Historia de la Inmigración Croata en Bolivia

LOS INMIGRANTES CROATAS EN BOLIVIA
IVO BORIĆ, Quilmes, Argentina
Fuente: Studia Croatica, Vol. 102, 1986
Es la primera vez que en las páginas de esta revista se presenta a la colectividad croata residente en Bolivia, que se mencionan los nombres de sus pioneros, y los nombres de aquellos que posteriormente siguieron su camino, dejando entre todos el testimonio de su presencia allí. Empero, antes de comenzar a relatar esta pequeña historia, cabe aclarar que en la misma solo figurarán algunos períodos de vida de la colectividad. El primero arranca desde mediados del siglo XIX, cuando, tal como se verá más adelante, aparecen en Potosí jóvenes venidos desde Croacia, atraídos por el “Cerro de Plata”. Siguiendo la trayectoria de la colectividad, con períodos de diferentes características, se desemboca en el año 1954, cuando el que escribe deja Bolivia. En consecuencia, en este trabajo se presenta el primer siglo cumplido de vida de la colectividad.

¿Cómo se obtuvieron los datos?

La idea de reunir informaciones necesarias para la reseña surgió de forma casual y espontánea. En efecto, a principios de 1951, el que escribe llegó a La Paz. Luego, por diferentes motivos, visitaba Oruro, Cochabamba, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y otros centros, donde le sorprendió la masiva presencia de compatriotas al frente de la industria minera, empresas de construcción, firmas comerciales, compañías de transporte automotriz, agencias de turismo, casas de cambios, grandes hoteles, cines y talleres.
Los primeros sondeos con fines señalados fueron iniciados en 1951, prosiguiendo con ciertos intervalos hasta 1954. Se Intentó arar hondo, pero surgieron obstáculos casi insalvables. No solo que no se encontraba con vida ninguno de los que llegaron antes de 1890 -lo cual no era de extrañar-, sino que tampoco figuraba el nombre de ninguno de ellos en registros de “Extranjería” de La Paz, Oruro ni Cochabamba. Era como para suponer que en aquel período las autoridades de dichas ciudades no se preocupaban demasiado de los pocos extranjeros que de tanto en tanto ingresaban en el país, para luego perderse en su inmenso territorio. Allí, como en otras partes, corrían los tiempos en que el extranjero podía ingresar libremente, trabajar y prosperar sin ser registrado, sin poseer documento alguno. Así se borraban los rostros de tantos, como si jamás hubiesen existido.Es posible que la dificultad de hallar rastros de aquellos hombres radique en que sus apellidos fueron deformados, mutilados, por personal registrante poco experto en apellidos no latinos. Además, no podría descartarse la probabilidad de que se los registraba con apellidos mutilados, y además con su nacionalidad cambiada, como, por ejemplo, “austriaco”, “austrohúngaro” o “eslavo”. En lo referente a los apellidos deformados o mutilados, existen pruebas de que eso ya había sucedido en otras partes. En efecto, en la Argentina no resulta difícil encontrar apellidos deformados, a saber: Zanichi o Zaniche, Toncovici, Marusi, Radiche o Raditsch. Siempre que no se intente investigar el significado y raíz de estos apellidos, los tres primeros podrían confundirse con apellidos italianos, y el cuarto, en sus dos diferentes mutilaciones, como italiano y alemán, respectivamente. Sin embargo, por su inconfundible e indiscutible significado y raíz se trata en los cuatro casos de los apellidos genuinamente croatas: Zanić, Tonković, Marušić y Radić.
Las letras “ić” con las que terminan poco menos que todos los apellidos croatas significan “hijo de”, o “descendiente de”. De acuerdo a esta regla, de rigurosa veracidad, Zanić significa hijo de Zane, Tonković, hijo de, o descendiente de Tonko, etc. Es el caso del apellido inglés “Johnson” (hijo de John), del español “Diéguez” (hijo de Diego), del italiano “Di marco” (hijo de Marco), del ruso “Pavlovitch” (hijo de Pablo), etc. Conclusión: a un siglo de distancia, más que difícil, resultó imposible rastrear el destino final de las personas con los apellidos deformados y de nacionalidad incierta.Ante la imposibilidad de obtener informaciones precisas respecto a los ingresados entre 1850 y 1870, en fuentes oficiales, se recurrió a una decena de residentes más antiguos, todos septuagenarios u octogenarios, llegados al país entre 1890 y 1914. También se recurrió a hijos y nietos de croatas, como asimismo a residentes ingresados inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial. He aquí sus respectivos nombres: Antonio Bojanić, Jorge Kuljiš, Ivica Kršul, Tomás Visković y el profesor Vladislavić, todos de La Paz; Jorge Baković, Jorge Papić, Juan Franulić, Marcos Marinčević y Juan Štambuk, de Oruro; Marcos Lazaneo y Pedro Restović, de Cochabamba; Mateo Kuljiš y Antonio Sapunar, de Santa Cruz de la Sierra. Lo que estos hombres recordaban y narraban, más ciertos testimonios y hechos todavía “vivientes” que recogió el autor en forma directa, está aquí. Si hubiere omisiones, como se comprenderá, fueron involuntarias, pues se rastreó en un pasado casi borrado.
¿Cuándo se inició la inmigración croata a Bolivia?
De acuerdo con las informaciones y los testimonios recogidos en forma descrita, la inmigración de croatas hacia Bolivia se inicia a mediados del siglo pasado (siglo XIX); es decir, varias décadas después que marinos del mismo origen, tripulantes de veleros de Ragusa (Dubrovnik), genoveses y españoles habían comenzado a “desertar” de aquellas naves al llegar a Buenos Aires y Montevideo, donde comenzaban una nueva vida. El ingreso de aquellos inmigrantes a Bolivia se producía simultáneamente con el ingreso de otros compatriotas a Chile y Perú. Sus metas eran las zonas mineras. Ello testimonia que ya entonces se tenía conocimiento en Croacia de la existencia de diversos minerales en Cerro de Pasco (Perú), de oro en Tipuani y en los arroyos situados entre La Paz y el Monte Illimani, de plata en Potosí, de cobre, oro y salitre en Antofogasta, y de plata y salitre en Tarapacá. (En estos dos casos, se trataba de territorios pertenecientes a Perú y Bolivia,  y anexados por Chile después de la guerra del Pacífico). Al promediar el año 1850, aparece en Potosí el primer grupo de inmigrantes croatas. Según relatos de informantes se trataba de Mateo Rendić, Juan Jakšić, Vicente Vučić y Mateo Dubravčić. Apenas hubieron llegado, los cuatro se dedicaron a cateos y extracción de mineral de plata. Durante los tres años siguientes se les fueron sumando nuevos pequeños grupos de compatriotas, todos resueltos a seguir los pasos de los primeros, “arañando” cerros. Muy poco pudo averiguarse respecto al resultado de sus esfuerzos, y respecto al tiempo que permanecieron todos esos grupos en Potosí. Lo que sí se supo fue que dos de ellos, Jakšić y Rendić, se encontraban en 1870 en Antofagasta, con importantes comercios; lo que testimonia que en Potosí habían amasado cierta fortuna. A partir de 1870, el cambio de residencia de aquellos pioneros entre las dos ciudades fue incesante.

Voces que corrían de boca en boca afirmaban que ya antes de 1870 se habían desprendido del núcleo de Potosí “varios paisanos” para internarse entre alejados cerros y montañas, entre los blancos picos de la Cordillera, en busca de aquello por lo que habían trepado el Altiplano; en busca de oro y plata. Fue esa la hora en la que la fiebre de oro había subido al grado máximo. Los que luego trasmitieron la noticia a los compatriotas de otras ciudades, recordaban el nombre de uno solo de esos intrépidos pioneros. Era Martin Marušić, oriundo de Brist,  en la rivera de Makarska, Dalmacia. A partir del día de su alejamiento de Oruro, transcurrieron semanas, y luego meses, y se cumplían años; pero jamás nadie tuvo noticias de ellos. ¿Habrían perecido congelados en alguna montaña, o los cubrieron avalanchas de nieve, o los venció el hambre y el cansancio? Este interrogante nunca tendrá respuesta.

Durante las dos últimas décadas del siglo pasado, el flujo de inmigrantes croatas aumentaba cada año. Aunque se desconoce en qué orden fueron llegando, no hay duda que en ese período se habían establecido en Oruro. Cochabamba y La Paz, entre tantos otros, los Vrsalović, Garafulić, Eterović, Orlandini, Matulić, Sabioncello, Jutronić, Kukoč, Marinović, Pavić, Vladislavić, Nigoević, Martinić, los hermanos Kršul, Perinić y Bojanić. La mayoría de ellos (al igual que de aquellos que también residieron allí, pero no dejaron quien los recuerde), procedían de las islas de Brač, Hvar y Vis, de la costa firme de Dalmacia y del litoral de Croacia. Al comenzar el siglo actual (siglo XX), el número de croatas que residían en Bolivia pasaba del millar.

Además de buscadores de oro y plata y de mineros, los primeros inmigrantes croatas en el país del Altiplano trabajaban en la construcción de caminos y vías férreas, en la selva boliviana y en faenas agrícolas. Luego, una vez asentados, una parte de ellos se dedicó al comercio e industria, a la que nos referiremos más adelante.

Tal como ya era una línea de conducta de las demás colectividades croatas dispersas por el mundo, la residente en Bolivia siempre supo cultivar la vida social, cultural y patriótica. Entre 1880 y 1890, residentes de las tres ciudades principales, La Paz, Oruro y Cochabamba, fundan sendas instituciones, con el único nombre de “Sociedad Slava de Socorros Mutuos”. Casi simultáneamente, esas instituciones construyen mausoleos sociales en Cochabamba y Oruro. Ocasionalmente, los residentes realizan colectas, cuyos frutos remiten a instituciones humanitarias en Croacia.

Entre 1890 y 1914, año del estallido de la Primera Guerra Mundial, varios centenares de croatas se habían establecido en diferentes zonas del país, particularmente en Oruro, donde se vivía intensamente la “fiebre del estaño”. Un lustro después comienzan a llegar al país nuevos grupos, generalmente familiares y coterráneos de viejos residentes. Esa nueva corriente prosigue hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, hora en la que el número total de ingresados era superior a 2.000. En esos años, la presencia de croatas era notable en todas las actividades, y en toda Bolivia: La Paz, Oruro, Tarija, Potosí, Sucre, Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra, Beni, entre otras ciudades.  La cifra total de los arribados entre fines del siglo XIX y comienzos del XX a Bolivia oscila entre los 1.500 inmigrantes. En la actualidad la colectividad croata de Bolivia la componen 10.000 personas, entre croatas y descendientes de los primeros croatas.

A continuación consignamos la nómina parcial de inmigrantes de la colectividad, que pudieron ser rescatados, y que participan en distintas ramas de la actividad, donde no pocos de ellos se destacaron, y ocuparon una envidiable posición.

Industria minera (período 1850-1954):

Mateo Rendić, Juan Jaksić, Vicente Vučić, Mateó Dubravčić, Gregorio Marušić, Pedro Zec, Pedro Tadić, Antonio Bojanić, Juan Restović, Ivo Orlandini, hermanos Nigojević, Pedro Sapunar, hermanos Vrsalović, Jorge Petrinović (uno de los principales propietarios de “Fabulosa Mines” de Miyuni y, entre 1910 y 1923, socio del industrial de salitre Pascual Baburica, en Antofagasta e Iquique); Kršul Hermanos, Jorge Baković, Jorge Papić, Martín Marušić, Juan Franulić, más una lista de empresarios mineros, de los que tan sólo se recuerdan sus apellidos, a saber: Marinović, Tadić, Sapunar, Kukoč, Sabioncello, Matulić, Garafulić, Eterović y Marinović.

Construcción (período 1890-1954):

Ingeniero Vladislavić, constructor de la central eléctrica de Sucre; Esteban Katunarić, empresa constructora de Tarija; Kovačević Hnos, constructores de La Paz; Poklepović Construcciones, de Tarija; Ivica Kršul, empresa líder de construcciones en todo el Altiplano, entre cuyas obras se destacan numerosos edificios de Oruro, el centro comercial “Camacho’, el rascacielos del Ministerio de Guerra, cuarteles de Miraflores y el “Edificio Kršul”, el más grande de La Paz (sede de embajadas, del Hotel La Paz, cine “Tesla” y oficinas comerciales); Esteban Kuljiš, constructor de edificios de Cochabamba, Oruro y La Paz, y del estadio orureño; Tomás Visković, constructor de residencias y viviendas de La Paz; Ernesto Eterović, constructor de edificios de departamentos de La Paz; ingeniero Andrés Dešković, constructor de casas de departamentos de La Paz.

Empresarios hoteleros (período 1920-1954):

Antonio Eterović, Juan Kačić, Natalio Sapunar (Oruro); Juan Sapunar e Ivica Kršul (La Paz) y Marcos Lazaneo (Cochabamba) (Kršul es propietario del moderno hotel “La Paz” y Lazaneo es propietario de los dos hoteles más importantes de su ciudad, el “Cochabamba” y el “Ambassador”).

Comercio de importación y exportación (período 1920-1954) :

Baković Hnos., Ivo Orlandini, Vrsalović Hnos., Eterović Hnos., Juan Restović, Juan Štambuk, Jorge Papić, Marinčić e hijo, Marcos Marinčević, todos de Oruro; Ivica Kršul, Esteban Kuljiš, Jorge Kuljiš, Juan Papić, de La Paz, y Mateo Kuljiš de Santa Cruz de la Sierra.

Transporte y turismo (período 1940-1954):

“Compañía Transcontinental”, asociados, Dragan Vladislavić, Antonio Dolšner y Pablo Šegvić (La Paz)

Periodismo y cultura (período 1940-1954):

Ivica Kršul (editor del Periódico “Acción” entre 1940 y 1945) ; Mateo Čuturić, colaborador de “El Diario” entre 1952 y 1955; Juan Borić, redactor del diario “Presencia”, colaborador del “Ultima Hora” y “El Diario”, director de “Hora Centroeuropea”, transmisión semanal por C P. 33 Radio Bolívar; profesor Vladislavić, colaborador de “El Diario” y catedrático de la Universidad de San Andrés; fray Blas Stefanić, escritor, conferencista de Radio Illimani.

Hasta aquí los nombres de aquellos inmigrantes que, en mayor o menor escala, conocieron éxitos y algunos también la sonrisa de la fortuna. Posiblemente, hubo otros, que también vieron coronados con éxito sus esfuerzos, pero a la hora de escribir estos renglones ya nadie los recordaba. Y menos aún se recordaba a aquellos que de sus esfuerzos de largos años no cosecharon más que fracasos. Y no fueron pocos. Es que casi todos los inmigrantes croatas residentes en Bolivia dedicaron algunos años de su vida al quehacer minero.


Ahora, antes de ponerle el punto final a la presente reseña, como un acto de admiración y reconocimiento, como un homenaje a todos los trabajadores de minas, descubridores, cateadores y aquellos que descienden en los socavones para arrancar el mineral de las entrañas de la tierra, es oportuna una breve referencia a un prototipo de hombre de minas, símbolo de voluntad y tenacidad, de esperanza y fe:

Martín Marušić, oriundo de Brist,  en la rivera de Makarska, Dalmacia

Martín llegó a Bolivia en 1924, empleándose en la empresa minera de un compatriota establecido en Oruro. Allí permaneció durante siete años, siempre escuchando hablar de estaño, y de plata y oro, que, según algunos “había en abundancia” en todos los cerros y montañas de Chuquisaca, Potosí y Oruro. Un día decidió tentar la suerte. Internóse en una región montañosa, situada a varias decenas de kilómetros de Oruro, llevando por todo alimento algunas conservas y galletas. Una y otra vez regresaba a la ciudad, y volvía a partir. Alguien le observó que, años antes, de esa misma manera misteriosa se internaba en las montañas otro Marušić, y que jamás había regresado. Solo Martín sabía que se trataba de su tío abuelo, a quien él nunca había conocido. Aquél había emigrado antes de que Martín naciera. Aquella tragedia le causaba tristeza, pero miedo a la montafia, no. Además, él estaba firmemente decidido a lograr lo que Gregorio no pudo lograr. Y se internó una vez más. Remontó cerros y montañas una y otra vez. Abrió mil hoyos. Movió rocas. Soportó aluviones de agua, ráfagas de viento y tormentas de nieve. Pese a ello, su determinación no cedía. Solo pensó descubrir valiosos minerales, y hacerse rico como lo habían logrado en Chile Baburica y Petrinović, para luego regresar a su aldea natal. ¿Obsesión? ¿Locura, que en tantos produce la fiebre de oro? !Quién podría saberlo! Algunos afirman que todo hombre de minas, por su intrepidez, es fácil presa de obsesión y locura.

Aquella internación ya duraba una semana. Una semana subiendo y bajando de cerros y montañas, durmiendo en cuevas. Finalmente, una tarde, cuando ya se le acababan los alimentos, clavó el pico debajo de una roca, arrancando de allí un pequeño bloque con filones amarillos. ¡Era oro! Con un nuevo golpe de pico arrancó otro trozo de piedra con filones amarillos. Cavó un boquete más grande y se encontró con más oro. Tapó luego la pequeña caverna con piedras, y se echó a dormir. . Al amanecer el nuevo día, miró a su alrededor, hizo unas anotaciones y dibujos en una libreta, para luego emprender el regreso a Oruro. Subiendo y bajando cerros, sin detenerse, caminó toda la jornada. Su guía era el sol. Al ocultarse éste tras las montañas, se acostó y se durmió. Al día siguiente prosiguió su marcha, y cuando ya caía la noche vio a lo lejos luces de la ciudad.

Oruro no es una urbe demasiado grande, y todos se conocen. Ningún secreto dura- mucho tiempo. Las repetidas ausencias de Martín habían sido observadas por no pocos. Y comenzaba el asedio, y bombardeo de preguntas, comunes, por otra parte, en una ciudad minera. Pero el nuevo rico sólo daba respuestas vagas. Toda vez que ingresaba a su habitación, revolvía trozos de las rocas recogidas, y se ponía a pensar cuál sería el paso siguiente que debía dar. Se le ocurrió visitar a un ingeniero de minas, y éste, al ver una de las muestras, exclamó: “¡Estamos frente a un importante hallazgo! La muestra testimonia la presencia de oro en cantidad. ¿De dónde procede?” Martín respondía con evasivas. El ingeniero se ofreció como socio con capital para explotar la mina, previa verificación de su existencia. Pero Marušić no soltaba su secreto. Se separaron. Luego se inició un asedio contínuo y amenazas, amenazas de muerte inclusive. Martín pensó que si en Oruro su vida corría peligro, en las montañas no valdría nada.

El tiempo se acababa. Consciente del peligro que corría, pues no ignoraba que el oro era causante de muchos asesinatos, Martín optó por conservar su vida, dejando el oro para una oportunidad mejor. Y una noche, ataviado con su poncho que pocas veces había puesto, subió al tren rumbo a La Quiaca, de donde luego pasó a San Antonio de los Cobres, capital del por entonces territorio de Los Andes. Pocos días más tarde, a escasos kilómetros de esa localidad, se entregó una vez más al trabajo de cateo. Alguna veta interesante de mineral habría encontrado, puesto que no tardó en viajar a Buenos Aires para gestionar, ante la Dirección de Geología y Minas, la autorización para el cateo, que él ya había iniciado. Regresó a Los Andes, prosiguiendo con el trabajo comenzado. Pero, aunque Martín aún era joven, su corazón ya no resistía las alturas. Y dejó de latir. Otros temerarios buscadores de minerales lo encontraron congelado un día de junio de 1934, junto a un hoyo, con su pico clavado en el suelo. Aquél hoyo le sirvió de tumba. Los casuales sepultureros, piadosos, cubrieron su cuerpo con piedras que Martín mismo había extraido del lugar. Con el pico y la pala formaron una cruz, clavándola entre las piedras. No tenían dónde ni con qué escribir su nombre. Y allí quedó, lejos de su mina de Oruro. Lejos también de su aldea natal. Otro minero, otro Marušić que muere víctima de la ira del mineral y de la montaña. Martín representa el lado menos conocido de la vida del hombre de las minas.

Los hombres que desfilaron a lo largo de esta reseña, y otros cuyos nombres no quedaron registrados en libro alguno, constituyen la mejor carta de presentación de la colectividad croata de Bolivia.

969843_519331548127209_635471446_nCementerio Croata en Oruro, Bolivia

12 pensamientos en “Historia de la Inmigración Croata en Bolivia

  1. Soy nieto de Juan Orlandini Martinic y de Marcela Eterovic Quiroz, padres de mi mamá Nora Orlandini Eterovic, que vivieron en Oruro en los años 1940. Vivo en Bolivia, Cochabamba, de hace unos 14 años y me gustaría encontrar algunos parientes.
    Gracias y saludos.

  2. Hola soy bisnieta de Ernesto Ilic, hermano de Luis Ilic,que vivieron en cochabamba u Oruro por los años 1910. Mi abuela no lleva su apellido, pero le gustaría conocer a sus familiares ya que está muy mayor.

  3. Mi abuelo Jose Stambuk fue el primero de los hermanos que llego a Cochabamba de la isla de Vrboska alrededor del 1925, luego llegaron sus otros hermanos Venancio, Miro , Katica y el menor fue Juan que se asentó en Oruro; con ellos vinieron también sus esposas como mi nona Danica. Hoy somos muchos sus descendientes

    • Josip Štambuk era originario de Vrboska, en la isla de Hvar. Vrboska es una localidad en la costa de la isla de Hvar, cercano a la localidad de Jelsa, en la region de Dalmacia central, condado de Split.

    • Don Jose Stambuk fue el medico de cabecera de mis abuelos Jorge Drpic Zapkovic y de mi abuela Raquel Careaga, don Venancio era abuelito de una amiga de infancia de apodo Nenè, no recuerdo el mombre, pero recuerdo a don Venancio con mucho cariño, siempre que hiba a casa de Nenè, el nos daba un monton de golosinas..la mama de Nenè se llamada Angelita o Angelina..

  4. Elvio Nazareno Zapunar es mi nombre y vi el nombre de varios parientes con seguridad, ya que uno de ellos se llamaba igual que mi padre, Antonio Zapunar, solo que mis parientes mas cercanos se radicaron en Rosario, Argentina, vaya mis respetos para estos bravos aventureros o comerciantes, me parece que ellos salieron de Lozisca, cerca de la isla de Brac, gran abrazo, es emocionante leer hechos historicos como estos

  5. Mi abuelo se llamaba Jorge Drpic Zapkovic y creo que era de pucisca Isla de Brac, quisiera saber en que año llego a Bolivia y donde puedo conseguir una copia de su salvoconducto o certificado de nacimiento, esto lo necesito para sacar los pasaportes croatas, gracias, primero llego un tio de ellos llamado Carlos Drpic, y luego mi abuelo y 2 hermanos mas mi tio Carlos y Antonio Drpic Zapkovic.

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