Breve historia de Croacia

CROACIA ANTES DEL CRISTIANISMO

Primeros habitantes

Hace unos 30.000 años Croacia era refugio de neanderthales llegados a través de las montañas de Eslavonia. El Museo Croata de Historia Natural, en Zagreb, expone piezas de esta época y el nuevo Museo de los Neanderthal de Krapina ofrece una imagen bastante fiel de lo que era la vida en aquellas remotas épocas.

Aproximadamente en el año 1000 a.C., los ilirios (antigua tribu indoeuropea) lograron dominar una zona que abarcaba las actuales Croacia, Serbia y Albania. Los ilirios tuvieron que lidiar con los griegos, quienes, hacia el s. IV a.C. establecieron colonias comerciales en Vis, Hvar y en otros puntos de la costa adriática, así como con los celtas, que presionaban desde el norte.

En el año 231 a.C. una iliria engreída, la reina Teuta, cometió un nefasto error táctico al intentar conquistar varias colonias griegas. Los helenos deshonrados pidieron ayuda militar a los romanos, quienes invadieron la región y, en el 168 a.C., derrotaron a Gencio, el último rey de Iliria. Así, gradualmente, los ilirios se fueron latinizando.

Roma y Bizancio

Los romanos fundaron rápidamente la provincia de Ilírico y luego reforzaron el control de la costa dálmata. En el año 11 a.C., Roma ya había conquistado a las tribus ilirias de la Panonia, que habitaban en el interior, y así ampliaron su imperio hasta el Danubio. La zona se reestructuró posteriormente en las provincias de Dalmacia, la antigua Illyricum, y la Alta y Baja Panonia, ocupando así la mayor parte del interior de Croacia.

El dominio romano tenía su sede administrativa en Salona, la actual Solin. Otras poblaciones importantes eran Jadera (Zadar), Parentium (Poreč) y Polensium (Pula). El anfiteatro de Pula es un recordatorio de la gloria de la era romana.

Los romanos construyeron una serie de calzadas que llegaban hasta los mares Egeo y Negro y al Danubio, lo cual facilitó el comercio y la expansión de su cultura. Las calzadas también aceleraron la posterior expansión del cristianismo.

Como el imperio era difícil de manejar, Diocleciano, que se convirtió en emperador en el 285, intentó simplificarlo dividiéndolo en dos mitades administrativas. Con ello sembró la semilla de la futura división de los Imperios romanos de Oriente y Occidente. En el 305, Diocleciano se retiró a su palacio de Spalato (Split), actualmente el más importante vestigio romano de Europa oriental.

El ultimo dirigente romano que gobernó un imperio unido fue Teodosio el Grande, quien hábilmente consiguió frenar la amenaza de los visigodos del norte. Al morir Teodosio en el 395, el imperio se dividió formalmente en un reino oriental y otro occidental. La mitad oriental se convirtió en el Imperio bizantino, que perduró hasta 1435. El Imperio Romano de Occidente cayó en el s. V, precedido por invasiones de los visigodos, los hunos y los longobardos.

La llegada de los eslavos

Tras la llegada de las tribus bárbaras y la caída del Imperio romano, los croatas y otros pueblos eslavos se dirigieron al sur desde su territorio original al norte de los Cárpatos. Por esa misma época los ávaros, unos nómadas euroasiáticos, atacaron el extremo balcánico del Imperio bizantino y saquearon las antiguas poblaciones romanas de Salona (Solin) y Epidauro (Cavtat), cuyos habitantes se refugiaron en Spalato (Split) y Ragusa (Dubrovnik), respectivamente.

A mediados del s. VII, los eslavos del oeste de los Balcanes se dividieron en dos grupos. Los croatas se asentaron en Panonia y Dalmacia, y fundaron comunidades alrededor de las ciudades dálmatas de Jadera (Zadar), Aeona (Nin) y Tragurium (Trogir), mientras que los serbios se asentaron en la zona central de los Balcanes, más allá del río Danubio. En el s. VIII, los croatas de Panonia y Dalmacia ya habían formado dos poderosas entidades tribales dirigidas por un knez (duque).

Territorios históricos donde se asentaron los Croatas:

LAS TRES CROACIAS

 Los Croatas toman posesión de los siguientes territorios, organizándose en tres estados autónomos:

– La Croacia de Panonia: antigua provincia romana, entre los ríos Sava y Drava;

– La Croacia Blanca: entre Istria al oeste, al sur de la Croacia de Panonia y al este hasta los ríos Bosna (Sarajevo), el río Neretva (Mostar), y el sur del mar Adriático.

-La Croacia Roja: al este de los ríos Bosna y Neretva hasta el río Drina y al sur del Neretva hasta Albania.

La Croacia Roja, estará compuesta a su vez de cinco regiones:

1) Bosna: al norte, entre los ríos Bosna y Drina

2) Zahumlje y Neretva: entre Mostar y Dubrovnik

3) Travunja: al norte de Boka Kotorska

4) Montenegro (Duklja)

5) lliricum: el territorio de la actual Albania.

Para la comprensión posterior de la historia de Croacia, es importante memorizar las regiones de esta Croacia Roja, ya que a partir de los siglos XI y XII, con los cambios de fronteras, las regiones de Croacia Roja se convertirán en:

I) Bosnia: La pequeña provincia del siglo VII, se extenderá progresivamente al oeste hasta el río Una, muy cerca de la actual frontera con Croacia;

II) Hercegovina: Al sur de Bosnia, comprenden las regiones Neretva y Zahumlje y una parte de Travunja del oeste. Son aproximadamente las fronteras de Bosnia-Hercegovina, cuyas líneas limítrofes con Serbia, fueron siempre, al este con el río Drina y al sudeste con Montenegro.

III) Montenegro: las regiones de Duklja y Travunja del este (Zeta en el siglo XII) y Montenegro desde el siglo XV, tienen las fronteras al norte con Serbia, al sudeste con Albania.

IV) Albania: Antigua región croata; del nombre lliria se llamará Albania en los siglos XII y XIII y la cual ha tenido más o menos las mismas fronteras actuales.

EL CRISTIANISMO Y LOS REYES CROATAS

Los francos de Carlomagno fueron invadiendo gradualmente toda Europa central y en el año 800 ocuparon Dalmacia. Los croatas paganos fueron bautizados en masa. Tras la muerte de Carlomagno en el 814, los croatas panonios fracasaron en su rebelión contra el mandato franco al no contar con la ayuda de los croatas dálmatas, y sus principales ciudades costeras continuaron bajo la influencia del Imperio bizantino.

Trpimir, knez desde el 845 hasta el 864, es considerado el fundador de la primera dinastía croata. Sus sucesores mantuvieron su territorio entre las grandes potencias del Adriático de la época. El mayor avance de los croatas se dio cuando Branimir se rebeló contra el control bizantino y se ganó el reconocimiento del papa Juan VIII. Los croatas se acercaron más al Vaticano y el catolicismo se convirtió en un rasgo característico de su identidad nacional.

Tomislav fue el primer gobernante que consiguió unir Panonia y Dalmacia, y el primero que se autoproclamó rey en el 925. El reino de Tomislav abarcaba prácticamente toda la Croacia actual, así como partes de Bosnia y la costa de Montenegro.

Durante el s. XI, los bizantinos y los venecianos se volvieron a imponer en la costa dálmata. En el norte surgieron nuevos adversarios: los húngaros, que invadieron Panonia. Krešimir IV [1058-1074] dio la vuelta a la tortilla y retomó el control de Dalmacia, pero la recuperación solo fue temporal. Krešimir fue sucedido en el trono por Zvonimir y Stjepan, ninguno de los cuales tuvo herederos. Los húngaros, mediante movimientos furtivos y una invasión en toda regla, acabaron con la época de los reyes croatas a finales del s. XI. En 1097, Petar Svačić, el último rey de sangre croata, fue asesinado por los húngaros en el monte de Gvozd.

 

VECINOS CODICIOSOS: HUNGRÍA Y VENECIA

En 1102, los croatas aceptaron y firmaron el Pacta conventa con el rey húngaro Colomán. Este acuerdo estipulaba que Hungría y Croacia eran entidades independientes gobernadas por una única monarquía, la húngara. Pero en la práctica, aunque Croacia mantuvo un ban (virrey o gobernador) y un sabor (parlamento), los húngaros fueron marginando a la nobleza croata.

Bajo gobierno húngaro, Panonia pasó a ser conocida como Eslavonia y las poblaciones interiores de Zagreb, Vukovar y Varaždin se convirtieron en prósperos centros del comercio y la cultura. En 1107, Colomán convenció a la nobleza dálmata para que anexionara la costa a su reino; hacía tiempo que los reyes húngaros la codiciaban, ya que no disponían de salida al mar. Los venecianos aprovechaban cualquier oportunidad al momento. Al morir Colomán en 1116, Venecia lanzó nuevos ataques sobre Biograd y las islas de Lošinj, Pag, Rab y Krk.

Mientras tanto, Zadar había crecido hasta convertirse en la ciudad dálmata más grande y próspera. En la década de 1190 consiguió rechazar con éxito dos expediciones navales venecianas. En 1202 un vengativo duce veneciano pagó a los soldados de la Cuarta Cruzada para que atacaran y saquearan Zadar, lo cual hicieron antes de dirigirse al asalto de Constantinopla.

Pronto llegarían épocas más difíciles. En 1242, las hordas mongolas que asolaban Europa central invadieron Hungría. El rey húngaro Bela IV huyó y se refugió en Trogir, pero el interior de Croacia fue devastado. Los oportunistas venecianos se aprovecharon de la confusión para afianzar su control en Zadar. La muerte del rey Bela en 1270 provocó una nueva lucha de poder entre la nobleza croata, lo que permitió a Venecia añadir Šibenik y Trogir a sus territorios.

El rey Ludovico (Luis) I de Hungría [1342-1382] restableció el control sobre el país y convenció a Venecia de que renunciara a Dalmacia. Sin embargo, la victoria húngara fue efímera y nuevos conflictos surgieron al morir el monarca. La nobleza croata se unió alrededor de Ladislao de Nápoles, que fue coronado rey en Zadar en 1403. Como andaba falto de dinero, Ladislao vendió Zadar a Venecia en 1409 por unos míseros 100 000 ducados y renunció a sus derechos sobre Dalmacia. A principios del s. XV, Venecia reforzó su control de la costa dálmata al sur de Zadar y siguió al mando hasta la invasión napoleónica de 1797. Solo los astutos habitantes de Ragusa (Dubrovnik) consiguieron conservar su independencia.

 

OTOMANOS AL ACECHO

Croacia tenía que lidiar con bastantes asuntos, pues los venecianos, húngaros y otros pueblos intentaban apoderarse de los vestigios del antiguo Estado Croata a la mínima oportunidad. Sin embargo, en el s. XIV otra amenaza se cernía desde el este. Los turcos otomanos salieron de Anatolia a principios del s. XIV y rápidamente conquistaron los Balcanes.

Los serbios fueron derrotados en Kosovo Polje en 1389, una cruzada antiturca organizada a toda prisa fue sofocada en Hungría en 1396 y Bosnia fue invadida en 1463. Cuando los nobles croatas por fin se enfrentaron a los otomanos en 1493 en Krvavsko Polje, también fueron arrasados.

A pesar de la repentina unidad mostrada por las familias nobles que aún quedaban, las ciudades cayeron una tras otra en manos de los sultanes otomanos. La importante diócesis de Zagreb convirtió la catedral de Kaptol en una fortaleza, que permaneció intacta, pero la estratégica población de Knin cayó en 1521. Cinco años después los otomanos se enfrentaron a los húngaros en Mohács, saliendo de nuevo victoriosos. Una vez más, ganaron y neutralizaron el poderío del ejército húngaro. Así acabó la época de dominación húngara en Croacia.

 

LA LLEGADA DE LOS HABSBURGO

Con los húngaros fuera, los croatas recurrieron a los austriacos para que les protegieran. El Imperio de los Habsburgo, gobernado desde Viena, se anexionó una estrecha franja de territorio alrededor de Zagreb, Karlovac y Varaždin. Los turcos amenazaban la costa del Adriático, pero nunca llegaron a invadirla. Ragusa (Dubrovnik) mantuvo su independencia durante todo este conflictivo período.

Los ataques turcos en los Balcanes causaron enormes estragos. Destruyeron ciudades y poblaciones, esclavizaron y reclutaron a numerosos ciudadanos para la maquinaria bélica otomana e innumerables refugiados se dispersaron por la región. Los Habsburgo quisieron crear una barrera contra los otomanos y establecieron la Vojna Krajina (frontera militar). En esta región al sur de Zagreb, compuesta por una serie de fortalezas, un ejército permanente formado sobre todo por serbios y valacos (etnia originaria de Rumanía) hacía frente a los otomanos. Así nace la minoría serbia que actualmente habita Croacia.

Exactamente un siglo después de su derrota, los croatas consiguieron ajustar cuentas con los otomanos. En 1593, en Sisak, el ejército de los Habsburgo, formado también por soldados croatas, finalmente consiguió derrotar a los turcos. En 1699, en Sremski Karlovci (Vojvodina), los otomanos pidieron la paz por primera vez, finalizando así el dominio otomano en Europa central.

Poco después los Habsburgo recuperaron Eslavonia, ampliando Krajina. En este período se volvió a la estabilidad y se realizaron importantes avances en la producción agrícola, pero la cultura y el idioma croata languidecieron. Mientras, los venecianos, libres de la amenaza de la marina otomana, volvieron a hostigar la costa dálmata.

Napoleón y las provincias ilirias

El apoyo de los Habsburgo en la restauración de la monarquía francesa provocó que Napoleón invadiera los Estados italianos de Austria en 1796. Una vez conquistada Venecia en 1797, Napoleón acordó ceder Dalmacia a Austria mediante el tratado de Campo Formio a cambio de otras concesiones. Los croatas esperaban que Dalmacia se uniera a Croacia-Eslavonia, pero pronto quedaron defraudados, pues los Habsburgo dejaron bien claro que los dos territorios conservarían administraciones separadas.

El control austriaco de Dalmacia perduró hasta que la victoria de Napoleón en 1805 sobre las fuerzas austriacas y prusianas en Austerlitz obligó a Austria a ceder la costa dálmata a Francia. Rápidamente Ragusa (Dubrovnik) se rindió a las fuerzas francesas, que también ocuparon Kotor, en Montenegro. Napoleón bautizó las nuevas zonas conquistadas como “provincias ilirias” y se puso rápidamente a reformar este territorio abandonado. Entre otras cosas, implementó un programa de reforestación de las colinas desnudas, construyó carreteras y hospitales e introdujo nuevos cultivos. Como casi toda la población era analfabeta, el nuevo Gobierno creó escuelas primarias, secundarias y una universidad en Zadar. Aun así, el régimen francés nunca fue popular.

Tras la campaña rusa de Napoleón y la caída de su imperio, el Congreso de Viena de 1815 reconoció el derecho de Austria de anexionarse Dalmacia y puso al resto de Croacia bajo la jurisdicción de Hungría. Para los dálmatas, el nuevo régimen significaba un regreso al status quo, pues los austriacos reinstauraron en el poder a la élite italiana de antaño, mientras que los húngaros impusieron su lengua y su cultura a la población croata del norte.

 

MOVIMIENTO HACIA LA AUTONOMÍA

Lleno de fervor por los ideales de la Ilustración, Napoleón había intentado crear una conciencia de identidad eslava meridional. Esta conciencia de identidad compartida se manifestó con el tiempo en el Movimiento Ilirio de la década de 1830, que se centraba en la recuperación del idioma croata. El gran plan de Napoleón consistía en fomentar también la cultura serbia, pero Serbia permaneció bajo ocupación otomana.

Tradicionalmente, los dálmatas de clase alta hablaban italiano y los croatas del norte alemán o húngaro. La creación del primer periódico ilirio en 1834, escrito en el dialecto de Zagreb (kajkavski), empujó al Sabor (Parlamento) croata a reclamar la enseñanza de las lenguas eslavas en las escuelas.

Tras la revolución de 1848 en París, los húngaros empezaron a presionar para lograr cambios en el Imperio de los Habsburgo. Los croatas lo consideraron una oportunidad para recuperar algo de control y unificar Dalmacia, la Krajina y Eslavonia. Los Habsburgo simularon apoyar el sentimiento croata nombrando a Josip Jelačić ban de Croacia. Jelačić convocó elecciones de inmediato, reclamó un mandato y declaró la guerra a los agitadores húngaros para conseguir el favor de los Habsburgo. Sin embargo, estos ignoraron sus demandas de autonomía. Jelačić quedó inmortalizado en un monumento en postura marcial en el centro de Zagreb.

La Yugoslavia soñada

Después de 1848, el desencanto se apoderó de la población y aumentó en 1867 tras el nacimiento de la monarquía dual austrohúngara. Este régimen monárquico integró a Croacia y Eslavonia bajo la administración húngara, mientras que Dalmacia quedaba en manos austriacas. Los Habsburgo aniquilaron cualquier estructura limitada de autogobierno en Croacia.

El clima de malestar se materializó en dos corrientes que dominaron la escena política del siglo posterior. El antiguo Movimiento Ilirio se convirtió en el Partido Nacional, dominado por el obispo Josip Juraj Strossmayer. Strossmayer creía que los Habsburgo y los húngaros pretendían profundizar en las diferencias entre serbios y croatas; solo a través de la Jugoslavenstvo (unidad de los eslavos del sur) se podrían satisfacer las aspiraciones de ambos pueblos. Strossmayer apoyó la lucha por la independencia de los serbios en Serbia, pero fue más bien partidario de una entidad yugoslava (es decir, de eslavos del sur) en el seno del Imperio austrohúngaro y no de su total independencia.

A diferencia de la anterior tendencia, el Partido de los Derechos, liderado por Ante Starčević, un antiserbio militante, soñaba con la idea de una Croacia independiente integrada por Croacia-Eslavonia, Dalmacia, Krajina, Istria, parte de Bosnia Herzegovina, e incluso Eslovenia. En aquella época, la Iglesia ortodoxa oriental alentaba a los serbios a que formaran un Estado nacional fundamentado en su religión. Hasta el s. XIX, los habitantes ortodoxos de Croacia se reconocían como valacos, morlacos, serbios, ortodoxos o incluso griegos, pero debido a los ataques de Starčević, se desarrolló el sentimiento de una identidad serbia ortodoxa independiente en el seno de Croacia.

Guiado por el lema del “divide y vencerás”, el ban de Croacia designado por Hungría se mostró a favor de los serbios y de la Iglesia ortodoxa, pero su estrategia no surtió efecto. La primera resistencia organizada se formó en Dalmacia. Los partidarios croatas de Rijeka y la minoría serbia de Croacia reunida en Zadar, se unieron en 1905 para exigir la unificación de Croacia, Dalmacia y Eslavonia, con una garantía formal de la igualdad de derechos de la minoría serbia dentro de la nación croata. El espíritu de unidad creció y alrededor de 1906 las coaliciones serbo-croatas que se habían forjado con los gobiernos locales de Croacia-Eslavonia y Dalmacia, amenazaban la estructura del poder húngaro sobre los pueblos eslavos del sur.

 

EL REINO DE LOS SERBIOS, CROATAS Y ESLOVENOS

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Croacia parecía volver a ser un títere en manos de las grandes potencias. Una delegación formada por exiliados croatas, eslovenos y miembros de la minoría serbia de Croacia, llamada el “Comité Yugoslavo”, convenció al Gobierno serbio para que fundara una monarquía parlamentaria que gobernara ambos países. El Comité Yugoslavo se convirtió en el Consejo Nacional de los Eslovenos, Croatas y Serbios tras la caída del Imperio Austro-Húngaro en 1918. El consejo negoció rápidamente la instauración del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos bajo la dinastía serbia de los Karađorđević, con base en Belgrado. Aunque muchos croatas no estaban seguros de las intenciones serbias, sabían a ciencia cierta cuáles eran las de Italia, país que se apresuró en apoderarse de Pula, Rijeka y Zadar en noviembre de 1918. De esa forma, los croatas eligieron unirse a la suerte de Serbia y no a la de Italia.

Los problemas internos empezaron casi inmediatamente. Igual que bajo los Habsburgo, los croatas gozaban de escasa autonomía. Las reformas monetarias beneficiaron a los serbios a expensas de los croatas. A raíz de un acuerdo entre yugoslavos e italianos, los primeros cedieron a los segundos Istria, Zadar y varias islas. La nueva constitución abolió el Sabor croata, centralizó el poder en Belgrado y en los nuevos distritos electorales el número de representantes croatas era sensiblemente inferior.

La oposición contra el nuevo régimen fue capitaneada por el croata Stjepan Radić, que respaldaba la idea de Yugoslavia pero deseaba transformarla en una democracia federal. Su alianza con el serbio Svetozar Pribićević demostró ser una seria amenaza contra el régimen y murió asesinado en 1928. Explotando el miedo a una guerra civil, el 6 de enero de 1929, el rey Alejandro Karađorđević acabó en Belgrado con cualquier esperanza de cambio democrático, pues proclamó una dictadura monárquica, abolió los partidos políticos y suspendió el Gobierno parlamentario. Mientras tanto, en la década de 1920, surgió el Partido Comunista Yugoslavo; Josip Broz Tito se convertiría en su líder en 1937.

 

EL ASCENSO DE LOS USTAŠA Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Un día después de la proclamación, un croata bosnio, Ante Pavelić, fundó, inspirado por Mussolini, el movimiento de liberación croata, Ustaša, en Zagreb. Su objetivo consistía en fundar un Estado independiente, incluso por la fuerza si era necesario. Como tenía miedo de que le arrestaran, primero huyó a Sofía, en Bulgaria, donde se puso en contacto con revolucionarios macedonios antiserbios. Luego se mudó a Italia, donde estableció campos de entrenamiento para su organización bajo la mirada benevolente de Mussolini. En 1934, un grupo de macedonios y nacionalistas Ustaša asesinaron al rey Alejandro de Yugoslavia en Marsella, Francia. Italia respondió con el cierre de los campos y el encarcelamiento de Pavelić y de muchos de sus seguidores.

Cuando Alemania invadió Yugoslavia el 6 de abril de 1941, los alemanes y los italianos instalaron rápidamente en el poder a los miembros de la Ustaša en el exilio, pues esperaban que así sus propios objetivos territoriales en Dalmacia se vieran cumplidos. A los pocos días, el Estado Independiente de Croacia (NDH; Nezavisna Država Hrvatska), liderado por Pavelić y la Alemania nazi, promulgó una serie de decretos destinados a perseguir y eliminar a los “enemigos” del régimen. Así comenzó la persecución masiva de judíos, gitanos y serbios. Entre 1941 y 1945 la mayoría de la población judía fue retenida y enviada a campos de exterminio.

 Tito y los partisanos

No todos los croatas apoyaron estas políticas, algunos incluso las denunciaron. El régimen de la Ustaša obtenía la mayor parte de su apoyo de la región de Lika, al suroeste de Zagreb, y del oeste de Herzegovina, pero el acuerdo de Pavelić de ceder buena parte de Dalmacia a Italia resultó muy impopular y la Ustaša casi no obtuvo apoyo de las regiones dálmatas.

Aparecieron los chetniks, el ejercito real de resistencia armada encabezadas por el general serbio Draža Mihajlović. Los chetniks nacieron primeramente como una forma de rebelión antifascista, pero pronto empezaron los ataques contra los Ustaša y las represalias, con masacres de croatas en el este de Croacia y Bosnia.

La lucha antifascista más eficaz fue la dirigida por las unidades partisanas de liberación nacional y por su líder Josip Broz, más conocido como Tito. Los partisanos, que hundían sus raíces en el ilegalizado Partido Comunista Yugoslavo, atrajeron a sufridos intelectuales croatas indignados por las masacres de los chetniks, a los serbios indignados por las masacres de los Ustaša y a antifascistas de todo tipo. Obtuvieron un amplio apoyo popular gracias a su primer manifiesto, que preconizaba una Yugoslavia de la posguerra basada en una amplia federación.

Aunque en un principio los aliados respaldaban a los chetniks serbios, pronto resultó obvio que los partisanos encaminaban todos sus esfuerzos a luchar con determinación contra los nazis. Alrededor de 1943, la ayuda militar y diplomática de Churchill y de otras potencias aliadas contribuyó a que los partisanos controlaran gran parte de Croacia. A medida que conquistaban territorios, constituían gobiernos locales operativos que posteriormente les facilitaron su transición al poder. El 20 de octubre de 1944, los partisanos entraron en Belgrado junto al Ejército Rojo. En 1945, con la rendición de Alemania, Pavelić y los comandantes de la Ustaša huyeron y los partisanos entraron en Zagreb.

Los miembros del ejército del NDH que quedaban, en un último intento por evitar caer en manos de los partisanos, trataron de cruzar a Austria. Un pequeño contingente británico esperaba a los 50.000 soldados y les prometieron recluirlos fuera de Yugoslavia. Era una trampa. Obligaron a las tropas a montar en trenes que les llevaron de vuelta a Yugoslavia, donde los partisanos les aguardaban. La consiguiente matanza acabó con la vida de al menos treinta mil hombres en Bleiburg, Austria (aunque el número exacto no se sabe a ciencia cierta) y dejó una mancha imborrable en la reputación del Gobierno yugoslavo.

 

EL NACIMIENTO DE YUGOSLAVIA

El intento de Tito por mantener el control de la ciudad italiana de Trieste y partes del sur de Austria se quebró ante la oposición aliada. Dalmacia y casi toda Istria pasaron a formar parte integrante de la Yugoslavia de la posguerra. Al fundar la República Federal Popular de Yugoslavia, Tito estaba decidido a crear un Estado en el que ningún grupo étnico dominara el panorama político. Croacia, junto con Macedonia, Serbia, Montenegro, Bosnia Herzegovina y Eslovenia, se convirtió en una de las seis repúblicas que constituían esta compacta federación. Sin embargo, Tito logró este delicado equilibrio creando un Estado de partido único y eliminando rigurosamente toda oposición.

Durante la década de 1960, la concentración de poder de Belgrado se convirtió en un asunto que causaba cada vez más irritación, ya que resultó evidente que el dinero recaudado en Eslovenia y Croacia, las repúblicas más prósperas, se distribuía entre las más pobres, la provincia autónoma de Kosovo y la república de Bosnia Herzegovina. La situación era aún más flagrante en Croacia, que veía cómo la riqueza que le reportaba su boyante industria turística de la costa adriática se desviaba hacia Belgrado. Además, los serbios de Croacia tenían mayor representación en el Gobierno, en el ejército y el cuerpo de policía.

En Croacia el malestar alcanzó su punto álgido en la denominada Primavera Croata de 1971. Dirigidos por reformistas del Partido Comunista de Croacia, los intelectuales y estudiantes exigieron que se aflojaran los lazos de Croacia con Yugoslavia. Además de exigir una mayor autonomía económica y una reforma constitucional, también esgrimieron sentimientos nacionalistas. Tito se defendió restringiendo drásticamente la liberalización que gradualmente había ido ganando terreno. Los serbios vieron en este cambio el resurgimiento de los Ustaša; a su vez los reformistas encarcelados culparon a los serbios de su situación. Era el marco perfecto para el posterior ascenso del nacionalismo y la guerra de la década de 1990.

LA MUERTE DE YUGOSLAVIA

Tito dejó una Yugoslavia inestable al morir en mayo de 1980. Con la economía en un estado lamentable, una presidencia que se alternaba entre las seis repúblicas no podía compensar la pérdida del equilibrado Tito al mando. La autoridad del Gobierno central se hundió con la economía y volvió a aflorar la desconfianza entre las etnias de Yugoslavia, tanto tiempo reprimida.

En 1989 la represión de la mayoría albanesa en la provincia serbia de Kosovo provocó nuevos temores hacia una hegemonía serbia y precipitó el fin de la Federación Yugoslava. Siguiendo los cambios políticos que se extendían por Europa del Este, Eslovenia se embarcó en una carrera hacia la independencia; muchos croatas pensaron que había llegado el momento de que ellos también lograran la plena autonomía. En las elecciones croatas celebradas en abril de 1990, Franjo Tuđman, de la Unión Democrática Croata (HDZ, Hrvatska Demokratska Zajednica), se hizo con el 40% de los votos, frente al 30% que consiguió el Partido Comunista, el cual contaba con la lealtad de la comunidad serbia y de los votantes de Istria y Rijeka. El 22 de diciembre de 1990, una nueva Constitución croata cambió el estatus de los serbios en Croacia: pasaron de ser una “nación constituyente” a una minoría nacional.

La Constitución no garantizaba los derechos de las minorías y provocó despidos en masa de funcionarios serbios. Por tanto, la comunidad serbia en Croacia, formada por unos 600.000 individuos, empezó a exigir su autonomía. A principios de 1991, unos extremistas serbios orquestaron varios actos de provocación para que el ejército federal interviniera. En el referéndum que se celebró en mayo de 1991 (boicoteado por los serbios) se obtuvo un 93% de votos a favor de la independencia croata, pero cuando Croacia se declaró Estado el 25 de junio del mismo año, el enclave serbio de Krajina proclamó su independencia de Croacia.

 

LA GUERRA PATRIA “DOMOVINSKI RAT”

Bajo presión de la UE, Croacia declaró una moratoria de tres meses sobre su independencia, pero estallaron violentos enfrentamientos en Krajina, Baranja y Eslavonia. Se inicia lo que los croatas denominan la Guerra de la Patria. El Ejército Popular Yugoslavo, dominado por los serbios, empezó a intervenir para apoyar a los irregulares serbios bajo el pretexto de detener la violencia étnica. Cuando el Gobierno croata ordenó el cierre de las instalaciones militares de los federales en Croacia, la marina yugoslava bloqueó la costa del Adriático y sitió la estratégica población de Vukovar en el Danubio. Durante el verano de 1991, una cuarta parte del territorio croata cayó en manos de las milicias serbias y del Ejército Popular Yugoslavo, que dirigían los serbios.

A finales de 1991, el ejército federal y la milicia montenegrina atacaron Dubrovnik y el palacio presidencial en Zagreb fue bombardeado por cazas yugoslavos, al parecer para intentar asesinar al presidente Tuđman. Cuando la moratoria de tres meses acabó, Croacia declaró su independencia total. Poco después, Vukovar cayó finalmente ante el ejército yugoslavo en uno de los ataques más sangrientos que ha habido nunca en la antigua Yugoslavia. A lo largo de seis meses de enfrentamientos, murieron 20.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos.

 

LA ONU SE IMPLICA

El alto el fuego del 3 de enero de 1992, negociado por la ONU, fue ampliamente respetado. Se permitió al ejército federal retirarse de sus bases en el interior de Croacia y las tensiones disminuyeron. Al mismo tiempo la UE, cediendo a las presiones de Alemania, reconoció a Croacia, hecho que fue seguido por el reconocimiento de EE UU. En mayo de 1992 Croacia fue admitida en la ONU.

El plan de paz de la UE en Krajina pretendía promover el desarme de las formaciones paramilitares serbias, la repatriación de refugiados y la devolución de la región a Croacia. En cambio, solo afianzó la situación existente sin ofrecer ninguna solución permanente. En enero de 1993 el ejército croata lanzó una repentina ofensiva en el sur de Krajina, haciendo retroceder a los serbios en algunas zonas y recuperando puntos estratégicos. Los serbios de Krajina juraron que nunca más volverían a aceptar el dominio de Zagreb y en junio de 1993 una abrumadora mayoría votó a favor de unirse a los serbios bosnios (y finalmente a la Gran Serbia). A principios del 1995, un alto el fuego absoluto redujo notablemente la violencia en la región. Se establecieron “zonas de separación” desmilitarizadas entre ambas partes.

 

PROBLEMAS EN BOSNIA

Mientras tanto, la vecina Bosnia Herzegovina había sido sometida a un trato similar por parte del ejército yugoslavo y de los paramilitares serbios. Al principio, los croatas y los musulmanes de Bosnia se habían unido ante los avances serbios, pero en 1993 los dos grupos se enemistaron y empezaron a luchar entre ellos. Los croatas de Bosnia, con el apoyo tácito de Zagreb, fueron responsables de varios actos espantosos, entre ellos la destrucción del antiguo puente de Mostar. Las hostilidades llegaron a su fin cuando en 1994 EE UU promovió la creación de la federación croata-musulmana, mientras el mundo contemplaba horrorizado el asedio serbio a Sarajevo.

Mientras tenían lugar estos tristes acontecimientos en Bosnia Herzegovina, el Gobierno croata empezó discretamente a adquirir armas en el extranjero. El 1 de mayo de 1995, el ejército y la policía croatas entraron en la ocupada Eslavonia occidental, al este de Zagreb, y en pocos días se hicieron con el control de la región. Los serbios de Krajina respondieron con el bombardeo de Zagreb en un ataque que se cobró siete muertos y 130 heridos. A medida que el ejército croata afianzaba sus posiciones en Eslavonia occidental, unos 15.000 serbios escapaban de la región pese a que el Gobierno croata les garantizaba que no sufrirían ningún castigo.

El mutismo de Belgrado durante esta campaña evidenció que los serbios de Krajina habían perdido el apoyo de sus patrocinadores serbios, hecho que alentó a los croatas a avanzar a pasos agigantados. El 4 de agosto, el ejército croata lanzó un ataque contra la ciudad situada de Knin. El ejército serbio huyó hacia el norte de Bosnia junto con 150.000 civiles cuyas raíces en Krajina se remontaban a varios siglos. La operación militar acabó en varios días, pero fue seguida de varios meses de terror, en los que se dieron saqueos generalizados y se incendiaron pueblos con mayoría serbia.

En los Acuerdos de Paz de Dayton firmados en París en diciembre de 1995 se reconocían las fronteras tradicionales de Croacia y se estipulaba la devolución de Eslavonia oriental. La transición se produjo de un modo relativamente tranquilo, pero las dos poblaciones aún se contemplan con suspicacia y hostilidad.

CROACIA EN LA POSGUERRA

Tras el fin de las hostilidades, Croacia recuperó cierto nivel de estabilidad. Una de las disposiciones claves del acuerdo era la garantía del Gobierno croata de facilitar la vuelta de los refugiados serbios, un compromiso que dista mucho de alcanzarse. Si bien el Gobierno central de Zagreb estableció ese punto como prioritario en su agenda, respondiendo así a las peticiones de la comunidad internacional, sus esfuerzos se vieron debilitados por el intento de las autoridades locales por mantener la pureza étnica en sus regiones.

En muchos casos, los refugiados croatas de Bosnia Herzegovina ocuparon casas abandonadas de propiedad serbia. Los serbios que pretendían reivindicar los derechos sobre sus bienes se enfrentaban a un intimidante abanico de obstáculos legales para formular una reclamación sobre sus antiguas viviendas, así como a importantes obstáculos para encontrar trabajo en lo que ahora son regiones económicamente precarias. Quince años después del cese de las hostilidades menos de la mitad de la población ha regresado a su hogar.

En el ámbito político, Franjo Tuđman, el hombre fuerte durante la guerra, vio cómo su popularidad decayó rápidamente cuando el país dejó de estar amenazado. Su combinación entre autoritarismo y control de los medios de comunicación, su recuperación del antiguo simbolismo del NDH y sus inclinaciones hacia la extrema derecha ya no atraían al cansado pueblo croata. En 1999 los partidos de la oposición se unieron para actuar contra Tuđman y la HDZ. Tuđman fue hospitalizado y murió repentinamente a finales de 1999. Los votantes se inclinaron por una coalición de centro-izquierda, desbancando a la HDZ y llevando al centrista Stjepan Mesić a la presidencia.

 

PASOS HACIA EUROPA

Los resultados electorales del 2000 demostraron que Croacia estaba realizando un claro giro hacia Occidente para integrarse en la Europa moderna. El país empezó a acoger nuevamente a turistas foráneos y la economía se abrió a la competencia extranjera. Esta tendencia occidentalizadora perdió algo de fuerza cuando el Tribunal Internacional por Crímenes contra la Humanidad acusó a dos generales croatas de crímenes contra la población serbia de Krajina. La entrega en el 2001 del general Norac al Tribunal de La Haya resultó ser un tema polémico entre los croatas y quizá explica el regreso al poder de la HDZ en las elecciones de finales del 2003, cuando Ivo Sanader asumió el cargo de primer ministro. Sin embargo por entonces la HDZ había realizado un giro pragmático, abandonando la postura radical de la era Tuđman y haciendo hincapié, igual que los partidos de centro, en las reformas económicas y en conseguir el ingreso en la UE y la OTAN.

La pacífica transición de poder fue interpretada por Europa como una prueba de madurez de la democracia croata. La entrega del general Ante Gotovina al Tribunal de La Haya en el 2005 fue la principal condición para empezar las negociaciones para ingresar en la UE. Cuando el fugitivo fue arrestado en España, parecía que Croacia ya estaba encaminada para ser miembro de la UE. Sin embargo, ese mismo año trajo consigo el primero de los obstáculos que frustraría su entrada en dicha organización. El Gobierno de Eslovenia declaró una zona ecológica en el mar Adriático, obligando a Croacia a exigir una intervención internacional para resolver esta disputa fronteriza. En el 2006, la Comisión Europea publicó un informe en el que se planteaba que Croacia debía enfrentarse al problema de la corrupción y la discriminación contra los ciudadanos no croatas. El proceso para ingresar en la UE se vio gravemente ralentizado.

En las elecciones parlamentarias de noviembre del 2007, la HDZ en el poder ganó la mayor parte de los escaños, pero aun así necesitó socios de coalición para asegurarse la mayoría. Tras un par de meses polémicos y reñidos, el Parlamento aprobó el gabinete de Ivo Sanader en enero del 2008. En marzo del mismo año, los ex generales croatas Ante Gotovina, Ivan Čermak y Mladen Markač fueron juzgados en el Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia, en La Haya, y se declararon inocentes de los cargos de asesinato contra los serbios de Croacia en la década de 1990. Su juicio sacó a la luz algunos elementos polémicos de la guerra en Croacia. El 19 de Noviembre de 2012 los generales croatas recuperaron la libertad,  tras una resolución del tribunal para crímenes de guerra de La Haya, liberándolos de toda culpa.

En la primavera del 2008, Croacia fue invitada oficialmente a unirse a la OTAN en la cumbre de Bucarest; exactamente un año después, entró a formar parte de la alianza. Mientras tanto, el 2008 estuvo marcado por una serie de asesinatos en Croacia relacionados con la mafia, que obligaron al Gobierno a intensificar su lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Así lo hizo, al menos oficialmente, pues las medidas más duras constituían un requisito para que la UE aceptara la solicitud de Croacia para ser miembro de la organización. El conflicto fronterizo con Eslovenia tampoco ayudó mucho; a principios del 2009, Eslovenia amenazó con impedir que su vecino entrase a formar parte de la UE. La Unión Europea reprendió a Croacia por no resolver esta disputa con Eslovenia y canceló las conversaciones para la admisión en la UE. Las negociaciones se reanudaron en octubre del 2009, cuando los dos países permitieron a mediadores internacionales que resolvieran el tema. Todavía se está avanzando en los asuntos de las reformas judiciales, la lucha contra la corrupción generalizada y la mejora de las condiciones para el establecimiento de empresas privadas en el país.

Desde el 1 de Julio de 2013 Croacia pasó a formar parte de la Unión Europea, estabilizando su situación en Europa.

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