La Inmigración Croata en Magallanes


 Los primeros croatas

El primer registro del arribo de croatas hacia Magallanes data del 20 de junio del año 1844, siendo estos los marinos Antonio Letić, Antonio Zupičić, y Esteban Košta, oriundos de Rijeka, en el Hrvatsko Primorje (región costera croata que se proyecta desde Rijeka hasta Senj). Llegados al país tal vez en algún navío de la bandera imperial de Austria pudieron abandonar voluntaria y libremente el servicio militar, o bien desertar del mismo, determinando radicarse en tierra chilena. Hombres de mar como eran acabaron contratándose en la joven Armada Nacional chilena, siendo destinados a la dotación del Queche Magallanes, arribando con él a los aguas del Estrecho en la misión de abastecimiento y relevo del Fuerte Bulnes.

Ocurría entonces que la presencia del naciente Fuerte Bulnes era la causa que había pasado a motivar una más frecuente recalada de naves de distintas banderas, que empleaban el curso del canal de Magallanes para su navegación interoceánica, haciendo necesario al establecimiento disponer de un bote para la atención de las naves. Fue así como el Gobernador, Sargento Mayor Justo de la Rivera, se dirigió al comandante del queche pidiéndole dos o tres voluntarios para el servicio de la Colonia. Estos resultaron ser al fin los marineros croatas. Sucesivas comunicaciones administrativas de aquel tiempo mencionan a dichos voluntarios, haciendo referencia a sus pagas o remuneraciones, la última de las cuales correspondió a febrero de 1845; luego desaparece toda mención sobre ellos, perdiéndose su rastro para siempre.

Estos casi desconocidos marineros croatas, fornidos boteros del primer servicio portuario del que haya memoria en los anales de Magallanes, sirvieron en alguna medida con su esfuerzo voluntario para la afirmación de la nacionalidad chilena sobre las tierras meridionales americanas. Ellos serían los precursores de la ulterior corriente migratoria finisecular, que aportaría en cuota inestimable a la formación de la comunidad magallánica y contribuiría en grado eficaz al progreso general de los territorios australes. Honra a la inmigración croata el haber estado, en las personas de esos marineros del litoral croata, junto a los chilenos en los trascendentes momentos iniciales de la ocupación nacional de la Patagonia; fue como un anticipo en el tiempo del proceso de integración de razas y de la mancomunada tarea de progreso social y económico que medio siglo después se iniciaría en el territorio magallánico.

Bosquejo del Queche Magallanes

Bosquejo del Queche Magallanes


Los dos adelantados

Mateo Paravić Randić

Como tantos muchachos de su época, el joven Mateo Paravić decidió un buen día, quizás allá por los comienzos de la década de 1860 dejar sus tierras y marchar en demanda de la lejana América que se ofrecía entonces como una tierra de promisión, donde cualquier hombre de ánimo firme y dispuesto tenía la posibilidad cierta de labrarse un porvenir más próspero que el que podía aguardarle en las tranquilas comarcas costeras del Adriático norte.

Mateo había nacido probablemente en 1836, en Bakar, localidad vecina a Rijeka, sobre el litoral croata, siendo sus padres Martin Paravić y Pascuala Randić, labradores tal vez y originarios del mismo pueblo. El largo viaje hacia América pudo concluirlo Paravić, como tantos otros paisanos, en las riberas del río de la Plata, Buenos Aires o Montevideo, sitios a los que como en Nueva York o los puertos del litoral sur del Brasil confluía una de las tantas corrientes migratorias europeas. Si hubo de arribar al puerto bonaerense, quizá no debió encontrar ocupación de su agrado, a pesar de la gran demanda laboral que requería la dinámica expansión del “Hinterland” agrario y así tal vez pudo optar por dirigirse a Montevideo en procura de un trabajo que se aviniera más con su natural vocación marinera, como pareció tenerla desde joven. Buscando por los lugares de contratación de tripulantes, pudo relacionarse con algún armador que realizaba el tráfico entre el puerto uruguayo y el archipiélago de las Malvinas, y entrar al fin a su servicio bien como marinero, mozo o en algún trabajo afín a la náutica. Si tal circunstancia no llegó a tener ocurrencia, cabe suponer que sólo el espíritu aventurero pudo llevarlo a tan distante dependencia británica del Atlántico austral. Como hubiere sido, una vez en las Malvinas, Paravić entró en relación con la South American Missionary Society con base en la isla Keppel, como mero dependiente o como acólito, en plan de aprendizaje misional. Si en esta última opción, no cabe duda que para aquél, nacido, bautizado y criado en la católica Croacia la necesidad laboral debió tener cara de hereje.

Probablemente mientras realizaba su preparación, arribó al archipiélago sudatlántico el fotógrafo Gustav Schulz, para quien hubo de posar el futuro ayudante misionero. Este retrato lo muestra en la plenitud de su vida; robusto, blanco de tez de ojos claros, y poblada y bien cuidada barba rubia.

Mateo Paravić Randić

Mateo Paravić Randić

Completando el aprendizaje Paravić fue destinado en agosto de 1863 al pequeño establecimiento de Santa Cruz, sobre la costa oriental de la Patagonia austral, para atender a los indígenas tehuelches. Le cupo allí reemplazar, conjuntamente con William Gardiner, a los misioneros Teófilo Schmidt y Juan Federico Hunziker y quedar a cargo del puesto misional por un par de meses. Pero esta base evangelizadora protestante en cuya acción se depositaron tantas esperanzas, como lo contaba el Superintendente de la Misión, Reverendo Waite H. Stirling, en una carta escrita en 1863 a los miembros del Comité directivo de la Sociedad, habría de concluir en el más completo fracaso. Los esforzados misioneros nada pudieron frente a la presencia y competencia insostenible de inescrupulosos capitanes traficantes de pieles, quienes arrearon pronto con toda la feligresía aborigen más ávida de licor que de enseñanzas evangélicas Allí pudo radicarse o residir temporalmente para retornar en forma periódica a las pampas en plan de tráfico de pieles, actividad entonces por excelencia lucrativa y la única que en realidad pudo darle a nuestro bravo croata el profundo conocimiento que pusiera de manifiesto ante Giaccomo Bove.

Como fuera, ya en 1876 Mateo Paravić tenía un arraigo de larga data en la aldea portuaria del estrecho de Magallanes y tanto que el 28 de septiembre de aquel año contraía matrimonio con Celinda Galdames Lucero, chilena natural de Aconcagua. Esta unión fue bendecida por el capellán Fray Mateo Matulski y apadrinada por el alemán Guillermo Bloom, respetado herrero de la Colonia, y por su esposa doña Teresa Muñoz. De esta unión nacería con los años un total de ocho hijos, con lo que el primer inmigrante croata que se afincó en la Patagonia austral dejaría asegurada la continuidad de su estirpe en el generoso país de adopción.

Es harto probable que para la época Paravić haya tenido un pequeño comercio o despacho, situado en “buena esquina como expresaría un verso popular de la época referido a las diversiones y atractivos que ofrecía la Colonia. Así el primer croata inmigrante, fue también el primero en instalarse con un almacén de esquina, iniciando una tradición que con el correr de los años ratificarían otros inmigrantes de esa nacionalidad.

Además de sus actividades de cazador-traficante de pieles y de comerciante, Mateo Paravić hubo de ser contagiado con la fiebre aurífera en la Colonia a raíz de los hallazgos de placeres en la sierra Boquerón (Tierra del Fuego) por la expedición del teniente Ramón Serrano Montaner, de la Armada de Chile. En efecto, el nombre de Mateo y el de su hermano Simón figuran entre los primeros treinta y seis manifestantes de pertenencias en 1881. Así fue como ambos iniciaron un laboreo junto con tantos otros que esperanzados creyeron ver en la serranía fueguina un nueva California. Productiva o no la faena aurífera, el hecho es que al parecer ella fue abandonada por Mateo en 1882, quien para entonces se sintió tocado por el frenesí colonizador pastoril que se había originado entre los hombres emprendedores de Punta Arenas, a contar de 1880, luego que la introducción de ovejas de islas Malvinas mostró sus bondades en la tierra firme patagónica.

De tal modo su nombre aparece mencionado en los oficios gubernativos como peticionario de tierras en la zona de Cabeza del Mar (1882) y como postulante al arrendamiento de campos en San Gregorio, dos años después. Es probable que haya intentado alguna crianza ovejera precaria en el primero de los lugares nombrados durante el lapso que medió, entre ambas fechas, empresa que debió abandonar al parecer hacia fines de 1884 para retornar a la aventura del oro, esta vez con su sobrino Simón Juan. Marcharon ambos hacia Zanja a Pique, en la vecindad del cabo Vírgenes, donde para entonces el naufragio del vapor Arctique había permitido el descubrimiento casual de oro aluvial en las barrancas costeras, provocando en tiempo breve un avalancha de buscadores hacia dicho lugar. Al cabo de un par de meses los dos Paravić retornaron con una cosecha de tres kilos de metal y que estimaron magra en comparación con lo que había tocado a otros.

Todavía habría una tercera aventura de nuestro inmigrante en pos del dorado metal. Esta la emprendió hacia 1887 en la parte atlántica de Tierra del Fuego, en la vecindad del cabo Espíritu Santo. Allí Paravić y demás asociados en la empresa realizaron laboreos sin mayor fruto, debiéndose enfrentar, aunque sin consecuencias, con los hombres del ingeniero Julio Popper que celosamente cuidaban de sus pertenencias ubicadas en el inmediato territorio argentino.

Al promediar la década de 1880 el movimiento económico que se insinuaba por doquier en el territorio magallánico, motivaba una expansión del tráfico marítimo para atender tantas como variadas necesidades de la colonización. Fue de este modo que Mateo Paravić, como buen hombre de mar que era, acabaría ejerciendo la actividad de armador, a lo menos en el último lustro de su vida, pues es conocida su propiedad sobre la goleta Victoria. Esta embarcación registró un intenso movimiento de fletamento durante los primeros meses de 1889, habiéndose realizado el postrer viaje al estuario del río Santa Cruz en marzo de aquel año. Allí la goleta naufragó y en el siniestro perdió la vida su capitán y armador Mateo Paravić, por rara coincidencia en el mismo lugar donde un cuarto de siglo antes tocara por vez primera tierra patagónica.


Petar Zambelić Novak

Uno de los primeros inmigrantes dálmatas fue Petar Zambelić Novak, oriundo de Zambelići, península de Luštica, en Boka Kotorska, de religión ortodoxa y marino de profesión. Debió hacerlo entre 1871 y 1872, habiendo llegado por la vía de Buenos Aires.

Nada se sabe sobre su actividad inicial pero hay fundamento para suponer que pudo embarcarse ocasional o periódicamente como tripulante o piloto en alguna embarcación velera afectada a la caza de lobos. Para 1875 ya se encontraba sólidamente establecido en la Colonia y disponía de algún patrimonio, lo que le permitió contraer nupcias con la inmigrante francesa María Virginia Clerc el 20 de marzo de aquel año. Es harto probable que para entonces tuviera en explotación un pequeño hotel, o más propiamente una posada, con despacho de licores como lo señala el aludido poema popular y lo confirmaron después algunos conspicuos personajes extranjeros que se hospedaron en casa de Zambelić, como Julius Beerbohm en 1877 y el grupo de aristócratas ingleses encabezado por lady Florence Dixie, en 1879.

No obstante esta temporal ocupación en tierra firme, Petar Zambelić fue por sobre todo un hombre apasionado por el mar y en tal elemento hubo de ejercer su mayor y más prolongada actividad. En efecto, ya para 1880 actuaba como armador, al poseer el cúter Rayo a medias con el próspero comerciante de la Colonia que era José Menéndez. Ambos lo explotaron en común por largo tiempo en la caza de lobos marinos de piel fina, faena que aunque asaz penosa y arriesgada constituía el más lucrativo negocio en aquellos años coloniales de Magallanes. De tal manera, Petar Zambelić, como otros pilotos y capitanes, se fue familiarizando con la intrincada geografía marítima del Occidente de la Patagonia y la Tierra del Fuego, llegando a adquirir pericia y conocimientos que corrían parejos en méritos con su veteranía náutica, características todos que le ganarían justificada fama como “práctico experto en canales”, según rezaría su título oficial otorgado por la autoridad marítima. En tal condición Zambelić presto servicios, entre otras naves, al crucero italiano Caracciolo en 1882 y en 1884 al Flavio Gola, también buque de la Real Armada de Italia; a diversos naves mercantes del tráfico ultramarino en distintas épocas y 1894 al escampavía Cóndor de la Armada de Chile, habiendo piloteado esta nave en una memorable cuanto prolongada comisión de vigilancia jurisdiccional por el laberinto del archipiélago occidental hasta el cabo de Hornos. Como armador, además del Rayo que le perteneciera por varios años, tuvo las goletas Porvenir y Juanito, con la que ejerció a contar de 1895 el tráfico mercante de fletamento entre Punta Arenas y diversos puertos y caletas del Estrecho y otros sitios del vasto litoral regional.

Petar Zambelić, viudo de su primera esposa, casó en 1884 con Luisa Zuñiga, de antigua raigambre chilena, de cuyo matrimonio nacieron varios hijos, cuya descendencia se prolonga hasta nuestros días. Este bravo capitán del mar magallánico habría de fallecer en su elemento en 1903, en un accidente ocurrido en el canal Murray, frente a Wulaia.

Petar Zambelić Novak

Petar Zambelić Novak


La primera Comunidad Croata de Magallanes

Mateo Paravić, su hermano Simón, arribado en fecha indeterminada aunque antes de 1878, y Petar Zambelić constituyeron el primer núcleo eslavo residente en Magallanes, y consignado como “austriaco” en el recuento censal realizado el 6 de diciembre de 1878 por orden del Gobernador del Territorio, sargento mayor Carlos Wood. La denominación nacional expresada obedecía naturalmente a la condición de súbditos de la casa real de Austria-Hungría que tenían los tres inmigrantes, por haber nacido en tierras austriacas que integraban las provincias de Dalmacia y el Litoral Croata sujetas a aquella soberanía.

Debieron pasar varios años antes que el reducido grupo de inmigrantes creciera con nuevos inmigrantes. Recién en 1883 se agregó el joven Simón Juan Paravić, hijo de Simón y marino de profesión. En 1885 arribó un nuevo compatriota, Mariano Matulić, originario de Postira en la isla de Brač, quien con su temprana presencia marcaría el inicio del aporte migratorio de la afamada isla adriática. Identificados así los primeros cinco inmigrantes croatas, súbditos de Austria es menester consignar que el Censo Nacional de 1885 señaló la existencia de nueve individuos de tal nacionalidad. Ahora bien, sabemos de la existencia anterior en Punta Arenas de algunos austriacos propiamente tales, esto es de sangre germana, cuatro a lo menos hasta 1885, con lo que debemos concluir que para dicho año habían en Magallanes solamente cinco inmigrantes de origen croata.

Durante la segunda mitad de la década del 80, arribaron a Punta Arenas en forma aislada los hermanos Gregorio y Andres Sviličić de Sutivan, isla de Brač, los hermanos Juan y Simón Borić, éstos naturales de la isla de Ugljan, y otros inmigrantes cuyos nombres se desconocen, aunque se sabe que eran de Boka Kotorska; así la reducida comunidad croata-magallánica vino a duplicarse al cabo de poco tiempo. Cabe agregar, además la permanencia temporal hacia 1887-88 de Mateo Mihaić, Mateo Trebotić, José Vlahović, José Radić y Mateo Perić, dálmatas todos que habían sido contratados en Buenos Aires por Julio Popper para trabajar en su factoría aurífera de Páramo, en territorio fueguino argentino.

El pequeño grupo croata de Punta Arenas se ocupó por aquellos años en las actividades más variadas, tal como la hacían los demás inmigrantes de distinta nacionalidad y los propios chilenos, buscando siempre mejorar de condición mediante el ejercicio de cualquier tipo de trabajo honrado. A las ocupaciones conocidas para Mateo Paravić y Petar Zambelić, debe agregarse que Simón Paravić además de actuar como minero por cuenta propia administró la explotación aurífera de Samuel Ossa Borne en Tierra del Fuego, desempeñándose después como panadero en Punta Arenas. Mineros del oro, a lo menos por un tiempo, fueron también los dos desconocidos de Boka Kotorska, en tanto que Matulić y Sviličić trabajaron en los primeros años como loberos. Simón Juan Paravić, por fin perseveró por años en la aventura aurífera. Lo hemos visto acompañando a su tío Mateo en Zanja a Pique en 1884. Cuatro años después se embarcó con otro buscador, Enrique Saunders, en el escampavía Toro y se dirigió hasta las islas australes del canal Beagle siendo ambos los descubridores de los primeros indicios auríferos en la isla Nueva. Así Simón Juan Paravić pasó a ser el adelantado de la que tres años más tarde sería copiosa afluencia de mineros croatas en el área insular fueguina. En 1889 todavía intentó una tercera empresa en la sierra Boquerón, de la que al fin no quedaría más provecho y recuerdo que su apellido en forma de topónimo comarcano, Chorrillo Paravić.

Vista de la Colonia de Magallanes hacia 1870

Vista de la Colonia de Magallanes hacia 1870


Las primeras oleadas migratorias

El oro de las islas australes

Como consecuencia del hallazgo aurífero de Zanja a Pique, noticia en que su momento conmocionó a la Colonia de Punta Arenas, y saltando leguas, impresionó al ambiente mercantil y social de Buenos Aires, un avisado y enérgico ingeniero de minas, Julio Popper, advirtió la posibilidad de dar con otros yacimientos de oro aluvial en lugares con condiciones geológicas semejantes a las barrancas del cabo Vírgenes. Fue así como cruzó a la Tierra del Fuego y confirmó su acertada suposición al encontrar una formación promisoria que dio origen a su afamado establecimiento de Páramo al Norte de la Bahía de San Sebastián (1887). Tiempo después previa exploración, se extendió con un segundo establecimiento en Bahía Slogget, sobre la costa meridional de la Tierra del Fuego, al Este de la boca oriental del canal Beagle.

Es probable que su condición de balcánico -era rumano de origen- le llevara a relacionarse en Buenos Aires con los grupos de inmigrantes de aquella procedencia geográfica, que por la época arribaron por centenares o millares a las orillas del Plata en plan de hacerse un futuro próspero. Popper debió acudir sin duda a los sitios donde los recién llegados solían permanecer o congregarse en espera de algún trabajo, con el propósito de encontrar hombres que reunieran condiciones de reciedumbre física y ánimo fuerte como para marchar hacia las regiones poco hospitalarias y casi desconocidas del Sur americano. De tal manera debió producirse la vinculación entre el aventurero empresario minero y sus trabajadores croatas, hasta el punto de llegar a conformar éstos una mayoría importante en las factorías de Páramo y Slogget.

Nada podía extrañar entonces que en el ambiente de los inmigrantes de la capital argentina existiera hacia 1890 una cierta familiaridad geográfica con las tierras del Sur patagónico-fueguino, asociada a la promesa de un oro fácil, casi al alcance de las manos. Para los mineros que llegaron a establecerse en Slogget el deseo de extraer oro por cuenta propia debió constituir tal vez un deseo sostenido, casi obsesivo; de allí que más de uno planeó intentar una aventura exploratoria, cruzando en bote hacia las islas chilenas del Sur. Así, un buen día, tal vez a mediados de 1887 o comienzos de 1888, alguno de tales mineros abandonó la factoría de Popper, costeó la Tierra del Fuego, cruzó el canal de Beagle, recorrió el litoral de Picton y demás tierras vecinas y dio también con oro aluvial en las islas Lennox y Nueva. Quizá el descubridor fuera natural de Dalmacia como tantos otros trabajadores de los establecimientos de Popper, pues solamente así se explica el entusiasmo febril, más aún verdadera locura aurífera, que a poco andar se suscitaría entre los inmigrantes de esa procedencia regional. Y la noticia llegó primero, como correspondía a Punta Arenas, vago anuncio en un comienzo, feliz confirmación más tarde luego de la comisión exploratoria de la escampavía Toro con Simón Juan Paravić y Enrique Saunders a bordo, dispuesta por la Gobernación del Territorio en octubre de 1888. Pero la voz del oro traspuso leguas, salvando la valla de la increíble distancia y llegó a golpear en los ambientes de inmigrantes de la nueva Babel que era Buenos Aires. Allí, entre tantos hombres rudos y fornidos encontró oídos prestos en los grupos de dálmatas deseosos de hacer más rápida fortuna trocando las seguras aunque mezquinas pagas de la campaña y puerto bonaerenses, por la aleatoria pero irresistible como atractiva perspectiva de riqueza que se podía ocultar bajo un golpe de pico.

La noticia entonces sacudió los espíritus y animó los cuerpos y muy pronto las primeras partidas estuvieron navegando en pos de la lejana e ignota Punta Arenas. De tal manera comenzó el alud migratorio croata en Magallanes. A contar de 1890 cada vapor de la carrera procedente de Montevideo que recalaba en Punta Arenas fue dejando entre 20 y 30 o más inmigrantes. Luego la cifra aumentó, como los 63 que arribaron en el Calabria desde Buenos Aires el 20 de agosto de 1890 o los 108 que lo hicieron el 20 de marzo del año siguiente, porque la afluencia aumentaba según crecía la fama aurífera de las Islas Australes. “El oro y la isla Lenox están haciendo furor” -escribiría por aquellos días Mauricio Braun a José Nogueira- “todos y cuantas goletas llegan se fletan inmediatamente para esos islas repletas de pasajeros. La “Rippling Wave” zarpó hace una quincena con 92 pasajeros y 100 tons. De Buenos Aires llegan austríacos (dálmatas) como avalanchas, en el último vapor llegaron 150 y mañana se espera una remesa de 200 más. Si sigue así esto será una segunda California”.

Aquel año el recuento de inmigrantes croatas desembarcados en Punta Arenas alcanzaría a 500 individuos como lo consignó el Gobernador Daniel Briceño en su memoria administrativa. No bien llegaban a puerto los vapores, los recién arribados procuraban aperarse de los elementos más indispensables para la faena minera -herramientas, víveres y ropas- y partían alegremente en cualquier embarcación que zarpara con rumbo a las islas del lejano Sur chileno. Entre los primeros aventureros del oro estuvieron Mateo Trebotić, Mateo Karmelić, Mateo Martinić y Tomás Buvinić. También Juan y Simón Borić; Pablo Babarović, Mariano Biluš y Vicente Fadić. Francisco Tomšić, Pedro Perić, Francisco Eterović, Antonio Martinić, Santiago Vrsalović, Andrés Štambuk, Natalio Foretić, Nicolás Cebalo, Francisco Curać y tantísimos otros.

Con la avalancha de buscadores la población de las islas fue creciendo, Si en 1890 los mineros eran estimados en 300, para mediados de 1891 la cuenta los hacía subir a 500 y en 1893 ya alcanzaban al millar. Tan crecido número faenó principalmente en la rica isla Lennox, pero también se desparramó por las costas de Nueva, de Picton y por la parte oriental y sur de Navarino; además por el Falso Cabo de Hornos y otros lugares del inhóspito Sur de la isla Hoste y por las distintas islas del archipiélago del Cabo de Hornos. Y a los inmigrantes se les vio animando no solamente la prospección minera, sino también la navegación, pues varios de ellos emplearon las primeras ganancias en la adquisición de embarcaciones veleras que destinaron al tráfico de cabotaje entre Punta Arenas y las islas del Sur del Beagle, materia de un provechoso comercio. Así lo hicieron Trebotić, Biluš, Foretić y Curać ya mencionados, y también Andrés Sviličić, Antonio Miličić, Marcos Pivčević, Juan Čagljević y el experimentado capitán que era Petar Zambelić.

La febril actividad de exploración y extracción aurífera vino a ceder en ímpetu hacia 1895, cuando comenzó a manifestarse el agotamiento de los placeres aluviales. Para entonces los mineros habían conseguido extraer no menos de dos toneladas de oro, según los documentos oficiales de la época. Con la declinación consiguiente de la minería del oro hubo de producirse el alejamiento de los buscadores, habiendo quedado no pocos sepultados para siempre en solitarias playas, víctimas de su arrojo o codicia. Pero si se había extraído hasta agotarlo virtualmente al oro milenario, los afanosos buscadores habían realizado con todo una tarea más trascendente que quedaría como legado histórico para la nación chilena. Ellos, como los navegantes del archipiélago austral, habían contribuido a expandir y afirmar la presencia y la soberanía de la República a lo largo y ancho del vasto e intrincado conjunto insular situado en el confín americano.

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Los que se quedaron

Al producirse el retorno desde las islas del Sur muchos de los aventureros que habían llegado atraídos por el relumbre del oro fueguino, re emigraron con su cosecha abundante o magra hacia el Norte chileno, Buenos Aires o Europa. De tal suerte entonces, la inmigración croata en Magallanes daría comienzo a una nueva etapa histórica: la del arraigo definitivo de aquellos que libremente optaron por quedarse junto a las riberas del estrecho de Magallanes. Del importante contingente en gran mayoría dálmata arribado principalmente entre 1885 y 1895, hubo de permanecer la mitad aproximadamente en el Territorio. De ese modo el “Censo Nacional de Población” de 1895 señalaría sólo la presencia de 359 súbditos austro-húngaros, de ellos 184 residentes en Punta Arenas y el resto en Tierra del Fuego, ocupado mayoritariamente en actividades mineras en los lavaderos vecinos a Porvenir. El descubrimiento de los placeres australes había permitido y permitía por entonces divulgar en medida apreciable el conocimiento de la región magallánica en los sitios de concentración de inmigrantes europeos, como ocurriera con Buenos Aires y Montevideo.

De tal manera, la fama superviviría al oro para mostrar un territorio que a pesar de su meridional situación, ofrecía posibilidades ciertas de trabajo y prosperidad. Tal noción sirvió para estimular la marcha de nuevos inmigrantes hacia las costas de Magallanes. Entre cuantos pasaron de las Islas Australes a Punta Arenas para radicarse, cabe nombrar a Natalio Foretić, Mariano Biluš, Francisco Tomšić y muchísimos otros que emplearían la riqueza cosechada fatigosamente, en la creación de nuevas actividades de desarrollo económico y progreso social. De cuantos, a su tiempo, arribaron al puerto del Estrecho sin pasar por los placeres del Sur, se contaron José Covacevich, Francisco Brzović, Esteban Covacich, Antonio Tafra y Mateo Stanić entre tantos, quienes se transformaron a poco andar en los pioneros impulsores del surgimiento del nuevo pueblo de Porvenir y su zona aledaña, en la Tierra del Fuego.

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Vista de Punta Arenas hacia 1890


La Inmigración masiva

Características demográficas

Según fue vigorizando y expandiendo su desarrollo económico, Magallanes fue creciendo en fama y motivando una incesante corriente migratoria europea. Y si el contingente croata era apreciable en número al promediar la década final del siglo XIX, más lo fue pasando 1900, cuando nuevos aportes hicieron subir considerablemente el número de inmigrantes que vinieron a radicarse en el territorio austral chileno.

De tal modo los 359 austrohúngaros contados en 1895, pasaron a ser 1.469 en septiembre de 1906, ocasión del Censo Municipal de Magallanes, y 1.748 poco más de un año después, en el recuento del Censo nacional de Población de noviembre de 1907. La inmigración no cesó entonces por el contrario se mantuvo sostenida, estimándose el mayor arribo de inmigrantes para el transcurso de la Gran Guerra Europea. Los datos más exactos son los que aparecen en el censo realizado por Pedro Gašić en 1913, y publicado en el Semanario Domovina el 5 de Marzo de 1914. En este censo aparecen registrados 3.200 inmigrantes croatas, señalando también  en forma detallada la ocupación laboral de cada inmigrante.

La inmigración fue perdiendo intensidad en los años 30 del siglo XX, paralizándose con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. A partir de este periodo, el aporte de nuevos contingentes de inmigrantes estuvo reservado solo al arribo de parientes o amigos de los croatas que ya estaban establecidos en Magallanes.

Quienes llegaron de Croacia antes de 1918, llevaban pasaportes en los que figuraban como austríacos o austrohúngaros, momento en el que Croacia se encontraba bajo el dominio de los Habsburgo. Los pasaportes que ingresaron desde 1918 en adelante y que provenían de Croacia llevaron la leyenda yugoslavo o italiano.

El nivel cultural de los inmigrantes era satisfactorio para la época, siendo del 73,06% el índice de alfabetos absolutos, proporción algo superior a la de la población chilena residente (71,94), aunque inferior a la media de la población extranjera que alcanzaba a 85,77%, y a cierta distancia de alemanes, británicos y franceses cuyo índice de alfabetismo superaba el 96%. De cualquier modo debe entenderse razonablemente que el alfabetismo de los inmigrantes croatas debió reflejar con más propiedad enseñanza elemental y solamente por excepción niveles superiores. A fines de siglo XIX la población inmigrante era abrumadoramente masculina, como lo mostraría el censo de 1895. Esto cambiaría recién en 1900. A comienzos del siglo XX la relación entre los sexos se empieza a equilibrar, dando paso al arribo de un considerable número de inmigrantes mujeres.

Desde el punto de vista ocupacional de la población croata radicada en Magallanes, la situación cultural significó concurrir con un porcentaje alto de jornaleros o gañanes (17,7%), el mayor para los grupos de inmigrantes, en el recuento censal. Considerando los ramos económicos, en 1906 la fuerza laboral croata se hallaba ocupada solamente en un 1,8% en la agricultura y la ganadería, después de británicos, franceses, alemanes, chilenos, españoles e italianos, en idéntico orden. En industrias y artesanía en cambio su participación era mayor, 26,33%, situándose en quinto lugar entre los correspondientes a otros grupos de inmigrantes europeos. En el ejercicio del comercio, la actividad croata dedicaba un 16,8% de su contingente ocupacional, ubicándose en segundo término tras los alemanes. En 1906, por fin, tan sólo se contaban seis profesionales de rango universitario entre los inmigrantes: dos ingenieros: un arquitecto, un médico, un profesor y un químico.

Los inmigrantes que arribaron a Magallanes fueron en su mayoría croatas étnicos originarios de los territorios que actualmente abarcan Croacia, y dentro de este territorio principalmente de la provincia croata de Dalmacia (tanto de la costa firme, como de las islas adriáticas). Mientras en la ciudad de Punta Arenas primaron los inmigrantes de procedencia isleña (principalmente de Brač), en la Tierra del Fuego se instalaron los croatas de tierra firme, siendo los más numerosos los inmigrantes de la comuna de Omiš y Dalmatinska Zagora. El saldo de inmigrantes croatas provenía de otras ciudades e islas ubicadas en el litoral que se proyecta desde Istria hasta Boka Kotorska, siendo escasos los inmigrantes provenientes de las regiones de Croacia Central, Eslavonia, Bosnia y Herzegovina. m262enz La pedregosa pero atractiva Brač fue la fuente principal de inmigrantes croatas que llegaron a Punta Arenas. El estudio mencionado hace posible deducir una fuerte proporción aportante, reflejando la realidad de lo acontecido históricamente, pues como ya se ha dicho anteriormente, desde los comienzos de la inmigración el número de hijos de dicha isla fue proporcionalmente mayoritario, de acuerdo con la tradición, tal vez superior al 70% del contingente croata inmigrante. Los pueblos que aportaron los mayores contingentes fueron, en orden, Pučišća, Pražnica, Milna, Ložišća, Bobovišća, Nerežišća, Gornji Humac, Sutivan, Postira, Bol y Supetar. Aunque tardíos para el tiempo migratorio, los antecedentes colacionados son relativamente válidos para señalar en general la procedencia pues son coincidentes con las estimaciones de la tradición y de otras fuentes.

Agregamos todavía que en forma singular la inmigración croata en Magallanes se radicó fundamentalmente en dos centros urbanos: en Punta Arenas, metrópolis regional y como tal sede de toda la actividad más importante y dinámica en lo social y económico; y en Porvenir, el tranquilo pueblo fueguino que los inmigrantes contribuyeron a formar, otorgándole sus características urbano-sociales que lo han señalado entre las comunidades magallánicas.

Aunque pudieron trabajar en ellas, sólo por rarísima excepción los inmigrantes concluyeron radicándose en Ultima Esperanza y otras zonas del territorio magallánico. Así y todo, en Puerto Natales luego de su fundación se fueron estableciendo a lo largo de la década de 1910 y 1930 algunos inmigrantes que dieron origen a una pequeña comunidad croata. Entre varios cabe recordar a Zacarías y Alejandro Naumović y Pedro Perović, que fueron albañiles; Antonio Puratić, Nicolás Dubravčić, Juan Herceg, Jorge Glušević, Gojko y Blagoje Pavlović que ejercieron el comercio de ramos generales; Marcos Nejasmić, Juan Fistanić, Mariano Utrobičić, Esteban Marinović y Juan Matulić, todos panaderos; Nicolás Brižić, que tuvo hotel; Juan Jutronić, quien explotó por largos años el ramo de la pastelería y cafetería, como Miguel Gašić el de carnicería. Marcos y Juan Kusanović, fueron ganaderos, y Juan Vilić agricultor; Lucas Salatić y Mateo Dragičević, que trabajaron como choferes- mecánicos, en tanto que los hermanos Antonio y Teodoro Suić fueron peluqueros. La exiguidad de su número hizo que este grupo de residentes croatas no dejara huellas ponderables de su presencia en el medio social de Puerto Natales.

Si como antes señalamos los inmigrantes croatas se distinguieron por su increíble espíritu de laboriosidad, a lo que agregamos ahora su sentido de dignidad y responsabilidad laboral y social; también cabe en apreciación histórica, consignar en su respecto que se hicieron notar por su nivel limitado de aspiraciones económicas. Los croatas no buscaron ni quisieron la riqueza para ganar prestigio social o poder económico. Desprovistos por lo general de ambiciones desmedidos, ellos obtuvieron en cambio, con honrado esfuerzo, los recursos que pudieron brindarles un tranquilo pasar para la familia, la educación para los hijos y la seguridad para le vejez. Así una sencilla medianía social y económica pareció ser la aspiración de los inmigrantes, como fue, en el hecho, su común denominador. Tal circunstancia se hizo manifiesta en el proverbial sentido de la previsión y el ahorro, y en el alto valor que asignaron a la propiedad raíz familiar, como factor de seguridad social. Una y otra motivaciones se conjugaron para convertir a los inmigrantes pobres del comienzo, en tranquilos propietarios al cabo de algunos años. El análisis de algunos antecedentes estadísticos hace más expresiva la consideración. Si en 1892, los propietarios croatas eran apenas 26 sobre 650 (con un valor raíz de $129.630), en 1908, de 1.447 inmuebles urbanos en Punta Arenas que tenían un valor de $20.002.100 de la época, 225 eran de croatas, con un valor de $2.039.000 (11,8%). En Porvenir, de 67 bienes raíces, 38 pertenecían a croatas, teniendo un valor de $213.000, cifra que representaba entonces el 59% del avalúo urbano de aquel centro fueguino. Un año después en Punta Arenas existían 1.810 propiedades avaluadas en $ 26.975.836, de ellas 314 (17,35%) pertenecían a croatas, con un valor de $ 3.350.350 (12,42%). Para Porvenir las cifras eran de 42 propiedades de croatas, sobre 76 (55,26%), avaluadas en $ 243.900, esto es 57,17% sobre el avalúo total que alcanzaba a $ 426.600.


Las causas de la inmigración croata

A estas alturas vale la pena detenerse en la cronología de la inmigración croata para hacer algunas consideraciones acerca de las causas que pudieron motivarla como fenómeno social de carácter masivo.

Desde luego, está claro que el hallazgo de depósitos auríferos en las islas del Sur del canal Beagle fue la causa inmediata que movió a los primeros centenares de inmigrantes entre 1885 y 1895, habida cuenta de la difusión que tan atractiva noticia hubo de tener entre ellos, por razón de relación racial con los trabajadores de Julio Popper. El saldo migratorio que acabó por radicarse en el territorio magallánico, descontados los que regresaron, provino una vez más desde los puertos del río de la Plata, del mismo modo como sucedió con los que arribaron por aquel tiempo para establecerse en Punta Arenas o se desperdigaron por la zonas rurales de la Patagonia y Tierra del Fuego. Establecidos así los primeros grupos de inmigrantes, en su abrumadora mayoría varones como lo señalaría el censo de 1895 y dueños al cabo de algún tiempo de una situación económica aceptable que prometía para el porvenir, no dudaron en participar tal circunstancia a los parientes que habían quedado en la patria lejana, invitándolos a trasladarse hasta las tierras de Magallanes, donde la ocupación no faltaba para gentes laboriosas. Así hubo de comenzar a operar “el llamado de parientes y amigos”, común en todos los fenómenos migratorios.

A las causas señaladas, habría de agregarse aún, como razones endógenas estimuladoras de la inmigración de nacionales de Dalmacia, la circunstancia del prolongado servicio militar en los ejércitos y armada del Emperador de Austria, a que se veían forzados los jóvenes súbditos croatas, lo que movió a muchos de ellos a evadirse de tan agobiante carga, saliendo para América en plena adolescencia.

Una segunda circunstancia debió darse después de 1900. La plaga de la filoxera fue la que asoló todas las viñas de Europa a contar de la segunda mitad del siglo XIX, siendo su primera aparición en el año 1863 en Francia. A Dalmacia llegó hacia el año 1894 y su propagación fue progresiva, destruyendo los viñedos de las islas adriáticas, especialmente las de Brač que tenía la mayor producción de vino. A mediados del siglo XIX, Austria había perdido sus posesiones vinícolas en Italia con lo que apareció una mayor demanda del vino dálmata. También Francia empezó a comprar grandes cantidades de vino porque la filoxera ya había aniquilado los viñedos franceses. El auge del vino de Brač impulsó a plantar más viñedos en la isla, talando los olivares y frutales para dar terreno a la uva. Tanto era el auge que para hacer la vendimia llegaban a la isla cientos de dálmatas del continente, quienes volvían a sus casas en otoño con buenas ganancias. Brač tenía cuatro veces más viñedos que Hvar y Vis. La demanda por el vino de Brač duró hasta el tratado comercial de Austria con Italia en 1891, que estableció la llamada “cláusula del vino”, que permitía a los italianos exportar su vino a los territorios austríacos en condiciones preferenciales. Cayeron los precios al disminuir las exportaciones y desapareció el interés por plantar nuevas vides. Y para mayor desgracia la filoxera atacó los viñedos dálmatas y gradualmente los aniquiló. Por esta causa y también por las razones políticas de dependencia de Austria-Hungría los campesinos empobrecidos se vieron obligados a emigrar. En 1905 quedó nula la “cláusula del vino” y la situación empezó a mejorar,  pero esta nueva coyuntura duró hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). La producción decayó y después del término del conflicto se produjo una nueva ola migratoria que se llevó la mejor y joven fuerza de trabajo a lejanos países.

Caricatura que hace alusión burlesca a la peste de la filoxera en Dalmacia a fines del siglo XIX

Caricatura que hace alusión burlesca a la peste de la filoxera en Dalmacia a fines del siglo XIX

El segundo ingreso agrícola más importante de Brač era el olivo, pero éste había retrocedido en la mitad del siglo XIX en beneficio de las plantaciones de vides. A pesar de esto, todo Brač seguía siendo el principal exportador de aceite del conjunto de las islas dálmatas centrales.

Al respecto conviene tener presente que la isla de Brač suministró tal vez sobre el 70% del contingente croata que arribó a Magallanes entre 1890 y 1930. El bienestar que unos y otros obtendrían en la patria de adopción vino a actuar como tercera causal concurrente, estimulando al fin la marcha de terceros inmigrantes hacia el distante territorio meridional de Chile.

Aquí cabe una necesaria reflexión para considerar como pudieron los inmigrantes afincarse en Magallanes, región situada casi en las antípodas geográficas del litoral adriático croata, donde aquéllos no encontraron ni con mucho condiciones de clima que recordaran ese tan benigno de la lejana tierra natal.

¿Qué pudo atraerlos entonces y después?

¿Pudo ser tal vez y paradojalmente el paisaje abierto, hosco y ventoso, con sensación de infinitud, de la ruda geografía patagónica, tan distinto al de la riente y dulce, aunque pedregosa Dalmacia? No sin duda y si bien aquél no fue la causa de atracción, tampoco lo fue de rechazo. Creemos que lo que atrajo o atraería a los inmigrantes hasta conquistarlos fue el “aire” ubérrimo de la bendita tierra chilena. Porque, aunque de ellos no puede afirmarse que vivieran en condiciones de opresión en el suelo patrio, es posible sin embargo afirmar que las posibilidades de progreso individual y colectivo estaban limitadas tradicionalmente por una rigidez social no fácil de modificar teniendo en cuenta las condiciones políticas de la época de la migración. En cambio, una vez en Chile, los inmigrantes croatas pronto comprendieron que esta era una nación libre de odiosos privilegios, cuyo democrático y saludable vivir en el respeto de los derechos del hombre, garantizaba a cualquiera una posibilidad cierta de ascenso social mediante un legítimo y honesto esfuerzo. En buenas cuentas, los inmigrantes croatas encontraron en Chile – en la igualdad democrática de su surgente sociedad austral – las condiciones que idealmente ansiaban para la patria sojuzgada. Tal vez si su aceptación final con la naturaleza meridional – o al menos su falta de rechazo – estuvo en el subconsciente de los inmigrantes en cuanto ella reflejaba en su prístina amplitud la libertad que encontraron en Chile, la cual calmaba sus sentimientos ancestrales. Y así finalmente se quedaron.


Vida y actividad de los inmigrantes croatas en la primera época

La integración social

Cuando se produjo el arribo masivo inicial de los croatas, la antigua Colonia de Magallanes se hallaba en pleno proceso de expansión económica, en particular la colonización pastoril, y por su influencia la navegación y el comercio. De esta forma para 1890 el antiguo establecimiento penal-militar apenas si conservaba reminiscencias de su deplorable y mal afamada condición de antaño. En los comienzos de la década final del siglo XIX el auge era tan vigoroso que literalmente faltaban brazos para tanta actividad y empresa que cotidianamente desarrollaba y promovía el ímpetu pionero. Quienes animaban el proceso eran aquellos habitantes de largo arraigo en Punta Arenas, y lo habían hecho y hacían mediante la inversión de los capitales pequeños o medianos logrados con anterior esfuerzo, a veces asaz rudo. Así habían establecido comercios, adquirido y armado naves; levantado factorías madereras, habilitado empresas mineras y poblado cantidad de estancias ovejeras. De ese modo entonces, los recién llegados desprovistos de todo recurso que no fuera su vigor físico, su espíritu de laboriosidad y de esfuerzo que se harían proverbiales, pasaron a ser los voluntarios indispensables que virtualmente coparon tanta demanda laboral como la que se registraba sin cesar por aquellos años.

Los recios croatas fueron desde el primer momento los trabajadores y artesanos apreciados para cien faenas distintas. Entre tantos quienes en el terruño natal habían picado piedras, resultaron ser los mejores albañiles y constructores de los primeros edificios de mampostería que señalarían la novedosa faz urbana de Punta Arenas, que así de modesta aldea mutaba a ciudad. Quienes, a su turno habían nacido y criado entre redes y botes, o fueron los marineros indispensables primero y armadores después de tanta embarcación que se movía incesante en las aguas patagónicas y fueguinas, cuando no los eficientes carpinteros de ribera; o los introductores en los playas del Estrecho de novedosas aunque ancestrales técnicas de pesca artesanal, tarea en que sobresaldría Juan Milošević de Gruž, cerca de Dubrovnik.

Pero pronto hubo quienes con algún capital producto de su ahorro y dotados de mayor iniciativa y capacidad que otros, dieron comienzo en forma independiente a actividades propias como pequeños empresarios. Tales los casos de Francisco Tomšić y Santiago Jelisej, que instalaron ya en 1892 la primera fábrica de ladrillos que existiera en Magallanes, con los que se construyeron los primeros edificios importantes de la antigua colonia. En idéntico rubro se iniciaron Simón Pizzulić  y, con más éxito Natalio Foretić, ejemplo éste de creatividad industrial, pues además puso en explotación la primera cantera y estableció el primer horno para la fabricación de cal en Tierra del Fuego (1897). Posteriormente este pionero instaló en 1900 la primera carpintería a vapor que se conocería en el Territorio. Como maestro de obras y constructor, correspondería a Foretić levantar durante más de dos décadas los mayores edificios de mampostería erigidos en Punta Arenas. No menos ejemplar fue el empeño empresarial mercantil de José Covacevich, cuyo establecimiento comercial y la variada actividad conexa fueron de surgimiento y afirmación socio-económíco de Porvenir, el primer poblado de la Tierra del Fuego chilena.

En el ramo de construcciones y reparaciones navales pronto destacaron Antonio Damjanović de Korčula, fundador en 1895 del primer varadero del Estrecho; también Juan Violić y Juan Sturica, ambos del distrito de Dubrovnik, quienes trabajarían asociados o entrarían en leal competencia con hábiles maestros italianos como Jerónimo Donatti, Eduardo Doberti y Esteban Garese. Los hermanos Carlos y Daniel Bonačić-Dorić, originarios de Milna, Brač, en sociedad con Juan Depolo, natural de Dubrovnik, fundaron en 1896 el primer astillero propiamente tal que existió en Magallanes, para la reparación y construcción de las naves y embarcaciones que requería el creciente movimiento marítimo regional y de ultramar. La construcción de embarcaciones, como artesanía calificada, sería uno de los más valiosos aportes tecnológicos de los maestros carpinteros de la ribera dálmata. El correspondiente estilo de fábrica naval sería adoptado y generalizado con los años en toda la región magallánica.

Y si entre los inmigrantes hubo quienes fueron cotizados prácticos en artesanías, tales como carpinteros de ribera y expertos labradores en piedra, también hubo algunos profesionales como Magdalena Perić, matrona diplomada, quizás la primera que en tal condición llegó a Punta Arenas y que habría de prestar meritísimo servicio por años; o como Petronila Krželj y Juana Milostić, también obstetras tituladas en el “Instituto Real de Matronas de Zadar”. Asimismo el ingeniero mecánico Miguel Subat, quien conjuntamente con Mateo Brnčić pondrían en actividad un importante taller hacia 1896-97, el que pocos años después se transformaría en el afamado establecimiento metalúrgico “Maestranza y Taller Minerva”.

Astillero y Varadero Naval de Bonacich Hnos. y Cía. Con 5 naves en varadero - 1911

Astillero y Varadero Naval de Bonacich Hnos. y Cía. Con 5 naves en varadero – 1911

Según avanzaba el tiempo, se fue produciendo la paulatina integración de los inmigrantes a la sociedad que se formaba en Magallanes. Siendo abrumadamente masculino el contingente croata durante el periodo que comprende la última década del siglo XIX y dotado de una fuerte voluntad de arraigo, no tardaron en producirse los primeros matrimonios. Para ello algunos hicieron venir a sus novias desde la patria lejana o tomaron por esposas a las paisanas que fueron llegando en creciente número. Otros mozos dálmatas se unieron con mujeres inmigrantes europeas de distinta raza o procedentes de otras naciones americanas, o, casándose con chilenas expresando de tal manera una voluntad de nupcialidad interracial creciente y no común a otras razas inmigrantes europeas, a lo menos en el período inicial, lo que tipifica desde el comienzo la vinculación racial croata-chilena.


Aspectos sociales y económicos de la inmigración croata

Para 1914 las cifras respectivas eran de 437 propiedades de croatas, sobre 2.420 existentes en Punta Arenas; y en Porvenir 61 de 112, antecedentes que acusan una proporción creciente de participación en particular en la ciudad de Punta Arenas. Semejante sentido de la propiedad familiar entre los croatas, superaba en mucho al de otros grupos inmigrantes de origen europeo y desde luego al de los propios hijos del país.

Si en lo económico los croatas conformaron fundamentalmente un contingente de trabajo, sólo por excepción manifestaron la imaginación creadora y el empuje empresarial que históricamente distinguiría a los pioneros inmigrantes de otras razas, en particular a los germanos. Pero, así y todo, su aporte no fue desdeñable en la economía territorial.

De tal manera así como los croatas en forma masiva protagonizaron inicialmente la dura epopeya aurífera, de igual modo ellos conformaron la base laboral vigorosa y sufrida de muchas empresas y obras de progreso económico y social. Los croatas fueron sin competencia los mejores albañiles – destacándose los de Pučišća y Nerežišća – y los memorables constructores del pavimento pétreo urbano en fatigosa tarea que recordaría con sentimiento Nicolás Mihovilović en magnífica novela, fueron los mineros que abrieron los piques cupríferos en Cutter Cove y otras minas y los aventajados, y por tiempo insustituibles, esquiladores de las faenas ganaderas; los laboriosos labradores que hicieron fecunda la tierra con su sudor y dieron dignidad a la tarea hortícola y, por fin, los cotizados maestros de variadas artesanías. Se hicieron famosos por aquellos años los inmigrantes por su responsabilidad y eficacia como contratistas, actuando agrupados, en cantidad de obras específicas: fabricación de cal para baños de lanares; construcción de caminos y obras de arte viales; construcción de alambradas; faenas mecánicas diversas, entre tantas.

Empedrado de calle Talca (actual Armando Sanhueza) a cargo de inmigrantes croatas, año 1920.

Empedrado de calle Talca (actual Armando Sanhueza) a cargo de inmigrantes croatas, año 1920.

Para cuantificar el aporte croata en la economía magallánica al cabo de veinte años de presencia en el antiguo Territorio de Magallanes, reproducimos los datos aportados por el diputado Agustín Gómez García en 1913. Para la época el comercio de Magallanes tenía un capital invertido de $19.280.000. En este ramo los croatas participaban con $4.140.000 (21,5%), siendo segundos detrás de los alemanes ($4.490.000). la industria tenía un capital de $10.260.000, participando los croatas con establecimientos por valor de $2.420.000 (23,6%), ubicándose también segundos de los alemanes ($2.860.000).

Las firmas, casas y establecimientos croatas de prestigio para la década de 1910 eran: Bonačić Hnos., Juan Sturica y Juan Violić (Doberti y Violić) (astilleros); Jerónimo Martinić, Marušić y Marković, Mateo Pasinović, Jurišić y Turina, Lorenzo Miloš, Dragičević Hnos., Jorge Jordan, Juan Sapunar, Jorge Matetić y Natalio Foretić (comercio mayorista y casas importadoras); Jordan, Domić y Cía. (comercio y ganadería); Francisco Depetris (fábrica de licores); V. & A. Kusanović (abasto de carnes); Pedro Hrdalo y Damjanović & Duković (imprentas); Mateo Paravić (criaderos) y José Pasinović (armador). En Porvenir naturalmente la firma principal era la de José Covacevich, en el comercio de ramos generales y agencia mercantil.

Después de 1920 algunas de las antiguas firmas dejaron de existir y fueron apareciendo otras nuevas como Blažina y Cía., después Violić y Blažina; Kunica y Litrica, después Nicolás Kunica, ambas casas importadoras y de comercio de comestibles; Peruzović Hnos. (farmacia); Jorge Škrmeta, después Škrmeta Hnos. (ferretería); Simón Ružić (metalurgica), Marangunić Hnos. (imprenta) y Rožić y Matić, sucesores de Doberti y Violić en la industria de la construcción naval.

Para la misma época y de acuerdo con la fuente mencionada, de 36 estancias (grandes establecimientos de crianza pecuaria), solamente 3 eran explotadas por inmigrantes croatas, perteneciendo la más importante a Vicente y Antonio Kusanović. Por otra parte, de 94 hijuelas (fincas menores) rurales existentes en la Patagonia, solamente 12 eran de croatas. En cambio en Tierra del Fuego les pertenecían 10 de 18 que existían en la vecindad de Porvenir. Ha de notarse en esta pequeña reseña económica una escasa participación croata en el campo agrario en la primera hora. Ello tiene su explicación, en cuanto a los predios rurales menores, en que al arribar los primeros inmigrantes habían terminado de hecho las asignaciones funcionarias previstas por el decreto de colonización de 1867 y leyes posteriores, quedando así los croatas sin opción a tal beneficio. Los pocos que más tarde pudieron adquirir lo fueron por compraventa o por subarriendo a grandes compañías pastoriles, como fue el caso de las fincas situadas en Tierra del Fuego.

En cuanto a los campos fiscales entregados en arrendamiento para la explotación pastoril en la Patagonia entre 1880 y 1900, y los vendidos en subasta entre 1903 y 1906, los croatas quedaron marginados de su acceso bien porque el primer proceso se produjo antes de su arribo masivo, o bien porque ni en aquél, ni en el segundo, dispusieron de capitales como para adquirir y desarrollar empresas pastoriles. Pero con todo, los croatas no dejaron de cumplir un rol pionero en la colonización pastoril de Magallanes, al establecerse algunos en las tierras marginales – de suyo difíciles – del área del canal Beagle e islas Australes y en los distritos preandinos de Skyring e isla Riesco y Ultima Esperanza. Tales los casos de Antonio Miličić, ocupante de la isla Nueva ya en 1895 y de Antonio Vrsalović  y Luis Mladineo, quienes en 1896 iniciaron una explotación ovejera en Wulaia (Navarino) y que perduraría por medio siglo. También Fortunato Beban fue uno de los colonizadores de Navarino al establecerse con una estancia en las postrimerías del siglo XIX (1897), en bahía Windhond, sobre la costa sur de la isla. Entre 1915 y 1925 Jorge Jordan y Andrés Pivčević, mantuvieron en la isla Lennox una explotación ovejera, mientras que Mateo Paravić Galdames, operando en compañía, hizo lo propio en las islas Picton y Nueva desde 1915 hasta 1923.   Jerónimo Šerka a su turno hubo de instalarse en Yendegaia, en el litoral sur de Tierra del Fuego, dando vida a una importante estancia ovejera. Otro tanto hicieron en la precordiliera fueguina Santiago Vrsalović y los hermanos Miguel, Mariano, José, Juan y Vicente Mimica, donde formaron con duro esfuerzo la estancia Vicuña en 1912. En el extremo opuesto del territorio magallánico en Última Esperanza, siguiendo la huella de los primeros pioneros alemanes y británicos se instalaron hacia 1905 hombres de esfuerzo como Pedro Vrlika, Nicolás Štambuk, Francisco Šantić, José Antunović y Deodato Gjuranović, poblando los valles subandinos de laguna Azul y sierra de los Baguales dando origen a pequeños establecimientos de crianza ovina y bovina.

En la parte centro-occidental de Magallanes, isla Riesco y tierra firme bañadas por las aguas interiores del seno Skyring, el empeño y pujanza de Vicente Kusanović fue haciendo surgir en campos en extremo difíciles, estancias de cría lanar y vacuna y aserraderos productores de madera. En la actividad agrícola propiamente tal se destacaron José Covacevich, Francisco Brzović y otros paisanos, quienes demostraron en los aledaños de Porvenir, cómo podían fructificar las pequeñas fincas rurales que habían adquirido o arrendado ejemplarizando el provecho social y económico que podía obtenerse de la subdivisión de los vastos terrenos fiscales entregados a grandes compañías anónimas. Mientras prosperaban modestamente en lo económico, los inmigrantes iban ampliando y profundizando su integración en la sociedad. Sus hijos nacidos en la patria de adopción, concurrían, los primeros, a las escuelas satisfaciendo las esperanzas de los padres que querían para ellos un porvenir mejor. Con amplio sentido de solidaridad y de servicio sociales, los croatas nutrían con generosidad las filas de entidades mutuales y de asistencia a la comunidad.

Los sencillos y amistosos inmigrantes poco a poco se iban haciendo respetar y querer en el seno del pueblo por tantas cualidades positivas que exhibían. Impulsados por el sentimiento proclive a la cultura que por tradición más que secular alentaba en ellos, los croatas dieron vida a numerosas manifestaciones espirituales que tanto les sirvieron a sí mismos como a la propia comunidad regional. En el terreno de la actividad social y cultural se distinguieron con notorio relieve hombres como José y Mateo Pasinović, el profesor Pedro Gašić, Jorge Jordan, Mateo Bencur, popular y apreciado médico y hombre de profundas inquietudes espirituales, Juan Sekul, Lucas Bonačić-Dorić, Miroslav Tartaglia, Nicolás Štambuk, Andrés Juričić, Juan Trutanić y muchos otros.


La consolidación social y económica de la inmigración croata

El capital acumulado en tantos años de esforzado trabajo llevó a algunos inmigrantes a colonizar tierras pastoriles en los territorios argentinos de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Con la expansión económica de Punta Arenas hacia los territorios argentinos de Santa Cruz y Tierra del Fuego, fueron muchos los croatas que a partir de 1915-16 invirtieron adicionalmente capitales en explosiones ganaderas en dichas regiones. Entre varios mencionamos a Juan y Jeronimo Trutanić, Juan Blažina, Esteban Domić, Jorge Jordan, Nicolas y Antonio Brižić, Vicente Kusanović, Natalio Foretić, Mateo Paravić; Francisco Goić, Mateo y Esteban Martinović, Juan Sapunar, Santiago Martinić y Simon Ugrinović. A comienzos de siglo lo habían hecho, los primeros, José y Jerónimo Stipičić quienes poblaron algunas estancias en la zona andina de Santa Cruz. También cabe señalar que la misma actividad mercantil magallánica y la creciente demanda de brazos había llevado a algunos inmigrantes a radicarse en territorio argentino. Tal fue el origen de las pequeñas comunidades croatas de Río Gallegos, San Julián, Puerto Santa Cruz, Río Grande y Ushuaia, que por décadas se mantuvieron unidas a la comunidad madre de Punta Arenas.

Otros tantos invirtieron sus recursos en nuevas entidades de actividad económica, como sucedió en Porvenir donde la preocupación y el capital de los inmigrantes croatas dieron vida a distintas empresas mercantiles de servicio público. Así surgió la “Comunidad Armadora Almirante Señoret” en 1922, para atender el tráfico mercante entre ambas costas del Estrecho de Magallanes, próposito que cumpliría honrosamente durante los siguientes treinta años. También la “Compañía de Alumbrado de Porvenir”, fundada en 1924 por Cristobal Lulić, y la “Compañía Telefónica de Tierra del Fuego”, nacida de la preocupación empresarial de Mateo Covacich en 1928, constituyendo en uno y en otro caso muestras evidentes del progreso comunitario. Así mismo, como empresas propiamente económicas surgieron la “Indrustria Conservera Rosario”, fundada por el mismo Mateo Covacich y su hermano Esteban; y la “Compañía Aurífera de Tierra del Fuego” en 1934, de la que Rafael Rusović fue uno de sus mayores impulsores.

Inmigrantes emperiosos con fibra de pioneros emprenderian al filo de los años 30 la conquista de terrenos marginales de la precordillera oriental, en zonas como la cuenca del río Rubens y sectores interiores del fiordo de Ultima Esperanza, con el afan de incorporarlos a la producción económica, siguiendo la huella del luchador tenaz que era Vicente Kusanović, cuyos esfuerzos pobladores en la zona del seno Skyring fueron proverbiales. Entre otros cabe mencionar a Esteban Domić, colono en la zona del Rubens, desde los comienzos de la década de 1920. Allí lo sucedió a partir de 1929 Nicolás Mladinić, quien sería el iniciador en su estancia Monte Alto de una actividad forestal, industrial y comercial que ganaría proporciones regionales pasada la mitad del siglo XX, evolucionando progresivamente de primitivo aserradero hasta transformarse en la más moderna y grande factoria maderera de toda la Patagonia. De igual modo merecen mención Antonio Kusanović Kusanović, Antonio Kusanović Jerčić y Marcos y Vicente Kusanović Salamunić cuyo afan incansable hizo surgir estancias, graserías y aserraderos, multiplicando el trabajo, la riqueza regional y valorizando terrenos antes improductivos.

Pero donde la laboriosidad croata se hizo definitivamente manifiesta fue en el terreno rural fueguino, a partir de 1916-18, sector hasta entonces virtualmente privativo de las grandes compañías ganaderas. Los inmigrantes convertirían en realidad con su esfuerzo meritorio el sueño subdivisionista agrario que agitaría al civismo magallánico por varias décadas. En efecto, la tenacidad y el eficaz trabajo desarrollado por los agricultores croatas en los campos vecinos a Porvenir hizo de ellos los hombres aptos para acometer el desafío técnico y económico que significaba la subdivisión rural. Empeñadas, desde los inicios de la década de 1910 especialmente, todas las organizaciones cívicas y sociales, en lucha frontal contra los poderosos intereses ganaderos y en favor de la terminación del gran latifundio fiscal del que usufructuaban las grandes sociedades anónimas, se obtuvo en 1916 el primer fruto con la entrega voluntaria en subarriendo de 33.646 hectáreas de campos en el sector de Boquerón (Tierra del Fuego). Se formaron entonces 41 unidades que se adjudicaron a otros tantos colonos; de ellas 25 correspondieron a croatas con un total de 21.659 hectáreas. Fue allí donde estos pasaron a demostrar, a mayor escala, la eficacia de su capacidad agrícola-ganadera. El resultado económico por ellos obtenido, alentó al Gobierno a realizar en 1918 la primera subdivisión predial, sobre la base de los terrenos devueltos por las sociedades, 66.316 hectáreas, divididas en 46 unidades o parcelas. Los rematantes fueron 42 personas naturales siendo de ellos 19 croatas, quienes subastaron 25 lotes con 34.209 hectáreas. Así para 1918 de 99.962 hectáreas libradas a la subdivisión rural, 55.868, esto es el 56% se encontraba en manos de inmigrantes croatas. Tal seria el terreno real donde estos genuinos pioneros de la pequeña ganadería lanar, otrora mineros, comerciantes, artesanos o campesinos, demostrarían prácticamente el éxito económico de la pequeña explotación agraria como factor indesmentible de progreso social y de desarrollo general, estimulando consecuencialmente, según ellos mismos fueron prosperando, el movimiento subdivisionista.

Desde 1918 hasta 1957 las sucesivas divisiones de terrenos fiscales recuperados al latifundio, verían incorporadas en las consiguientes nuevas explotaciones a cantidad de emprendedores croatas que darían reiteradas pruebas de la laboriosidad de su raza, contribuyendo siempre al adelanto regional.

En el terreno ganadero-industrial a partir de la tercera década del siglo la iniciativa y capitales croatas pasaron a participar en modo progresivo en las faenas de beneficio de los excedentes pecuarios. Para mediados de los años 30 esta fase económica de la actividad fundamental de la Provincia de Magallanes era desarrollada por cinco grandes frigoríficos pertenecientes a sendas sociedades anónimas, organizados desde antiguo y vinculados o dependientes del capitalismo regional, los que concentraban anualmente entre el 80 y el 90% de las faenas. El resto de los excedentes era beneficiado en establecimientos menores (“graserías”) de los que existían siete para dicha época en a región, perteneciendo cinco de ellos a firmas constituidas por empresarios croatas residentes: Stipičić y Cia., N. Balić y Cia., V. & A. Kusanović, Ivelić y Cia., Antonio Kusanović y Cia. Estas industrias faenaban a su turno las tres cuartas partes del saldo del ganado beneficiado en Magallanes. Al hacerlo cumplían un rol apreciable en la producción y ocupación fabril de la región, circunstancia que se mantendría vigente hasta la gran crisis de la industria pecuaria magallánica al iniciarse la segunda postguerra mundial. La actividad industrial referida, en conjunto con el mediano y principalmente con el pequeño comercio de ramos generales, con la agricultura menor y contadas actividades pequeño-industriales y artesanales (imprentas, panaderías, talleres metalúrgicos), expresarían al promediar el siglo la participación empresarial de la inmigración croata en la economía urbana y suburbana. En lo rural tal participación estaría tipificada en forma fundamental en la pequeña ganadería lanar, y en casos singulares en actividades forestales, mineras y de pesquera industrial.


Instituciones y Vida Cultural Croata en Magallanes

Vida societaria y cultural

Quizá lo que mejor expresó históricamente su inquietud espiritual, fue el consiguiente aporte de creatividad de los inmigrantes croatas en la región magallánica en el terreno cultural y social. El fraterno sentido de solidaridad de los pueblos sencillos de honda raigambre cristiana hubo de ser el origen de la primera institución croata, la “Sociedad Austriaca de Socorros Mutuos” creada en 1896 en Punta Arenas, como entidad de unión y asistencia para los inmigrantes y sus familias, particularmente en el terreno de la salud. El gentilicio no ha de extrañar pues al fin y al cabo los inmigrantes croatas eran súbditos de la corona real de Austria. Por otra parte, su condición de entidad croata la daba la doble circunstancia de haberse dado a la bandera institucional los colores y emblema heráldico regionales de Dalmacia y el hecho de la nacionalidad de los socios. En efecto, de los primeros 200 socios que en ella se inscribieron hacia 1900, 191 (95,5%) eran de sangre eslava. Esta organización mutualista de meritoria actividad cambiaría en 1919 su nombre original por el de “Sociedad Dálmata de Socorros Mutuos”, con el que existe hasta nuestros días.

Le siguieron en orden cronológico “Hrvatska Čitaonica” (Biblioteca Croata), fundada en 1899 por un grupo selecto de inmigrantes que tuvieron en vista el superior afán de satisfacer la inquietud intelectual y cultural de la inmigración croata en Magallanes. Más que una mera biblioteca donde los interesados acudían a cultivar la lectura y a informarse culturalmente a través del conocimiento de los libros y diarios croatas, “Hrvatska Čitaonica” fue un sitio de relación y comunicación de vivencias espirituales, donde se discutían los problemas que preocupaban a los inmigrantes tales como el ilirismo, el nacionalismo croata, el paneslavismo y otros temas en boga por la época y que tenían como inspiradores a Ljudevit Gaj y Ante Starčević; al ilustre obispo de Đakovo, Monseñor Josip Juraj Strossmayer,  y al Dr.Ante Trumbić, alcalde de Split. Esta institución existió por espacio de un año, siendo refundada en 1911. Ella tuvo además los méritos de ser la primera entidad en su género fundada por la inmigración croata en Sudamérica y de congregar en su seno a los precursores del movimiento nacional croata en Magallanes.

La viva controversia surgida en el seno de la Sociedad Austríaca de Socorros Mutuos al poco tiempo de existencia, a propósito de la cuestión de lealtad hacia la corona de Habsburgo por parte de sus integrantes, hubo de ser causa directa de la creación por escisión de aquélla, de la “Hrvatsko Dobrotvorno Društvo” (Sociedad Croata de Beneficencia) a la que pasaron a afiliarse la mayoría de los inmigrantes croatas (1900). En la primera, que no perdió su condición de croata por la circunstancia antes referida, permanecieron algunos por así llamarlos “legitimistas dálmatas”.

El espíritu de servicio in desmentido de la comunidad croata motivó el surgimiento en 1902 de la “Austrijsko Dobrovoljno Vatrogasno Društvo” (Compañía Austriaca de Bomberos) a cuyas filas fueron a ingresar decenas de generosos jóvenes voluntarios. Distenciones internas de tipo nacionalista croata, llevaron a los pocos meses de fundado a cambiarle el gentilicio “Austrijsko” (austriaco) por el de Slavjansko (eslavo), y finalmente por la denominación definitiva de Hrvatsko Dobrovoljno Vatrogasno Društvo “Dalmacija” Br. 4 (Cuarta Compaña Croata de Bomberos “Dalmacia”) en 1903.

Del mismo modo el gusto tradicional croata por la música y el canto coral de las regiones de que eran originarios, llevó a algunos inmigrantes como Pedro Gašić y Andrés Juričić a constituir en 1904 la organización “Hrvatsko Tamburaško Društvo ‘Tomislav” (Estudiantina Croata ‘Tomislav’) con el loable afán de cultivar las artes musicales y satisfacer la necesidad sentimental de los croatas residentes, como la de dar a conocer a la comunidad una muestra permanente de su música nacional. A su amparo habría de surgir años más tarde (1915) el Hrvatski Pjevački Mješoviti Zbor “Jadran” (Conjunto Coral Croata Jadran). El mismo año que se creaba la Estudiantina Tomislav, se fundaba también en Punta Arenas el “Hrvatsko Omladinsko Dramatsko Društvo – Ivan Gundulić” (Centro Dramático Juvenil Croata Ivan Gundulić) con el objeto de cultivar las artes dramáticas y promover la inquietud artística teatral en el ambiente de la inmigración y comunidad local.

Desde luego -no podría faltar en una raza físicamente sana- una entidad que sirviera de cauce al deporte competitivo, la gimnástica y otras manifestaciones físicas y aún espirituales. Así se fundó en 1912 el “Hrvatski Športski Klub ‘Sokol” (Club Deportivo El Halcón Croata), inspirado en los objetivos deportivos y principios del movimiento Sokol, común en los pueblos eslavos occidentales. En la misma época en que se creaba el “El Halcón Croata” (1912) lo hacía el “Club Austriaco”, nueva entidad social surgida del seno de la “Sociedad Austriaca de Socorros Mutuos” y sobre la base de idénticas motivaciones que daban razón a su permanencia. Esta entidad duraría hasta bien entrada la década de 1920, siendo conocida posteriormente con el nombre de “Club Dálmata”.

Si el ‘legitimismo’ había dado origen al referido club social, el nacionalismo croata tan vigoroso entre los inmigrantes de Magallanes inspiró la fundación del “Hrvatski Dom” (Hogar Croata) en 1915, como entidad a cuyo amparo debían acogerse las otras instituciones preexistentes, interpretándose de tal manera las aspiraciones y sentimientos de la mayoría de la colectividad. La existencia del Dom y la necesidad de dotarlo de un edificio apropiado que sirviera de sede al mismo y a las otras varias organizaciones, hizo necesaria la creación de la entidad inmobiliaria “Sociedad Anónima Croata Mercantil de Construcciones” en aquel año de 1914 y que existiría hasta pasado 1921. A esta entidad le cupo asumir la proyección y la construcción del edificio matriz de las entidades croatas, cuyas obras -naturalmente- fueron confiadas a la experta dirección del ya prestigiado constructor Natalio Foretić. Aquel mismo año, por fin, el afán caritativo y solidario de profunda raigambre de las mujeres inmigrantes, dio vida el 21 de septiembre a una institución de beneficencia y vida cultural femenina, la Gospojinsko Društvo “Hrvatska Žena” (Sociedad de Damas ‘la Mujer Croata’).

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Miembros de la Cuarta Compañia de Bomberos

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Postura de los inmigrantes frente a los sucesos políticos de la época

A estas alturas se impone una necesaria digresión para explicar, siquiera en forma somera, las opuestas tendencias que habían venido surgiendo en el seno de la inmigración croata en Magallanes, respecto de asuntos tales como la lealtad a la corona austriaca y el nacionalismo croata.

Mientras el número de inmigrantes fue escaso, el gentilicio “austriaco” que obligadamente los identificaba, si no agradaba, a lo menos no incomodaba a la mayoría de ellos. Pero cuando el caudal inmigratorio croata aumentó en grado visible a principios de 1900 y se consideró la necesidad de constituir una mancomunidad mutual, no tardó en manifestarse el nacionalismo croata. La controversia a que diera origen tal circunstancia motivó a su tiempo la fundación de la ya mencionada “Sociedad Croata de Socorros Mutuos“, como primera organización que satisfacía el anhelo nacional croata.

De tal manera hacia los comienzos del siglo se advertían en el seno de la inmigración croata en Magallanes dos tendencias: una, la de quienes se mantenían fieles a la corona real de Austria (los legitimistas), agrupados en torno a la “Sociedad Austriaca de Socorros Mutuos“; y otra, conformada por cuantos adherían con entusiasmo al ideario del “Hrvatski Narodni Preporod” (Renacimiento Nacional Croata) y que se expresaría en las distintas organizaciones que fueron creándose a contar de 1899, en que viera la luz la “Hrvatska Čitaonica”. Aquella posición legitimista al parecer habría sido mayoritaria desde un comienzo, en tanto que la segunda ideología habría ido ganando la adhesión y simpatía de los inmigrantes recien pasado 1900, cuando la ola migratoria ya fue constante y numerosa. Las divergencias que de suyo quedaron establecidas, felizmente no consiguieron alterar la concordia en que convivían los inmigrantes, pues la gran masa dispensó a las ideas en pugna una simpatía pasiva, quedando el rol activo reducido a una minoría conformada por intelectuales o dirigentes connotados. La tendencia mayoritaria a la que se ha hecho referencia obedeció en un comienzo, hasta la conclusión de la primera década del siglo XX, a la inspiración ideológica del nacionalismo croata, en el que en forma todavía confusa, algunos aceptaban como meta la identidad nacional croata y la igualdad federal de los eslavos  sometidos al ordenamiento político-institucional imperial de la corona de los Habsburgo; mientras que otros propugnaban la independencia total de los croatas del Imperio Austro-Húngaro y la constitución de un Estado Nacional Croata.

Si fecundo había sido el lapso transcurrido entre 1896 y 1904 para el afán creativo de la inmigración croata más aún lo sería la década de 1910. En forma espontánea en un principio, obedeciendo tal vez al arraigado patriotismo que anidaba en el alma croata, aquel sentimiento fue asumiendo con el tiempo formas más definidas, orientándose de acuerdo con la inspiración de las filosofías políticas que habían madurado y se expresaban en la lejana y dividida patria croata: el nacionalismo croata y el yugoslavismo (la unidad de todos los pueblos eslavos del sur). Los que creían en esta última ideología, pensaban que sería más efectiva la ruptura y separación croata del Imperio Austro-Húngaro, en una solución unitarista yugoslava, es decir, en la creación de un país grande y poderoso que aglutinara a todos los pueblos eslavos del sur sojuzgados a la administración dual Austro-Húngara. Animadores y voceros tempranos en un comienzo de las ideas del nacionalismo croata, en el que con el pasar de los años iría desviándose a las ideas del yugoslavismo, fueron naturalmente aquellos hombres de cultura y capacidad de liderazgo, entre quienes cabe recordar a Andrés Juričić, Jorge Jordan, el profesor Pedro Gašić, Jerónimo Martinić, Simón Juan Paravić, Mirko Perišić, Juan Sekul y Lucas Bonačić-Dorić, a los que vino a agregarse a fines de la primera década del siglo XX el médico Mateo Bencur, convencido yugoslavista, cuya influencia habría de ser preponderante en el porvenir.

La definición final de los inmigrantes en Magallanes fue por el ideario yugoslavista inspirado por el obispo Josip Juraj Strossmayer y otros pensadores y filósofos de la época. Esta filosofía habría de ganar progresiva fuerza después de 1910, llegando a expresar el sentir mayoritario de la población croata de la región. Esta confrontación ideológica, que en ocasiones fue causa de acalorados debates, que no obstante no lograron romper la fraterna convivencia entre los inmigrantes, tenía lugar por lo común en las diversas reuniones societarias y se reflejaba finalmente en la prensa local en forma de artículos fundados, remitidos e informaciones, llegando en ocasiones a sorprender a la opinión pública de Punta Arenas, no siempre al tanto de las fuertes motivaciones sentimentales que agitaban a la inmigración croata.


Del Nacionalismo Croata al Yugoslavismo

La efervescencia nacionalista entre los pueblos eslavos de la monarquía austro-húngara, prevaleciente desde los inicios del siglo, se avivaría con el estallido de las Guerras Balcánicas  de 1912-1913 y la Gran Guerra Europea de 1914. Estos importantes sucesos despertaron con fuerza incontenible el espíritu de solidaridad en favor de los pueblos vecinos eslavos que luchaban y constituyó razón suficiente para el surgimiento de nuevas organizaciones de inspiración unitarista yugoslava – creyendo que a partir de la Jugoslavenstvo (Unión de todos los pueblos eslavos del sur), se solucionarían todos los problemas

Así se creó en 1914 el “Odbor Srpskog-Crnogorskog Crvenog Križa i Siročadi u Domovini” (Comité de la Cruz Roja Serbio-Montenegrina y Huérfanos de la Patria), en ayuda de los soldados serbios y montenegrinos que pelearon contra el ejercito austriaco en la Primera Guerra Mundial . Le siguió la “Jugoslavenska Narodna Obrana Ogranak Dalmacija” (Comité Dalmacia de la Defensa Nacional Yugoslava) fundado en las postrimerias de 1915, compartiendo el fervor patriótico unitarista yugoslavo que animaba a los grupos de inmigrantes en América y Europa hacia principios del siglo XX. Con idéntica inspiración se crearon comités locales en Porvenir y en las localidades argentinas de Santa Cruz y San Julián, puntos éstos en donde se habían radicado o trabajaban inmigrantes procedentes de Punta Arenas. Estos comités se unieron y participaron del Congreso Sudamericano de los Eslavos del Sur realizado el mes de enero de 1916 en la ciudad de Antofagasta.

El mismo año del Congreso en Antofagasta, la asociación sokolista en Chile firmaba su apoyo a la creación de la nación yugoslava. Fue así como el Club Deportivo Sokol pasaba de denominarse Hrvatski (Croata) a llamarse Jugoslavenski Športski Klub Sokol (Club Deportivo El Halcón Yugoslavo). Un año después, en el año 1917, el recordado pedagogo que fuera Pedro Gašić creó y puso en actividad la “Jugoslavenska Škola” (Escuela Yugoslava), con el propósito de dar enseñanza a los hijos de los inmigrantes en Punta Arenas. Al parecer, estas dos instituciones fueron las primeras en Magallanes que utilizaron para su identificación el gentilicio yugoslavo, como expresión de la voluntad nacional de unidad de los eslavos del Sur, acaecida en 1918 al concluir la Gran Guerra Europea.

Del mismo modo la Sociedad ‘La Mujer Croata’ se transformó en 1917 en el Odbor Jugoslavenske Narodne Obrane “Katarina Zrinska” (Comité de la Defensa Nacional Yugoslava “Katarina Zrinska”), denominación ésta tomada de una de las más grandes heroínas nacionales croatas, y a cuya constitución contribuyeron Catalina Stipičić y Petronila Didolić de Bencur.


Banco Yugoslavo de Chile

El primer “Banco Yugoslavo de Chile” (Jugoslavenska Banka u Čileu), fue fundado en Punta Arenas, como idea del señor Vicente Kusanović Mihovilović el 26 de junio de 1917. Le siguió en orden la fundación de los Bancos Yugoslavos de Antofagasta y Valparaiso, como intereses de los salitreros del norte a la cabeza del empresario don Pascual Baburizza. El Banco tuvo su sede principal en la ciudad de Valparaiso, bajo la presidencia de don Luis Mitrović. El año 1924 presidía el Banco el empresario croata Pascual Baburizza. Asimismo, el Banco Yugoslavo tuvo sucursales en las ciudades de Antofagasta, Punta Arenas, Porvenir y Puerto Natales. Tuvo como fin mantener las cuentas y depósitos de la colonia yugoslava de Chile. Además procuraba que toda la colectividad tuviera de preferencia al Banco Yugoslavo de Chile, para encontrar en el las facilidades que le son necesarias para el buen desenvolvimiento de sus negocios. Tuvo también gran participación en la financiación de la Defensa Nacional Yugoslava. El año 1934 este banco cierra sus puertas con la crisis de 1929, volviendo a abrir en 1958 únicamente en Punta Arenas bajo el nombre de Banco Chileno-Yugoslavo. Entre 1971 y 1972 el banco formó parte del proceso de nacionalización de la banca que impulsó el presidente Salvador Allende, mediante el cual el Banco del Estado y el Banco Central adquirieron parte de las acciones del Banco Chileno-Yugoslavo. Entre marzo de 1977 y junio de 1978 el banco estuvo intervenido y se designó un administrador provisional, con lo cual el banco inició su proceso de retorno a manos privadas. Dos años después, el 22 de marzo de 1979, la institución cambió su nombre a Banco Austral de Chile. En junio inauguró su sucursal en Santiago, expandiendo su presencia dentro del país. Fue intervenido por el Gobierno Militar tras la crisis económica de 1982 y fue liquidado ese mismo año.

Primer grupo de accionistas del Banco Yugoslavo de Punta Arenas: Antonio Kusanović, Vicente Kusanović, Nicolás Štambuk, Pedro Hrdalo, José Stipičić, Mateo Bencur, Juan Sapunar, Jorge Jordan, Jerónimo Stipičić, Rodolfo Martinić, Jerónimo Martinić y Jorge Kučan.


Las instituciones de la Colectividad al finalizar la Primera Guerra Mundial

Pasados los años de la guerra y luego de la creación de Yugoslavia como estado nacional, las organizaciones referidas se disolvieron voluntariamente en 1922 con excepción del Comité Katarina Zrinska que continuó subsistiendo, aunque ahora denominado “Jugoslavenska Žena” (‘La Mujer Yugoslava’). En cuanto a las instituciones fundadas antes de 1914, todas ellas, con excepción de la “Sociedad Austriaca de Socorros Mutuos” , el “Club Austriaco”, la Cuarta Compañía Croata de Bomberos (ahora denominados todos “dálmatas”) cambiaron sus denominaciones gentilicias croatas por yugoslavas entre 1917 y 1923, como consecuencia del Congreso Sudamericano de los Eslavos del Sur en Antofagasta el año 1916. Cabe señalar que la Sociedad Dálmata de Socorros Mutuos y el Club Dálmata, fueron las únicas instituciones que defendieron el nacionalismo croata dentro de la colectividad durante todo este periodo, repudiando la unión y fraternidad yugoslava.

La comunidad croata radicada en Porvenir hubo de dar vida a su tiempo, entrada la tercera década del siglo, a algunas instituciones propias. Tal es el “Jugoslavenski Dom” (Hogar Yugoslavo), creado en 1926, entidad que a su tiempo prohijó el surgimiento de la “Jugoslavenska Diletanska Omladina” (Cuadro Artístico Juvenil Yugoslavo); y el “Športski Klub Jadran” (Club Deportivo ‘Jadran’) que fueron fundados también en 1926.

En las instituciones someramente reseñadas los inmigrantes desarrollaron, en particular, durante los años 1900 a 1930 una intensa actividad mutualista y de servicio a la comunidad, del mismo modo como en su seno tuvo lugar una animada convivencia cultural, expresivas una y otra de nobles características espirituales de la raza eslava.

Las organizaciones propiamente artísticas, Estudiantina “Tomislav”, Conjunto Coral “Jadran” y el Centro Dramático Juvenil, mantuvieron por años una actividad cultural regular, particularmente intensa en el primer lustro de los años 30 y que se extendió hasta la mitad del siglo. Junto a ellas y a las demás instituciones se vio aparecer nuevas organizaciones que tuvieron una existencia relativamente breve. Tal es el “Club Deportivo Dálmata” y la “Jugoslavenska Matica i Jadranska Straža” (Madre Patria Yugoslava y Guardia del Adriático). El primero surgió en 1926 del seno de la sociedad mutual homónima, por iniciativa de Miguel Kačić, Mirko Dimitri, Juan Matulić y Antonio Lovretić, habiendo tenido activa vida deportiva hasta 1931. La segunda fue motivada por razones patrióticas con el fin de recuperar las regiones de lstria y Dalmacia, ocupadas por Italia.

De otras entidades de vida efímera apenas se queda recuerdo, como la “Sociedad Obrera Yugoslava” (1935), fundada por el grupo de residentes con fines de ayuda mutua dirigida a los trabajadores croatas no acogidos a beneficios provisionales ni sindicalizados; y el comienzo de la “Sociedad Cultural Mlada Matica Jugoslavenska” (Joven Madre Patria Yugoslava), con fines de acción cultural, literaria y artística y humanística. Más trascendente y duradera sería en cambio la “Jugoslavenska Škola”, refundada y puesta en marcha a partir de 1939 por el profesor Andrés Kukolj y su esposa la señora Katica Fabijanac, establecimiento de enseñanza que funcionó regularmente hasta 1949.

El sentimiento patriótico unitarista yugoslavo tornó a reavivarse en las dolorosas circunstancias de la invasión de Yugoslavia por las potencias del Pacto del Eje en 1941 y dio origen a nuevas organizaciones de solidaridad con los patriotas resistentes y que se mantuvieron hasta 1946. Ellas fueron el “Comité Dalmacia de la Defensa Nacional Yugoslava” y el “Comité pro-Cruz Roja Yugoslava”. Tras terminada la Segunda Guerra en 1945, la Cuarta Compañía “Bomba Dalmacia” pasó a denominarse “Bomba Yugoslava”.

Mas no solamente en las instituciones surgidas del seno de la inmigración participaron los croatas. También lo hicieron en numerosas entidades de bien público preexistentes o nacidas a lo largo del tiempo como la Cruz Roja, el Cuerpo de Bomberos y la Sociedad de San José de Padres de Familia o las cofradías parroquiales, en Punta Arenas, y la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, en Porvenir, donde muchos de los inmigrantes croatas participaron activamente.


La re denominación de las instituciones después de la Guerra de Independencia

y el retorno del “Nacionalismo Croata”

Tarde o temprano los miembros de la colectividad croata se enterarían de la situación de opresión que vivía el pueblo croata dentro de la Yugoslavia Socialista. Es así como la mayor información que pasó a tenerse en Magallanes respecto de la realidad y situación de Croacia en la federación, fueron predisponiendo los ánimos de cuantos -ya debidamente enterados de lo acontecido entre 1918 y 1990- estuvieron decididos a darle su respaldo al legitimo anhelo de la nación croata por un cambio justiciero en el curso de su historia y destino.

Fue así como en Punta Arenas al amparo de la antigua Sociedad Dálmata de Socorros Mutuos, en agosto de 1991 su directorio se auto constituyó en un comité ad hoc para apoyar el movimiento de la independencia croata. Se buscaba generar un movimiento de opinión destinado a ilustrar a cuantos, dentro de la comunidad formada por los inmigrantes croatas y sus descendientes chilenos ignoraban o se encontraban insuficientes, o equivocadamente informados acerca de los fundamentos históricos y jurídicos que sustentaban las aspiraciones nacionales croatas para permitir, por consecuencia, la comprensión correcta de los acontecimientos que a la sazón se vivían en la antigua Yugoslavia. De esa manera se quería expresar el compromiso con la independencia de Croacia y brindar a su sufrido pueblo la adhesión y la solidaridad para ayudarle a sobrellevar los agobios de aquellos momentos trascendentes y mirar con esperanza la pronta realización de sus aspiraciones por un destino mejor y más justo’.

En septiembre de 1991 el diario La Prensa Austral de Punta Arenas publicaba una nueva declaración suscrita por dos centenares de personas, todos descendientes de croatas, en su mayoría profesionales universitarios, técnicos, empresarios e intelectuales, que en lo medular expresaba: “El Movimiento Croata de Magallanes solidariza con el pueblo croata en su decisión de autodeterminación y reconoce firmemente su derecho a la creación de la República de Croacia, soberana e independiente. Rechaza enérgicamente la violencia ciega y bárbara con que se la está presionando y que obedece a un plan cuidadosamente trazado y dirigido por el hegemonismo de la dirigencia Serbia”.

Una forma concreta de hacer pública y permanente estos sentimientos ha de ser la de conseguir que las organizaciones creadas por los antiguos inmigrantes retornen a sus denominaciones croatas originales, relegándose al oprobioso olvido el ilegitimo gentilicio yugoslavo, símbolo de opresión e injusticia, que en equivocada decisión pasara a re denominarlas después de 1918. De tal modo la descendencia chileno-croata hizo al fin un sustancial y determinante aporte cultural y propagandístico en pro del conocimiento de la realidad histórica de Croacia y de los derechos que de la misma derivan y que justifican la autodeterminación de su pueblo y finalmente la obtención de la anhelada independencia y el reconocimiento internacional. En el ámbito local magallánico, la errada determinación que en su hora adoptara la dirigencia intelectual de la generación inmigrante fue rectificada definitivamente por la decisión de la descendencia chilena.

De las entidades fundadas por los inmigrantes existen actualmente en Punta Arenas por orden de antigüedad: la “Sociedad Dálmata de Socorros Mutuos”, la “Sociedad Croata de Socorros Mutuos”, la 4ta. Compañía de Bomberos “Bomba Croata“, el Club Deportivo “Sokol Croata”, el “Hogar Croata”, el “Comité de Damas Croatas”, digno sucesor histórico de la Sociedad “La Mujer Croata” y del Comité “Katarina Zrinska”, que se ocupa principalmente de la atención caritativa de los ancianos; y el “Círculo de Profesionales de ascendencia Croata”. En Porvenir continúan en vida regularmente activa el “Club Croata” y el “Deportivo Jadran”.


Periodismo y actividad literaria de los inmigrantes croatas

La inmigración croata en Magallanes fue harto fecunda en la generación de instituciones, pero no lo fue menos en producción periodística considerada ésta tanto como vía informativa, cuanto de promoción y formación culturales. En este sentido ninguna otra colectividad extranjera radicada en la región ni con mucho logra siquiera acercársele históricamente. A una quincena alcanzan los títulos de periódicos publicados por los inmigrantes croatas en Magallanes, publicados en poco más de medio siglo, desde 1905 hasta 1963. Esto representa la mitad del total de los periódicos croatas publicados en Chile.

La primera publicación en aparecer fue el semanario Male Novine (‘Pequeño Noticiero’), que apareció el 19 de Marzo de 1905, fundado por Pedro Gašić. Se publicó hasta enero de 1906. Le siguió el semanario Domovina (‘La Patria’) que vio la luz en forma regular desde el 12 de Julio de 1908 hasta el 3 de diciembre de 1910, Bajo la dirección del mismo Gašić. En esta última fecha cambió su nombre por el de Novo Doba (‘Nueva Epoca’), aunque dirigido ahora por Juan Trutanić y más tarde por Lucas Bonačić-Dorić, siguiendo con la numeración en forma correlativa hasta el mes de agosto de 1911 en que el periódico retornó al antiguo título. Desde entonces, número 150, recuperó su antigua denominación, ‘Domovina,’ y continuó apareciendo regularmente hasta el 27 de febrero de 1916 (número 304), bajo las direcciones sucesivas de Miroslav Tartaglia y Bonačić-Dorić. Otros periódicos contemporáneos fueron Dom (‘El Hogar’) en 1911-12 y el curioso U Pustinji o lz Pustozi (‘En el Desierto’), periódico manuscrito redactado por Vicente Litrica, quien vivía en la zona estepárica oriental de Punta Delgada. De este periódico aparecieron doce números durante el año 1911.

Es necesario advertir que algunos de estos cambios, como fue el caso precedente, fueron motivados por las tendencias nacionalistas dominantes en la vida societaria de los inmigrantes, que progresivamente adherían al independentismo croata, sentimiento que según el curso de los acontecimientos europeos se transformaría al fin en decididamente yugoslavista a partir de 1916 con el Congreso Sudamericano de los Eslavos del Sur en Antofagasta. En este aspecto la inmigración croata de Magallanes recibió un fuerte influjo ideológico de otros grupos de inmigrantes asentados en otros puntos del continente, como aquellos que se encontraban en Rosario de Santa Fe (Argentina) y Antofagasta, ciudades donde había surgido una gran preocupación para con los sucesos políticos en la patria.

En 1916 ‘Domovina’ pasó a titularse Jugoslavenska Domovina, para expresar de tal manera el vigoroso sentimiento de aspiración de unidad nacional que animaba a los pueblos eslavos del Sur durante el transcurso de la Gran Guerra Europea. Habiendo continuado la numeración correlativa hasta el número 316, aparecido con fecha 21 de mayo de 1916, desde la siguiente edición comenzó con nueva numeración, queriéndose ratificar con ello sin duda el nuevo movimiento nacional yugoslavo. Este periódico que fue dirigido en forma sucesiva por Lucas Bonačić-Dorić y Pedro Gašić se publicó hasta marzo de 1921. Durante 1918 se publicó asimismo por algún tiempo el periódico Slobodna Jugoslavija (‘Yugoslavia Libre’), nacido al calor patriótico de la unidad nacional yugoslava obtenida al cabo de la conflagración europea.

Entre 1920 y 1922, aparecieron otras nuevas publicaciones: Jugoslavenska Tribuna, periódico eventual del que salieron a luz veinticinco números entre enero de 1920 y julio de 1921; Jug (‘Sur’), órgano de la juventud yugoslava y que se editó entre junio y diciembre de 1921. Tanto esta publicación como la anterior surgieron como expresiones de defensa de posiciones polémicas existentes entre miembros de la colectividad. También de este tiempo fue Jugoslavenska Smotra (‘La Revista Yugoslava’), mensuario del que aparecieron dieciséis números a partir de junio de 1922. Tras un lapso de casi un lustro sin existencia de publicaciones periodísticas, apareció el 2 de abril de 1927 el semanario Novi List (‘La Nueva Hoja’), que se proclamaba vocero de los intereses yugoslavos en Magallanes. Su publicación cesó con el número 16 en octubre del mismo año.

Al cabo de otros cinco años el incansable periodista que era Lucas Bonačić-Dorić dio vida a Jugoslaven u Čile (‘El Yugoslavo en Chile’), que apareció en forma regular y quincenalmente desde el 4 de junio de 1932 hasta el 19 de mayo de 1934. En sus páginas se entregaron interesantes trabajos de opinión e información cultural y no menos valiosos estudios de interés histórico sobre la inmigración croata en la región magallánica. Tras esta interrupción hubo de fundarse en enero de 1937 por el mismo Lucas Bonačić-Dorić el periódico Jugoslavensko Novo Doba (‘La Nueva Epoca Yugoslava’) que habría de ser históricamente la publicación de más larga vida, como que casi enteró la década al dejar de publicarse en julio de 1946. Este periódico, el último importante, fue tanto – en el propósito de su director – un vocero informativo de la vida de los croatas en Magallanes y en el país, como en la madre patria y, al propio tiempo,-un medio de divulgación de los hechos históricos de la inmigración en el sur chileno. Durante los años que mediaron desde la ocupación de Yugoslavia en 1941 hasta su liberación por las fuerzas guerrilleras al mando de Josip Broz-Tito, en 1945, el periódico fue un órgano que propugnó la unidad nacional y exaltó el patriotismo de los inmigrantes residentes. Es del caso señalar que todas las publicaciones reseñadas se editaron en lengua croata, no obstante lo cual se incluyeron de ordinario artículos en idioma castellano.

Entre 1962 y 1963 aparecieron otras dos publicaciones en Punta Arenas y que habrían de ser las últimas del largo historial periodístico de los croatas en la región. La primera ‘Jugoslavenske Novosti’ (‘Noticias Yugoslavas’) aparecida durante 1962 bajo la dirección de Juan Jelinčić; y ‘La Voz de Yugoslavia’, periódico editado en castellano como el anterior, publicado en 1963 y dirigido por Waldo Silva Daunić.

En 1986 y 1987 se publica la revista Useljavanje u Magaljanesu (La Emigración en Magallanes) como órgano de las Instituciones yugoslavas de Magallanes. En 1992 se edita su tercera edición a cargo del Hogar Croata, con el fin de dar a conocer a los descendientes chilenos, y a la comunidad magallánica en general, lo que estaba aconteciendo en Croacia durante la guerra de independencia.

A partir de 1988 se volvió a editar el boletín informativo “Male Novine”, como idea de la directiva del entonces Club Yugoslavo, en ese entonces presidido por el señor Jorge Mihovilović y posteriormente por Danilo Martić. A partir de 1991 la revista cambia de enfoque y apoya el movimiento independentista croata, informando paso a paso lo que iba sucediendo en la patria lejana. Esta revista funciona hoy en día como órgano informativo de las instituciones croatas en Magallanes, y está a cargo de la señora Margarita Mihovilović.


Los Croatas insertos en el Periodismo Regional

Aunque no se trató propiamente de periodismo croata, cabe consignar sin embargo, la relevante actividad realizada en dicho campo por Pedro Hrdalo y sus hermanos y por Vicente Batistić.

Pedro Hrdalo, hombre de cultura y conocimientos humanísticos, originario de Čepikuće, cercano a Dubrovnik, arribó a Punta Arenas en las postrimerías del siglo pasado y tras ejercer como oficinista y contador en zonas rurales y en Punta Arenas, acabó por radicarse en la capital territorial, adquiriendo en 1900 la propiedad de la empresa editora del diario ‘El Magallanes’, el más antiguo de la región. Hrdalo impondría a este tradicional medió de información y ponderado órgano de opinión pública, una línea de constructiva y sana defensa de los valores e intereses territoriales que contribuyó en momentos decisivos a la formación y vigorización de la identidad magallánica, como expresión de auténtico regionalismo, circunstancia continuada que cimentaría a su vez con firmeza la fama del diario. Propugnó ‘El Magallanes’ de tal modo memorables campañas cívicas como la subdivisión del latifundio fiscal que retardaba el progreso; la oposición al establecimiento de la Aduana y el mantenimiento del régimen de puerto libre para el comercio de importación; la provincialización del Territorio y el otorgamiento de la plenitud de los derechos ciudadanos a sus habitantes y muchas otras, cuyo objetivo fue invariablemente el adelanto de la región magallánica, que en momentos históricos estuvo ajena al debido cuidado de los gobiernos nacionales. Antes de su fallecimiento, ocurrido en 1920, Pedro Hrdalo asoció en la empresa periodística e impresora a sus hermanos Mateo y Marcos quienes prosiguieron en idéntica línea hasta 1935, año del deceso del último de los nombrados.

Vicente Batistić, nacido en Kotor, Boka Kotorska (sur de Dalmacia), constituyó a su turno el caso típico de un periodista esforzado y luchador por el progreso de las zonas del interior del territorio magallánico. Su actividad iniciada en Puerto Natales durante los comienzos de la década de 1930 con la dirección del periódico ‘El Natales’, la prosiguió por dos décadas en Porvenir, ciudad en la que contribuyó a fundar en 1936 el periódico ‘El Porvenir’, órgano que junto con dirigirlo imprimió personalmente, en el mejor estilo de los periodistas pioneros, hasta su fallecimiento en 1957. En las páginas de ‘El Porvenir’, Batistić desarrolló en forma permanente la divulgación de la vida y obras de los inmigrantes croatas residentes en la Tierra del Fuego y sus descendientes, como encabezó y defendió en forma constante iniciativas y campañas en favor del adelanto local fueguino.

Entre las actividades de la inmigración croata en Magallanes, merece mención especial la obra literaria de Lucas Bonačić-Dorić, animador intelectual infatigable de tantas instituciones surgidas durante la época dorada de la inmigración croata en Magallanes entre 1910 y 1920, partícipe activo, cuando no el inspirador o sostenedor principal de la mayoría de las publicaciones periódicas que vieron la luz durante ésa y otras épocas. Bonačić-Dorić supo darse tiempo para ser el cronista fiel que recogería de boca de los propios viejos actores, el recuerdo de la vida y hechos de los inmigrantes de los primeros tiempos. De igual modo fue el memorialista de la intensa vida societaria y cultural que él mismo compartiera. Pudo de tal suerte escribir y entregar para la posteridad su afamada ‘Historia de los Yugoslavos en Magallanes’, cuyos tres tomos publicados aparecieron entre 1941 y 1946. Además de esta obra capital, Bonačić-Dorić publicó en 1937 el libro ‘Resumen Histórico del Estrecho y Colonia de Magallanes’ y posteriormente la novela costumbrista de ambiente regional ‘Oro Maldito’, referida a las aventuras de los antiguos mineros auríferos.

Hombre de vasta cultura humanística, Mateo Domić fue otro de los animadores culturales de la vida croata en Magallanes durante varios años, en particular en la década de 1930. No obstante su intensa actividad médica, desarrolló una interesante labor literaria como columnista en los periódicos de la colectividad y fue un impulsor y sostenedor incansable de las tareas culturales en el seno del ex Hogar Yugoslavo.

A su turno el médico y filántropo eslovaco Mateo Bencur, poseedor de una indiscutida capacidad literaria, inspirado en la vida común de los inmigrantes, que conociera de cerca por la labor societaria en la que tan activamente participara y por el ejercicio de su profesión, escribió durante los años de su permanencia en Punta Arenas, sus obras ‘Viaje por la Patagonia’ y ‘La Madre Llama’, novela ésta que se constituiría en su creación consagratoria, que publicaría en 1927 bajo el seudónimo de Martín Kukučin en idioma eslovaco y que posteriormente sería traducida al croata. En estas novelas, el doctor eslovaco daría fiel testimonio de la vida y las hazañas de los croatas en el sur austral de Chile.


Los descendientes de croatas y su aporte a la región y al país

En una apreciación histórica sobre el significado de la presencia y contribución étnica croata, en Magallanes, han de hacerse varias consideraciones. En lo económico, si de los inmigrantes no surgieron grandes capitanes de empresa, pues éstos habían procedido de otros contingentes nacionales arribados con antelación, aquéllos aportaron en variada forma al progreso magallánico. De esa manera, importante aunque difícil de cuantificar hubo de ser su espíritu de laboriosidad y de esfuerzo que se haría proverbial, lo que hizo de los inmigrantes los proveedores estimados e indispensables de demanda laboral que se registró en aquella época de increíble afán.

Así, los recios croatas fueron trabajadores y artesanos útiles en tantas faenas distintas: simples obreros sin especialidad, o bien albañiles y picapedreros; pescadores y carpinteros de ribera; mineros, ovejeros y leñadores, en fin. Pero pronto, adelantando en condición y responsabilidad, llegaron a ser constructores, armadores, artesanos, industriales, agricultores, ganaderos y comerciantes. Entregaron de tal modo un aporte ciertamente de provecho que enriqueció el esfuerzo creador común, señalándose inclusive en campos como los de la minería aurífera, la pequeña colonización agrícola y pastoril, la construcción naval, entre otros rubros de actividad económica.

En lo social, por otra parte, la contribución de la inmigración croata fue más valiosa todavía. Desde la constitución de familias ejemplares, en las que la unión matrimonial con individuos de otras nacionalidades no fue por cierto una excepción, y en cuyo seno se criaron los hijos según el uso sencillo y digno de la tradición croata, que incluía el cultivo de arraigadas prácticas, devenidas en reales virtudes, tales como la laboriosidad, la sobriedad en el vivir, la honestidad y el respeto en el trato con los demás, la solidaridad y el sentido del ahorro y la previsión. Contribuyeron así los inmigrantes a la formación y consolidación de un estilo democrático de convivencia, que tipificó desde sus inicios a la sociedad austral que surgía y maduraba con tantos aportes multinacionales. También fue apreciable su contribución en los campos de la sociabilidad y el mutualismo, la filantropía y la asistencia pública; el periodismo, la actividad artística y literaria, y en el deporte. Pero había de ser en su descendencia donde cobraría relieve y sentido especial la presencia y vigor de la inmigración croata en Magallanes. Del seno de ese vasto contingente conformado abrumadoramente por hombres y mujeres de extracción rústica, con ninguna o escasa instrucción, fue surgiendo el mejor, mayor y más trascendente de sus aportes: los hijos y nietos chilenos de raigambre croata.

En su descendencia la vieja estirpe croata haría su contribución más notable a la Nación Chilena, puesto que allí, entre sus integrantes a lo largo del tiempo, habrían de lucir para prestigio del ancestro, tantos hombres y mujeres de bien y provecho para el adelanto social, cultural y económico de Magallanes y del país entero. Profesionales universitarios, técnicos, científicos, artistas, religiosos, hombres públicos, en fin, conforman al presente una legión que ha entregado, y prosigue haciéndolo, al país y a la región, su capacidad intelectual, científica, artística y de servicio. En este sentido la contribución de la antigua inmigración croata supera lejos, por cuantía y calidad, a los correspondientes frutos de otros componentes étnicos de la sociedad magallánica. Pero y sin embargo de que lo señalado basta para destacar la importancia de la contribución de la descendencia croata en el suceder contemporáneo de Magallanes y el país, cabe particularizar en cuanto dice relación con los campos de las letras, la investigación científica, la actividad artística y el desarrollo social.

En el terreno de la creación escrita, en especial, la contribución ha asumido relevancia cuantitativa, por el número de quienes han cultivado y cultivan los géneros literarios e históricos, como cualitativa, por el valor de algunas producciones. Unos autores han orientado su obra encaminándola de preferencia por la vertiente universal, en cuanto inspiración de la tarea creadora; otros, los más, han puesto su afán en nutrir la vertiente inspirativa propiamente regional magallánica, otorgándole a la misma inclusive un cierto matiz croata. La prestigiosa fecundidad literaria croata-magallánica ha tenido y tiene sin duda su más cabal representación en Roque Esteban Scarpa, con quien alcanza una dimensión nacional e internacional. Catedrático eminente a lo largo de medio siglo, circunstancia que le ganó la calidad de emérito; formador de juventudes en el quehacer del conocimiento superior y en el particular de las bellas letras; investigador literario; escritor de rica y variada creación como poeta y prosista de selección, cualidad que le mereció obtener en 1980 el Premio Nacional de Literatura; Director de la Academia Chilena de la Lengua y Presidente del Instituto de Chile; Director Nacional de Bibliotecas, Archivos y Museos, único cargo de administración pública desempeñado en el transcurso de una existencia dedicada de lleno a la universidad, y en cuyo desempeño cumplió a lo largo de una década, 1967 a 1977, una labor trascendente y sobresaliente no fácil de igualar. Tal es en muy apretada síntesis el contenido de una tarea vital que ha hecho del talentoso Scarpa, por definición, un maestro de la cultura.

Como ensayista y pedagogo, ha destacado y destaca asimismo Ernesto Livačić, tenido como uno de los más altos exponentes de la intelectualidad chilena contemporánea, cuya labor a través de sus publicaciones y de la cátedra universitaria le hizo acreedor a la calidad de numerario de la Academia Chilena de la Lengua y a otras distinciones honoríficas. En el terreno del ensayo literario han de consignarse también los nombres de Antonio Capković y Agata Gligo, autora ésta que ha ganado renombre nacional con su producción.

En los campos de la historiografía y la investigación histórica regional magallánica, cabe mencionar a Mateo Martinić, quien ha publicado numerosos libros y estudios que conforman sendos aportes literarios y científicos al mismo tiempo, circunstancia que le mereció la designación de miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Historia. Como escritores de temas históricos han de mencionarse además José Perić, Simón Kuzmanić y Francisco Brzović. En la novelística y la narrativa, de sentida inspiración regional principalmente, merecen consignarse los nombres del mismo Brzović, de Nicolás Mihovilović – autor, entre otras, de la conmovedora saga novelada “Desde lejos, para siempre”-, Josefa Turina, quien también es ensayista; Eugenio Mimica, de nutrida producción, y Vicente Borić. En el género del cuento han de mencionarse Juan Mihovilović, autor galardonado; Ramón Díaz Eterović, Marcos Vodanović, Juan Ursić y Simón Eterovic, quien además fue periodista de nota, como lo fuera en su tiempo Vicente Foretić.

Uno de los precursores del cine chileno y latinoamericano fue Antonio Radonić Scarpa, quien en 1918 comenzó a filmar junto a su amigo José Bohr y rodaron las que se dicen son las primeras películas argumentales del país, “El boleto de lotería”, “Como por un tubo” y “Los parafinas”. También realizaron documentales llamados “Actualidades Magallánicas”, una especie de noticiero de los acontecimientos más importantes de la región. En 1922 se separan, Bohr comienza a dar vueltas por el mundo y Antonio se queda en su región. Por años sigue con sus actualidades y con algunos largometrajes documentales, el más conocido “El raquitismo en Magallanes” que fue la primera película que se exhibió en El Palacio de la Moneda. Al mismo tiempo levanta un cine en el patio de la casa de sus padres, el “Cinema Porvenir”. Este pequeño poblado, en su momento el más austral del mundo, tenía en los años 30 un cine, al igual que las grandes metrópolis.

En la producción poética se han señalado y señalan Roque Esteban Scarpa, también Juan Mihovilović y Ramón Díaz Eterović, ya mencionados; pero también Esteban Jakšić, Astrid Fugellie Gezan, Nicolo Gligo, María Cristina Ursić, Eliana Yáñez Eterović y Desenka Vukasović, vate en actual abundante producción y que ha encontrado en la ruda y vigorosa naturaleza austral un rico venero para su inspiración. Finalmente debe hacerse referencia a Bartolomé Janković, Tomás Buvinić y a los ya citados Scarpa, Livačić y Capković, como autores de textos didácticos y de pedagogía.

Otro campo de la preocupación y creación intelectual en donde profesionales magallánicos de origen croata han entregado y entregan una ponderable contribución es el de la investigación científica, en especial aquel referido a las ciencias biológicas. Destaca aquí Gabriel Gašić, médico eminente, considerado con razón como pionero en la investigación citológica chileno, con especialización en la cancerología esperimental, estudios y trabajos que le han merecido un renombre que ha trascendido las fronteras nacionales y que le hizo acreedor al honor de la incorporación a la Academia Chilena de Ciencias. En su huella proficua ha seguido particularmente su discípulo Danko Brnčić, genetista de relieve, cuyas investigaciones le ganaron el merecido ingreso a la misma entidad académica. También ha de citarse a Smiljan Kukolj, nefrólogo destacado, y Mauricio Borić, investigador en neurología. Por fin y como exponente del mayor prestigio científico contemporáneo en el pais, Elisa Marušić, bioquímica especializada en endocrinología, cuyas investigaciones en el campo de las hormonas contituyen relevantes aportes para el progreso de la ciencia médica. En las investigaciones y trabajos sobre medicina social han ganado justificado renombre nacional Alejandro Goić y Bogoslav Juričić, por razón de la seriedad de su obra. Entre los médicos desaparecidos cabe recordar a Juan Damjanović, con apreciados estudios médicos-sociales y a Juan Rajčević, iniciador de la cirugía cardíaca en Chile.

En el estudio de las ciencias naturales se señalan el licenciado Fabián Jakšić y Tomás Čekalović, entomólogo y naturalista autodidacta, incorporado a la investigación universitaria, quien viene desde años entregando apreciables aportes para el mejor conocimiento de la vida silvestre de Magallanes. En la disciplina científica geológica por fin destacan el doctor Čedomir Marangunić, quien ha ganado merecida fama por sus estudios en glaciología, y los investigadores Jorge Škarmeta y Vladimir Covacevich, entre otros. Notable ha sido el rol cumplido por el ingeniero Esteban Domić en el campo tecnológico minero-industrial, por las innovaciones de su invención introducidas en la metalurgia del cobre, lo que le ha merecido inclusive renombre internacional.

En el terreno del arte pictórico se señalan Pedro Pavišić, Lidia Mihovilović, Pedro Kovačić y Leonor Hrdalo, artista cuya obra refleja en forma muy expresivo sus vivencias motivados por la fuerza de la naturaleza magallánica. Pero hay más, la lista es larga.

Religiosos de prestigio y admirable sentido apostólico entre los cuales es de justicia mencionar a Monseñor Vladimiro Borić Crnošija, primer obispo de Punta Arenas, que fuera vástago de Juan, el antiguo minero de Lennox, y al obispo Alejandro Goić Karmelić; políticos con participación destacada en los Municipios y en el Congreso Nacional; dirigentes con elevadas responsabilidades en el gobierno y en la administración pública regionales. Cantidad casi innumerable de profesionales universitarios, ingenieros, médicos, abogados, veterinarios, agrónomos, pedagogos, periodistas, odontólogos, químicos, biólogos y geólogos y de otras disciplinas; lo mismo que técnicos y ejecutivos de empresas mercantiles e industriales. Unos y otros no son sino el fruto feliz de una consustanciación espiritual y física entre los recios inmigrantes de antaño y la áspera y bravía tierra patagónica – fueguina, en la que los progenitores afincaron con decisión y a la que conquistaron con afecto profundo y laboriosa tenacidad.

Desde hace tres décadas, además, los croatas-chilenos vienen animando significativamente una vigorosa y recuperadora vivencia cultural y científica en Magallanes, con una periódica tarea creadora e investigadora. Los mismos actúan con relevancia en otros planos públicos y privados, y en el ejercicio de actividades profesionales, señalándose en algunos casos por su profundo sentido social y humanitario, y en todos por un invariable afecto por el terruño natal. Así el aporte entregado por los descendientes de los inmigrantes croatas ha sido y es en algunos de importancia y significación regionales y en otros de verdadero alcance nacional, siendo en todos los casos aunque en distinta profundidad, rico, variado y de provecho para el progreso de la ciencia, la cultura y para el adelanto social en general.


Pondereción de la Inmigración Croata en Magallanes

No es cosa fácil apreciar el significado histórico de la inmigración croata al cumplirse un siglo exacto de la constatación oficial de la presencia de sus primeros componentes.

Puede valorarse en ella la contribución generosa en forma de santísimo esfuerzo laborioso en faenas sacrificadas y modestas que hicieron al desarrollo económico y al progreso social de Magallanes. Desde el trabajo excesivo de los recios mineros de las Islas Australes, de Boquerón y Cutter Cove, hasta la silenciosa y efectiva empresa de los empedradores urbanos de Punta Arenas, pasando por los marineros, pescadores, albañiles, esquiladores y peones de innumerables obras.

Cabe también estimarla en el aporte de los calificados artesanos e industriales; de los comerciantes y empresarios; en el de los horticultores que enseñaron como hacer productiva la tierra hosca; y en el de las nobles mujeres -madres y esposas- que conservaron y cultivaron en el hogar la fe, las sanas costumbres y las virtudes tradicionales y crecieron a los hijos en su observancia.

Merece apreciársela en la admirable adopción, sin reservas, que hicieron los croatas de su nueva patria; expresando proverbiales respeto y acatamiento por las leyes, autoridades e instituciones; por la aceptación temprana, inmediata podría afirmarse, del idioma y por la inspiración en los hijos de virtudes de ejemplar civismo. Cabe considerarla por su contribución imponderable pero rica siempre, en conjunto con otros grupos migratorios europeos y en fusión con el contingente nacional, en la formación de una nueva sociedad con el meridiano americano.

Así, al fin los croatas han entregado durante un siglo y sin retaceo, carne y espíritu para construir un Chile distinto en los ásperos territorios de la Patagonia Austral y la Tierra del Fuego. La inmigración croata ha sido y es así un hecho histórico social positivo, de importancia y trascendencia indesmentible para el progreso de Chile en el Sur.

Monumento al Inmigrante Croata

Monumento al Inmigrante Croata

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