocimiento de un estatus de igualdad a los eslavos, con respecto a los austriacos y húngaros, y la reorganización de sus naciones integrantes en una gran federación.

Cabe imaginar cómo se fueron recibiendo en Punta Arenas una tras otra tan importantes informaciones, las que luego eran comentadas y debatidas con la característica vehemencia eslava en grupos y reuniones. Ha de suponerse también que durante tal proceso, la reflexión y el convencimiento habrían de ir imponiendo paulatinamente una visible orientación hacia la tesis yugoslavista, en desmedro de la otrora fuerte opinión croatista. Sería un cambio lento pero finalmente irreversible.

Así las cosas, a fines de 1908 arribaba a Punta Arenas, como inmigrante, el médico Mateo Bencur, eslovaco de nacimiento pero con larga práctica profesional y residencia en la isla dálmata de Brač, donde había contraído matrimonio con Petronila Didolić, hija de una respetable familia de Selca. Bencur era un hombre de inteligencia superior y vasta cultura, que pronto habría de destacarse y hacerse respetar en el seno de las entidades croatas por su gran calidad humana y por su prudencia. Como pensador, Bencur era un convencido yugoslavista; sus ideas lo situaban entonces en el ideario político de Strossmayer. Su saber y la claridad conceptual que poseía harían del mismo un factor indudable de moderación y armonía, de manifiesta influencia sobre el núcleo intelectual croata de Magallanes y sobre la masa común de los inmigrantes.

Apropiada expresión del sentimiento que entonces y a raíz de tantos acontecimientos debía conmover a buena parte de la inmigración, hubo de tenerse en la proclama distribuida en Punta Arenas el 23 de octubre de 1909 y dirigida a los croatas de Magallanes, a propósito del mentado proceso de Zagreb, y de cuyo texto viene al caso transcribir algunos párrafos expresivos:

“Hermanos,

A nosotros los eslavos de la monarquía de los Habsburgos, a pesar de ser desde antaño sus más fuertes pilares, se nos vislumbra un trágico porvenir, debido a la prepotencia de tedescos y magiares (austriacos y húngaros), que tratan de destruirnos.

El trireino de Croacia, Eslavonia y Dalmacia, y luego las recientemente anexadas provincias de Bosnia y Herzegovina, existen para nosotros sola-mente en el papel. Estos, antes libres restos de nuestra gloriosa y antigua patria, se han convertido realmente en lugares intencionales de procesos políticos.

En la capital de Croacia, la culta Zagreb, acaba de terminar en estos últimos días, un odioso proceso en el que fueron condenados muchos de nuestros dignos hermanos serbios, verdaderos mártires y defensores de nuestro nombre eslavo y de la libertad nacional.

¿Y por qué todo esto?

Desde algún tiempo, serbios y croatas se dan cuenta que son unos mismos y un solo pueblo con dos nombres, y que interrumpiendo su lucha fratricida, se tendieron cordialmente las manos de la reconciliación, para obrar juntamente en el campo de la cultura y la economía nacional, y para que a nuestro pueblo amanezcan días mejores.

Esta sincera y fraternal unión, llegó a alarmar a austriacos y húngaros, y como trataran de la ocupación de Bosnia y Herzegovina, comenzaron a obrar violentamente para reducirlos por la fuerza, ya que no podían hacerlo benignamente.

(…) Desde este suelo libre de nuestra segunda patria, desde la gloriosa República de Chile, en la que gozamos de libertad y de la hospitalidad de sus hijos, desde esta tierra regada por la sangre de sus mártires, triunfantes de la tiranía, demostraremos que somas hijos dignos de nuestros inmortales antepasados, y protestemos contra este moderno vandalismo del siglo XX”.

Suscribían este encendido documento, entre otros Juan Sekul, Mateo Bencur, Pedro Hrdalo, Jerónimo Martinić, Andrés Juričić, Vladimir Perović, Pedro Gašić, Simón Juan Paravić, Agustín Denegri y Jorge Jordan.

La proclama tenía por objeto convocar a los croatas magallánicos a una asamblea para debatir la situación. La misma se efectuó al día siguiente, con una concurrencia masiva de inmigrantes, nunca antes registrada en acto social croata alguno, a los cuales se dirigieron Juan Sekul, Vladimir Perović y Jorge Jordan para explicar las motivaciones de la reunión, cargadas de sentimiento patriótico.

La asamblea culminó aprobándose por aclamación un voto público del siguiente tenor:

1ro. Los croatas residentes en Punta Arenas, Chile, reunidos hoy en gran asamblea pública, protestan solemnemente en contra de la injusta sentencia y de los procedimientos en el así llamado proceso por supuesta alta traición, en Zagreb, y saludan cordialmente a los injustamente condenados hermanos serbios.

2do. Convencidos que croatas y serbios son un mismo pueblo, y que solamente en su acción conjunta reside la salvación de nuestro pueblo, concuerdan con ella y aprueban la obra de la Coalición Croata-Serbia, deseando que cuanto antes le sea posible eliminar de Croacia a sus sanguinarios enemigos internos y externos.

Este voto de acuerdo fue divulgado hacia el exterior a través de la agencia de noticias Havas y remitido especialmente al combativo periódico Materiniska Riječ, de Rosario.

No obstante el fervor patriótico que estos actos y sucesos consiguieron despertar entre muchos croatas residentes, la moderación proseguía siendo la norma reguladora en la convivencia cotidiana de los inmigrantes, aunque sus sentimientos respecto de la materia de que se trata fueran encontrados. Inclusive, unos y otros concurrieron a recibir y festejar a personalidades austriacas que visitaron Punta Arenas hacia 1910. Tal conducta por parte de los croatas imbuidos del patriotismo era posible, por cuanto si de una parte afirmaban con decisión la personalidad y derechos de la patria lejana, y consecuentemente protestaban por la tiranía húngara, tolerada por Viena; por otra se reconocían como súbditos respetuosos de la doble monarquía.

Este espíritu de moderación y conciliación también había inspirado la redenominación del antiguo periódico “Domovina” (que había sido dirigido por Kačić, de postura francamente radical) a Novo Doba (Nueva Epoca), ahora bajo la dirección de Juan Trutanić, su nuevo propietario (1910). En el nuevo plan editorial este vocero había partido llamando a la unificación de las sociedades mutuales, bajo la sola denominación eslava.

A esta campaña vino a sumarse después una recomendación semejante por parte del periódico Progonjena Materinska Riječ, de Rosario, órgano que inclusive patrocinaba la integración bajo el nombre Hrvatsko-Slavensko Pripomoćno Društvo (Sociedad de Beneficencia Croata-Eslava). Pero la unificación no llegaría a producirse atendidas las opuestas posiciones ideológicas de los dirigentes.

Por aquel tiempo el objetivo central del croatismo moderado, esto es la solución del problema nacional croata en el contexto del imperio de los Habsburgo, seguía contando con el apoyo de la intelectualidad croata residente. Lo prueba el extenso artículo “Austria-Hungría y el Federalismo” firmado por Lucas Bonačić-Dorić y publicado por “Domovina” en su edición del 18 de setiembre de 1910. En él su autor propugnaba al indicado sistema de gobierno interior y organización estatal, como el único posible para armonizar las contradicciones nacionales en el interior del imperio y, de tal manera, para salvar su unidad.

Así se daban las cosas, cuando un nuevo cambio en “Novo Doba” (1911) llevó a la dirección a Bonačić-Dorić, quien para entonces ya insinuaba una postura filoyugoslavista, quien hubo de contar con la colaboración de Miroslav Tartaglia, figura notable del núcleo radicalizante. Bajo la nueva dirección el periódico punta arenense sostuvo un amistoso debate con el periódico rosarino Zajednica, que había pasado a reemplazar al agresivo “Materinska Riječ”, en el contexto de la moderación que parecía inspirar al croatismo militante.

Esta circunstancia condujo a la dirigencia de las instituciones croatas entonces existentes, a convocar a una reunión amplia, a realizarse el 12 de julio de 1911, para el efecto de considerar la fundación de un nuevo periódico que interpretara a cabalidad los sentimientos y aspiraciones de los inmigrantes radicados en Magallanes, pero que al propio tiempo fuese un vocero del croatismo en América del Sur. El doctor Bencur al dirigirse a los concurrentes a la asamblea tuvo conceptos que entendemos no sólo reflejaban su propio pensamiento, sino el de la generalidad de la intelectualidad croata.

El vocero que se quería fundar, señaló con claridad el ilustrado médico, estaría al servicio de nuestro espíritu nacional croata y podría convertirse en órgano no solamente de la colonia croata de Punta Arenas sino de toda nuestra emigración en la América del Sur. Punta Arenas se convertiría así en centro del despertar nacional, en momentos cuando ha dejado de salir “Materinska Riječ” que tan bien nos representara, y en momentos que nos imponemos de la desconfianza que se despierta alrededor de “Zajednica”, en Rosario de Santa Fe. No solamente que representaría nuestros intereses sino que congregaría a su rededor a todos nuestros hermanos eslavos, especialmente a los eslavos del sur, y en primer lugar a los serbios con los que aspiramos por la unificación.

Luego, precisando sus sentimientos e ideas, añadió:

“El periódico defendería los mismos derechos por los que está aspirando nuestra patria y que por derecho natural le corresponde y que tiene que conquistar de sus opresores. Croacia es un reino autónomo con gobierno y parlamento propios; pero, señores, ella no es tan independiente como lo son Serbia y Rumanía, sino que forma parte del imperio austro-húngaro. Por eso tenemos que estimar a nuestro rey como a nuestro legítimo soberano por ser a la vez Rey de Croacia. Tenemos que estimarlo porque no podemos abstraernos a esta obligación. Esto no nos perjudica y no impide que defendemos nuestros legítimos derechos y los de nuestra patria. El periódico tendría que estar por encima de todos nuestros conflictos. Como la existencia de los periódicos no nos reporta más que desunión, y como esto ya lo estamos experimentando, el proyecto evitaría este mal. Estas son nuestras ideas respecto al proyecto que tenemos que debatir y resolver.”

Puesta en consideración la moción y como hubo quienes estimaran que su filosofía implicaría una adhesión irrestricta hacia Austria, controvirtieron tal aspecto, recordando antiguos agravios de los Habsburgo hacia la nación croata, todo ello aunque concordaban los impugnadores con la idea general.

Jorge Jordan, otro de los portavoces indiscutidos del nacionalismo, defendió a su turno la postura de Bencur, expresando que sus palabras debían entenderse como las propias de un hombre de insospechables ideas liberales, que exponía que era nuestro deber estimar a nuestro rey, sin que esto sirviera de motivo para renunciar a nuestros derechos. Agregaba que nosotros no podríamos llegar a la independencia por la revolución porque las utopías eran utopías. Solamente constitucionalmente se podría conquistar nuestros derechos y la libertad.

“Tenemos que buscar nuestra unificación y de las tierras croatas, dentro de la monarquía austro-húngara, cuyos derechos nos pertenecen y defiendan las leyes. Es imposible concebir nuestra libertad por otros métodos. Este nuestro periódico tendría que estar dirigido a todo lo que no sea justo y ser dirigido contra el gobierno y sus órganos. Así tendrían que ser interpretadas las palabras del doctor Mateo Bencur”.

Aclarando finalmente sus conceptos, el médico filántropo precisaría aún más:

“Dije que tendríamos que respetar a nuestro soberano como a nuestro rey croata. A esto nos obliga el deber y la moral, pero esto no es un impedimento para que no aspiremos a la liberación y unificación de nuestras tierras y de ser fieles a nuestros derechos y que los mismos se nos otorguen y respeten. Muchos no han entendido ni comprendido mis palabras. Nuestro periódico escribiría contra todo aquello que significara injusticia y contra los gobiernos que intentaran en contra de nuestros derechos. Esto sería una parte del programa de nuestro periódico.

Si nuestros gobiernos son malos, en primer lugar sobre nosotros mismos recae la culpa. Nosotros somos los que elegimos a nuestros representantes cuya mayoría formaría gobiernos. No es nuestro rey el que forma los gobiernos sino la mayoría parlamentaria. El rey tiene tanta influencia en la formación de los gobiernos como la podría tener el Presidente de la República de Chile sobre el Congreso. Siempre estuve en oposición a los gobiernos y las ilegalidades y no he sido influenciado de ninguna parte. Les puedo declarar que por haber sido opuesto a los gobiernos me he inclinado a venir a América”.

La iniciativa de los dirigentes de las instituciones croatas fue finalmente aprobada por la mayoría de los reunidos. De tal modo “Novo Doba” cesó en su publicación con el término de aquel mes de julio. Pronto fue reemplazado por un renacido “Domovina”, cuyo tono estuvo acorde con la moderación ambiente.

Quienes postulaban una posición más extrema, disconformes a su vez con la línea de “Novo Doba”, a la que tenían por semejante a la de “Zajednica”, determinaron crear a su turno otro periódico que fuera el reflejo de sus ideas radicales. Este fue Dom, que fundado y dirigido por Pedro Gašić, apareció por ese tiempo atribuyéndose la condición de portavoz de una rara Hrvatska Pučka Narodna Omladina u Magallanes (Juventud Nacional Popular Croata en Magallanes), nacido, así lo afirmaba, para combatir las tendencias pro austriacas en Sudamérica (léase “Zajednica”). Su vida periodística con todo habría de ser efímera, pues dejó de publicarse en 1912.

LA TRANSICIÓN: DEL CROATISMO AL YUGOSLAVISMO

La actividad societaria en el interior de la inmigración croata en Punta Arenas en tanto, mostraba por aquellos años iniciales de la década de 1910 un renovado dinamismo.

De tal modo, en abril de 1911 había revivido la Hrvatska Čitaonica, por iniciativa del incansable Andrés Juričić, antiguo animador intelectual y cultural. Al año siguiente, el 27 de setiembre surgía el Hrvatski Športski Klub “Sokol”, inspirado en los objetivos deportivos, espirituales y principios del movimiento Sokol, común a los pueblos eslavos occidentales. De allí su pronta afiliación al Hrvatski Sokolski Savez (Unión del Sokol Croata) de Zagreb. En contemporaneidad con esa iniciativa tan loable como necesaria para la juventud croata, se registró un nuevo intento por dar vida al Dom, esta vez con el nombre de “Hrvatski Dom” (Hogar Croata), como entidad superior aglutinadora de las instituciones nacidas de la fecundidad societaria de la inmigración local, pero que tampoco entonces llegó a prosperar. Recién año y medio más tarde, el 13 de marzo de 1915, la voluntad común daría vigencia al sostenido anhelo del Hogar Croata. teniendo a Jorge Jordan como presidente fundador.

Así las cosas, la tensión que existía entre el estado balcánico cristiano serbio y montenegrino y el decadente imperio otomano, desembocó en un conflicto armado en noviembre de 1912, denominado como “guerras balcánicas”. La guerra consiguió despertar un vivo espíritu de solidaridad sud eslava en favor de los reinos de Serbia y Montenegro entre los croatas dispersos por el mundo.

Este sentimiento fraternal se expresó de partida en el ánimo de colaboración con la Cruz Roja Serbio-Montenegrina, con el propósito de contribuir a su humanitaria misión en el teatro de la guerra. Pero especialmente el conflicto sirvió para reavivar el adormilado vigor del croatismo local magallánico, pues dándose por descontado –como en efecto ocurrió– una victoria cristiana sobre los turcos, se esperaba la emergencia de una Serbia fortalecida y prestigiada, que tanto pudiese asumir el movimiento de la esperada unificación yugoslava, cuanto contribuir a consolidar la situación de los eslavos del sur y el cambio de faz de los eslavos del imperio de los Habsburgo, según lo había manifestado Mateo Bencur en reunión de las entidades croatas realizada por aquellos días.

Pero la obstinación ciega del hegemonismo húngaro en Croacia, con la tolerancia del gobierno de Viena, proseguía por entonces con su política de presión, sin advertir que el tiempo para enmendarla se reducía angustiosamente.

Sin embargo, en Magallanes, todavía hasta los patriotas radicales parecían esperar el milagro a través de la desfalleciente idea federalista.

En una conferencia pública pronunciada el 5 de abril de 1914 por inquieto intelectual que era Lucas Bonačić-Dorić, bajo el título de “La Cuestión Austro-Húngara”, expresaría un sentimiento que todavía era general.

“La monarquía Austro-Húngara, había afirmado, no es una nación de población compacta, sino un núcleo heterogéneo y centrífugo de muchas razas yuxtapuestas, cuyas tendencias de oposición han sido puestas bajo un sistema centralizador e imperialista, que no corresponde ni satisface sus principios nacionales. Por lo mismo Austria-Hungría está condenada a ser única y exclusivamente una confederación. El federalismo aseguraría todas las aspiraciones, satisfacerla todos los derechos y contribuiría a la solución de todas los problemas de la cuestión austro-húngara.

En el federalismo hallaría también solución la cuestión croata, que tan hondamente perturba el funcionamiento regular del sistema reinante. Para los croatas, les sería indiferente que dentro del cuadro de la monarquía de los Habsburgos, se hallen dentro del trialismo o del federalismo; lo esencial es que lleguen hasta la unificación de la Patria Croata. El federalismo satisface todos los deseos y asegura eficazmente todos los derechos.

La política anti-eslava que hoy caracteriza el sistema del dualismo, cesaría como por encanto en el federalismo, en su política interior y exterior, porque habría desaparecido también su causa inmediata, es decir la preponderancia y la hegemonía de dos razas. Austria-Hungría dejaría de ser una nación avasalladora e imperialista, porque para ello hay que poseer la unidad de la conciencia nacional. Lo que es hoy posible en Alemania, es imposible en la monarquía habsburguesa.

El federalismo debería por consiguiente ser saludado como una combinación feliz y principio de grandes resultados, y que traería la pacificación y correspondería plenamente a las tendencias históricas y la democracia. Se habría resuelto un gran problema, el problema político y social de la Europa Central, haciéndose honor y justicia a la justicia”.

No obstante lo aseverado, Bonačić-Dorić advertía que al fin el federalismo sería una etapa, importantísima de suyo, mas no la meta. Por ello, creía indispensable precisar que, si se llegara en la Monarquía hasta la expresión completa de un federalismo, éste seria solamente un período de transición, en la ley de la evolución y la cristalización de las sociedades y de los pueblos. El principio democrático impone que la idea nacional alcance su mayor desarrollo, mientras que el proceso natural de las cosas vaya alcanzando la meta del perfeccionamiento humano.

“Austria-Hungría tarde o temprano está condenada a la desaparición. Esa tendencia que lleva a los pueblos hacia su unidad nacional con sus respectivas agrupaciones étnicas; elementos a que los liga el parentesco de la raza, tiene que ir cumpliéndose como ley universal que gobierna el mundo, mientras haya organización social basada en el Estado.

Esto no es solamente una aspiración política; es una inclinación de la naturaleza, en oposición al principio de conquista y predominio. Y así, por inclinación de esta ley, los diversos grupos de la monarquía se unirán a los suyos. Los croatas, correspondiendo al llamado de esta ley, celebrarán su unidad nacional con los serbios, como celebran hoy su comunión del espíritu y la cultura, para formar la agrupación eslava meridional y los anhelos del renacimiento del abismo, y así veríamos resucitada la Yugoslavia que un siglo fuera la esperanza más viva de los ilirios. Este proceso se produce en los Balcanes, después de siglos de cautiverio”.

Pero los disparos homicidas de Sarajevo aventarían para siempre toda esperanza de reacción en Viena y Budapest, y conducirían, a muy poco andar, al croatismo magallánico, como a toda la inmigración croata, hacia un abierto yugoslavismo.

Si la serie de acontecimientos que siguieron al atentado y que originarían la Gran Guerra, conmoverían a Europa y a la humanidad entera, cuanto más debieron influir en el sentimiento de la diáspora croata.

Hubo de ser aquel aciago período un tiempo de definiciones, pues el estallido del conflicto entre austriacos y serbios hubo de obligar a tomar partido por uno de los dos bandos, y en general a expresar simpatías por los imperios centrales o por la Entente. La abrumadora mayoría de los croatas desperdigados por el mundo, tanto en Magallanes, como en otras partes, hubo de ver entonces —desde su propia óptica— a la guerra que se iniciaba como un enfrentamiento entre el legitimismo austro-húngaro y el nacionalismo entre los pueblos eslavos.

Pero la definición en el caso de los croatas magallánicos no fue por cierto inmediata, ya que entre el 28 de junio de 1914, fecha del atentado que costara la vida al heredero del trono imperial de Austria-Hungría, y la proclamación pública de su adhesión a la causa serbia, debió mediar un lapso de indecisión a modo de espera sobre el desarrollo de los acontecimientos europeos.

Tienen explicación de esa manera las palabras de Bencur, presidente del Hrvatski Dom y Hrvatski Savez, pronunciadas durante el curso de una importante reunión realizada el 27 de agosto de 1914, a la que concurrieron todos los dirigentes de las instituciones croatas, y que fuera convocada por la Sociedad Croata de Beneficencia para considerar la creación de un comité de apoyo humanitario a los combatientes serbios y montenegrinos.

El prudente Bencur aconsejó entonces moderación, en espera del curso de los sucesos en el Viejo Mundo, recordando que por Austria-Hungría habrían de luchar obligadamente muchos croatas, a los que por cierto no podía considerárselos como enemigos. Pero sus palabras fueron entonces replicadas con vehemencia por Miroslav Tartaglia, quien de esa manera interpretó a la mayoría de los concurrentes. En verdad no había de resultar fácil en aquellos días moderar el entusiasmo de cuantos propugnaban la fraternidad sud eslava y que con su verbo inflamado lograban tocar la fibra más recóndita del corazón croata.

Así nació el Odbor Srpskog-Crnogorskog Crvenog Križa i Siročadi u Domovini (Comité de la Cruz Roja Serbio-Montenegrina y Huérfanos de la Patria), primera organización surgida del seno de la inmigración croata de Punta Arenas, con carácter de fruto inicial del yugoslavismo militante.

Es necesario consignar también que el bando legitimista, agrupado en la Sociedad Austriaca, había adoptado con anticipación (6 de agosto de 1914) la determinación de abrir una suscripción voluntaria entre los asociados, en favor de la Cruz Roja Austro-Húngara. Fue entonces manifiesta la separación de las simpatías hacia los beligerantes entre hermanos de la misma nación croata. Con ello sólo pudo ahondarse la divergencia, ya irreconciliable, entre los bandos croatas de Magallanes. Sin embargo, a la larga, tal actitud habría de ocasionar el retiro voluntario, o incluso la expulsión de algunos socios, por razón de su íntima disconformidad con el estado de cosas internas en dicha entidad mutual.

Asi mismo, las mujeres de la colectiviadad se organizaron el 27 de diciembre de 1914 para formar un comité femenino al que denominaron Gospojinsko Društvo “Hrvatska žena” (Sociedad de Damas “La Mujer Croata”), que tenía como mayor propósito la preservación del idioma croata entre los miembros de la colectividad y los hijos de los inmigrantes. Durante la Primera Guerra Mundial esta sociedad tuvo una gran participación, pues cooperó enormemente con la causa de la independencia del pueblo croata, y envió ayuda a las mujeres que se encontraban en la Patria.

LA ECLOSIÓN DEL YUGOSLAVISMO

Las semanas que siguieron fueron de expectación para todos, pues se aguardaba conocer la actitud de los dirigentes nacionales en Croacia y Dalmacia, y la orientación que por consecuencia habría de darse al movimiento eslavista. Así se supo de la emigración de los respetados líderes Frano Supilo, Ante Trumbić y otros más, y sobre su actuación ulterior referida a la concertación de un planteamiento político común para toda la emigración sud eslava repartida por el mundo, especialmente para los croatas. Tal planteamiento resumía el propósito fundamental de conseguir la separación de las tierras y pueblos de origen croata, y su integración en un nuevo estado conjuntamente con serbios, montenegrinos y eslovenos. Para luchar por tal trascendente objetivo se organizó en Paris el Comité Yugoslavo, en el que se incorporaron los máximos dirigentes del nacionalismo croata y representantes de la minoría serbia que habitaba en Croacia. Su primera actividad, por consecuencia, hubo de ser la de propaganda en los centros de principal nucleamiento de la diáspora migratoria, Estados Unidos y América del Sur.

El año 1915 fue, como cabía esperarlo, un período de intensa propaganda yugoslavista entre los inmigrantes de Punta Arenas, los que, si falta hacía, recibían una fuerte influencia de los grupos de Antofagasta y Valparaíso. Sus principales portavoces, Miroslav Tartaglia, Slavko Brnčić y Pedro Gašić realizaban una intensa y constante labor de difusión y convencimiento mediante charlas y conferencias. El incansable Gašić había fundado mucho tiempo antes la Jugoslavenska Škola (Escuela Yugoslava), en cuya denominación ha de verse una muestra más de su inquebrantable posición unionista eslava.

A fines de ese año, los yugoslavistas más fervorosos (Jordan, Bonačić-Dorić, Antonio Jovanović y Pedro Marangunić, entre otros) consiguieron la creación del Comité “Dalmacia” de la Defensa Nacional Yugoslava (Jugoslavenska Narodna Odbrana Ogranak “Dalmacija”). Una de sus primeras actividades fue la de nominar a los delegados al Congreso Yugoslavo de Sudamérica, convocado por la dirigencia croata de Antofagasta, y que habría de realizarse en el próximo enero de 1916. Fueron elegidos para llevar la representación de Magallanes, Jorge Jordan, presidente provisional del Comité, y el periodista Lucas Bonačić-Dorić.

El Congreso de Antofagasta (21-24 de enero de 1916), como cabía esperarlo habría de tener una influencia decisiva en la evolución del movimiento yugoslavista sudamericano y mundial, al concitar la adhesión de la mayoría de la inmigración a la idea de la unidad yugoslava en la post-guerra. Bajo la inspiración de sus acuerdos se fortaleció la actividad de propaganda patriótica y apoyo solidario del Comité “Dalmacia”, que a contar de mayo pasó a ser presidido por el respetado Mateo Bencur. La labor de difusión entre otros núcleos de inmigrantes desperdigados en el territorio austral, significó a poco andar la creación de filiales o sub-comités en Puerto Santa Cruz y San Julián (Patagonia argentina) y en Porvenir (Tierra del Fuego). Otra consecuencia de esta renovada actividad fue la transformación, una vez más, del periódico “Domovina”, en vocero oficial del Comité “Dalmacia”, ahora bajo la denominación de Jugoslavenska Domovina (La Patria Yugoslava).

Los legitimistas entre tanto daban localmente el deplorable espectáculo, para los nacionalistas, de colaborar con el enemigo austriaco germano. De ese modo se les veía contribuir con erogaciones para la Cruz Roja Austro-Alemana, o participar en kermesses y bazares para reunir fondos destinados a la misma; o suscribirse sus organizaciones (Sociedad y Centro austriacos) a periódicos comprometidos con la causa de los imperios centrales. Así era natural que se produjeran, como en verdad ocurrió, continuas deserciones en sus filas; y que la odiosidad entre los bandos condujera a un suceso lamentable, como fuera el atentado en contra de Juan Lica, que le produjera la muerte (1917), y que se atribuyó a elementos exaltados del legitimismo.

Cuando concluía aquel año de 1916, el Comité “Dalmacia” de la Defensa Nacional Yugoslava convocó a una reunión general que tuvo ocurrencia el 30 de diciembre, con el exclusivo objeto de protestar por la coronación de Carlos de Habsburgo, sucesor de Francisco José, como rey húngaro y croata, acto que precisamente sucedía en la misma fecha en Budapest.

En el discurso más importante de la asamblea, a cargo de Bencur, éste hizo énfasis en que los soberanos de Croacia sólo podían ser reyes pertenecientes a la dinastía nacional Karađorđević, coronados en Zagreb. Como conclusión de la reunión contestataria, la asamblea acordó desconocer al monarca Habsburgo y proclamó su fidelidad a Pedro Karađorđević, soberano de Serbia, a quien se tenía por futuro rey de todos los eslavos del sur.

Transcurrieron los meses y entre tanto la situación parecía irse desmejorando en general para los beligerantes imperios alemán y austro-húngaro, no obstante el derrumbe del frente ruso a comienzos de 1917. En tales circunstancias y cuando el mundo conoció las razones por las cuales Estados Unidos había decidido entrar a la guerra por el lado de los países de la Entente, una de las cuales estaba en el reconocimiento a las autodeterminaciones nacionales una vez que llegara la paz, los diputados croatas, eslovenos y serbios que representaban a sus respectivas regiones en el Parlamento de Viena, reclamaron del gobierno imperial la constitución de un estado que agrupara las nacionalidades eslavas meridionales, aunque comprendido en los términos políticos del imperio habsburgués (Declaración de Mayo).

Semejante aspiración, una vez que se hizo pública, sirvió para vencer la resistencia de Serbia a la idea yugoslava y la llevó a dar su reconocimiento al Comité Yugoslavo, establecido en Londres. Realizadas las negociaciones de rigor y establecidas las concordancias políticas, Ante Trumbić, por el Comité, y Nikola Pašić, primer ministro de Serbia, suscribieron el 2 de julio de 1917 la denominada “Declaración de Corfú”, por la isla griega donde tuvo lugar el encuentro de ambos líderes, que habría de sentar la base político-juridica sobre la que se fundamentaria el futuro estado nacional de los Serbios, Croatas y Eslovenos.

Antes todavía de dicho acontecimiento, pero ya en el espíritu que materializaría el acuerdo Trumbić-Pašić, las federaciones sokolistas de América del Norte y Sudamérica habían conseguido de la abrumadora mayoría de sus entidades integrantes, la suscripción de sendas declaraciones de apoyo en favor de la liberación de los pueblos eslavos del Sur y su ulterior unificación en un estado nacional soberano. La declaración correspondiente a Sudamérica, fue firmada simultáneamente por los Sokoles croatas de Punta Arenas y Antofagasta el día 5 de julio.

Al calor del entusiasmo que despertaría el propósito de la unión de los pueblos eslavos del sur, comenzó a producirse la franca definición por parte de los nacionalistas croatas de Magallanes en favor del yugoslavismo, y la vigorización de este movimiento. De ese modo, el 21 de Septiembre de 1917 la Gospojinsko Društvo “Hrvatska žena” (Sociedad de Damas “La Mujer Croata”), habría de transformarse en el Odbor Jugoslavenske Narodne Odbrane “Katarina Zrinski” (Comité de la Defensa Nacional Yugoslava “Catalina Zrinski”).

Eran ésas, jornadas de triunfo para el yugoslavismo, que los croatas de la diaspora habían convertido en su razón suprema de lucha para la concreción de las más acariciadas ideas de renacimiento nacional.

Los acontecimientos que siguieron durante el resto del año 1917 y en 1918 son por demás conocidos: el derrumbe estrepitoso del imperio austro-húngaro, más que las insuperables contradicciones internas que por la fuerza de las armas aliadas, circunstancia histórica que, en lo que concernía a los eslavos del Sur, condujo el 29 de septiembre de 1918 a la proclamación en Zagreb (la capital croata), del Estado Yugoslavo, cuyo Consejo Nacional de Gobierno acordaría dos meses después la unión con Serbia, proclamándose oficialmente el día 19 de diciembre la institución del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos.

CONSECUENCIAS REGIONALES

Teniendo en consideración el objeto de este estudio, no corresponde hacer referencia a las circunstancias en que se produjo históricamente la integración de los pueblos eslavos del sur y sus consecuencias hasta nuestros días. Si, en cambio, procede exponer y analizar, siquiera de modo somero, las consecuencias que regionalmente derivarían de la unión eslava meridional.

Desde luego, en lo humano, y salvo situaciones personales de carácter excepcional en que la malquerencia persistiría, las manos hermanas se tendieron generosas para la reconciliación, con pronto olvido de antiguas diferencias. Únicamente se mantendría hasta el presente la separación de las instituciones mutuales, por razón de porfiada independencia en el caso de la Sociedad Dálmata, denominación que adoptó la antigua austriaca en 1919.

Pero, cosa singular, la aceptación ardorosa que de la idea yugoslavista se hiciera por parte de los inmigrantes croatas de Magallanes, condujo después de 1918 a una adhesión ciega al nuevo gentilicio nacional, como referencia de procedencia, con abandono total de aquel del propio origen. De tal a apera, los inmigrantes de Magallanes pasaron a ser, para si y para los extraños, no más croatas o dálmatas, sino simple y exclusivamente “yugoslavos”. Se ha dado de ese modo un caso rarísimo, pues en la propia Dalmacia de la que eran originarios prácticamente la totalidad de los inmigrantes arribados al Sur de Chile, la población desde 1918 hasta el presente ha seguido sintiéndose e identificándose como croata.

Procurando encontrar una explicación para tan extraña metamorfosis, que hubo de conllevar una renuncia a su identidad nacional (croata) difícil de entender, sólo atinamos a conjeturar que ello pudo arrancar del sentido peyorativo con que los inmigrantes tomaron la denominación “austriacos”, con que por muchos años se les identificara.

En efecto, el rechazo que íntimamente expresaron los inmigrantes por tal calificación, que recién llegaron a conocer cuando se radicaron en América, pues en sus tierras natales eran sola y sencillamente dálmatas o croatas, aunque politicamente fueran súbditos de Austria, se expresó después públicamente. El adjetivo gentilicio “austríaco”, de tal manera, pudo ser tomado —y en el hecho ciertamente lo fue— como una identificación ofensiva y rebajante para su condición racial eslava. De allí que el triunfo del yugoslavismo y la consiguiente creación del estado nacional yugoslavo, les entregaron a los inmigrantes croatas la oportunidad feliz para sacudirse de una vez y para siempre aquel odioso y molesto calificativo. Y así pasaron a ser simplemente yugoslavos.

Pero más allá de la metamorfosis gentilicia, los antiguos fervientes nacionalistas croatas se fueron desentendiendo de las ingratas y conflictivas situaciones que se fueron dando en toda Croacia, una vez que Serbia, olvidando el compromiso histórico de Corfú, buscó imponer su hegemonía política sobre aquélla y otras naciones sud eslavas incluidas en el nuevo reino.

Esta prescindencia o indiferencia, explicable tal vez en el caso de los hijos chilenos, para quienes aquellos sucesos podían aparecer como extraños, podria entenderse en los viejos inmigrantes como consecuencia de la tenaz prédica porfiadamente yugoslavista que habrían de mantener entre las dos guerras mundiales hombres como Lucas Bonačić-Dorić, Mateo Domić y Pedro Marangunić, por señalar sólo a los principales voceros. Ellos, con tenacidad, a través de charlas, conferencias, artículos de prensa y en la fecunda vida societaria, acabaron por imponer la denominación yugoslava como identificatoria para el apreciable contingente originalmente croata radicado en el Sur de Chile.

VIda Cultural de los Croatas en Magallanes

El gusto tradicional croata por la música y el canto coral de las regiones de las que eran originarios, llevó a algunos inmigrantes como Petar Gašić y Andrija Juričić a constituir en 1904 la organización Hrvatsko Tamburasko Društvo ‘Tomislav’ (Estudiantina Croata ‘Tomislav’) con el loable afán de cultivar las artes musicales y satisfacer la necesidad sentimental de los croatas residentes, como la de dar a conocer a la comunidad una muestra permanente de su música nacional. El director de la estudiantina fue el profesor de música Ivan Lokmar. Cooperaron con Lokmar el periodista Miroslav Tartaglia y el profesor Gašić. Dentro del repertorio tradicional de la Estudiantina se recuerdan Lijepa naša domovino (Oh hermosa patria nuestra), Kolo (Ballet tradicional folklorico), Oj Junaci, Oj Hrvati (Oh heroes, oh Croatas), entre otros.

Casi simultáneamente fue organizado un grupo teatral denominado Hrvatsko Dramatsko Omladinsko Društvo – Ivan Gundulić (Centro Dramático Juvenil Croata Ivan Gundulić), primero y único en su género en todo Chile, y también un coro polifónico, el Hrvatski Pjevački Mješoviti Zbor (Coro Polifónico Croata) en 1915. Entre las obras presentadas más destacadas se recuerda a “Ivo Senjanin”, “La Moreška”, “Balkanska Carica”, entre otras. Las actuaciones de estos grupos artísticos representaban grandes sucesos, no solo entre los croatas residentes, sino también entre chilenos y extranjeros afincados en la ciudad.

Las organizaciones propiamente artísticas, Estudiantina ‘Tomislav’, Conjunto Coral Croata y Centro Dramático Juvenil, mantuvieron por años una actividad cultural regular, particularmente intensa en el primer lustro de los años 30 y que se extendió hasta la mitad del siglo. En el año 1930 el Conjunto Coral Croata cambió su nombre por el de Zbor Jadran (Coro del Adriático), a cargo del profesor Benjamín Dibasson.

El baile también fue importante entre los intereses de la numerosa colectividad austral. El año 1940 aparece el primer conjunto folklórico a cargo de la señorita Lenka Mirić. Numerosos conjuntos se fueron fundado con el correr del tiempo, destacando a los Conjuntos Folklóricos Dalmacia (adultos) y Marijan (niños), fundados por la señora Katica Fabijanac de Kukolj el año 1978 (fecha de la celebración del centenario de la inmigración croata en Magallanes). Cabe señalar la labor de las profesoras de danza Nevenka Pavlov y Olma Vukasović, fieles representantes del folklor croata en Magallanes.
La comunidad croata radicada en Tierra del Fuego hubo de dar vida a su tiempo, entrada la tercera década del siglo, a algunas instituciones culturales propias. Tal es el Jugoslavenski Dom (Hogar Yugoslavo, actualmente el Club Croata), creado en 1926, entidad que a su tiempo propició el surgimiento de la Dramatska Dieletanska Omladina (Cuadro Artístico Juvenil). El folklor croata también cautivó a los croatas de la isla, surgiendo así el Conjunto Folkórico “Jadransko More”, que fue fundado un tanto después que el cuadro juvenil artístico, en 1930. Este Conjunto fue refundado en los años 90 por la entusiasta profesora de música, señora Iris Kuvačić.

Imagen

Hrvatski tamburaški pomladak, año 1916

 

 

Imagen

Hrvatsko Dramatsko Društvo “Ivan Gundulić”, año 1920.

Imagen

Conjunto folklorico de la señora Katica Fabjanac de Kukolj, año 1978

Estudiantina Tomislav, Punta Arenas.

Estudiantina Tomislav, Punta Arenas, 1904

Conjunto Folklórico Croata, año 1940.

Conjunto Folklórico Croata, año 1940.

 

 

Croats in Australia

According to the census taken in 2006 there are 118,051 citizens in Australia who declare themselves of the Croatian descent, and who represent 0.56% of the total population of Australia. The Australian Department of Foreign Affairs believes that that there are about 150,000 Croats in Australia, whereas Croatian communities claim that there are 250,000 Croats. Croats began to settle in Australia in the mid -19th century.  During that period their arrival was mostly on an individual basis.

Tamburitza Orchestra in Southern Australia, 1910

Tamburitza Orchestra in Southern Australia, 1910

The first substantial group of Croat immigrants came to Australia between 1890s and 1918. These were mostly immigrants from Dalmatian islands and the Makarska Riviera, but many also came from Istria and settled in the areas of Western Australia, Queensland and Northern New South Wales. During that period there were between 4 000 and 5 000 Croats living in Australia. Most of them worked in the mines or in the sugar cane fields.
After World War II there was a significant number of Croat immigrants, and the figures show that between the 1922 and 1940s 10,000 Croats arrived in Australia. Those Croats mainly came from the Croatian coastal areas and some from the Medjimurje area.

gold4_HA_39897

Croats looking for gold

After World War II until 1948 many Croats began to settle in Australia. First came a small number of Croat refugees from Austria and Egypt.  After 1950 more than 20,000 Croatian refugees moved to Australia, after previously living with the refugee status in the refugee camps in Italy, Austria and Germany. Over the period stretching from the 1960s to 1973 most Croatian immigrants settled in Australia. This time period also marked the largest increase in Croatian immigration to Australia, whose total population, as of 1970 and onwards, exceeded over 150,000 Croat inhabitants. Croats are still coming to Australia, primarily for economic reasons.  Today, however, immigration of Croats in Australia has slowed down, and one can hardly talk about massive Croat immigration to Australia.

croatian-accordian-children
Most Croats in Australian live in large cities: Sydney, Melbourne, Perth, Adelaide, Canberra, Brisbane and Hobart. Today’s Croats in Australia originate from all parts of Croatia in contrast to first Croatia settlers who were mostly Dalmatians.

The Australian Golden Rush

Victoria and Croatia, two incredibly different areas of the world, separated by a profound distance geographically but historically, the two share a very special bond that goes back over 160 years. The discovery of gold in Australia’s garden state in 1850 was kept a secret until a year later when the revelation of that the ground was golden was eventually disclosed. During the ensuing decade, the population of Australia tripled. This population boom was due to a huge surge in immigration and one nationality in particular stood out.

As the gold rushed out, the Croats rushed in. First as part of the Habsburg Monarchy of Austria-Hungary then much later, as part of Yugoslavia, Croatian nationals originally weren’t recorded as their separate demonym but rather as members of those said nations. In the present day, a Croatian population exists in every state of Australia; however, the majority remain in Victoria with the second largest group residing in neighbouring New South Wales.  Since Croatia gained independence from Yugoslavia in the 1990s, embassies and consulates have been set up in major cities around Australia, from Perth in the west, to Sydney in the east.

Status of Croats in Australia
The overwhelming number of Croats in Australia are  Australian citizens having the same rights and obligations as other Australians. Voting at national elections is compulsory. Australia permits dual citizenship; therefore, Croatian immigrants with Croatian citizenship in Australia are also entitled to vote in the Croatian parliamentary and presidential elections as well.
As of August 25, 2009 Australia changed the procedure for issuing visas to Croatian citizens, abolishing the questionnaire on the military service, which had been until then a mandatory part of the application process for issuing the Australian visas to Croatia’s residents.

Croatian Associations and  Catholic Missions
Dozens of Croatian clubs and societies are active in Australia. Most of them are located amidst Croatian communities and are largely built by Croats. The best known Croat clubs are located in Sydney, Melbourne, Perth and Canberra. There are also several retirement homes built by different Croatian communities. The Catholic Church also plays a strong and important role among Australian Croats, particularly in the preservation of their religious and national identity, as well as their Croatian language and cultural heritage.

Croatian Classes and Programs in the Croatian Language
Australia was the first country in the world to recognize the Croatian language as a separate language. In  1975, the state run TV, SBS  began broadcasting programs in the Croatian language, and in 1989 the teaching of the Croatian language became an elective subject in secondary schools.
The Department of Croatian Studies was established in 1983 at the Macquarie University in Sydney. In 1998 it set up the Center for the Study of the Croatian Language. In February, 2008, the Macquarie University opened the Center for Croatian Studies as a joint project with the University of Split.

Publishing and Media
There are three weekly Croat newspapers in Australia: “Hrvatski vjesnik,” “Nova Hrvatska” and “Spremnost.”  These are privately owned newspapers that, in addition to the most relevant Australian news, also cover activities of the Croatian community and also report on the events from Croatia.
Along with the Australian government sponsored public radio station, the SBS, which has been broadcasting in the Croatian language ever since 1975, there are also several local radio stations  owned by the Australian Croats. One can mention “Hrvatski Radio Australija ” in Sydney and the “3ZZ” in Melbourne. The independent channel 31 airs once a week television programs for the Croatian community. All over the territory of Australia one can listen and watch satellite programs broadcast by the HRT, as well as international programs broadcast by the Croatian Radio.

Croatian Immigration To New Zealand

The Short Story

Imagen

The gum diggers

From the 1890s, in the wake of their countrymen seeking gold, Dalmatians banded together in the gumfields of the far north. Their new home – mānuka huts with sacking. Their work was to dig in mud: the prized kauri gum lay buried, often under waterlogged land. It was in demand for varnish and linoleum until the 1930s, when synthetics appeared. Thousands of Dalmatians came out to New Zealand, but after such hardship, many returned home.

Farmers, winemakers, fishermen

In time, the land offered a better life. Some diggers became farmers in the north. Others started vineyards, and today you’ll find their names on wine labels: Babich, Nobilo, Delegat. From early days netting mullet in Kaipara Harbour, fishing became a tradition too.

Later immigrants

Others came in the 1920s and 1930s, and over 3,000 arrived between the 1940s and 1970s. In the 1990s there was a larger wave of immigrants, fleeing the turmoil of the wars in the Balkans.

Racism

Prejudice and ignorance hounded the Dalmatians for many years. Harsh rules that favoured the British made it increasingly difficult for them to dig for gum. During the First World War they were mistakenly called ‘Austrians’ and treated as enemies. Their wine was scorned as ‘Dally-plonk’. But Māori accepted them, nick-naming them ‘tarara’ – fast talkers.

Culture

Group loyalty kept the gum diggers strong, and proud of their heritage. They even taught some Māori to play the stringed tamburica. As relatives came out to join them, communities in Northland and Auckland grew. It became easier to celebrate their customs: Catholic festivals, playing bowls, singing, and joining in a circle for the lively kolo dance.


HISTORY OF THE DALMATIANS IN NEW ZEALAND

The history of the Dalmatian people has brought changes to their name, and to their country.

In the 1880s when the first Dalmatians came to New Zealand, the Austro-Hungarian empire ruled Dalmatia, which is on the Adriatic coast of the Mediterranean. This is why they were often mistakenly called ‘Austrians’ in New Zealand.

After Austria-Hungary was defeated in the First World War, Dalmatia was incorporated into the new Kingdom of Serbs, Croats and Slovenes. In 1929 this was renamed Yugoslavia.

In the early 1990s, the wars in the Balkans tore Yugoslavia apart. Eventually Dalmatia became part of the new country of Croatia.

Immigrants from this part of Europe have been known not only as Dalmatians but also as Yugoslavs and Croatians.

Political beliefs

Many early immigrants to New Zealand hated the Austro-Hungarian empire, and when Dalmatia became part of Yugoslavia they proudly called themselves Yugoslavs. But those who arrived after the Second World War had lived in Yugoslavia and did not share this enthusiasm.

As the war atrocities in Yugoslavia mounted during the 1990s, factions developed in the Auckland community. For some, the sight of the Yugoslav flag became offensive. Others disliked the word ‘Croatian’ because Croatian fascists had supported Hitler in the Second World War.

But if they were not Yugoslavs or Croatians, what were they? The Auckland Yugoslav Society met to debate the issue. The term ‘Dalmatian’ was eventually reinstated, being the most neutral.

LEAVING DALMATIA

Imagen

Dalmatia is a province of the central Adriatic coast of Croatia. For centuries it was exploited by the city-state of Venice and the Austro-Hungarian empire. Opportunities for illiterate peasants, living on rocky islands and a ribbon of fertile coast, were limited to subsistence farming, grape-growing, quarrying, fishing and seafaring. In the 1880s a population increase put pressure on scarce land.

In 1892 Austria-Hungary signed a trade agreement with Italy that excluded Dalmatia. Around the same time the pest phylloxera arrived in Dalmatia, decimating vineyards. In search of better opportunities, men sailed for the far corners of the world. Many were also escaping the Austrian army’s conscription, introduced in 1881.

The first Dalmatians in New Zealand probably arrived via the Californian and Australian goldfields. By the early 1860s they were prospecting South Island diggings. In the 1880s some began pulling golden kauri gum from Northland’s gumfields. Wayfarers returning home described ‘Nova Zelanda’ as a land of good prospects.

Work and war: 1890 to 1930